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{\title La caverna}
{\author Jos&#233; Saramago }
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La presente edici&#243;n fue digitalizada y corregida en las bellas tierras del muy distante y espacioso reino de Kollasuyu; durante los primeros, calurosos y febriles d&#237;as del mes de febrero del a&#241;o 565 del quinto sol, del nuevo imperio de Tawantinsuyu.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Traducci&#243;n Pilar del R&#237;o\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 T&#237;tulo original\i : A caverna\i0  \par
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\s10 \qj\snext\f1\fs22\b0\i1\li3000\fi400\ri0 \s10 \qj\snext\f1\fs22\b0\i1\li3000\fi400\ri0 \b \i Qu&#233; extra&#241;a escena describes y qu&#233; extra&#241;os prisioneros, Son iguales a nosotros.\i0  \b0  \par
\s10 \qj\snext\f1\fs22\b0\i1\li3000\fi400\ri0 \b PLAT&#211;N, \i Rep&#250;blica\i0  , Libro VII\b0  \par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El hombre que conduce la camioneta se llama Cipriano Algor, es alfarero de profesi&#243;n y tiene sesenta y cuatro a&#241;os, aunque a simple vista aparenta menos edad. El hombre que est&#225; sentado a su lado es el yerno, se llama Marcial Gacho, y todav&#237;a no ha llegado a los treinta. De todos modos, con la cara que tiene, nadie le echar&#237;a tantos. Como ya se habr&#225; reparado, tanto uno como otro llevan pegados al nombre propio unos apellidos ins&#243;litos cuyo origen, significado y motivo desconocen. Lo m&#225;s probable es que se sintieran a disgusto si alguna vez llegaran a saber que algor significa fr&#237;o intenso del cuerpo, preanuncio de fiebre, y que gacho es la parte del cuello del buey en que se asienta el yugo. El m&#225;s joven viste de uniforme, pero no est&#225; armado. El mayor lleva una chaqueta civil y unos pantalones m&#225;s o menos conjuntados, usa la camisa sobriamente abotonada hasta el cuello, sin corbata. Las manos que manejan el volante son grandes y fuertes, de campesino, y, no obstante, quiz&#225; por efecto del cotidiano contacto con las suavidades de la arcilla a que le obliga el oficio, prometen sensibilidad. En la mano derecha de Marcial Gacho no hay nada de particular, pero el dorso de la mano izquierda muestra una cicatriz con aspecto de quemadura, una marca en diagonal que va desde la base del pulgar hasta la base del dedo me&#241;ique. La camioneta no merece ese nombre, es s&#243;lo una furgoneta de tama&#241;o medio, de un modelo pasado de moda, y est&#225; cargada de loza. Cuando los dos hombres salieron de casa, veinte kil&#243;metros atr&#225;s, el cielo apenas hab&#237;a comenzado a clarear, ahora la ma&#241;ana ya ha puesto en el mundo luz bastante para que se pueda observar la cicatriz de Marcial Gacho y adivinar la sensibilidad de las manos de Cipriano Algor. Vienen viajando a velocidad reducida a causa de la fragilidad de la carga y tambi&#233;n por la irregularidad del pavimento de la carretera. La entrega de las mercanc&#237;as no consideradas de primera o segunda necesidad, como es el caso de las lozas bastas, se hace, de acuerdo con los horarios establecidos, a media ma&#241;ana, y si estos dos hombres madrugaron tanto es porque Marcial Gacho tiene que fichar por lo menos media hora antes de que las puertas del Centro se abran al p&#250;blico. En los d&#237;as en que no trae al yerno, y tiene piezas para transportar, Cipriano Algor no necesita levantarse tan temprano. Pero siempre es &#233;l, de diez en diez d&#237;as, quien se encarga de ir a buscar a Marcial Gacho al trabajo para que pase con la familia las cuarenta horas de descanso a que tiene derecho, y quien, despu&#233;s, con loza o sin loza en la caja de la furgoneta, puntualmente lo reintegra a sus responsabilidades y obligaciones de guarda interno. La hija de Cipriano Algor, que se llama Marta, de apellidos Isasca, por parte de la madre ya fallecida, y Algor por parte del padre, s&#243;lo disfruta de la presencia del marido en la casa y en la cama seis noches y tres d&#237;as de cada mes. En una de estas noches se qued&#243; embarazada, pero todav&#237;a no lo sabe.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La regi&#243;n es fosca, sucia, no merece que la miremos dos veces. Alguien le dio a estas enormes extensiones de apariencia nada campestre el nombre t&#233;cnico de Cintur&#243;n Agr&#237;cola, y tambi&#233;n, por analog&#237;a po&#233;tica, el de Cintur&#243;n Verde, aunque el &#250;nico paisaje que los ojos consiguen alcanzar a ambos lados de la carretera, cubriendo sin soluci&#243;n de continuidad perceptible muchos millares de hect&#225;reas, son grandes armazones de techo plano, rectangulares, hechos de pl&#225;stico de un color neutro que el tiempo y las polvaredas, poco a poco, fueron desviando hacia el gris y el pardo. Debajo, fuera de las miradas de quien pasa, crecen plantas. Por caminos secundarios que vienen a dar a la carretera, salen, aqu&#237; y all&#237;, camiones y tractores con remolques cargados de verduras, pero el grueso del transporte se ha efectuado durante la noche, &#233;stos de ahora, o tienen autorizaci&#243;n expresa y excepcional para realizar la entrega m&#225;s tarde, o se quedaron dormidos. Marcial Gacho se subi&#243; discretamente la manga izquierda de la chaqueta para mirar el reloj, est&#225; preocupado porque el tr&#225;nsito se torna paulatinamente m&#225;s denso y porque sabe que de aqu&#237; en adelante, cuando entren en el Cintur&#243;n Industrial, las dificultades aumentar&#225;n. El suegro not&#243; el gesto, pero se mantuvo callado, este yerno suyo es un joven simp&#225;tico, sin duda, aunque nervioso, de la raza de los desasosegados de nacimiento, siempre inquieto con el paso del tiempo, incluso si lo tiene de sobra, en ese caso nunca parece saber lo que ha de ponerle dentro, dentro del tiempo, se entiende, C&#243;mo ser&#225; cuando llegue a mi edad, pens&#243;. Dejaron atr&#225;s el Cintur&#243;n Agr&#237;cola, la carretera, ahora m&#225;s sucia, atraviesa el Cintur&#243;n Industrial cortando por entre instalaciones fabriles de todos los tama&#241;os, actividades y hechuras, con dep&#243;sitos esf&#233;ricos y cil&#237;ndricos de combustible, centrales el&#233;ctricas, redes de canalizaci&#243;n, conductos de aire, puentes suspendidos, tubos de todos los grosores, unos rojos, otros negros, chimeneas lanzando a la atm&#243;sfera borbotones de humos t&#243;xicos, gr&#250;as de largos brazos, laboratorios qu&#237;micos, refiner&#237;as de petr&#243;leo, olores f&#233;tidos, amargos o dulzones, ruidos estridentes de brocas, zumbidos de sierras mec&#225;nicas, golpes brutales de martillos pilones, de vez en cuando una zona de silencio, nadie sabe lo que se estar&#225; produciendo ah&#237;. Fue entonces cuando Cipriano Algor dijo, No te preocupes, llegaremos a tiempo, No estoy preocupado, respondi&#243; el yerno, disimulando mal la inquietud, Ya lo s&#233;, era una manera de hablar, dijo Cipriano Algor. Gir&#243; la furgoneta hacia una v&#237;a paralela destinada a la circulaci&#243;n local, Vamos a atajar camino por aqu&#237;, dijo, si la polic&#237;a nos pregunta por qu&#233; dejamos la carretera, acu&#233;rdate de lo que hemos convenido, tenemos un asunto que resolver en una de estas f&#225;bricas antes de llegar a la ciudad. Marcial Gacho respir&#243; hondo, cuando el tr&#225;fico se complicaba en la carretera, el suegro, m&#225;s tarde o m&#225;s pronto, acababa tomando un desv&#237;o. Lo que le angustiaba era la posibilidad de que se distrajese y la decisi&#243;n llegase demasiado tarde. Felizmente, pese a los temores y los avisos, nunca les hab&#237;a parado la polic&#237;a, Alguna vez se convencer&#225; de que ya no soy un muchacho, pens&#243; Marcial, que no tiene que estar record&#225;ndome todas las veces esto de los asuntos que resolver en las f&#225;bricas. No imaginaban, ni uno ni otro, que fuese precisamente el uniforme de guarda del Centro que enfundaba Marcial Gacho el motivo de la continuada tolerancia o de la ben&#233;vola indiferencia de la polic&#237;a de tr&#225;fico, que no era simple resultado de casualidades m&#250;ltiples o de obstinada suerte, como probablemente hubieran respondido si les preguntasen por qu&#233; raz&#243;n cre&#237;an ellos que no hab&#237;an sido multados hasta el momento. La conociera Marcial Gacho, y tal vez hubiera hecho valer ante el suegro el peso de la autoridad que el uniforme le confer&#237;a, la conociera Cipriano Algor, y tal vez le hubiera hablado al yerno con menos ir&#243;nica condescendencia. Buena verdad es que ni la juventud sabe lo que puede, ni la vejez puede lo que sabe.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Despu&#233;s del Cintur&#243;n Industrial comienza la ciudad, en fin, no la ciudad propiamente dicha, &#233;sa se divisa all&#225; a lo lejos, tocada como una caricia por la primera y rosada luz del sol, lo que aqu&#237; se ve son aglomeraciones ca&#243;ticas de chabolas hechas de cuantos materiales, en su mayor&#237;a precarios, pudiesen ayudar a defenderse de las intemperies, sobre todo de la lluvia y del fr&#237;o, a sus mal abrigados moradores. Es, seg&#250;n el decir de los habitantes de la ciudad, un lugar inquietante. De vez en cuando, por estos parajes, en nombre del axioma cl&#225;sico que reza que la necesidad tambi&#233;n legisla, un cami&#243;n cargado de alimentos es asaltado y vaciado en menos tiempo de lo que se tarda en contarlo. El m&#233;todo operativo, ejemplarmente eficaz, fue elaborado y desarrollado despu&#233;s de una concienzuda reflexi&#243;n colectiva sobre el resultado de los primeros intentos, malogrados, seg&#250;n se hizo obvio, por una total ausencia de estrategia, por una t&#225;ctica, si as&#237; se puede llamar, anticuada, y, finalmente, por una deficiente y err&#225;tica coordinaci&#243;n de esfuerzos, en la pr&#225;ctica entregados a s&#237; mismos. Siendo casi continuo durante la noche el flujo de tr&#225;fico, bloquear la carretera para retener un cami&#243;n, como hab&#237;a sido la primera idea, supuso la ca&#237;da de los asaltantes en su propia trampa, dado que tras ese cami&#243;n otros camiones ven&#237;an, portando refuerzos y socorro inmediato para el conductor en apuros. La soluci&#243;n del problema, efectivamente genial, as&#237; fue reconocido en voz baja por las propias autoridades policiales, consisti&#243; en que los asaltantes se dividieron en dos grupos, uno t&#225;ctico, otro estrat&#233;gico, y en establecer dos barreras en lugar de una, comenzando el grupo t&#225;ctico por cortar la carretera inmediatamente despu&#233;s del paso de un cami&#243;n que circulara separado de los otros, y luego el grupo estrat&#233;gico, unas centenas de metros m&#225;s adelante, adecuadamente informado por una se&#241;al luminosa, con la misma rapidez montaba la segunda barrera, de modo que el veh&#237;culo condenado por el destino no ten&#237;a otro remedio que detenerse y dejarse robar. Para los veh&#237;culos que ven&#237;an en direcci&#243;n contraria no era necesario ning&#250;n corte de carretera, los propios conductores se encargaban de parar al darse cuenta de lo que pasaba m&#225;s adelante. Un tercer grupo, llamado de intervenci&#243;n r&#225;pida, se encargar&#237;a de disuadir con una lluvia de piedras a cualquier solidario atrevido. Las barreras se hac&#237;an con grandes piedras transportadas en parihuelas, que algunos de los propios asaltantes, jurando y requetejurando que no ten&#237;an nada que ver con lo sucedido, ayudaban luego a retirar a la cuneta de la carretera, Esa gente es la que da mala fama a nuestro barrio, nosotros somos personas honestas, dec&#237;an, y los conductores de los otros camiones, ansiosos por que les limpiaran el camino para no llegar tarde al Centro, s&#243;lo respond&#237;an, Bueno, bueno. De tales incidencias de ruta, sobre todo porque casi siempre circula por estos lugares con luz del d&#237;a, se ha librado la furgoneta de Cipriano Algor. Por lo menos hasta hoy. De hecho, habida cuenta los &#250;tiles de barro son los que con m&#225;s frecuencia van a la mesa del pobre y m&#225;s f&#225;cilmente se rompen, el alfarero no est&#225; libre de que una mujer de las muchas que malviven en estas chabolas tenga la ocurrencia de decirle un d&#237;a de &#233;stos al jefe de la familia, Estamos necesitando platos nuevos, a lo que &#233;l seguramente responder&#225;, Ya me ocupar&#233; de eso, pasa por ah&#237; a veces una furgoneta que lleva escrito por fuera Alfarer&#237;a, es imposible que no lleve platos, Y tazas, a&#241;adir&#225; la mujer, aprovechando la marea favorable, Y tazas, no se me olvidar&#225;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Entre las chabolas y los primeros edificios de la ciudad, como una tierra de nadie separando las dos partes enfrentadas, hay un ancho espacio libre de construcciones, pero, mir&#225;ndolo con un poco m&#225;s de atenci&#243;n, se observa no s&#243;lo una red de huellas entrecruzadas de tractores, ciertas explanaciones que s&#243;lo pueden haber sido causadas por grandes palas mec&#225;nicas, esas implacables l&#225;minas curvas que, sin dolor ni piedad, se llevan todo por delante, la casa antigua, la ra&#237;z nueva, el muro que amparaba, el lugar de una sombra que nunca m&#225;s volver&#225; a estar. Sin embargo, tal como sucede en las vidas, cuando cre&#237;amos que nos hab&#237;an quitado todo, y de pronto descubrimos que nos queda algo, tambi&#233;n aqu&#237; unos fragmentos dispersos, unos harapos emporcados, unos restos de materiales de desecho, unas latas oxidadas, unas tablas podridas, un pl&#225;stico que el viento trae y lleva nos muestran que este territorio hab&#237;a estado ocupado antes por los barrios de marginados. No tardar&#225; mucho en que los edificios de la ciudad avancen en l&#237;nea de tiradores y vengan a ense&#241;orearse del terreno, dejando entre los m&#225;s adelanta dos y las primeras chabolas apenas una franja estrecha, una nueva tierra de nadie, que permanecer&#225; as&#237; mientras no llegue el momento de pasar a la tercera fase.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La carretera principal, a la que hab&#237;an regresado, era ahora m&#225;s ancha, con un carril reservado exclusivamente para la circulaci&#243;n de veh&#237;culos pesados, y aunque la furgoneta s&#243;lo por desvar&#237;o de\i 
\i0  imaginaci&#243;n pueda incluirse en esa categor&#237;a superior, el hecho de tratarse sin duda de un veh&#237;culo de carga da a su conductor el derecho a competir en pie de igualdad con las lentas y mastod&#243;nticas m&#225;quinas que roncan, mugen y escupen nubes sofocantes por los tubos de escape, y adelantarlas r&#225;pidamente, con una sinuosa agilidad que hace tintinear las lozas en la parte de atr&#225;s. Marcial Gacho mir&#243; otra vez el reloj y respir&#243;. Llegar&#237;a a tiempo. Ya estaban en la periferia de la ciudad, todav&#237;a tendr&#237;an que recorrer unas cuantas calles de trazado confuso, girar a la izquierda, girar a la derecha, otra vez a la izquierda, otra vez a la derecha, ahora a la derecha, a la derecha, izquierda, izquierda, derecha, recto, finalmente desembocar&#237;an en una plaza donde se acababan las dificultades, una avenida en l&#237;nea recta los conducir&#225; a sus destinos, all&#237; donde era esperado el guarda interno Marcial Gacho, all&#237; donde dejar&#237;a su carga el alfarero Cipriano Algor. Al fondo, un muro alt&#237;simo, oscuro, mucho m&#225;s alto que el m&#225;s alto de los edificios que bordeaban la avenida, cortaba abruptamente el camino. En realidad, no lo cortaba, suponerlo era el resultado de una ilusi&#243;n &#243;ptica, hab&#237;a calles que, a un lado y a otro, prosegu&#237;an a lo largo del muro, el cual, a su vez, muro no era, mas s&#237; la pared de una construcci&#243;n enorme, un edificio gigantesco, cuadrangular, sin ventanas en la fachada lisa, igual en toda su extensi&#243;n. Aqu&#237; estamos, dijo Cipriano Algor, como ves llegamos a tiempo, todav&#237;a faltan diez minutos para tu hora de entrada, Sabe tan bien como yo por qu&#233; no puedo retrasarme, perder&#237;a mi posici&#243;n en la lista de los candidatos a guarda residente, No es una idea que entusiasme demasiado a tu mujer, &#233;sa de pasar a guarda residente, Es mejor para nosotros, tendremos m&#225;s comodidades, mejores condiciones de vida. Cipriano Algor detuvo la furgoneta frente a la esquina del edificio, parec&#237;a que iba a responder al yerno, pero lo que hizo fue preguntar, Por qu&#233; est&#225;n derribando aquella manzana de edificios, Por fin se ha confirmado, Se ha confirmado el qu&#233;, Hace semanas que se estaba hablando de una ampliaci&#243;n, respondi&#243; Marcial Gacho mientras sal&#237;a de la furgoneta. Hab&#237;an parado frente a una puerta sobre la cual se le&#237;a un letrero con las palabras Entrada Reservada al Personal de Seguridad. Cipriano Algor dijo, Tal vez, Tal vez, no, la prueba est&#225; ah&#237; a la vista, la demolici&#243;n ha comenzado, No me refer&#237;a a la ampliaci&#243;n, sino a lo que dijiste antes sobre las condiciones de vida, acerca de las comodidades no discuto, en cualquier caso no podemos quejarnos, no somos de los m&#225;s desafortunados, Respeto su opini&#243;n, pero yo tengo la m&#237;a, ya ver&#225; como Marta, cuando llegue la hora, estar&#225; de acuerdo conmigo. Dio dos pasos, se detuvo, seguramente pens&#243; que &#233;sta no era la manera correcta de despedirse un yerno de un suegro que lo ha tra&#237;do al trabajo, y dijo, Gracias, le deseo un buen viaje de regreso, Hasta dentro de diez d&#237;as, dijo el alfarero, Hasta dentro de diez d&#237;as, dijo el guarda interno, al mismo tiempo que saludaba a un colega que acababa de llegar. Se fueron juntos, entraron, la puerta se cerr&#243;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor puso el motor en marcha, pero no arranc&#243; en seguida. Mir&#243; los edificios que estaban siendo demolidos. Esta vez, probablemente a causa de la poca altura de las construcciones que se iban a derribar, no estaban siendo utilizados explosivos, ese moderno, expeditivo y espectacular proceso que en tres segundos es capaz de transformar una estructura s&#243;lida y organizada en un ca&#243;tico mont&#243;n de cascotes. Como era de esperar, la calle que hac&#237;a &#225;ngulo recto con &#233;sta estaba cerrada al tr&#225;nsito. Para hacer entrega de la mercanc&#237;a, el alfarero se ver&#237;a obligado a pasar por detr&#225;s de la finca en demolici&#243;n, rodearla, seguir luego hacia delante, la puerta a la que iba a llamar estaba en la esquina m&#225;s distante, precisamente, con relaci&#243;n al punto donde se encontraba, en el otro extremo de una recta imaginaria que atravesase oblicuamente el edificio donde Marcial Gacho hab&#237;a entrado, En diagonal, precis&#243; mentalmente el alfarero para abreviar la explicaci&#243;n. Cuando dentro de diez d&#237;as vuelva a recoger al yerno, no habr&#225; vestigio de estos predios, se habr&#225; asentado la polvareda de la destrucci&#243;n que ahora flota en el aire, y hasta puede suceder que ya est&#233; siendo excavado el gran foso donde se abrir&#225;n las zanjas y se implantar&#225;n los pilares de la nueva construcci&#243;n. Despu&#233;s se levantar&#225;n las tres paredes, una que lindar&#225; con la calle por la que Cipriano Algor tendr&#225; que dar la vuelta de aqu&#237; a poco, dos que cerrar&#225;n a un lado y a otro el terreno ganado a costa de la calle intermedia y de la demolici&#243;n de la manzana, haciendo desaparecer la fachada del edificio todav&#237;a visible, la puerta de acceso del personal de Seguridad cambiar&#225; de sitio, no ser&#225;n necesarios muchos d&#237;as para que ni la persona m&#225;s perspicaz sea capaz de distinguir, mirando desde fuera, y mucho menos lo percibir&#225; si est&#225; en el interior del edificio, entre la construcci&#243;n reciente y la construcci&#243;n anterior. El alfarero mir&#243; el reloj, todav&#237;a era pronto, en los d&#237;as en que tra&#237;a al yerno era inevitable tener que aguardar dos horas a que abriese el departamento de recepci&#243;n que ten&#237;a asignado, y despu&#233;s todo el tiempo que tardase en llegarle la vez, Pero tengo la ventaja de ocupar un buen lugar en la fila, incluso puedo ser el primero, pens&#243;. Nunca lo hab&#237;a sido, siempre se presentaba gente m&#225;s madrugadora que &#233;l, seguramente algunos de esos conductores habr&#237;an pasado parte de la noche en la cabina de sus camiones. Cuando el d&#237;a clareaba sub&#237;an a la calle para tomar un caf&#233;, pan y alguna vianda, un aguardiente en las ma&#241;anas h&#250;medas y fr&#237;as, despu&#233;s se que daban por ah&#237;, conversando unos con otros, hasta diez minutos antes de que se abrieran las puertas, entonces los m&#225;s j&#243;venes, nerviosos como aprendices, corr&#237;an rampa abajo para ocupar sus puestos, mientras los mayores, sobre todo si estaban en los &#250;ltimos lugares de la fila, descend&#237;an charlando animadamente, aspirando una &#250;ltima bocanada del cigarro, porque en el subterr&#225;neo, habiendo motores en marcha, no estaba permitido fumar. El fin del mundo, cre&#237;an ellos, no era para ya, no ganaban nada corriendo.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor puso la furgoneta en movimiento. Se distrajo con la demolici&#243;n de los edificios y ahora quer&#237;a recuperar el tiempo perdido, palabras estas insensatas entre las que m&#225;s lo sean, expresi&#243;n absurda con la cual suponemos enga&#241;ar la dura realidad de que ning&#250;n tiempo perdido es recuperable, como si crey&#233;semos, al contrario de esta verdad, que el tiempo que juzg&#225;bamos para siempre perdido hubiera decidido quedarse parado detr&#225;s, esperando, con la paciencia de quien dispone del tiempo todo, que sinti&#233;semos su falta. Estimulado por la urgencia nacida de los pensamientos sobre qui&#233;n llega primero y sobre qui&#233;n llegar&#225; despu&#233;s, el alfarero dio r&#225;pidamente la vuelta a la manzana y entr&#243; directo por la calle que limitaba con la otra fachada del edificio. Como era costumbre invariable, ya hab&#237;a gente aguardando a que se abriesen las puertas destinadas al p&#250;blico. Pas&#243; al carril izquierdo de circulaci&#243;n, para el desv&#237;o de acceso a la rampa que descend&#237;a al piso subterr&#225;neo, mostr&#243; al guarda su carn&#233; de abastecedor y ocup&#243; su lugar en la fila de veh&#237;culos, detr&#225;s de una camioneta cargada de cajas que, a juzgar por los r&#243;tulos de los embalajes, conten&#237;an piezas de cristal. Sali&#243; de la furgoneta para comprobar cu&#225;ntos proveedores ten&#237;a delante y calcular as&#237;, con m&#225;s o menos aproximaci&#243;n, el tiempo que deber&#237;a esperar. Ocupaba el n&#250;mero trece. Cont&#243; nuevamente, no hab&#237;a dudas. Aunque no fuese persona supersticiosa, no ignoraba la mala reputaci&#243;n de este n&#250;mero, en cualquier conversaci&#243;n sobre la casualidad, la fatalidad y el destino siempre alguien toma la palabra para relatar casos vividos bajo la influencia negativa, y a veces funesta, del trece. Intent&#243; recordar si en alguna otra ocasi&#243;n le hab&#237;a tocado este lugar en la fila, pero, una de dos, o nunca tal le sucediera, o simplemente no se acordaba. Discuti&#243; consigo mismo, se dijo que era un desprop&#243;sito, un disparate preocuparse por algo que no tiene existencia en la realidad, s&#237;, era cierto, nunca hab&#237;a pensado en eso antes, de hecho los n&#250;meros no existen en la realidad, a las cosas les es indiferente el n&#250;mero que les asignemos, da lo mismo decir que son el trece o el cuarenta y cuatro, lo m&#237;nimo que se puede concluir es que no toman conocimiento del lugar que les ha tocado ocupar. Las personas no son cosas, las personas quieren estar siempre en los primeros lugares, pens&#243; el alfarero, Y no s&#243;lo quieren estar en ellos, quieren que se diga y que los dem&#225;s lo noten, murmur&#243;. Con excepci&#243;n de los dos guardas que fiscalizaban, uno a cada extremo, la entrada y la salida, el subterr&#225;neo estaba desierto. Era siempre as&#237;, los conductores dejaban el veh&#237;culo en la fila a medida que iban llegando y sub&#237;an a la calle, al caf&#233;. Est&#225;n muy equivocados si creen que me voy a quedar aqu&#237;, dijo Cipriano Algor en voz alta. Hizo retroceder la furgoneta como si acabara de descubrir que no ten&#237;a nada que descargar y sali&#243; del alineamiento, As&#237; ya no ser&#233; el decimotercero, pens&#243;. Pasados pocos minutos un cami&#243;n baj&#243; la rampa y se par&#243; en el sitio que la furgoneta hab&#237;a dejado libre. El conductor salt&#243; de la cabina, mir&#243; el reloj, Todav&#237;a tengo tiempo, debe de haber pensado. Cuando desapareci&#243; en lo alto de la rampa, el alfarero maniobr&#243; r&#225;pidamente y se coloc&#243; detr&#225;s del cami&#243;n, Ahora soy el catorce, dijo, satisfecho de su astucia. Se recost&#243; en el asiento, suspir&#243;, por encima de su cabeza o&#237;a el zumbido del tr&#225;fico en la calle, &#233;l tambi&#233;n sol&#237;a subir a tomar un caf&#233; y comprar el peri&#243;dico, pero hoy no le apetec&#237;a. Cerr&#243; los ojos como si estuviese retrocediendo hacia el interior de s&#237; mismo y entr&#243; en seguida en el sue&#241;o, era el yerno quien le explicaba que cuando fuese nombrado guarda residente la situaci&#243;n mudar&#237;a como de la noche a la ma&#241;ana, que Marta y &#233;l dejar&#237;an la alfarer&#237;a, ya era hora de comenzar una vida independiente de la familia, Sea comprensivo, lo que tiene que ser, dice el refr&#225;n, tiene mucha fuerza, el mundo no para, si las personas de quienes dependes te promocionan, lo que tienes que hacer es levantar las manos al cielo y agradecer, ser&#237;a una estupidez dar la espalda a la suerte cuando se pone de nuestro lado, adem&#225;s estoy seguro de que su mayor deseo es que Marta sea feliz, por tanto deber&#225; estar contento. Cipriano Algor o&#237;a al yerno y sonre&#237;a para s&#237; mismo, Dices todo eso porque crees que soy el trece, no sabes que ahora soy el catorce. Se despert&#243; sobresaltado con el golpear de las puertas de los coches, se&#241;al de que la descarga iba a comenzar. Entonces, todav&#237;a sin haber regresado completamente del sue&#241;o, pens&#243;, No cambi&#233; de n&#250;mero, soy el trece que est&#225; en el lugar del catorce.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 As&#237; era. Casi una hora despu&#233;s lleg&#243; su turno. Baj&#243; de la furgoneta y se acerc&#243; al mostrador de recepci&#243;n con los papeles de costumbre, el albar&#225;n de entrega por triplicado, la factura correspondiente a las ventas certificadas de la &#250;ltima partida, el control de calidad industrial que acompa&#241;aba cada lote y en el que la alfarer&#237;a asum&#237;a la responsabilidad de cualquier defecto de fabricaci&#243;n detectado en la inspecci&#243;n a que las piezas ser&#237;an sometidas, la confirmaci&#243;n de exclusividad, igualmente obligatoria en todas las entregas, por la que la alfarer&#237;a se compromet&#237;a, sujet&#225;ndose a sanciones en el caso de infracci&#243;n, a no establecer relaciones comerciales con otro establecimiento para la colocaci&#243;n de sus art&#237;culos. Como era habitual, un empleado se aproxim&#243; para ayudar a la descarga, pero el subjefe de recepci&#243;n lo llam&#243; y le orden&#243;, Descarga la mitad de lo que trae, compru&#233;balo por el albar&#225;n. Cipriano Algor, sorprendido, alarmado, pregunt&#243;, La mitad, por qu&#233;, Las ventas bajaron mucho en las &#250;ltimas semanas, probablemente tendremos que devolverle por falta de salida lo que hay en el almac&#233;n, Devolver lo que tienen en el almac&#233;n, S&#237;, est&#225; en el contrato, Ya s&#233; que est&#225; en el contrato, pero tambi&#233;n est&#225; que no me autorizan a tener otros clientes, as&#237; que d&#237;game a qui&#233;n voy a venderle la otra mitad, Eso no es de mi incumbencia, yo s&#243;lo cumplo las &#243;rdenes que he recibido, Puedo hablar con el jefe del departamento, No, no vale la pena, no le va a atender. A Cipriano Algor le temblaban las manos, mir&#243; alrededor, perplejo, implorando ayuda, pero s&#243;lo ley&#243; desinter&#233;s en las caras de los tres conductores que llegaron despu&#233;s que &#233;l. Pese a ello, intent&#243; apelar a la solidaridad de clase, Miren en qu&#233; situaci&#243;n estoy, un hombre trae aqu&#237; el producto de su trabajo, sac&#243; la tierra, la mezcl&#243; con agua, la bati&#243;, amas&#243; la pasta, torne&#243; las piezas que le hab&#237;an encargado, las coci&#243; en el horno, y ahora le dicen que s&#243;lo se quedan con la mitad de lo que ha hecho y que le van a devolver lo que tienen en el almac&#233;n, quiero saber si hay justicia en este procedimiento. Los conductores se miraron unos a otros, se encogieron de hombros, no estaban seguros de que fuera conveniente responder, ni de a qui&#233;n le convendr&#237;a m&#225;s la respuesta, uno de ellos sac&#243; un cigarro para dejar claro que se desentend&#237;a del asunto, luego record&#243; que no se pod&#237;a fumar all&#237;, entonces dio la espalda y se refugi&#243; en la cabina del cami&#243;n, lejos de los acontecimientos. El alfarero comprendi&#243; que tendr&#237;a mucho que perder si segu&#237;a protestando, quiso echar agua en la hoguera que &#233;l mismo hab&#237;a encendido, en cualquier caso vender la mitad era mejor que nada, las cosas acabar&#225;n arregl&#225;ndose, pens&#243;. Sumiso, se dirigi&#243; al subjefe de recepci&#243;n, Puede decirme qu&#233; ha hecho que las ventas hayan bajado tanto, Creo que ha sido la aparici&#243;n de unas piezas de pl&#225;stico que imitan al barro, y lo imitan tan bien que parecen aut&#233;nticas, con la ventaja de que pesan menos y son mucho m&#225;s baratas, Ese no es motivo para que se deje de comprar las m&#237;as, el barro siempre es barro, es aut&#233;ntico, es natural, Vaya a decirle eso a los clientes, no quiero angustiarlo, pero creo que a partir de ahora sus lozas s&#243;lo interesar&#225;n a los coleccionistas, y &#233;sos son cada vez menos. El recuento estaba terminado, el subjefe escribi&#243; en el albar&#225;n, Recib&#237; mitad, y dijo, No traiga nada m&#225;s hasta que no tenga noticias nuestras, Cree que podr&#233; seguir fabricando, pregunt&#243; el alfarero, La decisi&#243;n es suya, yo no me responsabilizo, Y la devoluci&#243;n, de verdad me van a devolver las existencias del almac&#233;n, las palabras temblaban de desesperaci&#243;n y con tal amargura que el otro quiso ser conciliador, Veremos. El alfarero entr&#243; en la furgoneta, arranc&#243; con brusquedad, algunas cajas, mal sujetas despu&#233;s de la media descarga, se escurrieron y chocaron violentamente contra la puerta de atr&#225;s, Que se parta todo de una vez, grit&#243; irritado. Tuvo que parar al principio de la rampa de salida, el reglamento manda que se presente el carn&#233; tambi&#233;n a este guarda, son cosas de la burocracia, nadie sabe por qu&#233;, en principio quien entra proveedor, proveedor saldr&#225;, pero por lo visto hay excepciones, aqu&#237; tenemos el caso de Cipriano Algor que todav&#237;a lo era al entrar, y ahora, si se confirman las amenazas, est&#225; en v&#237;as de dejar de serlo. Seguro que el trece tiene la culpa, al destino no lo enga&#241;an artima&#241;as de poner despu&#233;s lo que estaba antes. La furgoneta subi&#243; la rampa, sali&#243; a la luz del d&#237;a, no hay nada que hacer, salvo volver a casa. El alfarero sonri&#243; con tristeza, No fue el trece, el trece no existe, si hubiese sido el primero en llegar la sentencia ser&#237;a igual, ahora la mitad, luego ya veremos, mierda de vida.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La mujer de las chabolas, aquella que necesitaba platos y tazas nuevas, pregunt&#243; al marido, Qu&#233; ha pasado, no encontraste la furgoneta de la alfarer&#237;a, y el marido respondi&#243;, S&#237;, la obligu&#233; a parar, pero despu&#233;s dej&#233; que se marchara, Por qu&#233;, Si t&#250; hubieses visto la cara del hombre que iba dentro, apuesto a que habr&#237;as hecho lo que yo hice.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El alfarero par&#243; la furgoneta, baj&#243; los cristales de un lado y de otro, y esper&#243; que alguien viniese a robarle. No es raro que ciertas desesperaciones de esp&#237;ritu, ciertos golpes de la vida empujen a la v&#237;ctima a decisiones tan dram&#225;ticas como &#233;sta, cuando no peores. Llega un momento en que la persona trastornada o injuriada oye una voz grit&#225;ndole dentro de su cabeza, Perdido por diez, perdido por cien, y entonces es seg&#250;n las particularidades de la situaci&#243;n en que se encuentre y el lugar donde ella lo encuentra, o gasta el &#250;ltimo dinero que le quedaba en un billete de loter&#237;a, o pone sobre la mesa de juego el reloj heredado del padre y la pitillera de plata que le regal&#243; la madre, o apuesta todo al rojo a pesar de haber visto salir ese color cinco veces seguidas, o salta solo de la trinchera y corre con la bayoneta calada contra la ametralladora del enemigo, o para esta furgoneta, baja los cristales, abre despu&#233;s las puertas, y se queda a la espera de que, con las porras de costumbre, las navajas de siempre y las necesidades de la ocasi&#243;n, lo venga a saquear la gente de las chabolas, Si no lo quisieron ellos, que se lo lleven &#233;stos, fue el &#250;ltimo pensamiento de Cipriano Algor. Pasaron diez minutos sin que nadie se aproximase para cometer el ansiado latrocinio, un cuarto de hora se fue sin que ni siquiera un perro vagabundo hubiese subido hasta la carretera a orinar en una rueda y olisquear el contenido de la furgoneta, y ya iba vencida media hora cuando finalmente se aproxim&#243; un hombre sucio y mal encarado que pregunt&#243; al alfarero, Tiene alg&#250;n problema, necesita ayuda, le doy un empujoncito, puede ser cosa de la bater&#237;a. Ahora bien, si hasta incluso los &#225;nimos m&#225;s fuertes tienen momentos de irresistible debilidad, que es cuando el cuerpo no consigue comportarse con la reserva y la discreci&#243;n que el esp&#237;ritu durante a&#241;os le ha ido ense&#241;ando, no deberemos extra&#241;arnos de que la oferta de auxilio, para colmo procedente de un hombre con toda la pinta de asaltante habitual, hubiese tocado la cuerda m&#225;s sensible de Cipriano Algor hasta el punto de hacerle asomar una l&#225;grima en el rabillo del ojo, No, muchas gracias, dijo, pero a continuaci&#243;n, cuando el obsequioso cirineo ya se apartaba, salt&#243; de la furgoneta, corri&#243; a abrir la puerta trasera, al mismo tiempo que llamaba, Eh, se&#241;or, eh, se&#241;or, venga aqu&#237;. El hombre se detuvo, Quiere que le ayude, pregunt&#243;, No, no es eso, Entonces, qu&#233;, Venga aqu&#237;, h&#225;game el favor. El hombre vino y Cipriano Algor dijo, Tome esta media docena de platos, ll&#233;veselos a su mujer, es un regalo, y tome estos seis m&#225;s, que son soperos, Pero yo no he hecho nada, dud&#243; el hombre, No importa, es lo mismo que si hubiese hecho, y si necesita un botijo para el agua, aqu&#237; tiene, Realmente, un botijo no vendr&#237;a mal en casa, Pues entonces ll&#233;veselo, ll&#233;veselo. El alfarero apil&#243; los platos, primero los llanos, despu&#233;s los hondos, despu&#233;s &#233;stos sobre aqu&#233;llos, los acomod&#243; en la curva del brazo izquierdo del hombre, y, como ten&#237;a el botijo colgando de la mano derecha, no tuvo el beneficiado mucho de s&#237; con que agradecer, s&#243;lo la vulgar palabra gracias, que tanto es sincera como no, y la sorpresa de una inclinaci&#243;n de cabeza nada arm&#243;nica con la clase social a que pertenece, queriendo esto decir que sabr&#237;amos mucho m&#225;s de las complejidades de la vida si nos aplic&#225;semos a estudiar con ah&#237;nco sus contradicciones en vez de perder tanto tiempo con las identidades y las coherencias, que &#233;sas tienen la obligaci&#243;n de explicarse por s&#237; mismas.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando el hombre que ten&#237;a pinta de asaltante, pero que finalmente no lo era, o simplemente no lo hab&#237;a querido ser esta vez, desapareci&#243;, medio perplejo, entre las chabolas, Cipriano Algor puso la furgoneta en movimiento. Obviamente, ni la visi&#243;n m&#225;s aguda ser&#237;a capaz de notar diferencia alguna en la presi&#243;n ejercida sobre los amortiguadores y los neum&#225;ticos de la furgoneta, en cuesti&#243;n de peso doce platos y un botijo de barro significan tanto en un veh&#237;culo de transporte, incluso de tama&#241;o medio, como significar&#237;an en la feliz cabeza de una novia doce p&#233;talos de rosa blanca y un p&#233;talo de rosa roja. No ha sido casualidad el hecho de que la palabra feliz apareciera ah&#237; atr&#225;s, en realidad es lo m&#237;nimo que podemos decir de la expresi&#243;n de Cipriano Algor, que, mir&#225;ndolo ahora, nadie creer&#237;a que s&#243;lo le han comprado la mitad de la carga que transport&#243; al Centro. Lo malo es que le volvi&#243; a la memoria, cuando dos kil&#243;metros adelante penetr&#243; en el Cintur&#243;n Industrial, el bruto rev&#233;s comercial sufrido. La ominosa visi&#243;n de las chimeneas vomitando chorros de humo le indujo a preguntarse en qu&#233; est&#250;pida f&#225;brica de &#233;sas se estar&#237;an produciendo las est&#250;pidas mentiras de pl&#225;stico, las alevosas imitaciones del barro, Es imposible, murmur&#243;, ni en sonido ni en peso se pueden igualar, y adem&#225;s est&#225; la relaci&#243;n entre la vista y el tacto que le&#237; no s&#233; d&#243;nde, la vista que es capaz de ver por los dedos que est&#225;n tocando el barro, los dedos que, sin tocar, consiguen sentir lo que los ojos est&#225;n viendo. Y, como si esto no fuese tormento suficiente, tambi&#233;n se interrog&#243; Cipriano Algor, pensando en el viejo horno de la alfarer&#237;a, cu&#225;ntos platos, fuentes, tazas y jarras por minuto escupir&#237;an las malditas m&#225;quinas, cu&#225;ntas cosas para sustituir botijos y damajuanas. El resultado de estas y de otras preguntas que no quedaron registradas ensombreci&#243; otra vez el semblante del alfarero, y a partir de ah&#237;, el resto del camino fue, todo &#233;l, un continuo cavilar sobre el futuro dif&#237;cil que esperaba a la familia Algor si el Centro persist&#237;a en la nueva valoraci&#243;n de productos, cuya primera v&#237;ctima fuera, tal vez, la alfarer&#237;a. Pero honor sea dado a quien de sobra lo merece, pues en ning&#250;n momento Cipriano Algor permiti&#243; que su esp&#237;ritu fuese tomado por el arrepentimiento de haber sido generoso con el hombre que le deber&#237;a haber robado, si es que es verdad todo cuanto se viene diciendo sobre la gente de las chabolas. En la salida del Cintur&#243;n Industrial hab&#237;a algunas modestas manufacturas que no se entiende c&#243;mo pueden haber sobrevivido a la gula de espacio y a la m&#250;ltiple variedad de producci&#243;n de los modernos gigantes fabriles, pero el hecho es que estaban all&#237;, y mirarlas al pasar siempre era un consuelo para Cipriano Algor cuando, en algunas horas m&#225;s inquietas de la vida, le daba por cavilar sobre los destinos de su profesi&#243;n. No van a durar mucho, pens&#243;, esta vez se refer&#237;a a las manufacturas, no al futuro de la actividad alfarera, pero eso ocurri&#243; porque no se tom&#243; el trabajo de reflexionar durante tiempo suficiente, sucede as&#237; muchas veces, creemos que ya se puede afirmar que no merece la pena esperar conclusiones s&#243;lo porque decidimos detenernos a la mitad del camino que nos conducir&#237;a hasta ellas.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor atraves&#243; el Cintur&#243;n Verde r&#225;pidamente, no mir&#243; ni una vez los campos, el mon&#243;tono espect&#225;culo de las enormes extensiones cubiertas de pl&#225;stico, bazas por naturaleza y soturnas de suciedad, si siempre le causaba un efecto deprimente, imag&#237;nese lo que ser&#237;a hoy, en el estado de &#225;nimo que lleva, ponerse a contemplar este desierto. Como el que alguna vez ha levantado la t&#250;nica bendita de una santa de altar para saber si lo que la sustenta por debajo son piernas de persona o un par de estacas mal desbastadas, hace mucho tiempo que el alfarero no necesita resistir la tentaci&#243;n de parar la furgoneta y atisbar si es cierto que en el interior de aquellas coberturas y de aquellos armazones hab&#237;a plantas reales, con frutos que se pudieran oler, palpar y morder, con hojas, tub&#233;rculos y brotes que se pudiesen cocer, ali&#241;ar y poner en el plato, o si la melancol&#237;a abrumadora expuesta al exterior contaminaba de incurable artificio lo que dentro crec&#237;a, fuese lo que fuese. Despu&#233;s del Cintur&#243;n Verde el alfarero tom&#243; una carretera secundaria, hab&#237;a unos restos escu&#225;lidos de bosque, unos campos mal ordenados, un riachuelo de aguas oscuras y f&#233;tidas, despu&#233;s aparecieron en una curva las ruinas de tres casas ya sin ventanas ni puertas, con los tejados medio ca&#237;dos y los espacios interiores casi devorados por la vegetaci&#243;n que siempre irrumpe entre los escombros, como si all&#237; hubiese estado, a la espera de su hora, desde que se pusieron los cimientos. La poblaci&#243;n comenzaba unos cien metros m&#225;s all&#225;, era poco m&#225;s que la carretera que la cruzaba por en medio, unas cuantas calles que desembocaban en ella, una plaza irregular que se ensanchaba hacia un solo lado, ah&#237; un pozo cerrado, con su bomba de sacar agua y la gran rueda de hierro, a la sombra de dos pl&#225;tanos altos. Cipriano Algor salud&#243; a unos hombres que conversaban, pero, contra lo que era su costumbre cuando regresaba de llevar la loza al Centro, no se detuvo, en un momento as&#237; no supon&#237;a qu&#233; podr&#237;a apetecerle, pero seguro que no una conversaci&#243;n, incluso trat&#225;ndose de personas conocidas. La alfarer&#237;a y la casa en que viv&#237;a con la hija y el yerno quedaban en el otro extremo de la poblaci&#243;n, adentradas en el campo, apartadas de los &#250;ltimos edificios. Al entrar en la aldea, Cipriano Algor hab&#237;a reducido la velocidad de la furgoneta, pero ahora avanzaba m&#225;s despacio a&#250;n, la hija deb&#237;a de estar acabando de preparar el almuerzo, era hora de eso, Qu&#233; hago, se lo digo ya o despu&#233;s de haber comido, se pregunt&#243; a s&#237; mismo, Es preferible despu&#233;s, dejo la furgoneta en el alpendre de la le&#241;a, ella no vendr&#225; a ver si traigo algo, hoy no es d&#237;a de compras, as&#237; podremos comer tranquilos, es decir, comer&#225; ella tranquila, yo no, y al final le cuento lo que ha pasado, o lo dejo para media tarde, cuando estemos trabajando, tan malo ser&#225; para ella saberlo antes de almorzar como inmediatamente despu&#233;s. La carretera hac&#237;a una curva ancha donde terminaba la poblaci&#243;n, pasada la &#250;ltima casa se ve&#237;a en la distancia un gran moral que no deber&#237;a de tener menos de unos diez metros de altura, all&#237; estaba la alfarer&#237;a. El vino fue servido, va a ser necesario beberlo, dijo Cipriano Algor con una sonrisa cansada, y pens&#243; que mucho mejor ser&#237;a si lo pudiese vomitar. Gir&#243; la furgoneta a la izquierda, hacia un camino en subida poco pronunciada que conduc&#237;a a la casa, a la mitad dio tres avisos sonoros anunciando que llegaba, siempre la misma se&#241;al, a la hija le parecer&#237;a extra&#241;o si hoy no la hiciese. La vivienda y la alfarer&#237;a fueron construidas en este amplio terreno, probablemente una antigua era, o en un ejido, en cuyo centro el abuelo alfarero de Cipriano Algor, que tambi&#233;n usara el mismo nombre, decidi&#243;, en un d&#237;a remoto del que no qued&#243; registro ni memoria, plantar el moral. El horno, un poco apartado, ya era obra modernizadora del padre de Cipriano Algor, a quien tambi&#233;n le fue dado id&#233;ntico nombre, y sustitu&#237;a a otro horno, viej&#237;simo, por no decir arcaico, que, visto desde fuera, ten&#237;a la forma de dos troncos c&#243;nicos sobrepuestos, el de encima m&#225;s peque&#241;o que el de abajo, y de cuyos or&#237;genes tampoco qued&#243; memoria. Sobre sus vetustos cimientos se construy&#243; el horno actual, este que coci&#243; la carga de la que el Centro s&#243;lo quiso recibir la mitad, y que ahora, ya fr&#237;o, espera que lo carguen de nuevo. Con una atenci&#243;n exagerada Cipriano Algor estacion&#243; la furgoneta debajo del alpendre, entre dos cargas de le&#241;a seca, despu&#233;s pens&#243; que todav&#237;a podr&#237;a pasar por el horno y ganar algunos minutos, pero le faltaba el motivo, le faltaba la justificaci&#243;n, no era como otras veces, cuando regresaba de la ciudad y el horno estaba funcionando, en esos d&#237;as iba a mirar dentro de la caldera para calcular la temperatura por el color de los barros incandescentes, si el rojo oscuro ya se hab&#237;a convertido en rojo \i cereza. \i0  o &#233;ste en naranja. Se qued&#243; all&#237; parado, como si el &#225;nimo que necesitaba se le hubiese retrasado por el camino, pero fue la voz de la hija la que le oblig&#243; a moverse, Por qu&#233; no entra, el almuerzo est&#225; listo. Intrigada por la demora, Marta apareci&#243; entre las puertas, Venga, venga, que la comida se enfr&#237;a. Cipriano Algor entr&#243;, le dio un beso a la hija y se encerr&#243; en el cuarto de ba&#241;o, comodidad dom&#233;stica instalada cuando ya era adolescente y, desde hace mucho tiempo, necesitada de ampliaci&#243;n y mejoras. Se observ&#243; en el espejo, no encontr&#243; ninguna arruga de m&#225;s en la cara, La tengo dentro, seguro, pens&#243;, despu&#233;s verti&#243; aguas, se lav&#243; las manos y sali&#243;. Com&#237;an en la cocina, sentados ante una gran mesa que hab&#237;a conocido d&#237;as m&#225;s felices y asambleas m&#225;s numerosas. Ahora, tras la muerte de la madre, Justa Isasca, de quien tal vez no se vuelva a hablar mucho m&#225;s en este relato, pero de quien aqu&#237; se deja escrito el nombre propio, que el apellido ya lo conoc&#237;amos, los dos comen en un extremo, el padre a la cabecera, Marta en el lugar que la madre dej&#243; vac&#237;o, y frente a ella Marcial, cuando est&#225;. C&#243;mo le ha ido la ma&#241;ana, pregunt&#243; Marta, Bien, lo habitual, respondi&#243; el padre agachando la cabeza sobre el plato, Marcial telefone&#243;, Ah s&#237;, y qu&#233; quer&#237;a, Que hab&#237;a estado hablando con usted sobre lo de vivir en el Centro cuando lo asciendan a guarda residente, S&#237;, hablamos de eso, Estaba enfadado porque usted volvi&#243; a decir que no est&#225; de acuerdo, Entre tanto lo pens&#233; mejor, creo que ser&#225; una buena soluci&#243;n para ambos, Qu&#233; le ha hecho, de repente, mudar de ideas, No querr&#225;s seguir trabajando de alfarera el resto de tu vida, No, aunque me gusta lo que hago, Debes acompa&#241;ar a tu marido, ma&#241;ana tendr&#225;s hijos, tres generaciones comiendo barro es m&#225;s que suficiente, Y usted est&#225; de acuerdo en venirse con nosotros al Centro, en dejar la alfarer&#237;a, pregunt&#243; Marta, Dejar esto, nunca, eso est&#225; fuera de cuesti&#243;n, Quiere decir que lo har&#225; todo solo, cavar el barro, amasarlo, trabajarlo en el tablero y en el torno, cargar y encender el horno, descargarlo, desmoldarlo, limpiarlo, despu&#233;s meterlo todo en la furgoneta e ir a venderlo, le recuerdo que las cosas ya van siendo bastante dif&#237;ciles pese a la ayuda que nos da Marcial en el poco tiempo que est&#225; aqu&#237;, He de encontrar quien me eche una mano, no faltan muchachos en el pueblo, Sabe perfectamente que ya nadie quiere ser alfarero, quien se harta del campo se va a las f&#225;bricas del Cintur&#243;n, no salen de la tierra para llegar al barro, Una raz&#243;n m&#225;s para que t&#250; te vayas, No estar&#225; pensando que lo voy a dejar aqu&#237; solo, Vienes a verme de vez en cuando, Padre, por favor, estoy hablando en serio, Yo tambi&#233;n, hija m&#237;a.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marta se levant&#243; para cambiar los platos y servir la sopa, que era h&#225;bito de la familia tomarla despu&#233;s. El padre la segu&#237;a con los ojos y pensaba, Estoy dejando que se complique todo con esta conversaci&#243;n, mejor ser&#237;a que se lo contara ya. No lo hizo, s&#250;bitamente la hija pas&#243; a tener ocho a&#241;os, y &#233;l le dec&#237;a, F&#237;jate bien, es como cuando tu madre amasa el pan. Hac&#237;a rodar la pella de arcilla adelante y atr&#225;s, la comprim&#237;a y la alargaba con la parte posterior de la palma de las manos, la golpeaba con fuerza contra la mesa, la estrujaba, la aplastaba, volv&#237;a al principio, repet&#237;a toda la operaci&#243;n, una vez, otra vez, otra a&#250;n, Por qu&#233; hace eso, le pregunt&#243; la hija, Para no dejar dentro del barro caliches, grumos y burbujas de aire, ser&#237;a malo para el trabajo, En el pan tambi&#233;n, En el pan s&#243;lo los grumos, las burbujas no tienen importancia. Pon&#237;a a un lado el cilindro compacto en que transformara la arcilla y comenzaba a amasar otra pella, Ya va siendo hora de que aprendas, dijo, pero despu&#233;s se arrepinti&#243;, Qu&#233; estupidez, s&#243;lo tiene ocho a&#241;os, y enmend&#243;, Vete a jugar fuera, vete, aqu&#237; hace fr&#237;o, pero la hija respondi&#243; que no quer&#237;a irse, estaba intentando modelar un mu&#241;eco con un recorte de pasta que se le pegaba a los dedos porque era demasiado blanda, Ese no sirve, prueba mejor con &#233;ste, ver&#225;s como lo consigues, dijo el padre. Marta lo miraba inquieta, no era habitual en &#233;l que bajara as&#237; la cabeza para comer, como si pretendiese que, al esconder la cara, tambi&#233;n se escondieran las preocupaciones, tal vez sea por la conversaci&#243;n que ha tenido con Marcial, pero de eso ya hemos hablado y &#233;l no ten&#237;a esa cara, estar&#225; enfermo, lo veo deca&#237;do, marchito, aquel d&#237;a madre me dijo, Ten cuidado, no te esfuerces demasiado, y yo le respond&#237;, Esto s&#243;lo requiere fuerza de brazos y juego de hombros, el resto del cuerpo observa, No me digas eso a m&#237; que hasta el &#250;ltimo pelo de la cabeza me acaba doliendo despu&#233;s de una hora de amasar, Eso es porque est&#225; un poco m&#225;s cansada en estos &#250;ltimos tiempos, O ser&#225; porque estoy empezando a envejecer, Haga el favor de dejar esas ideas, madre, que de vieja no tiene nada, pero, qui&#233;n lo iba a imaginar, no hab&#237;an pasado dos semanas de esta conversaci&#243;n, y ya estaba muerta y enterrada, son las sorpresas que la muerte le da a la vida, En qu&#233; piensa, padre. Cipriano Algor se limpi&#243; la boca con la servilleta, tom&#243; el vaso como si fuese a beber, pero lo pos&#243; sin acerc&#225;rselo a los labios. Diga, hable, insisti&#243; la hija, y para abrir camino al desahogo pregunt&#243;, Todav&#237;a est&#225; preocupado por culpa de Marcial o tiene alg&#250;n otro motivo de pesar. Cipriano Algor volvi&#243; a tomar el vaso, se bebi&#243; de un trago el resto del vino, y respondi&#243; r&#225;pidamente, como si las palabras le quemasen la lengua, S&#243;lo aceptaron la mitad del cargamento, dicen que hay menos compradores para el barro, que han salido a la venta unas vajillas de pl&#225;stico imit&#225;ndolo y que eso es lo que los clientes prefieren ahora, No es nada que no debi&#233;semos esperar, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde ten&#237;a que suceder, el barro se raja, se cuartea, se parte al menor golpe, mientras que el pl&#225;stico resiste a todo y no se queja, La diferencia est&#225; en que el barro es como las personas, necesita que lo traten bien, El pl&#225;stico tambi&#233;n, pero menos, Y lo peor es que me han dicho que no les lleve m&#225;s vajillas mientras no las encarguen, Entonces vamos a parar de trabajar, Parar no, cuando el pedido llegue ya tendremos piezas listas para entregarlas ese mismo d&#237;a, no iba a ser despu&#233;s del encargo cuando a todo correr encendi&#233;ramos el horno, Y entre tanto qu&#233; hacemos, Esperar, tener paciencia, ma&#241;ana ir&#233; a dar una vuelta por ah&#237;, alguna cosa he de vender, Acu&#233;rdese de que ya dio esa vuelta hace dos meses, no encontrar&#225; muchas personas con necesidad de comprar, No vengas t&#250; ahora a desanimarme, S&#243;lo procuro ver las cosas como son, fue usted quien me dijo hace poco que tres generaciones de alfareros en la familia es m&#225;s que suficiente, No ser&#225;s la cuarta generaci&#243;n, te ir&#225;s a vivir al Centro con tu marido, Deber&#233; ir, s&#237;, pero usted vendr&#225; conmigo, Ya te he dicho que nunca me ver&#225;s viviendo en el Centro, Es el Centro quien nos ha mantenido hasta ahora comprando el producto de nuestro trabajo, continuar&#225; manteni&#233;ndonos cuando estemos all&#237; y no tengamos nada para venderle, Gracias al sueldo de Marcial, No es ninguna verg&#252;enza que el yerno mantenga al suegro, Depende de qui&#233;n sea el suegro, Padre, no es bueno ser orgulloso hasta ese punto, No se trata de orgullo, De qu&#233; se trata entonces, No te lo puedo explicar, es m&#225;s complicado que el orgullo, es otra cosa, una especie de verg&#252;enza, pero perdona, reconozco que no deber&#237;a haber dicho lo que dije, Lo que yo no quiero es que pase necesidades, Podr&#233; comenzar a vender a los comerciantes de la ciudad, es cuesti&#243;n de que el Centro lo autorice, si van a comprar menos no tienen derecho a prohibirme que venda a otros, Sabe mejor que yo que los comerciantes de la ciudad enfrentan grandes dificultades para mantener la cabeza fuera del agua, toda la gente compra en el Centro, cada vez hay m&#225;s gente que quiere vivir en el Centro, Yo no quiero, Qu&#233; va a hacer si el Centro deja de comprarnos cacharrer&#237;a y las personas de aqu&#237; comienzan a usar utensilios de pl&#225;stico, Espero morir antes de eso, Madre muri&#243; antes de eso, Muri&#243; en el torno, trabajando, ojal&#225; pudiese yo acabar de la misma manera, No hable de la muerte, padre, Mientras estamos vivos es cuando podemos hablar de la muerte, no despu&#233;s. Cipriano Algor se sirvi&#243; un poco m&#225;s de vino, se levant&#243;, se limpi&#243; la boca con el dorso de la mano como si las reglas de urbanidad en la mesa caducasen al levantarse, y dijo, Tengo que ir a partir el barro, el que tenemos se est&#225; acabando, ya iba a salir cuando la hija lo llam&#243;, Padre, he tenido una idea, Una idea, S&#237;, telefonear a Marcial para que &#233;l hable con el jefe del departamento de compras e intente descubrir cu&#225;les son las intenciones del Centro, si es por poco tiempo esta disminuci&#243;n en los pedidos, o si ser&#225; para largo, usted sabe que Marcial es estimado por sus superiores, Por lo menos es lo que &#233;l nos dice, Si lo dice es porque es cierto, protest&#243; Marta, impaciente, y a&#241;adi&#243;, Pero si no quiere no llamo, Llama, s&#237;, llama, es una buena idea, es la &#250;nica que puede servir ahora, aunque yo dude que un jefe de departamento del Centro est&#233; dispuesto, as&#237; sin m&#225;s ni m&#225;s, a dar explicaciones sobre su jefatura a un guarda de segunda clase, los conozco mejor que &#233;l, no es necesario estar dentro para comprender de qu&#233; masa est&#225; hecha esa gente, se creen los reyes del universo, aparte de que un jefe de departamento no es m&#225;s que un mandado, cumple &#243;rdenes que le vienen de arriba, incluso puede suceder que nos enga&#241;e con explicaciones sin fundamento s&#243;lo para darse aires de importancia. Marta oy&#243; la extensa parrafada hasta el final, pero no respondi&#243;. Si, como parec&#237;a evidente, el padre se empe&#241;aba en tener la &#250;ltima palabra, no iba a ser ella quien le robara esa satisfacci&#243;n. S&#243;lo pens&#243;, cuando &#233;l sal&#237;a, Debo ser m&#225;s comprensiva, debo ponerme en su lugar, imaginar lo que ser&#237;a quedarse de repente sin trabajo, alejarse de la casa, de la alfarer&#237;a, del horno, de la vida. Repiti&#243; las &#250;ltimas palabras en voz alta, De la vida, y en ese instante la vista se le enturbi&#243;, se hab&#237;a puesto en el lugar del padre y sufr&#237;a como &#233;l estaba sufriendo. Mir&#243; alrededor y repar&#243; por primera vez en que todo all&#237; estaba como cubierto de barro, no sucio de barro, s&#243;lo del color que tiene el barro, del color de todos los colores con que sali&#243; de la barrera, el que fue siendo dejado por tres generaciones que todos los d&#237;as se mancharon las manos en el polvo y el agua del barro, y tambi&#233;n, ah&#237; fuera, el color de ceniza viva del horno, la postrera y esmorecente tibieza de cuando lo dejaron vac&#237;o, como una casa de donde salieron los due&#241;os y que se queda, paciente, a la espera, y ma&#241;ana, si todo esto no se ha acabado para siempre, otra vez la primera llama de le&#241;a, el primer aliento caliente que va a rodear como una caricia la arcilla seca y despu&#233;s, poco a poco, la tremolina del aire, una cintilaci&#243;n r&#225;pida de brasa, el alborear del esplendor, la irrupci&#243;n deslumbrante del fuego pleno. Nunca m&#225;s ver&#233; esto cuando nos vayamos de aqu&#237;, dijo Marta, y se le angusti&#243; el coraz&#243;n como si estuviese despidi&#233;ndose de la persona a quien m&#225;s amase, que en este momento no sabr&#237;a decir cu&#225;l de ellas era, si la madre ya muerta, si el padre amargado, o el marido, s&#237;, podr&#237;a ser el marido, era lo m&#225;s l&#243;gico, siendo como es su mujer. O&#237;a, como si arrancara de debajo del suelo, el ruido sordo del mazo rompiendo el barro, sin embargo el sonido de los golpes le parec&#237;a hoy diferente, quiz&#225; porque no los impel&#237;a la necesidad simple del trabajo, sino la ira impotente de perderlo. Voy a telefonear, murmur&#243; Marta para s&#237;, pensando estas cosas acabar&#233; tan triste como &#233;l. Sali&#243; de la cocina y se dirigi&#243; al cuarto del padre. All&#237;, sobre la peque&#241;a mesa donde Cipriano Algor llevaba la contabilidad de los gastos e ingresos de la alfarer&#237;a, hab&#237;a un tel&#233;fono de modelo antiguo. Marc&#243; uno de los n&#250;meros de la centralita y pidi&#243; que le pusiesen en comunicaci&#243;n con Seguridad, casi en el mismo instante son&#243; una voz seca de hombre, Servicio de Seguridad, la rapidez de la contestaci&#243;n no le sorprendi&#243;, todo el mundo sabe que cuando se trata de cuestiones de seguridad hasta el m&#225;s insignificante de los segundos cuenta, Deseo hablar con el guarda de segunda clase Marcial Gacho, dijo Marta, De parte de qui&#233;n, Soy su mujer, le llamo de casa, El guarda de segunda clase Marcial Gacho se encuentra de servicio en este momento, no puede abandonar su puesto, En ese caso le pido por favor que le transmita un recado, Es su mujer, Lo soy, me llamo Marta Algor Gacho, lo podr&#225; comprobar ah&#237;, Entonces no ignora que no recibimos recados, s&#243;lo tomamos nota de qui&#233;n ha telefoneado, Ser&#237;a &#250;nicamente decirle que telefonee a casa en cuanto pueda, Es urgente, pregunt&#243; la voz. Marta lo pens&#243; dos veces, ser&#225; urgente, no ser&#225; urgente, sangr&#237;a desatada no era, problemas graves en el horno tampoco, parto prematuro mucho menos, pero acab&#243; respondiendo, S&#237;, realmente hay una cierta urgencia, Tomo nota, dijo el hombre, y colg&#243;. Con un suspiro de cansada resignaci&#243;n Marta pos&#243; el auricular en la horquilla, no hab&#237;a nada que hacer, era m&#225;s fuerte que ellos, Seguridad no pod&#237;a vivir sin restregar su autoridad por la cara de las personas, incluso en un caso tan trivial como &#233;ste de ahora, tan banal, tan de todos los d&#237;as, una mujer que telefonea al Centro porque necesita hablar con su marido, no ha sido ella la primera ni con certeza ser&#225; la &#250;ltima. Cuando Marta sali&#243; a la explanada el sonido del mazo dej&#243; s&#250;bitamente de parecerle que sub&#237;a del suelo, ven&#237;a de donde ten&#237;a que venir, del recodo oscuro de la alfarer&#237;a donde se guardaba la arcilla extra&#237;da de la barrera, se acerc&#243; a la puerta, pero no pas&#243; del umbral, Ya he telefoneado, dijo, quedaron en darle el recado, Esperemos que lo hagan, respondi&#243; el padre, y sin otra palabra atac&#243; con el mazo el mayor de los bloques que ten&#237;a delante. Marta se volvi&#243; de espaldas porque sab&#237;a que no deb&#237;a penetrar en un espacio escogido a prop&#243;sito por su padre para estar solo, pero tambi&#233;n por que ten&#237;a, ella misma, trabajo que hacer, unas docenas de jarros grandes y peque&#241;os a la espera de que les pegasen las asas. Entr&#243; por la puerta de al lado.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marcial Gacho telefone&#243; al final de la tarde, tras acabar su turno de trabajo. Respondi&#243; a la mujer con breves y mal ligadas palabras, sin dar muestras de l&#225;stima, inquietud o enfado por la descortes&#237;a comercial de que el suegro fuera v&#237;ctima. Habl&#243; con una voz ausente, una voz que parec&#237;a estar pensando en otra cosa, dijo s&#237;, ah s&#237;, comprendo, de acuerdo, supongo que es normal, ir&#233; as&#237; que pueda, a veces no, sin duda, pues s&#237;, comprendo, no necesitas repetirlo, y remat&#243; la conversaci&#243;n con una frase finalmente completa, aunque sin relaci&#243;n con el asunto, Qu&#233;date tranquila, no me olvidar&#233; de las compras. Marta comprendi&#243; que el marido hab&#237;a estado hablando delante de testigos, colegas de trabajo, tal vez un superior que inspeccionaba el pabell&#243;n, y disimulaba para evitar curiosidades inc&#243;modas, o incluso peligrosas. La organizaci&#243;n del Centro fue concebida y montada seg&#250;n un modelo de estricta compartimentaci&#243;n de las diversas actividades y funciones, las cuales, aunque no fuesen ni pudiesen ser totalmente estancas, s&#243;lo por v&#237;as &#250;nicas, frecuentemente dif&#237;ciles de discriminar e identificar, pod&#237;an comunicarse entre s&#237;. Est&#225; claro que un simple guarda de segunda clase, tanto por la naturaleza espec&#237;fica de su cargo como por su diminuto valor en la plantilla del personal subalterno, una cosa derivada de la otra como inapelable consecuencia, no est&#225; pertrechado, generalmente hablando, de discernimiento y perceptibilidad suficientes para captar sutilezas y matices de ese car&#225;cter, en realidad casi vol&#225;tiles, pero Marcial Gacho, a pesar de no ser el m&#225;s avispado de su categor&#237;a, cuenta en su favor con un cierto fermento de ambici&#243;n que, teniendo como meta conocida el ascenso a guarda residente y, en un segundo tiempo, naturalmente, la promoci&#243;n a guarda de primera clase, no sabemos adonde podr&#225; llegar en un futuro pr&#243;ximo, y menos a&#250;n, en un futuro distante, si lo tuviera. Por haber andado con los ojos bien abiertos y tener los o&#237;dos afinados desde el d&#237;a en que comenz&#243; a trabajar en el Centro, pudo aprender, en poco tiempo, cu&#225;ndo y c&#243;mo era m&#225;s conveniente hablar, o callar, o hacer como que. Tras dos a&#241;os de matrimonio Marta cree conocer bien al marido que le toc&#243; en el juego de poner y quitar a que casi siempre se reduce la vida conyugal, le dedica todo su afecto de esposa, incluso no se mostrar&#237;a reluctante, suponiendo que el inter&#233;s del relato exigiera profundizar en su intimidad, a hacer uso de una extrema vehemencia al respondernos que lo ama, pero no es persona para enga&#241;arse a s&#237; misma, as&#237; que es m&#225;s que probable, si llev&#225;semos tan lejos la insistencia, que acabara confesando que a veces &#233;l le parece demasiado prudente, por no decir calculador, suponiendo que a &#225;rea tan negativa de la personalidad os&#225;ramos dirigir la indagaci&#243;n. Ten&#237;a la certeza de que el marido se retir&#243; contrariado de la conversaci&#243;n, de que le estar&#237;a ya inquietando la perspectiva de un encuentro con el jefe del departamento de compras, y no por timidez o modestia de inferior, verdaderamente Marcial Gacho siempre ha tenido a gala proclamar que le disgusta llamar la atenci&#243;n cuando no se trata de asuntos de trabajo, sobre todo, a&#241;adir&#225; quien piense conocerlo, si se da la circunstancia de que esos asuntos no le aportan beneficio. Finalmente, la tal buena idea que Marta crey&#243; tener s&#243;lo pareci&#243; buena porque, en aquel momento, como dijo el padre, era la &#250;nica posible. Cipriano Algor estaba en la cocina, no pudo o&#237;r los fragmentos del discurso, sueltos e inconexos, emitidos por el yerno, pero fue como si los hubiese le&#237;do todos, y rellenado los vac&#237;os, en el rostro abatido de la hija, cuando, un largo minuto despu&#233;s, ella sali&#243; del cuarto. Y como no merece la pena cansar la lengua por tan poco, ni siquiera perdi&#243; tiempo pregunt&#225;ndole Entonces, fue ella quien le comunic&#243; lo obvio, Hablar&#225; con el jefe del departamento, que tampoco para decir esto necesitaba Marta cansarse, dos miradas bastar&#237;an. La vida es as&#237;, est&#225; llena de palabras que no valen la pena, o que valieron y ya no valen, cada una de las que vamos diciendo le quitar&#225; el lugar a otra m&#225;s merecedora, que lo ser&#237;a no tanto por s&#237; misma, sino por las consecuencias de haberla dicho. La cena transcurri&#243; en silencio, silenciosas fueron las dos horas pasadas despu&#233;s ante la televisi&#243;n indiferente, en un determinado momento, como viene sucediendo con frecuencia en los &#250;ltimos meses, Cipriano Algor se durmi&#243;. Ten&#237;a el entrecejo fruncido con una expresi&#243;n de enfado, como si, al mismo tiempo que dorm&#237;a, estuviese recrimin&#225;ndose por haber cedido tan f&#225;cilmente al sue&#241;o, cuando lo justo y equitativo ser&#237;a que la irritaci&#243;n y el disgusto lo mantuvieran despierto de noche y de d&#237;a, el disgusto para que sufriese plenamente la injuria, la irritaci&#243;n para hacerle soportable el sufrimiento. Expuesto as&#237;, desarmado, con la cabeza ca&#237;da hacia atr&#225;s, la boca medio abierta, perdido de s&#237; mismo, presentaba la imagen lacerante de un abandono sin salvaci&#243;n, como un saco roto que dejara escapar por el camino lo que llevaba dentro. Marta miraba al padre con fervor, con una intensidad apasionada, y pensaba, Este es mi viejo padre, son exageraciones disculpables de quien todav&#237;a est&#225; en los primeros albores de la edad adulta, a un hombre de sesenta y cuatro a&#241;os, aunque de &#225;nimo un poco marchito como en &#233;ste se est&#225; observando, no se deber&#237;a, con tan inconsciente liviandad, llamarle viejo, habr&#237;a sido &#233;sa la costumbre en las &#233;pocas en que los dientes comenzaban a caerse a los treinta a&#241;os y las primeras arrugas aparec&#237;an a los veinticinco, actualmente la vejez, la aut&#233;ntica, la insofismable, aqu&#233;lla de la que no podr&#225; haber retorno, ni siquiera fingimiento, s&#243;lo comienza a partir de los ochenta a&#241;os, de hecho y sin disculpas, a merecer el nombre que damos al tiempo de la despedida. Qu&#233; ser&#225; de nosotros si el Centro deja de comprar, para qui&#233;n fabricaremos lozas y barros si son los gustos del Centro los que determinan los gustos de la gente, se preguntaba Marta, no fue el jefe de departamento quien decidi&#243; reducir los pedidos a la mitad, la orden le lleg&#243; de arriba, de los superiores, de alguien para quien es indiferente que haya un alfarero m&#225;s o menos en el mundo, lo que ha sucedido puede haber sido apenas el primer paso, el segundo ser&#225; que dejen definitivamente de comprar, tendremos que estar preparados para ese desastre, s&#237;, preparados, pero ya me gustar&#237;a saber c&#243;mo se prepara una persona para encajar un martillazo en la cabeza, y cuando asciendan a Marcial a guarda residente, qu&#233; har&#233; con padre, dejarlo solo en esta casa y sin trabajo, imposible, imposible, hija desnaturalizada, dir&#237;an de m&#237; los vecinos, peor que eso, dir&#237;a yo de m&#237; misma, las cosas ser&#237;an diferentes si madre viviera, porque, en contra de lo que se suele decir, dos debilidades no hacen una debilidad mayor, hacen una nueva fuerza, probablemente no es as&#237; ni nunca lo ha sido, pero hay ocasiones en que convendr&#237;a que lo fuese, no, padre, no, Cipriano Algor, cuando yo salga de aqu&#237; vendr&#225;s conmigo, aunque te tenga que llevar a la fuerza, no dudo de que un hombre sea capaz de vivir solo, pero estoy convencida de que comienza a morir en el mismo instante en que cierra tras de s&#237; la puerta de su casa. Como si lo hubiesen sacudido bruscamente por un brazo, o como si hubiese percibido que hablaban de su persona, Cipriano Algor abri&#243; de repente los ojos y se enderez&#243; en el sill&#243;n. Se pas&#243; las manos por la cara y, con la expresi&#243;n medio confusa de un ni&#241;o sorprendido en falta, murmur&#243;, Me he quedado dormido. Dec&#237;a siempre estas mismas palabras, Me he quedado dormido, cuando se despertaba de sus breves sue&#241;os delante del televisor. Pero esta noche no era como las otras, por eso tuvo que a&#241;adir, Hubiera sido mucho mejor que no me despertara, murmur&#243;, al menos, mientras dorm&#237;a, era un alfarero con trabajo, Con la diferencia de que el trabajo que se hace so&#241;ando no deja obra hecha, dijo Marta, Exactamente como en la vida despierta, trabajas, trabajas y trabajas, y un d&#237;a despiertas de ese sue&#241;o o de esa pesadilla y te dicen que lo que has hecho no sirve para nada, S&#237; sirve, s&#237;, padre, Es como si no hubiese servido, Hoy hemos tenido mal d&#237;a, ma&#241;ana pensaremos con m&#225;s calma, veremos c&#243;mo encontrar salida para este problema que nos han buscado, Pues s&#237;, veremos, pues s&#237;, pensaremos. Marta se acerc&#243; al padre, le dio un beso cari&#241;oso, V&#225;yase a la cama, venga, y duerma bien, desc&#225;nseme esa cabeza. A la entrada del dormitorio Cipriano Algor se detuvo, se volvi&#243; atr&#225;s, pareci&#243; dudar un momento y acab&#243; diciendo, como si pretendiera convencerse a s&#237; mismo, Tal vez Marcial llame ma&#241;ana, tal vez nos d&#233; una buena noticia, Qui&#233;n sabe, padre, qui&#233;n sabe, respondi&#243; Marta, &#233;l me dijo que se tomar&#237;a la cuesti&#243;n muy a pecho, &#233;sa era su disposici&#243;n.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marcial no telefone&#243; al d&#237;a siguiente. Pas&#243; todo ese d&#237;a, que era mi&#233;rcoles, pas&#243; el jueves y pas&#243; el viernes, pasaron s&#225;bado y domingo, y s&#243;lo el lunes, casi una semana despu&#233;s del desaire a la alfarer&#237;a, el tel&#233;fono volvi&#243; a sonar en casa de Cipriano Algor. En contra de lo anunciado, el alfarero no sali&#243; a dar una vuelta por los alrededores en busca de compradores. Ocup&#243; sus arrastradas horas en peque&#241;os trabajos, algunos innecesarios, como el de inspeccionar y limpiar meticulosamente el horno, de arriba abajo, por dentro y por fuera, junta a junta, teja a teja, como si estuviese prepar&#225;ndolo para la mayor cochura de su historia. Amas&#243; una porci&#243;n de barro que la hija necesitaba pero, al contrario de la atenci&#243;n escrupulosa con que hab&#237;a tratado el horno, lo hizo con poqu&#237;simo celo, tanto es as&#237; que Marta, a escondidas, se vio obligada a amasarlo otra vez para reducirle los grumos. Cort&#243; le&#241;a, barri&#243; la explanada, y la tarde en que, durante m&#225;s de tres horas, cay&#243; una de esas lluvias finas y mon&#243;tonas a las que antes se le daba el nombre de calabobos, estuvo todo el tiempo sentado en un tronco debajo del alpendre, unas veces mirando al frente con la fijeza de un ciego que sabe que no ver&#225; si vuelve la cabeza en otra direcci&#243;n, otras veces contemplando las propias manos abiertas, como si en sus l&#237;neas, en sus encrucijadas, buscase un camino, el m&#225;s corto o el m&#225;s largo, en general ir por uno o por otro depende de la mucha o poca prisa que se tenga en llegar, sin olvidar esos casos en que alguien o algo nos va empujando por la espalda, sin que sepamos por qu&#233; ni hacia d&#243;nde. En esa tarde, cuando la lluvia par&#243;, Cipriano Algor baj&#243; el camino que llevaba a la carretera, no se dio cuenta de que la hija lo miraba desde la puerta de la alfarer&#237;a, pero ni &#233;l ten&#237;a necesidad de decir adonde iba, ni ella de que se lo dijese. Hombre obstinado, pens&#243; Marta, deber&#237;a haberse llevado la furgoneta, de un momento a otro puede volver a llover. Es natural la preocupaci&#243;n de Marta, es lo que se debe esperar de una hija, porque en verdad, por m&#225;s que hist&#243;ricamente se haya exagerado en declaraciones contrarias, el cielo nunca ha sido mucho de fiar. Esta vez, sin embargo, aunque la llovizna vuelva a descargar desde el ceniciento uniforme que cubre y rodea la tierra, la mojadura no ser&#225; de las de empapar, el cementerio de la poblaci&#243;n est&#225; muy cerca, ah&#237; al final de una de estas calles transversales a la carretera, y Cipriano Algor, pese a la edad entre aqu&#237; y all&#237;, todav&#237;a conserva el paso largo y r&#225;pido de que los m&#225;s j&#243;venes se sirven para las prisas. Viejo o joven, que nadie se las pida hoy. Tampoco tendr&#237;a sentido que Marta le aconsejara que se llevara la furgoneta, porque a los cementerios, sobre todo a &#233;stos de aldea, campestres, buc&#243;licos, siempre deberemos ir andando con los pies en la tierra, no por efecto de alg&#250;n imperativo categ&#243;rico o imposici&#243;n de lo trascendente, sino por respeto a las conveniencias simplemente humanas, al fin y al cabo son tantos los que van en pedestres peregrinaciones a venerar la tibia de un santo, que no se entender&#237;a que se fuera de otra forma a donde de antemano sabemos que nos espera nuestra propia memoria y\i 
\i0  tal vez una l&#225;grima. Cipriano Algor permanecer&#225; algunos minutos junto a la tumba de la mujer, no para rezar unas oraciones que ha olvidado, ni para pedirle que, all&#225; en la emp&#237;rea morada, si a tan alto la llevaron sus virtudes, interceda por &#233;l ante quien algunos dicen que lo puede todo, apenas protestar&#225; que no es justo, Justa, lo que me han hecho, se han re&#237;do de mi trabajo y del trabajo de nuestra hija, dicen que las vajillas de barro han dejado de interesar, que ya nadie las quiere, por tanto tambi&#233;n nosotros hemos dejado de ser necesarios, somos una fuente rajada con la que ya no vale la pena perder tiempo poni&#233;ndole la&#241;as, t&#250; tuviste m&#225;s suerte mientras viv&#237;as. En los estrechos caminos de sabl&#243;n del cementerio hay peque&#241;as pozas de agua, la hierba crece por todas partes, no ser&#225;n necesarios cien a&#241;os para que deje de saberse qui&#233;n fue metido debajo de estos mont&#237;culos de lodo, y aunque todav&#237;a se sepa es dudoso que saberlo interese verdaderamente, los muertos, alguien lo ha dicho ya, son como platos rajados en los que no vale la pena enganchar esas tambi&#233;n desusadas grapas de hierro que unen lo que se hab&#237;a roto y separado, o, en el caso que corre, explicando el s&#237;mil con otras palabras, las la&#241;as de la memoria y de la nostalgia. Cipriano Algor se aproxim&#243; a la sepultura de la mujer, tres a&#241;os son los que lleva ah&#237; abajo, tres a&#241;os sin aparecer en ninguna parte, ni en la casa, ni en la alfarer&#237;a, ni en la cama, ni a la sombra del moral, ni bajo el sol abrasador de la barrera, no ha vuelto a sentarse a la mesa, ni al torno, no retira las cenizas ca&#237;das de la parrilla, ni vuelve las piezas que se est&#225;n secando, no pela las patatas, no amasa el barro, no dice, As&#237; son las cosas, Cipriano, la vida no tiene m&#225;s que dos d&#237;as para darte, y hay tanta gente que apenas ha vivido d&#237;a y medio y otros ni eso, ya ves que no podemos quejarnos. Cipriano Algor no se qued&#243; m&#225;s de tres minutos, ten&#237;a inteligencia suficiente para no necesitar que le dijesen que lo importante no era estar all&#237; parado, con rezos o sin rezos, mirando una sepultura, lo importante era haber venido, lo importante es el camino que se ha hecho, la jornada que se anduvo, si tienes conciencia de que est&#225;s prolongando la contemplaci&#243;n es porque te observas a ti mismo o, peor todav&#237;a, es porque esperas que te observen. Comparando con la velocidad instant&#225;nea del pensamiento, que sigue en l&#237;nea recta incluso cuando parece haber perdido el norte, lo creemos porque no nos damos cuenta de que &#233;l, al correr en una direcci&#243;n, est&#225; avanzando en todas las direcciones, comparando, dec&#237;amos, la pobre palabra est&#225; siempre necesitando pedir permiso a un pie para hacer andar al otro, e incluso as&#237; tropieza constantemente, duda, se entretiene dando vueltas a un adjetivo, a un tiempo verbal que surge sin hacerse anunciar por el sujeto, &#233;sa debe de ser la raz&#243;n por la que Cipriano Algor no ha tenido tiempo para decirle a la mujer todo cuanto ven&#237;a pensando, aquello de que no es justo, Justa, lo que me han hecho, pero es bastante posible que los murmullos que estamos oy&#233;ndole ahora, mientras va caminando hacia la salida del cementerio, sean precisamente lo que le hab&#237;a quedado por decir. Ya iba callado cuando se cruz&#243; con una mujer vestida de luto que entraba, siempre ha sido as&#237;, unos que llegan, otros que parten, ella dijo, Buenas tardes, se&#241;or Cipriano, el tratamiento de respeto se justifica tanto por la diferencia de generaci&#243;n como por la costumbre del campo, y &#233;l retribuye, Buenas tardes, si no dijo su nombre no fue por desconocimiento, antes bien por pensar que esta mujer de luto cerrado por un marido no ir&#225; a tener parte en los sombr&#237;os acontecimientos futuros que se anuncian ni en la relaci&#243;n que de ellos se haga, aunque tambi&#233;n es cierto que, al menos ella, tiene intenci&#243;n de acercarse ma&#241;ana a la alfarer&#237;a a comprar un c&#225;ntaro, seg&#250;n est&#225; anunciando, Ma&#241;ana ir&#233; a comprar un c&#225;ntaro, pero ojal&#225; sea mejor que el &#250;ltimo, que se me qued&#243; el asa en la mano cuando lo levant&#233;, se parti&#243; en pedazos y me inund&#243; toda la cocina, imag&#237;nese lo que fue aquello, es verdad, para ser sinceros, que el pobrecillo ya ten&#237;a una edad, y Cipriano Algor respondi&#243;, Excusa ir a la alfarer&#237;a, yo le llevo un c&#225;ntaro nuevo que sustituya al que se ha roto, y no tiene que pagarlo, es regalo de la f&#225;brica, Dice eso porque soy viuda, pregunt&#243; la mujer, No, qu&#233; idea, es s&#243;lo una oferta, nada m&#225;s, tenemos una cantidad de c&#225;ntaros que a lo mejor nunca llegaremos a vender, Siendo as&#237;, le quedo muy agradecida, se&#241;or Cipriano, No hay de qu&#233;, Un c&#225;ntaro nuevo es algo, S&#237;, pero es &#250;nicamente eso, algo, Entonces hasta ma&#241;ana, all&#237; le espero, y una vez m&#225;s muchas gracias, Hasta ma&#241;ana. Ahora bien, corriendo el pensamiento simult&#225;neamente en todas las direcciones, como antes se dej&#243; bien explicado, y avanzando al mismo tiempo con &#233;l los sentimientos, no deber&#225; sorprendernos que la satisfacci&#243;n de la viuda por recibir un c&#225;ntaro nuevo sin necesidad de pagarlo haya sido la causa de que se moderara de un instante a otro el disgusto que la hizo salir de casa en tarde tan tristona para visitar la &#250;ltima morada del marido. Claro que, a pesar de que todav&#237;a estamos vi&#233;ndola detenida a la entrada del cementerio, ciertamente regocij&#225;ndose en su interior de ama de casa con el inesperado regalo, no dejar&#225; de ir a donde la convocaban el luto y el deber, pero tal vez, cuando llegue, no llore tanto cuanto hab&#237;a pensado. La tarde ya oscurece lentamente, comienzan a aparecer luces mortecinas dentro de las casas vecinas al cementerio, pero el crep&#250;sculo todav&#237;a ha de durar el tiempo necesario para que la mujer pueda rezar sin susto de los fuegos fatuos o de las almas en pena su padrenuestro y su avemar&#237;a, que en su paz se quede y en su paz descanse.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando Cipriano Algor dobl&#243; en la &#250;ltima manzana de la poblaci&#243;n y mir&#243; hacia el lugar donde se encuentra la alfarer&#237;a, vio encenderse la luz exterior, un antiguo farol de caja met&#225;lica colgado sobre la puerta de la vivienda, y, aunque no pasase una sola noche sin que lo encendiese, sinti&#243; esta vez que el coraz&#243;n se le reconfortaba y se le serenaba el &#225;nimo, como si la casa estuviese dici&#233;ndole, Estoy esper&#225;ndote. Casi impalpables, llevadas y tra&#237;das al sabor de las ondas invisibles que impelen el aire, unas min&#250;sculas gotas le tocaron la cara, faltar&#225; mucho para que el molino de las nubes recomience a cerner su harina de agua, con toda esta humedad no s&#233; cu&#225;ndo vamos a conseguir que las piezas se sequen. Ya sea por influencia de la mansedumbre crepuscular o de la breve visita evocativa al cementerio, o incluso, lo que ser&#237;a una compensaci&#243;n efectiva por su generosidad, al haberle dicho a la mujer de luto que le regalar&#237;a un c&#225;ntaro nuevo, Cipriano Algor, en este momento, no piensa en decepciones de no ganar ni en miedos de llegar a perder. En una hora como &#233;sta, cuando pisas la tierra mojada y tienes tan cerca de la cabeza la primera piel del cielo, no parece posible que te digan cosas tan absurdas como que te vuelvas atr&#225;s con la mitad del cargamento o que tu hija te va a dejar solo un d&#237;a de &#233;stos. El alfarero lleg&#243; al final del camino y respir&#243; hondo. Recortado sobre la baza cortina de nubes grises, el moral aparec&#237;a tan negro como le obliga su propio nombre. La luz del farol no alcanza su copa, ni siquiera roza las hojas de las ramas m&#225;s bajas, s&#243;lo una d&#233;bil luminosidad va tapizando el suelo hasta casi tocar el grueso tronco del &#225;rbol. La vieja garita del perro est&#225; all&#237;, vac&#237;a desde hace a&#241;os, cuando su &#250;ltimo habitante muri&#243; en brazos de Justa y ella le dijo al marido, No quiero nunca m&#225;s un animal de &#233;stos en mi casa. En la entrada oscura de la caseta se movi&#243; una cintilaci&#243;n y desapareci&#243; en seguida. Cipriano Algor quiso saber qu&#233; era aquello, se agach&#243; para escrutar despu&#233;s de haber dado unos cuantos pasos adelante. La oscuridad dentro era total. Comprendi&#243; que estaba tapando con su cuerpo la luz del farol, y se desvi&#243; un poco hacia un lado. Eran dos las cintilaciones, dos ojos, un perro, O una jineta, pero lo m&#225;s probable es que sea un perro, pens&#243; el alfarero, y deb&#237;a de estar en lo cierto, de la especie lupina ya no queda memoria cre&#237;ble por estos parajes, y los ojos de los gatos, sean ellos mansos o monteses, como cualquier persona tiene obligaci&#243;n de saber, son siempre ojos de gato, cuando mucho, y en el peor de los casos, podr&#237;amos confundirlos, en m&#225;s peque&#241;o, con los del tigre, pero est&#225; claro que un tigre adulto nunca podr&#237;a meterse dentro de una caseta de este tama&#241;o. Cipriano Algor no habl&#243; de gatos ni de tigres cuando entr&#243; en casa, tampoco pronunci&#243; palabra sobre su ida al cementerio, y, en cuanto al c&#225;ntaro que le va a regalar a la mujer de luto, entiende que no es asunto para ser tratado en este momento, lo que le dijo a la hija fue s&#243;lo esto, Hay un perro ah&#237; fuera, hizo una pausa, como si esperase respuesta, y a&#241;adi&#243;, Debajo del moral, en la caseta. Marta acababa de lavarse y cambiarse de ropa, estaba descansando un minuto, sentada, antes de comenzar a preparar la cena, por tanto no ten&#237;a la mejor de las disposiciones para preocuparse con los lugares por donde pasan o paran los perros huidos o abandonados en sus vagabundeos, Ser&#225; mejor dejarlo, si no es animal al que le guste viajar de noche, ma&#241;ana se ir&#225;, dijo, Tienes por ah&#237; alguna cosa de comer que le pueda llevar, pregunt&#243; el padre, Unos restos del almuerzo, unos trozos de pan, agua no necesitar&#225;, ha ca&#237;do mucha del cielo, Voy a llev&#225;rselo, Como quiera, padre, pero tenga en cuenta que nunca va a dejar la puerta, Supongo que s&#237;, si yo estuviese en su lugar har&#237;a lo mismo. Marta ech&#243; las sobras de la comida en un plato viejo que ten&#237;a debajo del poyo, desmig&#243; encima un trozo de pan duro y adob&#243; todo con un poco de caldo, Aqu&#237; tiene, y vaya tomando nota de que esto es s&#243;lo el principio. Cipriano Algor tom&#243; el plato y ya ten&#237;a un pie fuera de la cocina cuando la hija le pregunt&#243;, Se acuerda de que madre dijo cuando Constante muri&#243; que nunca m&#225;s quer&#237;a perros en casa, Me acuerdo, s&#237;, pero apuesto a que si ella estuviese viva no ser&#237;a tu padre quien estar&#237;a llevando este plato al tal perro que ella no quer&#237;a, respondi&#243; Cipriano Algor, y sali&#243; sin haber o&#237;do el murmullo de la hija, Tal vez no le falte raz&#243;n. La lluvia hab&#237;a vuelto a caer, era el mismo enga&#241;ador calabobos, el mismo polvo de agua bailando y confundiendo las distancias, incluso la figura blanquecina del horno parec&#237;a decidida a irse hacia otros parajes, y la furgoneta, &#233;sa, ten&#237;a m&#225;s el aspecto de una carroza fantasma que de un veh&#237;culo moderno de motor de explosi&#243;n, aunque no de modelo reciente, como ya sabemos. Debajo del moral, el agua resbalaba de las hojas en gotas gruesas y dispersas, ahora una, otra despu&#233;s, a voleo, como si las leyes de la hidr&#225;ulica y de la din&#225;mica de los l&#237;quidos, todav&#237;a reinantes fuera del precario paraguas del &#225;rbol, no tuviesen aplicaci&#243;n all&#237;. Cipriano Algor puso el plato de comida en el suelo, retrocedi&#243; tres pasos, pero el perro no sali&#243; del abrigo, Es imposible que no tengas hambre, dijo el alfarero, o tal vez seas uno de esos perros que se respetan, tal vez no quieras que yo vea el hambre que tienes. Esper&#243; un minuto, despu&#233;s se retir&#243; y entr&#243; en casa, pero no cerr&#243; completamente la puerta. Se ve&#237;a mal por la rendija, pero incluso as&#237; consigui&#243; distinguir un bulto negro que sal&#237;a de la garita y se acercaba al plato, y tambi&#233;n percibi&#243; que el perro, perro era, no lobo ni gato, mir&#243; primero a la casa y s&#243;lo despu&#233;s baj&#243; la cabeza a la comida, como si pensase que estaba debiendo esa consideraci&#243;n a quien vino bajo la lluvia, desafiando la intemperie, a matarle el hambre. Cipriano Algor acab&#243; de cerrar la puerta y se encamin&#243; a la cocina, Est&#225; comiendo, dijo, Si ten&#237;a mucha hambre, ya habr&#225; acabado, respondi&#243; Marta con una sonrisa, Es lo m&#225;s seguro, sonri&#243; tambi&#233;n el padre, si los perros de hoy son como los de antes. La cena era simple, en poco tiempo estaba sobre la mesa. Fue al acabar cuando Marta dijo, Un d&#237;a m&#225;s sin noticias de Marcial, no comprendo por qu&#233; no telefonea, al menos una palabra, una simple palabra bastar&#237;a, nadie le pide un discurso, Quiz&#225; no haya podido hablar con el jefe, Entonces que nos diga eso mismo, All&#237; las cosas no son tan f&#225;ciles, lo sabes muy bien, dijo el alfarero, inesperadamente conciliador. La hija lo mir&#243; sorprendida, todav&#237;a m&#225;s por el tono de voz que por el significado de las palabras, No es muy habitual que disculpe o justifique a Marcial, dijo, Yo lo aprecio, Lo apreciar&#225;, pero no lo toma en serio, A quien no consigo tomar en serio es al guarda en que se va convirtiendo el muchacho afable y simp&#225;tico que conoc&#237;a, Ahora es un hombre afable y simp&#225;tico, y la profesi&#243;n de guarda no es un modo de vida menos digno y honesto que cualquier otro que tambi&#233;n lo sea, No como cualquier otro, D&#243;nde est&#225; la diferencia, La diferencia est&#225; en que tu Marcial, como lo conocemos ahora, es todo &#233;l guarda, guarda de los pies a la cabeza, y sospecho que es guarda hasta en el coraz&#243;n, Padre, por favor, no puede hablar as&#237; del marido de su hija, Tienes raz&#243;n, perdona, hoy no deber&#237;a ser d&#237;a de censuras y recriminaciones, Hoy, por qu&#233;, He ido al cementerio, le he regalado un c&#225;ntaro a una vecina y tenemos un perro ah&#237; fuera, acontecimientos de gran importancia todos ellos, Qu&#233; es eso del c&#225;ntaro, Se le qued&#243; el asa en la mano y el c&#225;ntaro se hizo a&#241;icos, Son cosas que suceden, nada es eterno, Pero ella tuvo la decencia de reconocer que el c&#225;ntaro era viejo, y por eso cre&#237; que deb&#237;a ofrecerle uno nuevo, suponemos que el otro ten&#237;a un defecto de fabricaci&#243;n, o ni es necesario suponer, regalar es regalar, sobran explicaciones, Qui&#233;n es la vecina, Es Isaura Estudiosa, esa que se qued&#243; viuda hace unos meses, Es una mujer joven, No pretendo casarme otra vez, si es eso lo que est&#225;s pensando, Si lo he pensado, no me he dado cuenta, pero tal vez debiera haberlo hecho, era la forma de que no se quedara solo aqu&#237;, ya que se obstina en no venirse con nosotros a vivir al Centro, Repito que no pretendo casarme, y mucho menos con la primera mujer que aparezca, en cuanto a lo dem&#225;s, te pido por favor que no me estropees la noche, No era &#233;sa mi intenci&#243;n, perdone. Marta se levant&#243;, recogi&#243; los platos y los cubiertos, dobl&#243; por las marcas el mantel y las servilletas, est&#225; muy equivocado quien crea que el menester de alfarero, incluso no siendo de obra fina, como en este caso, incluso ejercido en una poblaci&#243;n peque&#241;a y sin gracia, como ya se ha adivinado que es &#233;sta, es incompatible con la delicadeza y el gusto de maneras que distinguen a las clases elevadas actuales, ya olvidadas o desde el nacimiento ignorantes de la brutalidad de sus tatarabuelos y de la bestialidad de los tatarabuelos de ellos, estos Algores son personas que aprenden bien lo que les ense&#241;an y capaces de usarlo despu&#233;s para aprender mejor, y Marta, siendo de la &#250;ltima generaci&#243;n, m&#225;s favorecida por las ayudas del desarrollo, ya se ha beneficiado de la gran suerte de ir a estudiar a la ciudad, que alguna ventaja han de tener sobre las aldeas los grandes n&#250;cleos de poblaci&#243;n. Y si acab&#243; siendo alfarera fue por fuerza de una consciente y manifiesta vocaci&#243;n de modeladora, aunque tambi&#233;n influyera en su decisi&#243;n el hecho de que no haya en la familia hermanos que contin&#250;en la tradici&#243;n familiar, eso sin olvidar, tercera y soberana raz&#243;n, el fuerte amor filial, que nunca le permitir&#237;a dejar a los padres al dios-dir&#225;-y-despu&#233;s-veremos cuando lleguen a viejos. Cipriano Algor conect&#243; la televisi&#243;n, pero la apag&#243; poco despu&#233;s, si en ese momento alguien le pidiese que relatara lo que hab&#237;a visto y o&#237;do entre los gestos de encender y apagar el aparato, no sabr&#237;a qu&#233; responder, pero pura y simplemente se negar&#237;a a hacerlo si la pregunta fuese otra, En qu&#233; piensa que parece tan distra&#237;do. Dir&#237;a que no se&#241;or, vaya idea, no estaba distra&#237;do, s&#243;lo para no tener que confesar el infantilismo de que se sent&#237;a preocupado por el perro, si estar&#237;a abrigado en la caseta, si, satisfecho el est&#243;mago y recuperadas las energ&#237;as, habr&#237;a seguido viaje a la b&#250;squeda de mejor comida o de un due&#241;o que viviese en sitio menos expuesto a los vendavales y a las lluvias pertinaces. Me voy a mi cuarto, dijo Marta, se me va acumulando la costura, pero de hoy no pasa, Yo tampoco tardar&#233;, dijo el padre, estoy cansado sin haber hecho nada, Amas&#243;, pas&#243; revista al horno, algo hizo, Sabes tan bien como yo que ser&#225; necesario amasar otra vez aquel barro, y el horno no estaba necesitando trabajo de alba&#241;il, mucho menos cuidados de nodriza, Los d&#237;as son todos iguales, las horas no, cuando los d&#237;as llegan al final tienen siempre sus veinticuatro horas completas, incluso cuando ellas no tengan nada dentro, pero &#233;se no es el caso ni de sus horas ni de sus d&#237;as, Marta fil&#243;sofa del tiempo, dijo el padre, y le dio un beso en la frente. La hija retribuy&#243; el cari&#241;o y sonriendo dijo, No se olvide de ir a ver c&#243;mo est&#225; su perro, Por ahora es s&#243;lo un perro que pasaba por aqu&#237; y consider&#243; que la caseta le ven&#237;a bien para resguardarse de la lluvia, quiz&#225; est&#233; enfermo o herido, tal vez tenga en el collar el n&#250;mero de tel&#233;fono de la persona a quien se debe llamar, quiz&#225; pertenezca a alguien de la aldea, puede que le pegaran y &#233;l huy&#243;, si ha sido as&#237; ma&#241;ana por la ma&#241;ana ya no estar&#225;, sabes c&#243;mo son los perros, el due&#241;o siempre es el due&#241;o incluso cuando castiga, por lo tanto no te precipites diciendo que es mi perro, ni siquiera lo he visto, no s&#233; si me gusta, Sabe que quiere que le guste, lo que ya es algo, Ahora me sales fil&#243;sofa de los sentimientos, dice el padre, Suponiendo que se quedara con el perro, qu&#233; nombre le va a poner, pregunt&#243; Marta, Es demasiado pronto para pensar en eso, Si estuviera aqu&#237; ma&#241;ana, deber&#237;a ser ese nombre la primera palabra que oyese de su boca, No le llamar&#233; Constante, fue el nombre de un perro que no volver&#225; a su due&#241;a y que no la encontrar&#237;a si volviese, tal vez a &#233;ste le llame Perdido, el nombre le sienta bien, Hay otro que todav&#237;a le sentar&#237;a mejor, Cu&#225;l, Encontrado, Encontrado no es nombre de perro, Ni lo ser&#237;a Perdido, S&#237;, me parece una buena idea, estaba perdido y ha sido encontrado, &#233;se ser&#225; el nombre, Hasta ma&#241;ana, padre, duerma bien, Hasta ma&#241;ana, no te quedes cosiendo hasta tarde, ten cuidado con los ojos. Despu&#233;s de que la hija se retirara, Cipriano Algor abri&#243; la puerta que daba al exterior, y mir&#243; hacia el moral. La lluvia persistente segu&#237;a cayendo y no se percib&#237;a se&#241;al de vida dentro de la caseta. Estar&#225; todav&#237;a ah&#237;, se pregunt&#243; el alfarero. Se dio a s&#237; mismo una falsa raz&#243;n para no ir a mirar, Es lo que faltaba, mojarme por culpa de un perro vagabundo, una vez ha sido suficiente. Se recogi&#243; en su cuarto y se acost&#243;, todav&#237;a estuvo leyendo durante media hora pero, por fin, se qued&#243; dormido. A mitad de la noche despert&#243;, encendi&#243; la luz, el reloj de la mesilla marcaba las cuatro y media. Se levant&#243;, tom&#243; una linterna de pilas que guardaba en un caj&#243;n y abri&#243; la ventana. Hab&#237;a dejado de llover, se ve&#237;an estrellas en el cielo oscuro. Cipriano Algor encendi&#243; la linterna y apunt&#243; el foco hacia la caseta. La luz no era suficientemente fuerte para que se viera lo que estaba dentro, pero Cipriano Algor no necesitaba de tanto, dos cintilaciones le bastar&#237;an, dos ojos, y estaban all&#237;.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Desde que lo mandaron a casa con la mitad de la carga, que, entre par&#233;ntesis se diga, todav&#237;a no ha sido retirada de la furgoneta, Cipriano Algor ha pasado, de un momento a otro, a desmerecer la reputaci&#243;n de operario madrugador ganada a lo largo de una vida de mucho trabajo y pocas vacaciones. Se levanta con el sol ya fuera, se lava y se afeita con m&#225;s lentitud de la necesaria para una cara rasurada y un cuerpo habituado a la limpieza, desayuna poco pero pausado y finalmente, sin a&#241;adidura visible al escaso &#225;nimo con que sale de la cama, va a trabajar. Hoy, sin embargo, despu&#233;s del resto de la noche so&#241;ando con un tigre que ven&#237;a a comer en su mano, dej&#243; las mantas cuando el sol apenas comenzaba a pintar el cielo. No abri&#243; la ventana, solamente un poco el postigo para ver c&#243;mo estaba el tiempo, fue eso lo que pens&#243;, o quiso pensar que pensaba, aunque no ten&#237;a h&#225;bito de hacerlo, este hombre ya ha vivido m&#225;s que suficiente para saber que el tiempo siempre est&#225;, con sol, como hoy promete, con lluvia, como ayer cumpli&#243;, en realidad cuando abrimos una ventana y levantamos la nariz hacia los espacios superiores es s&#243;lo para comprobar si el tiempo que hace es aquel que dese&#225;bamos. Al escudri&#241;ar el exterior, lo que Cipriano Algor quer&#237;a, sin m&#225;s pre&#225;mbulos suyos o ajenos, era saber si el perro todav&#237;a estaba a la espera de que le fuesen a dar otro nombre, o si, cansado de la expectativa frustrada, hab&#237;a partido en busca de un amo m&#225;s diligente. De &#233;l apenas se ve&#237;an el hocico que descansaba sobre las patas delanteras cruzadas y las orejas gachas, pero no hab&#237;a motivo para recelar de que el resto del cuerpo no continuase dentro de la garita. Es negro, dijo Cipriano Algor. Ya cuando le llev&#243; la comida le hab&#237;a parecido que el animal ten&#237;a ese color, o, como afirman algunos, esa ausencia de tal, pero era de noche, y si de noche hasta los gatos blancos son pardos, lo mismo, o en m&#225;s tenebroso, se podr&#237;a decir de un perro visto por primera vez debajo de un moral cuando una lluvia persistente y nocturna disolv&#237;a la l&#237;nea de separaci&#243;n entre los seres y las cosas, aproxim&#225;ndolos, a ellos, a las cosas en que, m&#225;s tarde o m&#225;s pronto, se han de transformar. El perro no es realmente negro, casi lleg&#243; a serlo en el hocico y en las orejas, pero el resto apunta hacia un color gris&#225;ceo generalizado, con mechas que van desde tonos oscuros hasta llegar al negro retinto. A un alfarero de sesenta y cuatro a&#241;os, con los problemas de visi&#243;n que la edad siempre ocasiona, y que dej&#243; de usar gafas por culpa del calor del horno, no se le puede censurar que haya dicho, Es negro, dado que antes era de noche y llov&#237;a, y ahora la distancia vuelve nebuloso el crep&#250;sculo de la ma&#241;ana. Cuando Cipriano Algor se aproxim&#243; finalmente al perro vio que nunca m&#225;s podr&#225; repetir Es negro, pero tambi&#233;n pecar&#237;a gravemente contra la verdad si afirmara Es gris, mucho m&#225;s cuando descubra que una estrecha mancha blanca, como una delicada corbata, baja por el pecho del animal hasta el comienzo del vientre. La voz de Marta son&#243; al otro lado de la puerta, Padre, despierte, tiene al perro esperando, Estoy despierto, ya voy, respondi&#243; Cipriano Algor, pero inmediatamente se arrepinti&#243; de que le hubieran salido las dos &#250;ltimas palabras, era pueril, era casi rid&#237;culo, un hombre de su edad alboroz&#225;ndose como un ni&#241;o a quien le han tra&#237;do el juguete so&#241;ado, cuando todos sabemos que en lugares como &#233;stos un perro es tanto m&#225;s estimado cuanto m&#225;s cabalmente demuestre su utilidad pr&#225;ctica, virtud que los juguetes no necesitan, y en lo que a los sue&#241;os se refiere, si de cumplirlos se trata, no ser&#237;a bastante un perro para quien acaba de pasar la noche so&#241;ando con un tigre. Pese a que luego se lo reprochar&#225;, Cipriano Algor esta vez no va a perder tiempo con arreglos y aseos, se visti&#243; r&#225;pidamente y sali&#243; del cuarto. Marta le pregunt&#243;, Quiere que le prepare alguna cosa para que coma, Despu&#233;s, ahora la comida le distraer&#237;a, Vaya, vaya a domar a la fiera, No es ninguna fiera, pobre animal, lo he estado observando desde la ventana, Yo tambi&#233;n lo he visto, Qu&#233; te ha parecido, No creo que sea de nadie de por aqu&#237;, Hay perros que nunca salen de los patios, viven y mueren all&#237;, salvo en los casos en que los llevan al campo para ahorcarlos en la rama de un &#225;rbol o para rematarlos con una carga de plomo en la cabeza, O&#237;r eso no es una buena manera de comenzar el d&#237;a, Realmente no lo es, as&#237; que vamos a iniciarlo de una forma menos humana, pero m&#225;s compasiva, dijo Cipriano Algor saliendo a la explanada. La hija no lo sigui&#243;, se qued&#243; entre las puertas, mirando, La fiesta es suya, pens&#243;. El alfarero se adelant&#243; algunos pasos y con voz clara, firme, aunque sin gritar, pronunci&#243; el nombre escogido, Encontrado. El perro ya hab&#237;a levantado la cabeza al verlo, y ahora, escuchado finalmente el nombre por el que esperaba, sali&#243; de la caseta de cuerpo entero, ni perro grande ni perro peque&#241;o, un animal joven, esbelto, de pelo crespo, realmente gris, realmente tirando a negro, con la estrecha mancha blanca que le divide el pecho y que parece una corbata. Encontrado, repiti&#243; el alfarero, avanzando dos pasos m&#225;s, Encontrado, ven aqu&#237;. El perro se qued&#243; donde estaba, manten&#237;a la cabeza alta y meneaba despacio la cola, pero no se movi&#243;. Entonces el alfarero se agach&#243; para nivelar sus ojos a la altura de los ojos del animal y volvi&#243; a decir, esta vez en un tono conminatorio, intenso como si fuese la expresi&#243;n de una necesidad personal suya, Encontrado. El perro adelant&#243; un paso, otro paso, otro a&#250;n, sin detenerse nunca hasta llegar a colocarse al alcance del brazo de quien lo llamaba. Cipriano Algor extendi&#243; la mano derecha, casi toc&#225;ndole la nariz, y esper&#243;. El perro olisque&#243; varias veces, despu&#233;s alarg&#243; el cuello, y su nariz fr&#237;a roz&#243; las puntas de los dedos que lo solicitaban. La mano del alfarero avanz&#243; lentamente hasta la oreja m&#225;s cercana y la acarici&#243;. El perro dio el paso que faltaba, Encontrado, Encontrado, dijo Cipriano Algor, no s&#233; qu&#233; nombre ten&#237;as antes, a partir de ahora tu nombre es Encontrado. En ese momento repar&#243; en que el animal no llevaba collar y en que el pelo no era s&#243;lo gris, estaba sucio de barro y de detritos vegetales, sobre todo las piernas y el vientre, se&#241;al m&#225;s que probable de &#225;speras traves&#237;as por cultivos y descampados, no de haber viajado c&#243;modamente por carretera. Marta se acercaba, tra&#237;a un plato con un poco de comida para el perro, nada exageradamente sustancial, apenas para confirmar el encuentro y celebrar el bautismo, D&#225;selo t&#250;, dijo el padre, pero ella respondi&#243;, D&#233;selo usted, habr&#225; muchas ocasiones para que yo lo alimente. Cipriano Algor puso el plato en el suelo, despu&#233;s se levant&#243; con dificultad, Ay mis rodillas, cu&#225;nto dar&#237;a por volver a tener aunque fuesen las del a&#241;o pasado, Tanta diferencia hay, A esta altura de la vida hasta un d&#237;a se nota, nos salva que a veces parece que es para mejor. El perro Encontrado, ahora que ya tiene un nombre no deber&#237;amos usar otro para &#233;l, ya sea el de perro, que por la fuerza de la costumbre todav&#237;a se antepuso, ya sea el de animal o bicho, que sirven para todo cuanto no forme parte de los reinos mineral y vegetal, aunque alguna que otra vez no nos ser&#225; posible escapar a esas variantes, para evitar repeticiones aborrecidas, que es la &#250;nica raz&#243;n por la que en lugar de Cipriano Algor hemos ido escribiendo alfarero, hombre, viejo y padre de Marta. Ahora bien, como &#237;bamos diciendo, el perro Encontrado, despu&#233;s de que con dos lametones r&#225;pidos hiciera desaparecer la comida del plato, clara demostraci&#243;n de que todav&#237;a no consideraba cabalmente satisfecha el hambre de ayer, levant&#243; la cabeza como quien aguarda nueva porci&#243;n de pitanza, por lo menos fue as&#237; como interpret&#243; Marta el gesto, por eso le dijo, Ten paciencia, el almuerzo viene despu&#233;s, mientras tanto entret&#233;n el est&#243;mago con lo que tienes, fue un juicio precipitado, como tantas veces sucede en los cerebros humanos, a pesar del apetito remanente, que nunca negar&#237;a, no era la comida lo que preocupaba a Encontrado en ese momento, lo que &#233;l pretend&#237;a era que le diesen una se&#241;al de lo que deber&#237;a hacer a continuaci&#243;n. Ten&#237;a sed, que obviamente podr&#237;a saciar en cualquiera de las muchas pozas de agua que la lluvia hab&#237;a dejado alrededor de la casa, pero le reten&#237;a algo que, si estuvi&#233;semos hablando de sentimientos de personas, no dudar&#237;amos en llamar escr&#250;pulo o delicadeza de maneras. Si le hab&#237;an puesto el alimento en un plato, si no quisieron que lo tomase groseramente del barro del suelo, era porque el agua tambi&#233;n deber&#237;a ser bebida en un recipiente apropiado. Tendr&#225; sed, dijo Marta, los perros necesitan mucha agua, Tiene ah&#237; esas pozas, respondi&#243; el padre, no bebe porque no quiere, Si vamos a quedarnos con &#233;l, no es para que ande bebiendo agua de los charcos como si no tuviese asiento ni casa, obligaciones son obligaciones. Mientras Cipriano Algor se dedicaba a pronunciar frases sueltas, casi sin sentido, cuyo &#250;nico objetivo era ir habituando al perro al sonido de su voz, pero en las que aposta, con la insistencia de un estribillo, la palabra Encontrado se iba repitiendo, Marta trajo un cuenco grande de barro lleno de agua limpia, que puso al lado de la caseta. Desafiando escepticismos, sobradamente justificados despu&#233;s de millares de relatos le&#237;dos y o&#237;dos sobre las vidas ejemplares de los perros y sus milagros, tendremos que decir que Encontrado volvi&#243; a sorprender a los nuevos due&#241;os qued&#225;ndose donde estaba, frente a frente con Cipriano Algor, a la espera, seg&#250;n todas las apariencias, de que &#233;l llegase al final de lo que ten&#237;a que decirle. S&#243;lo cuando el alfarero se call&#243; y le hizo un gesto como de despedida, el perro se dio la vuelta y fue a beber. Nunca he visto un perro que se comporte de esta manera, observ&#243; Marta, Lo\i 
\i0  malo, despu&#233;s de esto, respondi&#243; el padre, ser&#225; que alguien nos diga que el perro le pertenece, No creo que tal cosa suceda, incluso jurar&#237;a que Encontrado no es de por aqu&#237;, perros de reba&#241;o y perros de guarda no hacen lo que &#233;ste ha hecho, Despu&#233;s de desayunar voy a dar una vuelta para preguntar, Aproveche para llevarle el c&#225;ntaro a la vecina Isaura, dijo Marta, sin tomarse la molestia de disimular la sonrisa, Ya hab&#237;a pensado en eso, como dec&#237;a mi abuelo, no dejes para la tarde lo que puedas hacer por la ma&#241;ana, respondi&#243; Cipriano Algor mientras miraba a otro lado. Encontrado acab&#243; de beber su agua, y como ninguno de aquellos dos parec&#237;a querer prestarle atenci&#243;n, se tumb&#243; en la entrada de la caseta donde el suelo estaba menos mojado.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Tras el desayuno, Cipriano Algor escogi&#243; un c&#225;ntaro del almac&#233;n de obra acabada, lo coloc&#243; cuidadosamente en la furgoneta, ajust&#225;ndolo, para que no rodase, entre las cajas de platos, despu&#233;s entr&#243;, se sent&#243; y puso en marcha el motor. Encontrado levant&#243; la cabeza, era manifiesto que no ignoraba que a un ruido de &#233;stos siempre le sucede un alejamiento, seguido luego de una desaparici&#243;n, pero sus anteriores experiencias de vida debieron de recordarle que existe una manera capaz de impedir, al menos algunas veces, que tales calamidades ocurran. Se irgui&#243; sobre las altas patas, moviendo la cola con fuerza, como si agitase una verdasca, y, por primera vez desde que vino aqu&#237; pidiendo asilo, Encontrado ladr&#243;. Cipriano Algor condujo despacio la furgoneta en direcci&#243;n al moral y par&#243; a poca distancia de la caseta. Cre&#237;a haber comprendido lo que Encontrado esperaba. Abri&#243; y mantuvo abierta la puerta del otro lado, y antes de tener tiempo para invitarlo a dar un paseo, el perro ya estaba dentro. No hab&#237;a pensado llev&#225;rselo, la intenci&#243;n de Cipriano Algor era ir de vecino en vecino preguntando si conoc&#237;an un perro as&#237; y as&#237;, con este pelo y esta figura, con esta corbata y estas virtudes morales, y mientras estuviese describi&#233;ndoles las diversas caracter&#237;sticas rogar&#237;a a todos los santos del cielo y a todos los demonios de la tierra que, por favor, por las buenas o las malas, obligasen al interrogado a responder que nunca en su vida semejante bicho le perteneciera o de &#233;l tuviera la menor noticia. Con Encontrado visible dentro de la furgoneta se evitaba la monoton&#237;a de la descripci&#243;n y ahorraba repeticiones, tendr&#237;a bastante con preguntar, Este perro es suyo, o tuyo, seg&#250;n el grado de intimidad con el interlocutor, y o&#237;r la respuesta, No, S&#237;, en el primer caso pasar sin m&#225;s demoras al siguiente para no dar lugar a enmiendas, en el segundo caso observar atentamente las reacciones de Encontrado, que no ser&#237;a perro para dejarse llevar al enga&#241;o con mentirosas reivindicaciones de un falso due&#241;o. Marta, que al ruido del motor de arranque de la furgoneta apareci&#243;, con las manos sucias de barro, a la puerta de la alfarer&#237;a, quiso saber si el perro tambi&#233;n iba. El padre le respondi&#243;, Viene, viene, y un minuto despu&#233;s estaba el terrado tan desierto y Marta tan sola como si para &#233;l y para ella &#233;sta hubiese sido la primera vez.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Antes de llegar a la calle donde vive Isaura Estudiosa, apellido del que, tal como los de Gacho y Algor, se desconoce la raz&#243;n de ser y la procedencia, el alfarero llam&#243; a la puerta de doce vecinos y tuvo la satisfacci&#243;n de o&#237;r de todos ellos las mismas respuestas, M&#237;o no es, No s&#233; de qui&#233;n ser&#225;. A la mujer de un comerciante le gust&#243; Encontrado hasta el punto de hacer una generosa oferta de compra, rechazada de plano por Cipriano Algor, y en tres casas donde nadie respondi&#243; a la llamada se oy&#243; el ladrido violento de los vig&#237;as caninos, lo que le permiti&#243; al alfarero el raciocinio sinuoso de que Encontrado no era de all&#237;, como si en alguna ley universal de los animales dom&#233;sticos estuviese escrito que donde haya un perro no pueda haber otro. Cipriano Algor par&#243; finalmente la furgoneta ante la puerta de la mujer de luto, llam&#243;, y cuando ella apareci&#243; vestida con su blusa y su falda negra, le dio unos buenos d&#237;as mucho m&#225;s sonoros de lo que pedir&#237;a la naturalidad, la culpa de este s&#250;bito desconcierto vocal la ten&#237;a Marta por ser autora de la descabellada idea de una boda de viudos caducos, designaci&#243;n merecedora de severa censura, dicho sea ya, por lo menos en lo que se refiere a Isaura Estudiosa, que no debe de tener m&#225;s de cuarenta y cinco a&#241;os, y si para que la cuenta sea exacta es necesario a&#241;adir algunos m&#225;s, verdaderamente no se le notan. Ah, buenos d&#237;as, se&#241;or Cipriano, dijo ella, Vengo a cumplir lo prometido, a traerle su c&#225;ntaro, Muchas gracias, pero realmente no deb&#237;a haberse molestado, despu&#233;s de lo que hablamos en el cementerio he pensado que no hay gran diferencia entre las cosas y las personas, tienen su vida, duran un tiempo, y al poco acaban, como todo en el mundo, A pesar de eso un c&#225;ntaro puede sustituir a otro c&#225;ntaro, sin tener que pensar en el asunto m&#225;s que para tirar los cascotes del viejo y llenar de agua el nuevo, lo que no ocurre con las personas, es como si en el nacimiento de cada una se partiese el molde del que ha salido, por eso las personas no se repiten, Las personas no salen de moldes, pero creo que entiendo lo que quiere decir, Son palabras de alfarero, no les d&#233; importancia, aqu&#237; lo tiene, y ojal&#225; no se le despegue el asa a &#233;ste tan pronto. La mujer extendi&#243; las dos manos para recibir el c&#225;ntaro por la panza, lo sostuvo contra el pecho y agradeci&#243; otra vez, Muchas gracias, se&#241;or Cipriano, en ese instante vio al perro dentro de la furgoneta, Ese perro, dijo. Cipriano Algor sinti&#243; un choque, no se le hab&#237;a pasado por la cabeza la posibilidad de que Isaura Estudiosa fuese precisamente la due&#241;a de Encontrado, y ahora ella hab&#237;a dicho Ese perro como si lo hubiese reconocido, con una expresi&#243;n de sorpresa que bien podr&#237;a ser la de quien finalmente ha encontrado lo que buscaba, imag&#237;nese con qu&#233; poco deseo de acertar Cipriano Algor habr&#225; preguntado, Es suyo, imag&#237;nese tambi&#233;n el alivio con que despu&#233;s oy&#243; la respuesta, No, no es m&#237;o, pero recuerdo haberlo visto andando por ah&#237; hace dos o tres d&#237;as, incluso lo llam&#233;, pero hizo como que no me hab&#237;a o&#237;do, es un bonito animal, Cuando ayer llegu&#233; a casa, de vuelta del cementerio, lo encontr&#233; medio escondido en la caseta que hay debajo del moral, la que era de otro perro que tuvimos, Constante, en la oscuridad s&#243;lo le brillaban los ojos, Buscaba un due&#241;o que le conviniese, No s&#233; si ser&#233; yo el due&#241;o que le conviene, hasta es posible que tenga uno, es lo que estoy averiguando, D&#243;nde, aqu&#237;, pregunt&#243; Isaura Estudiosa, y sin esperar respuesta a&#241;adi&#243;, Yo en su lugar no me cansar&#237;a, este perro no es de aqu&#237;, viene de lejos, de otro sitio, de otro mundo, Por qu&#233; dice de otro mundo, No s&#233;, tal vez porque me parece tan diferente de los perros de ahora, Apenas ha tenido tiempo de verlo, Lo que he visto ha sido suficiente, y tanto es as&#237; que si no lo quiere, me ofrezco para quedarme con &#233;l, Si fuese otro perro tal vez no me importase dej&#225;rselo, pero a &#233;ste ya hemos decidido recogerlo, si no aparece el due&#241;o, claro, O sea que lo quieren, Hasta le hemos puesto nombre, C&#243;mo se llama, Encontrado, A un perro perdido es el nombre que mejor le sienta, Eso es tambi&#233;n lo que mi hija dijo, Pues entonces, si lo quiere para usted, no se preocupe m&#225;s, Tengo la obligaci&#243;n de restitu&#237;rselo al due&#241;o, tambi&#233;n me gustar&#237;a que me devolviesen un perro que hubiera perdido, Si lo hiciera estar&#237;a en contra de la voluntad del animal, piense que &#233;l quiso escoger otra casa para vivir, Viendo las cosas desde ese lado, no digo que no tenga raz&#243;n, pero la ley manda, la costumbre manda, No piense en la ley ni en la costumbre, se&#241;or Cipriano, tome para s&#237; lo que ya es suyo, Mucha confianza es &#233;sa, A veces es necesario abusar un poco de ella, Cree entonces, Creo, s&#237;, Me ha gustado mucho hablar con usted, A m&#237; tambi&#233;n, se&#241;or Cipriano, Hasta la pr&#243;xima vez, Hasta la pr&#243;xima vez. Con el c&#225;ntaro apretado contra el pecho, Isaura Estudiosa mir&#243; desde su puerta la furgoneta que daba la vuelta para deshacer el camino andado, mir&#243; al perro y al hombre que conduc&#237;a, el hombre hizo con la mano izquierda una se&#241;al de despedida, el perro deb&#237;a de estar pensando en su casa y en el moral que le hac&#237;a de cielo.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 As&#237;, mucho antes de lo que hubiera calculado, Cipriano Algor volvi&#243; a la alfarer&#237;a. El consejo de la vecina Isaura Estudiosa, o Isaura sin m&#225;s, para abreviar, era sensato, razonable, flagrantemente apropiado a la situaci&#243;n, y, si se aplicase al funcionamiento general del mundo, no habr&#237;a ninguna dificultad en encuadrarlo en el plano de un orden de cosas al que poco le faltar&#237;a para ser considerado perfecto. El lado admirable de todo esto, sin duda, fue el hecho de que ella lo expresara con la m&#225;s acabada de las naturalidades, sin darle vueltas a la cabeza, como quien para decir que dos y dos son cuatro no necesita emplear tiempo pensando, primero, que dos y uno son tres, y, despu&#233;s, que tres y otro son cuatro, Isaura tiene raz&#243;n, sobre todo debo respetar el deseo del animal y la voluntad que lo transform&#243; en acto. A quienquiera que sea el due&#241;o, o, prudente correcci&#243;n, quienquiera que haya sido, ya no le asiste el derecho de venir con reclamaciones, Este perro es m&#237;o, porque todas las apariencias y evidencias est&#225;n demostrando que si Encontrado estuviera dotado del humano don de la palabra, s&#243;lo tendr&#237;a una respuesta que dar, Pues yo a este due&#241;o no lo quiero. Por tanto, bendito sea mil veces el c&#225;ntaro partido, bendita la idea de obsequiar a la mujer de luto con un c&#225;ntaro nuevo, y, a&#241;adamos como anticipaci&#243;n de lo que ha de venir m&#225;s tarde, bendito el encuentro ocurrido en aquella tarde h&#250;meda y morri&#241;osa, toda ella chorreando agua, toda ella incomodidad en lo material y en lo espiritual, cuando bien sabemos que, salvo las excepciones resultantes de una p&#233;rdida reciente, no es &#233;se un estado del tiempo que incline a los apesadumbrados a ir hasta el cementerio para llorar a sus difuntos. No hay duda, el perro Encontrado tiene todo a su favor, podr&#225; quedarse donde quiera todo el tiempo que le apetezca. Y hay todav&#237;a un otro motivo que redobla el alivio y la satisfacci&#243;n de Cipriano Algor, que es no tener ya que llamar a la puerta de la casa de los padres de Marcial, vecinos tambi&#233;n de la poblaci&#243;n y con quienes no tiene las mejores relaciones, que forzosamente ir&#237;an a peor si pasase delante de su puerta sin hacerles caso. Adem&#225;s est&#225; convencido de que Encontrado no les pertenece, las simpat&#237;as de los Gachos en cuestiones caninas, desde que los conoce, siempre se inclinaron por los molosos y otros perros de ese orden. Nos ha ido bien la ma&#241;ana, dijo Cipriano Algor al perro.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Pocos minutos despu&#233;s estaban en casa. Estacionada la furgoneta, Encontrado mir&#243; fijamente al due&#241;o, se dio cuenta de que por ahora estaba dispensado de sus obligaciones de navegante y se apart&#243;, no en direcci&#243;n a la caseta, sino con el aire inconfundible de quien acaba de decidir que ha llegado el momento del reconocimiento de los sitios. Le pongo una correa, se pregunt&#243; inquieto el alfarero, y despu&#233;s, al observar las maniobras del perro, que olisqueaba y marcaba el territorio con orina, ora aqu&#237;, ora all&#225;, No, no creo que sea necesario tenerlo atado, si quisiera ya habr&#237;a huido. Entr&#243; en casa y oy&#243; la voz de la hija que hablaba por tel&#233;fono, Espera, espera, padre acaba de llegar. Cipriano Algor tom&#243; el auricular y, sin pre&#225;mbulos, pregunt&#243;, Hay alguna novedad. Al otro lado de la l&#237;nea, tras un instante de silencio, Marcial Gacho procedi&#243; como quien considera que &#233;sta no es la manera m&#225;s adecuada de iniciar una conversaci&#243;n entre dos personas, suegro y yerno, que llevan una semana de las antiguas sin tener noticias uno del otro, por eso dio tranquilamente los buenos d&#237;as, pregunt&#243; qu&#233; tal le ha ido, padre, a lo que Cipriano Algor respondi&#243; con otros buenos d&#237;as, m&#225;s secos, y, sin pausa u otra especie de transici&#243;n, He estado esperando, una semana entera esperando, me gustar&#237;a saber qu&#233; sentir&#237;as t&#250; si estuvieses en mi lugar, Perdone, s&#243;lo esta ma&#241;ana he conseguido hablar con el jefe del departamento, explic&#243; Marcial desistiendo de hacerle notar al suegro, incluso de modo indirecto, la inmerecida brusquedad con que lo estaba tratando, Y qu&#233; te ha dicho &#233;l, Que todav&#237;a no han decidido, pero que su caso no es el &#250;nico, mercanc&#237;as que interesaban y dejan de interesar es una rutina casi diaria en el Centro, &#233;sas son sus palabras, rutina casi diaria, Y t&#250;, qu&#233; idea has sacado, Qu&#233; idea he sacado, S&#237;, el tono de voz, el modo de mirar, si te pareci&#243; que quer&#237;a ser simp&#225;tico, Debe saber, por su propia experiencia, que dan siempre la impresi&#243;n de estar pensando en otra cosa, S&#237;, es cierto, Y si permite que le hable con franqueza total, pienso que no volver&#225;n a comprarle cacharrer&#237;a, para ellos estas cosas son simples, o el producto interesa, o el producto no interesa, el resto es indiferente, para ellos no hay t&#233;rmino medio, Y para m&#237;, para nosotros, tambi&#233;n es simple, tambi&#233;n es indiferente, tampoco hay t&#233;rmino medio, pregunt&#243; Cipriano Algor, Hice lo que estaba a mi alcance, pero yo no paso de ser un simple guarda, No pod&#237;as haber hecho mucho m&#225;s, dijo el alfarero con una voz que se rompi&#243; en la &#250;ltima palabra. Marcial Gacho sinti&#243; pena del suegro al notar la mudanza de tono e intent&#243; enmendar el sombr&#237;o pron&#243;stico, De todas formas, no cerr&#243; completamente la puerta, dijo que estaban estudiando el asunto, mientras tanto debemos mantener la esperanza, Ya no tengo edad de esperanzas, Marcial, necesito certezas, y que sean de las inmediatas, que no esperen un ma&#241;ana que puede no ser m&#237;o, Comprendo, padre, la vida es un sube-y-baja continuo, todo cambia, pero no se desanime, nos tiene a nosotros, a Marta y a m&#237;, con alfarer&#237;a o sin ella. Era f&#225;cil comprender adonde quer&#237;a llegar Marcial con este discurso de solidaridad familiar, en su cabeza todos los problemas, sean los de ahora, sean los que surjan en el futuro, encontrar&#237;an remedio el d&#237;a en que los tres se instalasen en el Centro. En otra ocasi&#243;n y con otro estado de &#225;nimo, Cipriano Algor habr&#237;a respondido con aspereza, pero ahora, o porque le hubiera rozado la resignaci&#243;n con su ala melanc&#243;lica o porque definitivamente no se hubiera perdido el perro Encontrado, o quiz&#225;, qui&#233;n sabe, a causa de una breve conversaci&#243;n entre dos personas objetivamente separadas por un c&#225;ntaro, el alfarero habl&#243; con suavidad, El jueves a la hora habitual voy a recogerte, si mientras tanto tienes alguna noticia, llama por tel&#233;fono, y, sin dar tiempo a que Marcial respondiese, remat&#243; el di&#225;logo, Te paso a tu mujer. Marta intercambi&#243; algunas palabras, dijo, Vamos a ver c&#243;mo acaba todo esto, despu&#233;s se despidi&#243; hasta el jueves y colg&#243;. Cipriano Algor ya hab&#237;a salido, estaba en la alfarer&#237;a, sentado ante uno de los tornos con la cabeza baja. Fue all&#237; donde una parada cardiaca fulminante cort&#243; la vida de Justa Isasca. Marta se sent&#243; en la banqueta del otro torno y esper&#243;. Al cabo de un largo minuto el padre la mir&#243;, despu&#233;s desvi&#243; la vista. Marta dijo, No ha tardado mucho en el pueblo, Pues no, Pregunt&#243; en todas las casas si conoc&#237;an al perro, si alguien era su due&#241;o, Pregunt&#233; en unas cuantas, pero luego pens&#233; que no merec&#237;a la pena continuar, Por qu&#233;, Esto es un interrogatorio, No, padre, es s&#243;lo una tentativa de distraerle, me cuesta verlo triste, No estoy triste, Entonces desanimado, Tampoco estoy desanimado, Muy bien, est&#225; como est&#225;, pero ahora cu&#233;nteme por qu&#233; consider&#243; que no merec&#237;a la pena seguir preguntando, Pens&#233; que si el perro ten&#237;a due&#241;o en el pueblo y huy&#243; de &#233;l, y, pudiendo volver, no ha vuelto, es porque quiere ser libre para buscarse otro, de modo que yo no tengo derecho a forzar su voluntad, Viendo las cosas por ese lado, tiene raz&#243;n, Eso es lo que yo dije, precisamente con esas mismas palabras, Le dijo a qui&#233;n. Cipriano Algor no respondi&#243;. Despu&#233;s, como la hija no hac&#237;a m&#225;s que mirarlo tranquilamente, se decidi&#243;, A la vecina, Qu&#233; vecina, La del c&#225;ntaro, Ah, s&#237;, le llev&#243; el c&#225;ntaro, Si lo met&#237; en la furgoneta era justo para eso, Claro, Pues eso, Entonces, si lo he entendido bien, fue ella quien le explic&#243; por qu&#233; no merec&#237;a la pena andar buscando al due&#241;o de Encontrado, S&#237;, fue ella, No hay duda de que es una mujer inteligente, Eso parece, Y se qued&#243; con el c&#225;ntaro, Lo ves mal, No se irrite, padre, estamos s&#243;lo hablando, c&#243;mo me iba a parecer mal una cosa tan sencilla como regalar un c&#225;ntaro, S&#237;, pero tenemos asuntos m&#225;s graves que &#233;ste, y t&#250; est&#225;s ah&#237; queriendo fingir que la vida nos va viento en popa, Exactamente de esos asuntos le quiero hablar, Entonces no entiendo el porqu&#233; de tantos rodeos, Porque me gusta conversar con usted como si no fuese mi padre, me gusta hacer cuenta, como dice, de que somos dos personas que se quieren mucho, padre e hija que se quieren porque lo son, pero que igualmente se querr&#237;an con amor de amigos si no lo fuesen, Me vas a hacer llorar, mira que en esta edad las l&#225;grimas comienzan a ser traicioneras, Sabe que lo har&#237;a todo para verlo feliz, Pero intentas convencerme para que vaya al Centro, sabiendo que es lo peor que me podr&#237;a suceder, Cre&#237;a que lo peor que le podr&#237;a suceder era verse separado de su hija, Eso no es leal, deber&#237;as pedirme disculpas, Se las pido, realmente no ha sido leal, perd&#243;neme. Marta se levant&#243; y abraz&#243; al padre, Disc&#250;lpeme, No tiene importancia, respondi&#243; el alfarero, si estuvi&#233;ramos menos tristes no hablar&#237;amos de esta manera. Marta acerc&#243; una banqueta a la del padre, se sent&#243;, y, tom&#225;ndolo de la mano, comenz&#243; a decir, He tenido una idea mientras usted andaba por ah&#237; paseando al perro, Expl&#237;cate, Vamos a dejar a un lado por ahora la cuesti&#243;n del Centro, es decir, su decisi&#243;n de venirse o de no venirse con nosotros, Me parece bien, El asunto no es para ma&#241;ana ni para el mes que viene, cuando llegue el momento usted decidir&#225; entre ir o quedarse, su vida es suya, Gracias por dejarme respirar, por fin, No lo dejo, Qu&#233; m&#225;s tenemos todav&#237;a, Despu&#233;s de que usted saliera, me vine a trabajar aqu&#237;, primero fui a echar un vistazo al dep&#243;sito y not&#233; que faltaban floreros peque&#241;os, entonces vine dispuesta a hacer unos cuantos, cuando de pronto, ya con la pella encima del torno, me di cuenta de hasta qu&#233; punto era absurdo seguir con este trabajo a ciegas, A ciegas, por qu&#233;, Porque nadie me encarg&#243; floreros peque&#241;os o grandes, porque nadie espera impaciente que los termine para venir corriendo a comprarlos, y cuando digo floreros digo cualquiera de las piezas que fabricamos, grandes o peque&#241;as, &#250;tiles o in&#250;tiles, Comprendo, pero incluso as&#237; tendremos que estar preparados, Preparados para qu&#233;, Para cuando los encargos lleguen, Y qu&#233; haremos mientras tanto si los encargos no llegan, qu&#233; haremos si el Centro deja de comprar, vamos a vivir c&#243;mo, y de qu&#233;, nos quedamos esperando que las moras maduren y que Encontrado consiga cazar alg&#250;n conejo inv&#225;lido, Marcial y t&#250; no tendr&#233;is ese problema, Padre, acordamos que no se hablar&#237;a del Centro, Vale, sigue adelante, Pues bien, suponiendo que un milagro haga que el Centro enmiende lo dicho, cosa que no creo, ni usted si no quiere enga&#241;arse, durante cu&#225;nto tiempo estaremos aqu&#237; de brazos cruzados o fabricando loza sin saber para qu&#233; ni para qui&#233;n, En la situaci&#243;n en que nos encontramos no veo qu&#233; otra cosa se puede hacer, Tengo una opini&#243;n diferente, Y qu&#233; opini&#243;n diferente es &#233;sa, qu&#233; mir&#237;fica idea se te ha ocurrido, Que fabriquemos otras cosas, Si el Centro deja de comprarnos unas, es m&#225;s que dudoso que quiera comprar otras, Tal vez no, tal vez tal vez, De qu&#233; est&#225;s hablando, mujer, De que deber&#237;amos ponernos a fabricar mu&#241;ecos, Mu&#241;ecos, exclam&#243; Cipriano Algor con tono de escandalizada sorpresa, mu&#241;ecos, jam&#225;s he o&#237;do una idea m&#225;s disparatada, S&#237;, se&#241;or padre m&#237;o, mu&#241;ecos, estatuillas, monigotes, figurillas, baratijas, adornos con pies y cabeza, ll&#225;melos como quiera, pero no comience a decir que es un disparate sin esperar el resultado, Hablas como si tuvieses la seguridad de que el Centro te va a comprar esa mu&#241;equer&#237;a, No tengo la seguridad de nada, salvo de que no podemos seguir aqu&#237; parados a la espera de que el mundo se nos caiga encima, Sobre m&#237; ya se ha ca&#237;do, Todo lo que caiga sobre usted cae sobre m&#237;, ay&#250;deme, que yo le ayudar&#233;, Despu&#233;s de tanto tiempo haciendo vajillas, debo de haber perdido la mano para modelar, Lo mismo digo yo, pero si nuestro perro se perdi&#243; para poder ser encontrado, como inteligentemente explic&#243; Isaura Estudiosa, tambi&#233;n estas nuestras manos perdidas, la suya y la m&#237;a, podr&#225;n, qui&#233;n sabe, volver a ser encontradas por el barro, Es una aventura que va a acabar mal, Tambi&#233;n acab&#243; mal lo que no era aventura. Cipriano Algor mir&#243; a la hija en silencio, despu&#233;s tom&#243; un poco de barro y le dio la primera forma de una figura humana. Por d&#243;nde empezamos, pregunt&#243;, Por donde siempre hay que empezar, por el principio, respondi&#243; Marta.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Autoritarias, paralizantes, circulares, a veces el&#237;pticas, las frases de efecto, tambi&#233;n jocosamente llamadas pepitas de oro, son una plaga maligna de las peores que pueden asolar el mundo. Decimos a los confusos, Con&#243;cete a ti mismo, como si conocerse a uno mismo no fuese la quinta y m&#225;s dificultosa operaci&#243;n de las aritm&#233;ticas humanas, decimos a los ab&#250;licos, Querer es poder, como si las realidades atroces del mundo no se divirtiesen invirtiendo todos los d&#237;as la posici&#243;n relativa de los verbos, decimos a los indecisos, Empezar por el principio, como si ese principio fuese la punta siempre visible de un hilo mal enrollado del que basta tirar y seguir tirando para llegar a la otra punta, la del final, y como si, entre la primera y la segunda, hubi&#233;semos tenido en las manos un hilo liso y continuo del que no ha sido preciso deshacer nudos ni desenredar mara&#241;as, cosa imposible en la vida de los ovillos y, si otra frase de efecto es permitida, en los ovillos de la vida. Marta dijo al padre, Empecemos por el principio, y parec&#237;a que s&#243;lo faltaba que uno y otro se sentaran delante del tablero para modelar mu&#241;ecos con unos dedos s&#250;bitamente &#225;giles y exactos, con la antigua habilidad recuperada de una larga letargia. Puro enga&#241;o de inocentes y desprevenidos, el principio nunca ha sido la punta n&#237;tida y precisa de un hilo, el principio es un proceso lent&#237;simo, demorado, que exige tiempo y paciencia para percibir en qu&#233; direcci&#243;n quiere ir, que tantea el camino como un ciego, el principio es s&#243;lo el principio, lo hecho vale tanto como nada. De ah&#237; que hubiese sido mucho menos categ&#243;rico lo que Marta record&#243; a continuaci&#243;n, S&#243;lo tenemos tres d&#237;as para preparar la presentaci&#243;n del proyecto, as&#237; es como se dice en el lenguaje de los negocios y de los ejecutivos, creo yo, Expl&#237;cate, no tengo cabeza para seguirte, dijo el padre, Hoy es lunes, recoger&#225; a Marcial el jueves por la tarde, luego tendr&#225; que llevarle ese d&#237;a al jefe del departamento de compras nuestra propuesta de fabricaci&#243;n de mu&#241;ecos, con dise&#241;os, modelos, precios, en fin todo lo que los induzca a comprar y los habilite para tomar una decisi&#243;n que no se retrase hasta el a&#241;o que viene. Sin darse cuenta de que estaba repitiendo las palabras, Cipriano Algor pregunt&#243;, Por d&#243;nde empezamos, pero la respuesta de Marta ya no es la misma, Tendremos que fijarnos en media docena de tipos, o todav&#237;a menos, para que no se nos complique demasiado el trabajo, calcular cu&#225;ntas figuras podremos hacer al d&#237;a, y eso depende de c&#243;mo las concibamos, si modelamos el barro como quien esculpe directamente en la masa o si hacemos figuras iguales de hombre y de mujer y despu&#233;s las vestimos de acuerdo con las profesiones, me refiero, claro est&#225;, a mu&#241;ecos de pie, en mi opini&#243;n deben ser todos as&#237;, son los m&#225;s f&#225;ciles de trabajar, A qu&#233; llamas t&#250; vestir, Vestir es vestir, es pegar al cuerpo de la figura desnuda las vestimentas y\i 
\i0  los accesorios que la caracterizan y le dan individualidad, creo que dos personas trabajando de esta manera se desenvolver&#225;n mejor, despu&#233;s s&#243;lo hay que tener cuidado con la pintura para que no se emborrone, Veo que has pensado mucho, dijo Cipriano Algor, No se crea, pero s&#237; he pensado deprisa, Y bien, No haga que me sonroje, Y mucho, aunque digas que no, F&#237;jese c&#243;mo estoy ya de colorada, Afortunadamente para m&#237;, eres capaz de pensar deprisa, de pensar mucho y de pensar bien, todo al mismo tiempo, Ojos de padre, amores de padre, errores de padre, Y qu&#233; figuras crees t&#250; que debemos hacer, No demasiado antiguas, hay muchas profesiones que han desaparecido, hoy nadie sabe para qu&#233; serv&#237;an esas personas, qu&#233; utilidad ten&#237;an, y creo que tampoco deben ser figuras de las de ahora, para eso est&#225;n los mu&#241;ecos de pl&#225;stico, con sus h&#233;roes, sus rambos, sus astronautas, sus mutantes, sus monstruos, sus superpolic&#237;as y superbandidos, y sus armas, sobre todo sus armas, Estoy pensando, de vez en cuando tambi&#233;n consigo expresar algunas ideas, aunque no tan buenas como las tuyas, D&#233;jese de falsas modestias, no le pegan nada, Estaba pensando en echar una ojeada por los libros ilustrados que tenemos, por ejemplo aquella enciclopedia vieja que compr&#243; tu abuelo, si encontramos ah&#237; modelos que sirvan directamente para los mu&#241;ecos tendremos al mismo tiempo resuelta la cuesti&#243;n de los dise&#241;os que llevar&#233;, el jefe del departamento no se dar&#225; cuenta si copiamos, incluso d&#225;ndose cuenta no lo considerar&#225; importante, S&#237; se&#241;or, he ah&#237; una idea que merece un diez, Me doy por satisfecho con un seis, que es menos llamativo, Vamos a trabajar. Como es f&#225;cil de imaginar, la biblioteca de la familia Algor no es extensa en cantidad ni excelsa en calidad. De personas populares, y en un sitio como &#233;ste, apartado de la civilizaci&#243;n, no cabr&#237;a esperar excesos de sapiencia, pero, a pesar de eso, pueden contarse por dos o tres centenas los libros colocados en las estanter&#237;as, viejos unos cuantos, en la media edad otros, y &#233;stos son la mayor&#237;a, los restantes m&#225;s o menos recientes, aunque s&#243;lo algunos recient&#237;simos. No hay en el pueblo un establecimiento que haga justicia al nombre y vetusto t&#237;tulo de librer&#237;a, existe apenas una peque&#241;a papeler&#237;a que se encarga de encomendar a los editores de la ciudad los libros de estudio necesarios, y muy de tarde en tarde, alguna obra literaria de la que se haya hablado con insistencia en la radio y en la televisi&#243;n y cuyo contenido, estilo e intenciones correspondan satisfactoriamente a los intereses medios de los habitantes. Marcial Gacho no es persona de frecuentes y concienzudas lecturas, en todo caso, cuando aparece en la alfarer&#237;a con un libro de regalo para Marta, hay que reconocer que consigue notar la diferencia entre lo que es bueno y lo que no pasa de mediocre, aunque sea cierto que sobre estos escurridizos conceptos de bueno y mediocre nunca nos han de faltar motivos sobre los que discurrir y discrepar. La enciclopedia que padre e hija acaban de abrir sobre la mesa de la cocina fue considerada la mejor en la &#233;poca de su publicaci&#243;n, pero hoy s&#243;lo puede servir para indagar en saberes en desuso o que, por aquel entonces, estaban todav&#237;a articulando sus primeras y dudosas s&#237;labas. Colocadas en fila, una tras otra, las enciclopedias de hoy, de ayer y de anteayer representan im&#225;genes sucesivas de mundos paralizados, gestos interrumpidos en su movimiento, palabras a la b&#250;squeda de su &#250;ltimo o pen&#250;ltimo sentido. Las enciclopedias son como cicloramas inmutables, m&#225;quinas de proyectar prodigiosas cuyos carretes se quedaron bloqueados y exhiben con una especie de man&#237;aca fijeza un paisaje que, condenado de esta forma a ser, para siempre jam&#225;s, aquello que fue, se ir&#225; volviendo al mismo tiempo m&#225;s viejo, m&#225;s caduco y m&#225;s innecesario. La enciclopedia comprada por el padre de Cipriano Algor es tan magn&#237;fica e in&#250;til como un verso que no conseguimos recordar. No seamos, sin embargo, soberbios y desagradecidos, traigamos a la memoria la sensata recomendaci&#243;n de nuestros mayores cuando nos aconsejaban guardar lo que no era necesario porque, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde, encontrar&#237;amos ah&#237; lo que, sin saberlo entonces, nos acabar&#237;a haciendo falta. Asomados sobre las viejas y amarillentas p&#225;ginas, respirando el olor h&#250;medo durante a&#241;os recluido, sin el toque del aire ni el aliento de la luz, en la espesura blanda del papel, padre e hija aprovechan hoy la lecci&#243;n, buscan lo que necesitan en aquello que consideraban que nunca m&#225;s servir&#237;a. Ya encontraron en el camino un acad&#233;mico con bicornio de plumas, espad&#237;n y chorreras en la camisa, ya encontraron un payaso y un equilibrista, ya encontraron un esqueleto con guada&#241;a y siguieron adelante, ya encontraron una amazona a caballo y un almirante sin barco, ya encontraron un torero y un hombre de jub&#243;n, ya encontraron un p&#250;gil y su adversario, ya encontraron un carabinero y un cardenal, ya encontraron un cazador con su perro, ya encontraron un marinero de permiso y un magistrado, un buf&#243;n y un romano de toga, ya encontraron un derviche y un alabardero, ya encontraron un guardia fiscal y el escriba sentado, ya encontraron un cartero y un faquir, tambi&#233;n encontraron un gladiador y un hoplita, una enfermera y un malabarista, un lord y un menestral, encontraron un maestro de esgrima y un apicultor, un minero y un pescador, un bombero y un flautista, encontraron dos t&#237;teres, encontraron un barquero, encontraron un labrador, encontraron un santo y una santa, encontraron un demonio, encontraron la sant&#237;sima trinidad, encontraron soldados y militares de todas las graduaciones, encontraron un buzo y un patinador, vieron un centinela y un le&#241;ador, vieron un zapatero con gafas, encontraron uno que tocaba tambor y otro que tocaba corneta, encontraron una vieja con toquilla y pa&#241;uelo, encontraron un viejo con pipa, encontraron una venus y un apolo, encontraron un caballero de sombrero alto, encontraron un obispo mitrado, encontraron una cari&#225;tide y un atlante, encontraron un lancero montado y otro a pie, encontraron un &#225;rabe con turbante, encontraron un mandar&#237;n chino, encontraron un aviador, encontraron un condotiero y un panadero, encontraron un mosquetero, encontraron una sirvienta con delantal y un esquimal, encontraron un asirio de barbas, encontraron un guardagujas del ferrocarril, encontraron un jardinero, encontraron un hombre desnudo con los m&#250;sculos a la vista y el mapa de sus sistemas nervioso y circulatorio, tambi&#233;n encontraron una mujer desnuda, pero &#233;sa se tapaba el pubis con la mano derecha y los senos con la mano izquierda, encontraron muchos m&#225;s que no conven&#237;an a los fines que ten&#237;an en perspectiva, ya sea porque la elaboraci&#243;n de las figuras ser&#237;a demasiado complicada en el barro, ya sea porque un inconveniente aprovechamiento de las celebridades antiguas y modernas con cuyos retratos, ciertos, plausibles o imaginados, la enciclopedia se ilustraba, podr&#237;a ser interpretado mal&#233;volamente como una falta de respeto, y hasta dar ocasi&#243;n, en el caso de los famosos vivos, o de muertos famosos con herederos interesados y vigilantes, a ruinosos procesos judiciales por ofensas, da&#241;os morales y abuso de imagen. A qui&#233;nes vamos a escoger entre esta gente toda, pregunt&#243; Cipriano Algor, piensa que con m&#225;s de tres o cuatro no dar&#237;amos abasto, sin contar con que hasta entonces, mientras el Centro decide si compra o no compra, tendremos que practicar mucho si queremos aparecer con obra aseada, presentable, En todo caso, padre, creo que lo mejor ser&#237;a que les propusi&#233;semos seis, dijo Marta, o est&#225;n de acuerdo y nosotros dividimos la producci&#243;n en dos fases, es cuesti&#243;n de concertar los plazos de entrega, o bien, y eso ser&#225; lo m&#225;s probable, ellos mismos comenzar&#225;n se&#241;alando dos o tres mu&#241;ecos para sondear la curiosidad y ponderar la posible respuesta de los clientes, Podr&#237;an quedarse ah&#237;, Es cierto, pero creo que si les llevamos seis dise&#241;os tendremos m&#225;s posibilidades de convencerlos, el n&#250;mero cuenta, el n&#250;mero influye, es una cuesti&#243;n de psicolog&#237;a, La psicolog&#237;a nunca ha sido mi fuerte, Ni el m&#237;o, pero hasta la propia ignorancia es capaz de tener intuiciones prof&#233;ticas, No encamines esas prof&#233;ticas intuiciones hacia el futuro de tu padre, &#233;l siempre prefiere conocer en cada d&#237;a lo que cada d&#237;a, para bien o para mal, decide traerle, Un hecho es lo que el d&#237;a trae, otro hecho es lo que nosotros, por nosotros mismos, le aportamos, La v&#237;spera, No entiendo lo que quiere decir, La v&#237;spera es lo que aportamos a cada d&#237;a que vamos viviendo, la vida es acarrear v&#237;speras como quien acarrea piedras, cuando ya no podemos con la carga se acaba el transporte, el &#250;ltimo d&#237;a es el &#250;nico al que no se le puede llamar v&#237;spera, No me entristezca, No, hija m&#237;a, pero tal vez t&#250; seas la culpable, Culpable de qu&#233;, Contigo siempre acabo hablando de cosas serias, Entonces hablemos de algo mucho m&#225;s serio, elijamos nuestros mu&#241;ecos. Cipriano Algor no es hombre de risas, e incluso las sonrisas leves son raras en su boca, como mucho se le nota brevemente en los ojos un brillo repentino que parece haber mudado de lugar, algunas veces tambi&#233;n se puede entrever un cierto rictus en los labios, como si tuviesen que sonre&#237;r para evitar sonre&#237;r. Cipriano Algor no es hombre de risas, pero acaba de verse ahora que el d&#237;a de hoy ten&#237;a una risa guardada que todav&#237;a no hab&#237;a podido aparecer. Vamos a ello, dijo, yo escojo uno, t&#250; escoges otro, hasta tener seis, pero atenci&#243;n, teniendo siempre en cuenta la facilidad del trabajo y el gusto conocido o presumible de las personas, De acuerdo, haga el favor de empezar, El buf&#243;n, dijo el padre, El payaso, dijo la hija, La enfermera, dijo el padre, El esquimal, dijo la hija, El mandar&#237;n, dijo el padre, El hombre desnudo, dijo la hija, El hombre desnudo, no, no puede ser, tendr&#225;s que elegir otro, al hombre desnudo no lo querr&#225;n en el Centro, Por qu&#233;, Por eso mismo, porque est&#225; desnudo, Entonces que sea la mujer desnuda, Peor todav&#237;a, Pero ella est&#225; tapada, Taparse de esa manera es m&#225;s que mostrarse toda, Me estoy quedando sorprendida con sus conocimientos sobre esas materias, Viv&#237;, mir&#233;, le&#237;, sent&#237;, Qu&#233; hace ah&#237; el leer, Leyendo se acaba sabiendo casi todo, Yo tambi&#233;n leo, Por tanto algo sabr&#225;s, Ahora ya no estoy tan segura, Entonces tendr&#225;s que leer de otra manera, C&#243;mo, No sirve la misma forma para todos, cada uno inventa la suya, la suya propia, hay quien se pasa la vida entera leyendo sin conseguir nunca ir m&#225;s all&#225; de la lectura, se quedan pegados a la p&#225;gina, no entienden que las palabras son s&#243;lo piedras puestas atravesando la corriente de un r&#237;o, si est&#225;n all&#237; es para que podamos llegar a la otra margen, la otra margen es lo que importa, A no ser, A no ser, qu&#233;, A no ser que esos tales r&#237;os no tengan dos orillas sino muchas, que cada persona que lee sea, ella, su propia orilla, y que sea suya y s&#243;lo suya la orilla a la que tendr&#225; que llegar, Bien observado, dijo Cipriano Algor, una vez m&#225;s queda demostrado que no les conviene a los viejos discutir con las generaciones nuevas, siempre acaban perdiendo, en fin, hay que reconocer que tambi&#233;n aprenden algo, Muy agradecida por la parte que me toca, Volvamos al sexto mu&#241;eco, No puede ser el hombre desnudo, No, Ni la mujer desnuda, No, Entonces que sea el faquir, Los faquires, en general, como los escribas y los alfareros, est&#225;n sentados, un faquir de pie es un hombre igual a otro hombre, y sentado ser&#237;a m&#225;s peque&#241;o que los otros, En ese caso, el mosquetero, El mosquetero no estar&#237;a mal, pero tendr&#237;amos que resolver el problema de la espada y de las plumas del sombrero, con las plumas todav&#237;a podr&#237;amos hacer algo, pero la espada s&#243;lo peg&#225;ndola a la pierna, y una espada pegada a la pierna parecer&#237;a m&#225;s una tablilla, Entonces el asirio de las barbas, Sugerencia aceptada, nos quedaremos con el asirio de las barbas, es f&#225;cil, es compacto, Llegu&#233; a pensar en el cazador con el perro, pero el perro nos traer&#237;a complicaciones todav&#237;a mayores que la espada del mosquetero, Y la escopeta tambi&#233;n, confirm&#243; Cipriano Algor, y hablando de perro, qu&#233; estar&#225; haciendo Encontrado, nos hemos olvidado de &#233;l completamente, Se habr&#225; dormido. El alfarero se levant&#243;, apart&#243; la cortina de la ventana, No lo veo en la caseta, dijo, Andar&#225; por ah&#237;, cumpliendo su obligaci&#243;n de guardi&#225;n de la casa, vigilando las cercan&#237;as, Si es que no se ha ido, Todo puede suceder en la vida, pero no lo creo. Inquieto, receloso, Cipriano Algor abri&#243; bruscamente la puerta y casi tropez&#243; con el perro. Encontrado estaba extendido en el felpudo, atravesado en el umbral, con el hocico vuelto hacia la entrada. Se levant&#243; cuando vio aparecer al due&#241;o y esper&#243;. Est&#225; aqu&#237;, anunci&#243; el alfarero, Ya veo, respondi&#243; Marta desde dentro. Cipriano Algor comenz&#243; cerrando la puerta, Est&#225; mir&#225;ndome, dijo, No ser&#225; la &#250;nica vez, Qu&#233; hago, O cierra la puerta y lo deja fuera, o le hace una se&#241;al para que entre y cierra la puerta, No bromees, No estoy bromeando, tendr&#225; que decidir hoy si quiere o no quiere admitir a Encontrado en casa, sabe que si entra, entra para siempre, Constante tambi&#233;n entraba cuando le apetec&#237;a, S&#237;, prefer&#237;a la independencia de la caseta, pero &#233;ste, si no me equivoco, necesita tanto de compa&#241;&#237;a como de pan para la boca, Esa raz&#243;n me parece buena, dijo el alfarero. Abri&#243; la puerta completamente e hizo un gesto, Entra. Sin apartar los ojos del due&#241;o, Encontrado dio un paso t&#237;mido, despu&#233;s, como para demostrar que no ten&#237;a la certeza de haber comprendido la orden, se detuvo. Entra, insisti&#243; el alfarero. El perro avanz&#243; despacio y se par&#243; en medio de la cocina. Bienvenido a casa, dijo Marta, pero te advierto que es mejor que comiences ya a conocer el reglamento dom&#233;stico, las necesidades de perro, tanto las s&#243;lidas como las l&#237;quidas, se satisfacen fuera, la de comer tambi&#233;n, durante el d&#237;a podr&#225;s entrar o salir cuantas veces te apetezca, pero por la noche te recoger&#225;s en la caseta, para guardar la casa, y con esto no creas que estoy dispuesta a quererte menos que tu due&#241;o, la prueba est&#225; en que he sido yo quien le ha dicho que eres un perro necesitado de compa&#241;&#237;a. Durante el tiempo que dur&#243; el aleccionamiento, Encontrado nunca desvi&#243; los ojos. No pod&#237;a entender lo que Marta le indicaba, pero su peque&#241;o cerebro de perro comprend&#237;a que para saber hay que mirar y escuchar. Esper&#243; todav&#237;a unos instantes cuando Marta dej&#243; de hablar, despu&#233;s fue a enroscarse a un rinc&#243;n de la cocina, aunque no lleg&#243; a calentar el sitio, apenas Cipriano Algor acababa de sentarse mud&#243; de lugar para tumbarse junto a su silla. Y para que no quedasen dudas en el esp&#237;ritu de los due&#241;os sobre el claro sentido que ten&#237;a de sus obligaciones y de sus responsabilidades, todav&#237;a no hab&#237;a transcurrido un cuarto de hora y ya se levantaba de all&#237; para echarse al lado de Marta, un perro sabe muy bien cu&#225;ndo alguien necesita de su compa&#241;&#237;a.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Fueron tres d&#237;as de actividad intensa, de nerviosa excitaci&#243;n, de un continuo hacer y deshacer en el papel y en el barro. Ninguno de ellos quer&#237;a admitir que el resultado de la idea y del trabajo que estaban realizando para darle solidez podr&#237;a ser un rechazo brusco, sin otras explicaciones que no fueran, El tiempo de estos mu&#241;ecos ya ha pasado. N&#225;ufragos, remaban hacia una isla sin saber si se trataba de una isla real o de su espectro. De los dos, la m&#225;s habilidosa para el dibujo era Marta, por eso fue ella quien se encarg&#243; de la tarea de trasladar al papel los seis tipos escogidos, aument&#225;ndolos, por el cl&#225;sico proceso de la cuadr&#237;cula, hasta el tama&#241;o exacto en que los mu&#241;ecos deber&#237;an quedar despu&#233;s de cocidos, un palmo bien medido, no de los de ella, que tiene la mano peque&#241;a, sino de los del padre. Sigui&#243; la operaci&#243;n de dar color a los dibujos, complicada no por exageradas preocupaciones de primor en la ejecuci&#243;n, sino porque era necesario escoger y combinar colores que no se sab&#237;a si corresponder&#237;an al natural de las figuras, dado que la enciclopedia, ilustrada de acuerdo con las tecnolog&#237;as gr&#225;ficas del tiempo, s&#243;lo conten&#237;a grabados a talla dulce, minuciosos en el pormenor pero sin otros efectos crom&#225;ticos que las variaciones de un aparente gris resultante de la impresi&#243;n de los trazos negros sobre el fondo invariable del papel. De todos, el m&#225;s f&#225;cil de pintar es, obviamente, la enfermera. Toca blanca, blusa blanca, falda blanca, zapatos blancos, todo blanco blanco blanco, todo de impecable albura, como si se tratase de un &#225;ngel de caridad que baja a la tierra con el mandato de aliviar las angustias y mitigar los dolores mientras, antes o despu&#233;s, no tenga que ser llamado deprisa otro &#225;ngel vestido igual para mitigarle y aliviarle a ella sus propios dolores y aflicciones. Tampoco el esquimal presenta demasiadas dificultades, las pieles que lo revisten pueden ser pintadas de un color mitad beige mitad pardo, cortado por unas cuantas motas blanquecinas, simulando la piel de un oso vuelta del rev&#233;s, lo importante es que el esquimal tenga cara de esquimal, que para serlo es para lo que vino al mundo. En cuanto al payaso, los problemas van a ser mucho m&#225;s serios por la sencilla raz&#243;n de que es pobre. Si, en vez del trapillo pobret&#243;n que es, fuese un payaso rico, un color vivo cualquiera, brillante, salpicado de lentejuelas distribuidas a voleo por el birrete, por la camisa y por los calzones, resolver&#237;a la cuesti&#243;n. Pero el payaso es pobre, pobre de pobreza, viste un traper&#237;o sin gusto ni criterio, heterog&#233;neo, remendado de arriba abajo, una chaqueta que le llega a las rodillas, unos pantalones anchos que acaban en la pantorrilla, una camisa donde entrar&#237;an tres cuellos holgadamente, un lazo que parece un ventilador, un chaleco delirante, unos zapatos como barcas. Todo esto podr&#237;a ser pintado tranquilamente, pues, trat&#225;ndose de un payaso pobre, nadie perder&#237;a su tiempo comprobando si los colores de este engendro de barro tienen la decencia de respetar los colores con que se presenta la realidad del pobre, incluso cuando no ejerza de payaso. Lo malo es que, vistas bien las cosas, este batiburrillo no ser&#225; m&#225;s f&#225;cil de modelar que el cazador y el mosquetero que tantas dudas hab&#237;an levantado. Pasar de aqu&#237; al buf&#243;n ser&#225; pasar de lo parecido a lo igual, de lo semejante a lo id&#233;ntico, de lo similar a lo an&#225;logo. Diversamente aplicados los colores de uno pueden servir al otro, y dos o tres alteraciones en la vestimenta transformar&#225;n r&#225;pidamente al buf&#243;n en payaso y al payaso en buf&#243;n. Bien mirado son figuras que tanto en la indumentaria como en la funci&#243;n casi parecen r&#233;plicas una de otra, la &#250;nica diferencia que se observa entre ellas, desde un punto de vista social, es que no es habitual que el payaso vaya al palacio del rey. Tampoco el mandar&#237;n con su sayo y el asirio con su t&#250;nica exigir&#225;n atenciones especiales, con dos breves toques en los ojos la cara del esquimal servir&#225; al chino y las opulentas y onduladas barbas del asirio har&#225;n m&#225;s f&#225;cil el trabajo sobre la parte inferior del rostro. Marta hizo tres series de dise&#241;os, la primera totalmente fiel a los originales, la segunda desahogada de accesorios, la tercera limpia de pormenores superfinos, de esta manera se facilitar&#237;a el respectivo examen a quien en el Centro tuviera la &#250;ltima palabra sobre el destino de la propuesta, y, en caso de que fuese aprobada, tal vez se redujera, por lo menos as&#237; se esperaba, la posibilidad de futuras reclamaciones por diferencias entre lo apreciado en el dibujo y lo ejecutado en el barro. Mientras Marta no pas&#243; a la tercera fase, Cipriano Algor se hab&#237;a limitado a seguir la marcha de las operaciones, impaciente por no poder ayudar, y m&#225;s todav&#237;a por tener la conciencia de que cualquier intromisi&#243;n por su parte s&#243;lo servir&#237;a para dificultar y atrasar el trabajo. Sin embargo, cuando Marta coloc&#243; ante s&#237; la hoja de papel en la que iba a comenzar la &#250;ltima serie de ilustraciones, reuni&#243; r&#225;pidamente las copias iniciales y se fue a la alfarer&#237;a. La hija todav&#237;a tuvo tiempo de decirle, No se irrite si no le sale bien a la primera. Hora tras hora, durante el resto de ese d&#237;a y parte del d&#237;a siguiente, hasta el momento en que ir&#237;a a buscar a Marcial al Centro, el alfarero hizo, deshizo y rehizo mu&#241;ecos con figuras de enfermeras y de mandarines, de bufones y de asirios, de esquimales y de payasos, casi irreconocibles en las primeras tentativas, aunque ganando forma y sentido a medida que los dedos comenzaban a interpretar por cuenta propia y de acuerdo con sus propias leyes las instrucciones que les llegaban de la cabeza. Verdaderamente son pocos los que saben de la existencia de un peque&#241;o cerebro en cada uno de los dedos de la mano, en alg&#250;n lugar entre falange, falangina y falangeta. Ese otro &#243;rgano al que llamamos cerebro, ese con el que venimos al mundo, ese que transportamos dentro del cr&#225;neo y que nos transporta a nosotros para que lo transportemos a &#233;l, nunca ha conseguido producir algo que no sean intenciones vagas, generales, difusas y, sobre todo, poco variadas, acerca de lo que las manos y los dedos deber&#225;n hacer. Por ejemplo, si al cerebro de la cabeza se le ocurre la idea de una pintura o m&#250;sica, o escultura, o literatura, o mu&#241;eco de barro, lo que hace &#233;l es manifestar el deseo y despu&#233;s se queda a la espera, a ver lo que sucede. S&#243;lo porque despacha una orden a las manos y a los dedos, cree, o finge creer, que eso era todo cuanto se necesitaba para que el trabajo, tras unas cuantas operaciones ejecutadas con las extremidades de los brazos, apareciese hecho. Nunca ha tenido la curiosidad de preguntarse por qu&#233; raz&#243;n el resultado final de esa manipulaci&#243;n, siempre compleja hasta en sus m&#225;s simples expresiones, se asemeja tan poco a lo que hab&#237;a imaginado antes de dar instrucciones a las manos. N&#243;tese que, cuando nacemos, los dedos todav&#237;a no tienen cerebros, se van formando poco a poco con el paso del tiempo y el auxilio de lo que los ojos ven. El auxilio de los ojos es importante, tanto como el auxilio de lo que es visto por ellos. Por eso lo que los dedos siempre han hecho mejor es precisamente revelar lo oculto. Lo que en el cerebro pueda ser percibido como conocimiento infuso, m&#225;gico o sobrenatural, signifique lo que signifique sobrenatural, m&#225;gico e infuso, son los dedos y sus peque&#241;os cerebros quienes lo ense&#241;an. Para que el cerebro de la cabeza supiese lo que era la piedra, fue necesario que los dedos la tocaran, sintiesen su aspereza, el peso y la densidad, fue necesario que se hiriesen en ella. S&#243;lo mucho tiempo despu&#233;s el cerebro comprendi&#243; que de aquel pedazo de roca se podr&#237;a hacer una cosa a la que llamar&#237;a pu&#241;al y una cosa a la que llamar&#237;a &#237;dolo. El cerebro de la cabeza anduvo toda la vida retrasado con relaci&#243;n a las manos, e incluso en estos tiempos, cuando parece que se ha adelantado, todav&#237;a son los dedos quienes tienen que explicar las investigaciones del tacto, el estremecimiento de la epidermis al tocar el barro, la dilaceraci&#243;n aguda del cincel, la mordedura del &#225;cido en la chapa, la vibraci&#243;n sutil de una hoja de papel extendida, la orograf&#237;a de las texturas, el entramado de las fibras, el abecedario en relieve del mundo. Y los colores. Manda la verdad que se diga que el cerebro es mucho menos entendido en colores de lo que cree. Es cierto que consigue ver m&#225;s o menos claramente lo que los ojos le muestran, pero la mayor&#237;a de las veces sufre lo que podr&#237;amos designar como problemas de orientaci&#243;n cuando llega la hora de convertir en conocimiento lo que ha visto. Gracias a la inconsciente seguridad con que el transcurso de la vida le ha dotado, pronuncia sin dudar los nombres de los colores a los que llama elementales y complementarios, pero inmediatamente se pierde perplejo, dubitativo, cuando intenta formar palabras que puedan servir de r&#243;tulos o d&#237;sticos explicativos de algo que toca lo inefable, de algo que roza lo indecible, ese color todav&#237;a no nacido del todo que, con el asentimiento, la complicidad, y a veces la sorpresa de los propios ojos, las manos y los dedos van creando y que probablemente nunca llegar&#225; a recibir su justo nombre. O tal vez ya lo tenga, pero s&#243;lo las manos lo conocen, porque compusieron la tinta como si estuvieran descomponiendo las partes constituyentes de una nota de m&#250;sica, porque se ensuciaron en su color y guardaron la mancha en el interior profundo de la dermis, porque s&#243;lo con ese saber invisible de los dedos se podr&#225; alguna vez pintar la infinita tela de los sue&#241;os. Fiado en lo que los ojos creen haber visto, el cerebro de la cabeza afirma que, seg&#250;n la luz y las sombras, el viento y la calma, la humedad y la secura, la playa es blanca, o amarilla, o dorada, o gris, o viol&#225;cea, o cualquier cosa entre esto y aquello, pero despu&#233;s vienen los dedos y, con un movimiento de recogida, como si estuviesen segando la cosecha, levantan del suelo todos los colores que hay en el mundo. Lo que parec&#237;a &#250;nico era plural, lo que es plural lo ser&#225; a&#250;n m&#225;s. No es menos verdad, con todo, que en la fulguraci&#243;n exaltada de un solo tono, o en su modulaci&#243;n musical, est&#233;n presentes y vivos todos los otros, tanto los de los colores que ya tienen nombre, como los que todav&#237;a lo esperan, de la misma manera que una extensi&#243;n de apariencia lisa podr&#225; estar cubriendo, al mismo tiempo que las manifiesta, las huellas de todo lo vivido y acontecido en la historia del mundo. Toda arqueolog&#237;a de materiales es una arqueolog&#237;a humana. Lo que este barro esconde y muestra es el tr&#225;nsito del ser en el tiempo y su paso por los espacios, las se&#241;ales de los dedos, los ara&#241;azos de las u&#241;as, las cenizas y los tizones de las hogueras apagadas, los huesos propios y ajenos, los caminos que eternamente se bifurcan y se van distanciando y perdiendo unos de los otros. Este grano que aflora a la superficie es una memoria, esta depresi&#243;n, la marca que qued&#243; de un cuerpo tumbado. El cerebro pregunt&#243; y pidi&#243;, la mano respondi&#243; e hizo. Marta lo dijo de otra manera, Ya le ha cogido el tranquillo.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Voy a un negocio de hombres, esta vez te quedas en casa, dijo Cipriano Algor al perro, que vino corriendo cuando lo vio acercarse a la furgoneta. Est&#225; claro que Encontrado no necesitaba que le ordenasen subir, bastaba que dejaran abierta la puerta del coche el tiempo suficiente para comprender que no lo iban a expulsar despu&#233;s, pero la causa real de la sobresaltada carrera, por muy extra&#241;o que parezca, fue la suposici&#243;n, en su ansiedad de perro, de que lo iban a dejar solo. Marta, que sali&#243; a la explanada conversando con el padre y lo acompa&#241;aba hasta la furgoneta, llevaba en la mano el sobre con los dibujos y la propuesta, y aunque el perro Encontrado no tenga ideas claras acerca de lo que son y para qu&#233; sirven sobres, propuestas y dibujos, conoce de la vida, m&#225;s que de sobra, que las personas que se disponen a entrar en coches suelen llevar consigo cosas que, por lo general, incluso antes de subir, echan en el asiento de atr&#225;s. Instruido por estas experiencias, se comprende que la memoria de Encontrado le haya hecho pensar que Marta acompa&#241;ar&#237;a al padre en esta nueva salida de la furgoneta. Pese a los pocos d&#237;as transcurridos desde su llegada, no tiene dudas de que la casa de los due&#241;os es su casa, pero su sentido de la propiedad, por incipiente, todav&#237;a no lo autoriza a decir mirando alrededor, Todo esto es m&#237;o. Adem&#225;s, un perro, sea cual sea el tama&#241;o, la raza y el car&#225;cter, jam&#225;s se atrever&#237;a a pronunciar palabras tan brutalmente posesivas, dir&#237;a, como mucho, Todo esto es nuestro, e incluso as&#237;, retomando el caso particular de estos alfareros y de sus bienes muebles e inmuebles, el perro Encontrado ni de aqu&#237; a diez a&#241;os ser&#225; capaz de verse como tercer propietario. Quiz&#225; lo m&#225;ximo que consiga alcanzar cuando sea perro viejo es el oscuro y vago sentimiento de participar en algo arriesgadamente complejo y, por as&#237; decirlo, de escurridizas significaciones, un todo hecho de partes en que cada una es, al mismo tiempo, la parte que es y el todo del que forma parte. Ideas aventuradas como &#233;sta, que el cerebro humano, grosso modo, es m&#225;s o menos capaz de concebir, pero que luego tiene una enorme dificultad en desmenuzar, son el pan nuestro de cada d&#237;a en las diferentes naciones caninas, tanto desde un punto de vista meramente te&#243;rico como en lo que se refiere a sus consecuencias pr&#225;cticas. No se piense, con todo, que el esp&#237;ritu de los perros es una nube bonanzosa que levemente pasa, una alborada primaveral de suave luz, un estanque de jard&#237;n con cisnes blancos desliz&#225;ndose, si as&#237; fuese no se habr&#237;a puesto Encontrado, de s&#250;bito, a gemir con tanta l&#225;stima, Y yo, y yo, dec&#237;a. Para responder a tal desgarramiento de alma afligida, no encontr&#243; Cipriano Algor, aprensivo como iba por la responsabilidad de la misi&#243;n que lo llevaba al Centro, mejores palabras que Esta vez te quedas en casa, menos mal que el angustiado animal vio a Marta dar dos pasos atr&#225;s despu&#233;s de entregar el sobre al padre, as&#237; Encontrado entendi&#243; que no iban a dejarlo sin compa&#241;&#237;a. Verdaderamente, incluso constituyendo cada parte, de por s&#237;, el todo a que pertenece, como creemos que ya dejamos demostrado por a + b, dos partes, siempre que est&#233;n unidas, dan un total diferente. Marta compuso un cansado gesto de adi&#243;s y volvi&#243; a casa. El perro no la sigui&#243; en seguida, esper&#243; a que la furgoneta, despu&#233;s de bajar la ladera hasta la carretera, desapareciese tras la primera casa del pueblo. Cuando poco despu&#233;s entr&#243; en la cocina, vio que la due&#241;a estaba sentada en la misma silla en que hab&#237;a trabajado durante estos d&#237;as. Se pasaba los dedos por los ojos una y otra vez como si necesitase aliviarlos de una sombra o de un dolor. Seguro que por estar en el tierno verdor de la mocedad, Encontrado no ha tenido tiempo todav&#237;a de formarse opiniones claras y definitivas sobre la necesidad y el significado de las l&#225;grimas en el ser humano, sin embargo, considerando que esos humores l&#237;quidos persisten en manifestarse en el extra&#241;o caldo de sentimiento, raz&#243;n y crueldad de que el dicho ser humano est&#225; hecho, pens&#243; que tal vez no fuese grave desacierto aproximarse a su llorosa due&#241;a y posar dulcemente la cabeza sobre sus rodillas. Un perro de m&#225;s edad, y por esa raz&#243;n, suponiendo que la edad est&#225; obligada a soportar culpas duplicadas, m&#225;s c&#237;nico que el cinismo que no puede evitar tener, comentar&#237;a con sarcasmo el afectuoso gesto, pero eso deber&#237;a ser porque el vac&#237;o de la vejez le habr&#237;a hecho olvidarse de que, en asuntos del coraz&#243;n y del sentir, siempre lo demasiado es mejor que lo escaso. Conmovida, Marta le pas&#243; despacio la mano por la cabeza, acarici&#225;ndolo, y, como &#233;l no se retiraba y segu&#237;a mir&#225;ndola fijamente, tom&#243; un carb&#243;n y comenz&#243; a dibujar en el papel los primeros trazos de un esbozo. Al principio, las l&#225;grimas le impidieron ver bien, pero, poco a poco, al mismo tiempo que la mano adquir&#237;a m&#225;s seguridad, los ojos se fueron aclarando, y la cabeza del perro, como si emergiese del fondo de un agua turbia, le apareci&#243; en su entera belleza y fuerza, en su misterio y en su interrogaci&#243;n. A partir de este d&#237;a, Marta querr&#225; tanto a Encontrado como sabemos que ya le quiere Cipriano. El alfarero hab&#237;a dejado atr&#225;s el pueblo, las tres casas aisladas que nadie vendr&#225; a levantar de la ruina, ahora bordea la ribera sofocada de podredumbre, atravesar&#225; los campos descuidados, el bosque abandonado, han sido tantas las veces que ha hecho este camino que apenas repara en la desolaci&#243;n que lo cerca, pero hoy tiene dos motivos de preocupaci&#243;n que justifican su aire absorto, uno de ellos, la diligencia comercial que lo lleva al Centro, no necesita, obviamente, menci&#243;n particular, pero el otro, que no se sabe durante cu&#225;nto tiempo seguir&#225; afect&#225;ndolo, es lo que m&#225;s le est&#225; desasosegando el esp&#237;ritu, ese impulso realmente inesperado e inexplicable, al pasar junto a la entrada de la calle donde vive Isaura Estudiosa, de acercarse a saber noticias del c&#225;ntaro, si el uso habr&#237;a denunciado alg&#250;n oculto defecto, si goteaba, si conservaba el agua fresca. Evidentemente Cipriano Algor no conoce a esta vecina ni desde hoy ni desde ayer, ser&#237;a imposible que viviera alguien en el pueblo a quien &#233;l, por razones de oficio, no conociese, y, aunque nunca hubiesen existido, propiamente hablando, lo que se llama relaciones de amistad con esa familia, los Algores padre e hija hab&#237;an acompa&#241;ado al cementerio el cortejo del difunto Joaqu&#237;n Estudioso, que suyo era el apellido por el cual Isaura, que vino de una aldea apartada para casarse aqu&#237;, pas&#243; tambi&#233;n, como es de uso en los pueblos, a ser conocida. Cipriano Algor recordaba haberle dado el p&#233;same a la salida del cementerio, en el mismo sitio donde meses despu&#233;s volver&#237;an a encontrarse para intercambiar impresiones y promesas acerca de un c&#225;ntaro partido. Era s&#243;lo una viuda m&#225;s en el pueblo, otra mujer que ir&#237;a vestida de luto riguroso durante seis meses, y otros seis de luto aliviado a continuaci&#243;n, y suerte que ten&#237;a, porque hubo un tiempo en que el riguroso y el aliviado, cada uno, pesaron sobre el cuerpo femenino, y, vaya usted a saber, sobre el alma, un a&#241;o entero de d&#237;as y de noches, sin hablar de esas mujeres a quienes, por viejas, la ley de la costumbre obligaba a vivir cubiertas de negro hasta el &#250;ltimo de sus propios d&#237;as. Se preguntaba Cipriano Algor si en el largo intervalo entre los dos encuentros en el cementerio habr&#237;a hablado alguna vez con Isaura Estudiosa, y la respuesta le sorprendi&#243;, Si ni siquiera la he visto, y era cierto, aunque no nos debe extra&#241;ar la aparente singularidad de la situaci&#243;n, en los asuntos donde gobierna la casualidad tanto da que se viva en una ciudad de diez millones de habitantes como en una aldea de pocas centenas de vecinos, s&#243;lo ocurre lo que tenga que ocurrir. En este momento el pensamiento de Cipriano Algor quiso desviarse hacia Marta, estuvo a punto de responsabilizarla otra vez de las fantas&#237;as que le daban vueltas en la cabeza, pero su imparcialidad, su honestidad de juicio, vigilantes, consiguieron prevalecer, No te escondas, deja a tu hija en paz, ella s&#243;lo dijo las palabras que quer&#237;as o&#237;r, ahora se trata de saber si tienes para ofrecerle a Isaura Estudiosa algo m&#225;s que un c&#225;ntaro, y, tambi&#233;n, no te olvides, si ella estar&#225; dispuesta a recibir lo que imaginas que tienes para ofrecerle, si es que consigues imaginar algo. El soliloquio se detuvo ante la barrera de esta objeci&#243;n, por ahora infranqueable, y la repentina parada fue aprovechada por el segundo motivo de preocupaci&#243;n, tres motivos en un pie s&#243;lo, las figuras de barro, el Centro, el jefe del departamento de compras, Ya veremos en qu&#233; acaba esto, murmur&#243; el alfarero, frase sem&#225;nticamente retorcida que, bien mirado, igualmente podr&#237;a servir para ataviar con ropajes de distra&#237;da y t&#225;cita connivencia el excitante asunto de Isaura Estudiosa. Demasiado tarde, ya vamos atravesando el Cintur&#243;n Agr&#237;cola, o Verde, como le siguen llamando las personas que adoran embellecer con palabras la &#225;spera realidad, este color de hielo sucio que cubre el suelo, este interminable mar de pl&#225;stico donde los invernaderos, cortados por el mismo rasero, parecen icebergs petrificados, gigantescas fichas de domin&#243; sin puntos. Ah&#237; dentro no hace fr&#237;o, al contrario, los hombres que trabajan se asfixian de calor, se cuecen en su propio sudor, desfallecen, son como trapos empapados y retorcidos por manos violentas. Si no es todo el mismo decir, es todo el mismo penar. Hoy la furgoneta va vac&#237;a, Cipriano Algor ya no pertenece al gremio de los vendedores por la raz&#243;n incontestable de que su fabricaci&#243;n dej&#243; de interesar, ahora lleva media docena de dise&#241;os en el asiento de al lado, que es donde Marta los puso, y no en el asiento de atr&#225;s como imagin&#243; Encontrado, y esos dise&#241;os son la &#250;nica y fr&#225;gil br&#250;jula de este viaje, felizmente ya hab&#237;a salido de casa cuando, durante algunos momentos, la sinti&#243; perdida del todo quien esos papeles hab&#237;a pintado. Se dice que el paisaje es un estado de alma, que el paisaje de fuera lo vemos con los ojos de dentro, ser&#225; porque esos extraordinarios &#243;rganos interiores de visi&#243;n no supieron ver estas f&#225;bricas y estos hangares, estos humos que devoran el cielo, estos polvos t&#243;xicos, estos lodos eternos, estas costras de holl&#237;n, la basura de ayer barrida sobre la basura de todos los d&#237;as, la basura de ma&#241;ana barrida sobre la basura de hoy, aqu&#237; ser&#237;an suficientes los simples ojos de la cara para ense&#241;ar a la m&#225;s satisfecha de las almas a dudar de la ventura en que supon&#237;a complacerse.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Pasado el Cintur&#243;n Industrial, en la carretera, ya en los terrenos bald&#237;os ocupados por las chabolas, se ve un cami&#243;n quemado. No hay se&#241;ales de la mercanc&#237;a que transportaba, salvo unos dispersos y ennegrecidos restos de cajas sin marbetes sobre el contenido y la procedencia. O la carga ardi&#243; con el cami&#243;n, o consiguieron retirarla antes de que el fuego se intensificara. El suelo est&#225; mojado alrededor, lo que demuestra que los bomberos acudieron al siniestro, pero, por lo visto, llegaron tarde, dado que el cami&#243;n ardi&#243; entero. Estacionados delante hay dos coches de la polic&#237;a de tr&#225;fico, al otro lado de la carretera un veh&#237;culo militar de transporte de soldados. El alfarero redujo la velocidad para ver mejor lo que hab&#237;a sucedido, pero los polic&#237;as, desagradables, mal encarados, le ordenaron que avanzase inmediatamente, apenas tuvo tiempo de preguntar si hab&#237;a muerto alguien, pero no le hicieron caso. Siga, siga, gritaban, y hac&#237;an gestos violentos con los brazos. Fue entonces cuando Cipriano Algor mir&#243; al lado y repar&#243; en que hab&#237;a soldados movi&#233;ndose entre las chabolas. Por culpa de la velocidad no consigui&#243; vislumbrar mucho m&#225;s que esto, salvo que parec&#237;an estar haciendo salir de las casas a sus inquilinos. Era evidente que esta vez los asaltantes no se contentaron con saquear. Por alg&#250;n motivo ignorado, nunca tal hab&#237;a sucedido antes, prendieron fuego al cami&#243;n, tal vez el conductor hubiese resistido la violencia del robo de igual a igual, o fueron los grupos organizados de las chabolas los que decidieron cambiar de estrategia, aunque cueste comprender qu&#233; demonio de provecho esperan sacar de una acci&#243;n violenta como esta que, por el contrario, s&#243;lo servir&#225; para justificar acciones igualmente violentas de las autoridades, Que yo sepa, pens&#243; el alfarero, es la primera vez que el ej&#233;rcito entra en los barrios de chabolas, hasta ahora las redadas siempre eran cosa de la polic&#237;a, incluso los barrios contaban con ellas, los agentes llegaban, unas veces hac&#237;an preguntas, otras veces no, se llevaban detenidos a dos o tres hombres, y la vida continuaba como si nada fuese, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde los presos acababan reapareciendo. El alfarero Cipriano Algor va olvidado de la vecina Isaura Estudiosa, esa a quien le ofreci&#243; un c&#225;ntaro, y del jefe del departamento de compras del Centro, ese a quien no sabe si podr&#225; convencer del atractivo est&#233;tico de las figuras, su pensamiento est&#225; todo entregado a un cami&#243;n que las llamas calcinaron hasta tal punto que ni vestigios quedaron de la carga que llevaba, si la llevaba. Si, si. Repiti&#243; la conjunci&#243;n como quien, despu&#233;s de haber tropezado con una piedra, retrocede para volver a tropezar con ella, como si la golpeara una y otra vez a la espera de ver saltar de dentro una centella, pero la centella no se decid&#237;a a aparecer, ya Cipriano Algor hab&#237;a gastado en este pensar unos buenos tres kil&#243;metros y casi desist&#237;a, ya Isaura Estudiosa se preparaba para disputar el terreno al jefe del departamento, cuando de s&#250;bito la chispa salt&#243;, la luz se hizo, el cami&#243;n no lo quem&#243; la gente de las chabolas, fue la propia polic&#237;a, era un pretexto para la intervenci&#243;n del ej&#233;rcito, Me apuesto la cabeza a que ha pasado esto, murmur&#243; el alfarero, y entonces se sinti&#243; muy cansado, no por haber forzado demasiado la mente, sino por comprobar que el mundo es as&#237;, que las mentiras son muchas y las verdades ninguna, o alguna, s&#237;, deber&#225; de andar por ah&#237;, pero en cambio continuo, tanto que no nos da tiempo a pensar en ella en cuanto verdad posible porque tendremos que averiguar primero si no se tratar&#225; de una mentira probable. Cipriano Algor mir&#243; de reojo el reloj, si lo que pretend&#237;a saber era la hora, de nada le sirvi&#243; el gesto, porque, habiendo sido hecho inmediatamente despu&#233;s del debate entre la probabilidad de las mentiras y la posibilidad de las verdades, fue como si hubiese estado a la espera de encontrar su conclusi&#243;n en la disposici&#243;n de las manillas, un &#225;ngulo recto que significar&#237;a s&#237;, un &#225;ngulo agudo que antepondr&#237;a un prudente tal vez, un &#225;ngulo obtuso diciendo rotundamente no, un &#225;ngulo llano es mejor que no pienses m&#225;s en eso. Cuando, a continuaci&#243;n, volvi&#243; a mirar la esfera, las manillas s&#243;lo marcaban horas, minutos y segundos, se hab&#237;an convertido nuevamente en aut&#233;nticas, funcionales y obedientes manillas de reloj, Voy a tiempo, dijo, y era cierto, iba a tiempo, a fin de cuentas es como vamos siempre, a tiempo, con el tiempo, en el tiempo, y nunca fuera del tiempo, por mucho que de eso nos acusen. Estaba ahora en la ciudad, circulaba por la avenida que lo conduc&#237;a al destino, delante, m&#225;s r&#225;pido que la furgoneta, corr&#237;a el pensamiento, jefe del departamento de compras, jefe del departamento, jefe de compras, Isaura Estudiosa, la pobre, se hab&#237;a quedado atr&#225;s. Al fondo, en la alta pared oscura que cortaba el camino, se ve&#237;a una enorme valla blanca, rectangular, donde en letras de un azul brillante e intenso se le&#237;an de un lado a otro estas palabras, VIVA SEGURO, VIVA EN EL CENTRO. Debajo, colocada en el extremo derecho se distingu&#237;a tambi&#233;n una l&#237;nea breve, s&#243;lo dos palabras, en negro, que los ojos miopes de Cipriano Algor a esa distancia no consegu&#237;an descifrar, aunque no merecen menos consideraci&#243;n que las del mensaje grande, podr&#237;amos, si quisi&#233;ramos, designarlas complementarias, pero nunca meramente dependientes, PIDA INFORMACI&#211;N, era lo que aconsejaban. La valla aparece de vez en cuando, repitiendo las mismas palabras, s&#243;lo variables en el color, algunas veces exhibiendo im&#225;genes de familias felices, el marido de treinta y cinco, la esposa de treinta y tres, un hijo de once a&#241;os, una hija de nueve, y tambi&#233;n, aunque no siempre, un abuelo y una abuela de albos cabellos, pocas arrugas y edad indefinida, todos obligando a sonre&#237;r a las respectivas dentaduras, perfectas, blancas, resplandecientes. A Cipriano Algor le pareci&#243; un mal augurio la invitaci&#243;n, ya estaba oyendo al yerno anunciando, por cent&#233;sima vez, que vivir&#237;an en el Centro en cuanto llegase su ascenso a guarda residente, Todav&#237;a acabamos los tres en un cartel de &#233;sos, pens&#243;, como pareja joven tendr&#237;an a Marta y al marido, el abuelo ser&#237;a yo si fuesen capaces de convencerme, abuela no hay, muri&#243; hace tres a&#241;os, por ahora faltan los nietos, pero en su lugar podr&#237;amos poner a Encontrado en la fotograf&#237;a, un perro siempre queda bien en los anuncios de familias felices, por muy extra&#241;o que parezca, trat&#225;ndose de un irracional, confiere un toque sutil, aunque f&#225;cilmente reconocible, de superior humanidad. Cipriano Algor gir&#243; la furgoneta hacia la calle de la derecha, paralela al Centro, mientras iba pensando que no, que no podr&#237;a ser, que en el Centro no aceptan perros ni gatos, quiz&#225; p&#225;jaros enjaulados, periquitos, canarios, jilgueros, picos de coral, y sin duda peces de acuario, sobre todo si son tropicales, de esos que tienen muchas aletas, gatos no, y perros todav&#237;a menos, era lo que nos faltaba, abandonar otra vez a Encontrado, con una vez es suficiente, en este momento se entrometi&#243; en el pensamiento de Cipriano Algor la imagen de Isaura Estudiosa junto al muro del cementerio, despu&#233;s con el c&#225;ntaro apretado contra el pecho, despu&#233;s diciendo adi&#243;s desde la puerta, pero as&#237; como apareci&#243; tuvo que desaparecer, ya ve enfrente la entrada del piso subterr&#225;neo donde se dejan las mercanc&#237;as y donde el jefe del departamento de compras comprueba los albaranes y las facturas y decide acerca de lo que entra y no entra.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Aparte del cami&#243;n que estaba siendo descargado, s&#243;lo hab&#237;a otros dos a la espera de turno. El alfarero calcul&#243; que, en buena l&#243;gica, considerando que no ven&#237;a para entregar mercanc&#237;as, estaba exento de ocupar un lugar en la fila de camiones. El asunto que tra&#237;a era de la competencia exclusiva del jefe del departamento, no para ser negociado con empleados subalternos y en principio reticentes, luego s&#243;lo tendr&#237;a que presentarse en el mostrador y anunciar a lo que ven&#237;a. Estacion&#243; la furgoneta, tom&#243; los papeles y, con un paso que parec&#237;a firme pero en el que un observador atento reconocer&#237;a los efectos de los temblores de las piernas en el equilibrio del cuerpo, cruz&#243; el pavimento salpicado de antiguas y recientes manchas de aceite hasta el mostrador de atenci&#243;n, salud&#243; a quien atend&#237;a con educadas buenas tardes y solicit&#243; hablar con el jefe del departamento. El empleado llev&#243; el requerimiento verbal, volvi&#243; en seguida, Ya viene, dijo. Tuvieron que pasar diez minutos antes de que apareciese finalmente, no el jefe requerido, sino uno de los subjefes. A Cipriano Algor no le satisfizo tener que contar su historia a alguien que, por lo general, no tiene otra utilidad en el organigrama y en la pr&#225;ctica que servir de parapeto a quien jer&#225;rquicamente est&#233; por encima. Le salv&#243; que a la mitad de la explicaci&#243;n el propio subjefe comprendiera que encargarse &#233;l del asunto hasta el final s&#243;lo le dar&#237;a trabajo, y que, de una manera u otra, la decisi&#243;n siempre iba a ser tomada por quien para eso est&#225; y, por eso mismo, gana lo que gana. El subjefe, como f&#225;cilmente se concluye de este comportamiento, es un descontento social. Cort&#243; bruscamente la palabra al alfarero, tom&#243; la propuesta y los dise&#241;os y se apart&#243;. Tard&#243; algunos minutos en salir por la puerta por donde hab&#237;a entrado, hizo desde all&#237; una se&#241;al a Cipriano Algor para que se aproximase, no ser&#225; necesario recordar una vez m&#225;s que, en estas situaciones, las piernas tienden irresistiblemente a acentuar los temblores que ya llevaban, y, despu&#233;s de haberle dado paso, regres&#243; a sus propias ocupaciones. El jefe sosten&#237;a la propuesta en la mano derecha, los dise&#241;os estaban alineados sobre la mesa, ante &#233;l, como cartas de un solitario. Hizo un gesto a Cipriano Algor para que se sentara, providencia que permiti&#243; al alfarero dejar de pensar en las piernas y lanzarse a la exposici&#243;n de su asunto, Buenas tardes, se&#241;or, disculpe si vengo a incomodarlo en su trabajo, pero esto es una idea que hemos tenido mi hija y yo, para ser sincero, m&#225;s ella que yo. El jefe lo interrumpi&#243;, Antes de que contin&#250;e, se&#241;or Algor, es mi deber informarle de que el Centro ha decidido dejar de comprar los productos de su empresa, me refiero a los que nos ven&#237;a forneciendo hasta la suspensi&#243;n de compras, ahora es definitivo e irrevocable. Cipriano Algor baj&#243; la cabeza, ten&#237;a que ser muy cuidadoso con las palabras, sucediese lo que sucediese, no pod&#237;a decir o hacer nada que arriesgase la posibilidad de cerrar el negocio de las figuras, por eso se limit&#243; a murmurar, Ya esperaba una cosa as&#237;, se&#241;or, pero, perm&#237;tame un desahogo, es duro, despu&#233;s de tantos a&#241;os de proveedor, tener que o&#237;r de su boca semejantes palabras, La vida es as&#237;, se hace mucho de cosas que acaban, Tambi&#233;n se hace de cosas que comienzan, Nunca son las mismas. El jefe del departamento hizo una pausa, movi&#243; vagamente los dibujos como si estuviese distra&#237;do, despu&#233;s dijo, Su yerno vino a hablar conmigo, Se lo ped&#237; yo, se&#241;or, se lo ped&#237; yo, para salir de la indecisi&#243;n en que me encontraba, sin saber si podr&#237;a o no seguir fabricando, Ahora ya lo sabe, S&#237; se&#241;or, ya lo s&#233;, Deber&#237;a tener claro tambi&#233;n que siempre ha sido norma del Centro, incluso lo tiene a gala, no aceptar presiones o interferencias de terceros en su actividad comercial, y menos a&#250;n procedentes de empleados de la casa, No era una presi&#243;n, se&#241;or, Pero fue una interferencia, Lo siento. Otra pausa, Qu&#233; m&#225;s me faltar&#225; todav&#237;a por o&#237;r, pens&#243; el alfarero angustiado. No tardar&#237;a mucho en saberlo, el jefe abr&#237;a ahora un libro de registro, lo hojeaba, consultaba una p&#225;gina, otra, despu&#233;s sum&#243; cantidades en una peque&#241;a calculadora, finalmente dijo, Tenemos en el almac&#233;n, ya sin posibilidad de liquidaci&#243;n, incluso a precio de saldo, incluso por debajo de lo que nos cost&#243;, una cantidad grande de art&#237;culos de su alfarer&#237;a, art&#237;culos de todo tipo que est&#225;n ocupando un espacio que me hace falta, por este motivo me veo obligado a decirle que proceda a su retirada en el plazo m&#225;ximo de dos semanas, ten&#237;a la intenci&#243;n de mandar que le telefoneasen ma&#241;ana para informarle, Tendr&#233; que hacer no imagino cu&#225;ntos viajes, la furgoneta es peque&#241;a, Con una carga por d&#237;a resolver&#225; la cuesti&#243;n, Y a qui&#233;n voy a vender ahora mis lozas, pregunt&#243; el alfarero hundido, El problema es suyo, no m&#237;o, Estoy autorizado, al menos, a negociar con los comerciantes de la ciudad, Nuestro contrato est&#225; cancelado, puede negociar con quien quiera, Si valiera la pena, S&#237;, si valiera la pena, la crisis fuera es grave, aparte de eso, el jefe del departamento se call&#243;, tom&#243; los dise&#241;os y los reuni&#243;, despu&#233;s los fue pasando despacio, uno por uno, los miraba con una atenci&#243;n que parec&#237;a sincera, como si los estuviese viendo por primera vez. Cipriano Algor no pod&#237;a preguntar, Aparte de eso, qu&#233;, ten&#237;a que esperar, disimular la inquietud, a fin de cuentas, o desde el principio de &#233;stas, era siempre el jefe del departamento quien decid&#237;a las reglas de la partida, y ahora lo que se est&#225; jugando aqu&#237; es un juego desigual, en el que los triunfos han ca&#237;do todos en el mismo lado y en el que, si necesario fuera, los valores de los naipes variar&#225;n de acuerdo con la voluntad de quien tiene la mano, caso ese en que el rey podr&#225; valer m&#225;s que el as y menos que la dama, o el paje tanto como el caballero, y &#233;ste m&#225;s que toda la casa real, aunque se deba reconocer, para lo que le pueda servir, que, siendo seis las figuras presentadas, el alfarero tiene, si bien que por los pelos, la ventaja num&#233;rica a su favor. El jefe del departamento volvi&#243; a juntar los dise&#241;os, los puso a un lado con gesto ausente, y despu&#233;s de mirar una vez m&#225;s el libro de registro termin&#243; la frase, Aparte de eso, quiero decir, aparte de la catastr&#243;fica situaci&#243;n en que se encuentra el comercio tradicional, nada propicia para art&#237;culos que el tiempo y los cambios de gusto han desacreditado, la alfarer&#237;a tendr&#225; prohibido hacer negocio fuera en el caso de que el Centro le encomiende los productos que en este momento le est&#225;n siendo propuestos, Creo entender, se&#241;or, que no podremos vender las figuras a los comerciantes de la ciudad, Me ha entendido bien, pero no me ha entendido todo, No alcanzo adonde quiere llegar, No s&#243;lo no les podr&#225; vender las figuras, tampoco tendr&#225; autorizaci&#243;n para venderles cualquiera de los restantes productos de la alfarer&#237;a, incluso cuando, admitiendo una posibilidad absurda, le hagan encargos, Comprendo, a partir del momento en que vuelvan a aceptarme como proveedor del Centro, no podr&#233; serlo de nadie m&#225;s, Exactamente, pero el asunto no es motivo de sorpresa, la regla siempre ha sido &#233;sa, En todo caso, se&#241;or, en una situaci&#243;n como la de ahora, cuando determinados productos han dejado de interesar al Centro, ser&#237;a de justicia conceder al proveedor la libertad de buscar otros compradores, Estamos en el terreno de los hechos comerciales, se&#241;or Algor, teor&#237;as que no est&#233;n al servicio de los hechos y los consoliden no cuentan para el Centro, y sepa desde ahora que nosotros tambi&#233;n somos competentes para elaborar teor&#237;as, y algunas las hemos lanzado por ah&#237;, en el mercado, quiero decir, pero s&#243;lo las que sirven para homologar y, si fuera necesario, absolver los hechos cuando alguna vez &#233;stos se hayan portado mal. Cipriano Algor se dijo a s&#237; mismo que no deb&#237;a responder al desaf&#237;o. Caer en la tentaci&#243;n de un dices-t&#250;-dir&#233;-yo con el jefe del departamento, yo afirmo, t&#250; niegas, yo protesto, t&#250; contestas, acabar&#237;a dando un p&#233;simo resultado, nunca se sabe cu&#225;ndo una palabra mal interpretada tendr&#225; como desastrosa consecuencia echar a perder la m&#225;s sutil y la m&#225;s trabajada de las dial&#233;cticas de persuasi&#243;n, ya lo dec&#237;a la antigua sabidur&#237;a, con tu amo no te juegues las peras, que &#233;l se come las maduras y te deja las verdes. El jefe del departamento lo mir&#243; con una media sonrisa y a&#241;adi&#243;, Verdaderamente, no s&#233; por qu&#233; le digo estas cosas, Hablando con franqueza, tambi&#233;n a m&#237; me extra&#241;a, se&#241;or, no paso de un simple alfarero, lo poco que tengo para venderle no es tan valioso que justifique gastar conmigo su paciencia y distinguirme con sus reflexiones, respondi&#243; Cipriano Algor, e inmediatamente se mordi&#243; la lengua, acababa de prometerse que no echar&#237;a le&#241;a al fuego de una conversaci&#243;n ya de por s&#237; manifiestamente tensa, y ah&#237; estaba lanzando otra vez una provocaci&#243;n, no s&#243;lo directa sino inoportuna. Pensando que de esta manera evitar&#237;a la respuesta agria que recelaba, se levant&#243; y dijo, Le pido disculpas por el tiempo que le he robado, se&#241;or, le dejo los dise&#241;os para su apreciaci&#243;n, a no ser, A no ser, qu&#233;, A no ser que ya haya tomado una decisi&#243;n, Qu&#233; decisi&#243;n, No s&#233;, se&#241;or, no estoy en su pensamiento, La decisi&#243;n de no encargarle las figuras, por ejemplo, pregunt&#243; el jefe del departamento, S&#237;, se&#241;or, respondi&#243; el alfarero sin desviar los ojos, mientras mentalmente se iba acusando de est&#250;pido e imprudente, Todav&#237;a no he tomado ninguna decisi&#243;n, Puedo preguntarle si tardar&#225; mucho, es que, sabe, la situaci&#243;n en que nos encontramos, Ser&#233; r&#225;pido, cort&#243; el jefe, tal vez reciba noticias ma&#241;ana mismo, Ma&#241;ana, S&#237;, ma&#241;ana, no quiero que vaya diciendo por ah&#237; que el Centro no le ha dado una &#250;ltima oportunidad, Creo concluir por lo que me dice que la decisi&#243;n ser&#225; positiva, Podr&#225; ser positiva, es todo cuanto le puedo decir en este momento, Gracias, se&#241;or, Todav&#237;a no tiene razones para agradecerme nada, Gracias por la esperanza que me llevo de aqu&#237;, ya es algo, La esperanza nunca ha sido de fiar, Eso pienso, pero qu&#233; le vamos a hacer, a algo tendremos que acogernos en las horas malas, Buenas tardes, se&#241;or Algor, Buenas tardes, se&#241;or. El alfarero pos&#243; la mano en el tirador de la puerta, iba a salir pero el jefe del departamento todav&#237;a ten&#237;a algo que decirle, Concrete con el subjefe, ese que le mand&#243; entrar, el plan de retirada de su cacharrer&#237;a, acu&#233;rdese de que s&#243;lo dispone de dos semanas para sacar todo de all&#237;, hasta el &#250;ltimo plato, S&#237; se&#241;or. Esta expresi&#243;n, plan de retirada, no queda bien en boca de un civil, suena m&#225;s a operaci&#243;n militar que a una rutinaria devoluci&#243;n de mercanc&#237;as, y, si la aplicamos al pie de la letra y a las posiciones relativas de la unidad Centro y de la unidad alfarer&#237;a, tanto puede referirse a un providencial repliegue t&#225;ctico para reunir fuerzas dispersas y despu&#233;s, en el momento propicio, es decir, aprobada la fabricaci&#243;n de las figuras, retomar el ataque, como, por el contrario, significar el fin de todo, la derrota en toda l&#237;nea, la desbandada, el s&#225;lvese quien pueda. Cipriano Algor o&#237;a al subjefe dici&#233;ndole sin pausa y sin mirarle a la cara Todos los d&#237;as a las cuatro de la tarde va a tener que ocuparse solo o trayendo ayuda, el personal de aqu&#237; no puede dedicarse incluso pag&#225;ndole aparte, y se preguntaba si valdr&#237;a la pena seguir aqu&#237; pasando esta verg&#252;enza, siendo tratado como un lelo, un don nadie, y para colmo tener que reconocer que la raz&#243;n est&#225; del lado de ellos, que para el Centro no tienen importancia unos toscos platos de barro vidriado o unos rid&#237;culos mu&#241;ecos imitando enfermeras, esquimales y asirios con barba, ninguna importancia, nada, cero, Esto es lo que somos para ellos, cero. Se sent&#243; finalmente en la furgoneta, mir&#243; el reloj, todav&#237;a tendr&#237;a que esperar casi una hora para ir a recoger al yerno, le vino a la cabeza la idea de entrar al Centro, hace mucho tiempo que no usa las puertas del p&#250;blico, ya sea para mirar, ya sea para comprar, las compras siempre las hace Marcial debido a los descuentos a que tiene derecho como empleado, y entrar s&#243;lo para mirar no est&#225;, con perd&#243;n de la redundancia, bien visto, alguien que ande paseando ah&#237; dentro con las manos colgando puede estar seguro de que no tardar&#225; en ser objeto de atenci&#243;n especial por parte de los guardas, podr&#237;a darse incluso la c&#243;mica situaci&#243;n de que fuera su propio yerno quien lo interpelara, Padre, qu&#233; est&#225; haciendo aqu&#237;, si no compra nada, y &#233;l responder&#237;a, Voy al sector de las vajillas para ver si todav&#237;a tienen expuesta alguna pieza de la alfarer&#237;a Algor, saber cu&#225;nto cuesta aquella jarra decorada con pedacitos de cuarzo incrustados, decir S&#237; se&#241;or, es un bonito jarr&#243;n, ya son pocas las artesan&#237;as capaces de ejecutar un trabajo de &#233;stos, con tanta perfecci&#243;n en el acabado, tal vez el encargado del sector, estimulado por el informe del avalado especialista, recomendar&#237;a al departamento de compras la adquisici&#243;n urgente de una centena de jarrones, de esos con trocitos de cuarzo, y en ese caso no tendr&#237;amos que arriesgarnos en aventuras de payasos, bufones y mandarines que no sabemos c&#243;mo acabar&#225;n. Cipriano Algor no necesit&#243; decirse a s&#237; mismo No voy, desde hace semanas anda dici&#233;ndoselo a la hija y al yerno, una vez deber&#237;a bastar. Estaba inmerso en estas in&#250;tiles cogitaciones, con la cabeza apoyada en el volante, cuando se aproxim&#243; el guarda que velaba en la salida del subterr&#225;neo y dijo, Si ya ha resuelto el asunto que tra&#237;a entre manos, haga el favor de marcharse, esto no es un aparcamiento. El alfarero dijo, Ya lo s&#233;, encendi&#243; el motor y sali&#243; sin m&#225;s palabras. El guarda anot&#243; el n&#250;mero de la furgoneta en un papel, no necesitaba hacerlo, la conoc&#237;a casi desde el primer d&#237;a que comenz&#243; a ser guarda en este subterr&#225;neo, pero si tan ostentosamente ha tomado nota es porque no le ha gustado aquel seco Ya lo s&#233;, las personas, sobre todo si son guardas, deben ser tratadas con respeto y consideraci&#243;n, no se les responde Ya lo s&#233; sin m&#225;s ni menos, el viejo deber&#237;a haber dicho S&#237; se&#241;or, que son palabras simp&#225;ticas y obedientes, sirven para todo, verdaderamente el guarda, m&#225;s que irritado, est&#225; desconcertado, por eso pens&#243; que tampoco &#233;l deber&#237;a haber dicho Esto no es un aparcamiento, sobre todo en el tono desde&#241;oso con que le sali&#243;, como si fuese el rey del mundo, cuando ni siquiera lo era del sucio subterr&#225;neo en que pasaba los d&#237;as. Tach&#243; el n&#250;mero y volvi&#243; a su puesto.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor busc&#243; una calle tranquila para hacer tiempo mientras llegaba la hora de recoger al yerno en la puerta del Servicio de Seguridad. Estacion&#243; la furgoneta en una esquina desde donde se divisaba, a la distancia de tres extensas manzanas, una franja de una de las fachadas descomunales del Centro, precisamente la que corresponde a la zona residencial. Exceptuando las puertas que comunican con el exterior, en ninguna de las restantes fachadas hay aberturas, son impenetrables pa&#241;os de muralla donde los paneles suspendidos que prometen seguridad no pueden ser responsabilizados de tapar la luz y robar el aire a quien vive dentro. Al contrario de esas fachadas lisas, la cara de este lado est&#225; cribada de ventanas, centenares y centenares de ventanas, millares de ventanas, siempre cerradas debido al acondicionamiento de la atm&#243;sfera interna. Es sabido que cuando ignoramos la altura exacta de un edificio, pero queremos dar una idea aproximada de su tama&#241;o, decimos que tiene un determinado n&#250;mero de pisos, que pueden ser dos, o cinco, o quince, o veinte, o treinta, o los que sean, menos o m&#225;s que estos n&#250;meros, del uno al infinito. El edificio del Centro no es ni tan peque&#241;o ni tan grande, se satisface con exhibir cuarenta y ocho pisos sobre el nivel de la calle y esconder diez pisos por debajo. Y ya puestos, dado que Cipriano Algor ha estacionado la furgoneta en este lugar y comenzamos a ponderar alguno de los n&#250;meros que especifican el volumen del Centro, digamos que el ancho de las fachadas menores es de cerca de ciento cincuenta metros, y el de las mayores un poco m&#225;s de trescientos cincuenta, no teniendo en cuenta, claro est&#225;, la ampliaci&#243;n mencionada con pormenor al comienzo de este relato. Adelantando ahora un poco m&#225;s los c&#225;lculos y tomando como media una altura de tres metros por cada uno de los pisos, incluyendo la espesura del pavimento que los separa, encontraremos, considerando tambi&#233;n los diez pisos subterr&#225;neos, una altura total de ciento setenta y cuatro metros. Si multiplicamos este n&#250;mero por los ciento cincuenta metros de ancho y por los trescientos cincuenta metros de largo, observaremos como resultado, salvo error, omisi&#243;n o confusi&#243;n, un volumen de nueve millones ciento treinta y cinco mil metros c&#250;bicos, palmo m&#225;s palmo menos, punto m&#225;s coma menos. El Centro, no hay una sola persona que no lo reconozca con asombro, es realmente grande. Y es ah&#237;, dijo Cipriano Algor entre dientes, donde mi querido yerno quiere que yo vaya a vivir, detr&#225;s de una de esas ventanas que no se pueden abrir, dicen ellos que es para no alterar la estabilidad t&#233;rmica del aire acondicionado, pero la verdad es otra, las personas pueden suicidarse, si quieren, pero no tir&#225;ndose desde cien metros de altura a la calle, es una desesperaci&#243;n demasiado manifiesta y estimula la curiosidad morbosa de los transe&#250;ntes, que en seguida quieren saber por qu&#233;. Cipriano Algor ha dicho, no una vez sino muchas, que nunca se avendr&#225; a vivir en el Centro, que nunca renunciar&#225; a la alfarer&#237;a que fue del padre y del abuelo, y hasta la propia Marta, su hija &#250;nica, que, pobrecilla, no tendr&#225; otro remedio que acompa&#241;ar al marido cuando sea ascendido a guarda residente, supo comprender, hace dos o tres d&#237;as, con agradecida franqueza, que la decisi&#243;n final s&#243;lo la podr&#225; tomar el padre, sin ser forzado por insistencias y presiones de terceros, aunque estuviesen justificadas por el amor filial o por aquella llorosa piedad que los viejos, incluso cuando la rechacen, suscitan en el alma de las personas bien formadas. No voy, no voy, y no voy, aunque me maten, mascull&#243; el alfarero, consciente, sin embargo, de que estas palabras, precisamente por parecer tan rotundas, tan terminantes, pod&#237;an estar fingiendo una convicci&#243;n que en el fondo no sent&#237;an, disimulando una laxitud interior, como una grieta todav&#237;a invisible en la pared m&#225;s fina de un c&#225;ntaro. Es obvio que es &#233;sta la mejor raz&#243;n, ya que de c&#225;ntaro se vuelve a hablar, para que Isaura Estudiosa regrese al pensamiento de Cipriano Algor, y fue lo que sucedi&#243;, pero el camino tomado por ese pensamiento, o raciocinio, si raciocinio hubo, si no s&#243;lo la luz de un instant&#225;neo rel&#225;mpago, lo empuj&#243; hacia una conclusi&#243;n asaz embarazosa, formulada en un so&#241;ador murmullo, As&#237; ya no tendr&#237;a que venir al Centro. El gesto contrariado de Cipriano Algor, inmediatamente despu&#233;s de haber pronunciado estas palabras, no permite que demos la espalda a la evidencia de que el alfarero, no obstante el gusto de pensar en Isaura Estudiosa que se le viene observando, no puede evitar un movimiento de humor que lo parece negar. Perder el tiempo en explicar por qu&#233; le gusta ser&#237;a poco menos que in&#250;til, hay cosas en la vida que se definen por s&#237; mismas, un cierto hombre, una cierta mujer, una cierta palabra, un cierto momento, bastar&#237;a que as&#237; lo hubi&#233;semos enunciado para que todo el mundo percibiese de qu&#233; se trataba, pero otras cosas hay, y hasta podr&#225;n ser el mismo hombre y la misma mujer, la misma palabra y el mismo momento, que, miradas desde un &#225;ngulo diferente, con una luz diferente, pasan a determinar dudas y perplejidades, se&#241;ales inquietas, una ins&#243;lita palpitaci&#243;n, por eso a Cipriano Algor le fall&#243; de repente el gusto de pensar en Isaura Estudiosa, la culpa la tuvo aquella frase, As&#237; ya no tendr&#237;a que venir al Centro, como quien dice, Cas&#225;ndome con ella, tendr&#237;a quien me cuidase, otra vez queda demostrado lo que ya demostraci&#243;n no precisa, o sea, aquello que m&#225;s le cuesta a un hombre es reconocer sus debilidades y confesarlas. Sobre todo cuando &#233;stas se manifiestan fuera de la &#233;poca apropiada, como un fruto que la rama sostiene mal porque naci&#243; demasiado tarde para la estaci&#243;n. Cipriano Algor suspir&#243;, despu&#233;s mir&#243; el reloj. Era hora de ir a recoger al yerno a la puerta del Servicio de Seguridad.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Al perro Encontrado no le gust&#243; Marcial. Era tanto lo que hab&#237;a que contar, tantas las novedades, tantos los altos y bajos de esperanza y de &#225;nimo vividos en estos d&#237;as, que a Cipriano Algor no se le ocurri&#243;, durante el camino entre el Centro y la alfarer&#237;a, hablarle al yerno de la misteriosa aparici&#243;n del animal y sus consiguientes singularidades de comportamiento. Se impone, sin embargo, por amor a la verdad, avivado por el escr&#250;pulo del narrador, no dejar sin menci&#243;n un &#250;nico y veloz afloramiento del inopinado episodio a la memoria omisa del alfarero, que no consigui&#243; desarrollarse porque Marcial, con m&#225;s que justificado pesar, interrumpi&#243; el relato del suegro para preguntarle por qu&#233; endemoniada raz&#243;n ni a &#233;l ni a Marta se les hab&#237;a ocurrido informarle de lo que estaba sucediendo en casa, la idea de los mu&#241;ecos, los dise&#241;os, los experimentos de modelado, Incluso parece que no existo para ustedes, coment&#243; con amargura. Pillado en falta, Cipriano Algor hilvan&#243; una explicaci&#243;n en que participaba el nerviosismo y la concentraci&#243;n de toda creaci&#243;n art&#237;stica, la ninguna amabilidad con que el mandado de turno del tel&#233;fono sol&#237;a atender las llamadas de los parientes de los guardas que viv&#237;an fuera del Centro, y, finalmente, unas cuantas palabras decorativas, medio atropelladas, para acabar de llenar y rematar el discurso. Felizmente, la vista del cami&#243;n quemado contribuy&#243; a desviar las atenciones de una discrepancia capaz de convertirse en querella familiar, que adelant&#233;moslo, de amenaza no pasar&#225;, aunque Marcial Gacho haga intenci&#243;n de retomar el asunto cuando se encuentre a solas con su mujer, en el dormitorio y con la puerta cerrada. Con desahogo visible, Cipriano Algor dej&#243; a un lado las figuras de barro para exponerle las sospechas que el incendio hab&#237;a hecho nacer en su esp&#237;ritu, posici&#243;n esta que Marcial, todav&#237;a molesto por la desconsideraci&#243;n de que fuera v&#237;ctima, contest&#243; con cierta brusquedad en nombre de la deontolog&#237;a, de la conciencia &#233;tica y de la limpieza de procesos que, por definici&#243;n, siempre han distinguido a las fuerzas armadas, en general, y a las autoridades administrativas y policiales, en particular. Cipriano Algor encogi&#243; los hombros, Dices eso porque eres guarda del Centro, si fueras t&#250; un paisano como yo, ver&#237;as las cosas de otra manera, El hecho de que sea guarda del Centro no hace de m&#237; un polic&#237;a o un militar, respondi&#243; Marcial, secamente, No lo hace, pero te quedas cerca, en la frontera, Ahora est&#225; obligado a decirme si le averg&#252;enza que un guarda del Centro est&#233; aqu&#237; a su lado, en su furgoneta, respirando el mismo aire. El alfarero no respondi&#243; en seguida, se arrepent&#237;a de haber cedido otra vez al est&#250;pido y\i 
\i0  gratuito apetito de irritar al yerno, Por qu&#233; hago esto, se pregunt&#243; a s&#237; mismo, como si no estuviese harto de conocer la respuesta, este hombre, este Marcial Gacho quer&#237;a quitarle a la hija, verdaderamente se la quit&#243; cuando se cas&#243; con ella, se la quit&#243; sin remedio ni retorno, Aunque, cansado de decir no, acabe y&#233;ndome a vivir con ellos al Centro, pens&#243;. Despu&#233;s, hablando lentamente, como si tuviese que arrastrar cada palabra, dijo, Perdona, no quer&#237;a ofenderte ni ser desagradable contigo, a veces no puedo evitarlo, es como si fuera m&#225;s fuerte que yo, y no vale la pena que me preguntes por qu&#233;, no te responder&#237;a, o te dir&#237;a mentiras, pero hay razones, si las buscamos las encontramos siempre, razones para explicar cualquier cosa nunca faltan, incluso no siendo las ciertas, son los tiempos que mudan, son los viejos que cada hora que pasa envejecen un d&#237;a, es el trabajo que deja de ser lo que hab&#237;a sido, y nosotros que s&#243;lo podemos ser lo que fuimos, de repente descubrimos que ya no somos necesarios en el mundo, si es que alguna vez lo fuimos, pero creer que lo &#233;ramos parec&#237;a bastante, parec&#237;a suficiente, y era en cierta manera eterno, durante el tiempo que la vida durase, que eso es la eternidad, nada m&#225;s que eso. Marcial no habl&#243;, s&#243;lo puso la mano izquierda sobre la mano derecha del suegro, que sosten&#237;a el volante. Cipriano Algor trag&#243; en seco, mir&#243; la mano que, suave, pero firme, parec&#237;a querer proteger la suya, la cicatriz torcida y oblicua que dilaceraba la piel de un lado a otro, marca &#250;ltima de una quemadura brutal que no se sabe por qu&#233; misteriosa circunstancia no lleg&#243; a alcanzar las venas subyacentes. Inexperto, inh&#225;bil, Marcial hab&#237;a querido echar una mano en la alimentaci&#243;n del horno, quedar bien ante la joven que era su novia desde hac&#237;a pocas semanas, quiz&#225; m&#225;s ante el padre, demostrarle que era un hombre hecho, cuando en realidad apenas acababa de salir de la adolescencia y la &#250;nica cosa de la vida y del mundo acerca de la cual cre&#237;a saber todo lo que hay que saber era que quer&#237;a a la hija del alfarero. A quien por estas certidumbres pas&#243; alg&#250;n d&#237;a, no le costar&#225; imaginar qu&#233; entusi&#225;sticos sentimientos eran los suyos mientras arrastraba, rama tras rama, la lefia del cobertizo, y luego la empujaba horno adentro, qu&#233; supremo premio habr&#237;an sido para &#233;l en aquellos momentos la sorpresa encantada de Marta, la sonrisa ben&#233;vola de la madre, la mirada seria y rotundamente aprobadora del padre. Y de s&#250;bito, sin que se llegase a entender por qu&#233;, teniendo en cuenta que en la memoria de los alfareros nunca hab&#237;a sucedido tal cosa, una llamarada delgada, r&#225;pida y sinuosa como la lengua de una cobra irrumpi&#243; bufando desde la boca del horno, y fue a morder cruelmente la mano del muchacho, pr&#243;xima, inocente, desprevenida. Ah&#237; naci&#243; la sorda antipat&#237;a que la familia Gacho pas&#243; a profesar a los Algores, no s&#243;lo imperdonablemente descuidados e irresponsables, sino, seg&#250;n el inflexible juicio de los Gachos, tambi&#233;n descaradamente abusivos por haberse aprovechado de los sentimientos de un muchacho ingenuo para hacerlo trabajar de balde. No es s&#243;lo en aldeas apartadas de la civilizaci&#243;n donde los ap&#233;ndices cerebrales humanos son capaces de generar ideas as&#237;. Marta cur&#243; muchas veces la mano de Marcial, muchas veces la consol&#243; y refresc&#243; con su soplo, y tanto persever&#243; la voluntad de ambos que pasados unos a&#241;os pudieron casarse, aunque no se unieron las familias. Ahora el amor de &#233;stos parece estar adormecido, qu&#233; le vamos a hacer, debe de ser efecto natural del tiempo y de las ansiedades del vivir, mas si la sabidur&#237;a antigua todav&#237;a sirve para alguna cosa, si todav&#237;a puede ser de alguna utilidad en las ignorancias modernas, recordemos con ella, discretamente, para que no se r&#237;an de nosotros, que mientras haya vida, habr&#225; esperanza. S&#237;, es cierto, por m&#225;s espesas y negras que est&#233;n las nubes sobre nuestras cabezas, el cielo all&#225; arriba estar&#225; permanentemente azul, pero la lluvia, el granizo y los rayos les caen siempre a los de abajo, verdaderamente no sabe una persona qu&#233; ha de pensar cuando tiene que hacerse entender con ciencias de &#233;stas. La mano de Marcial ya se ha retirado, entre los hombres la costumbre es as&#237;, las demostraciones de afecto, para ser viriles, tienen que ser r&#225;pidas, instant&#225;neas, hay quien afirma que esto se debe al pudor masculino, tal vez lo sea, pero recon&#243;zcase que mucho m&#225;s de hombre, en la acepci&#243;n completa de la palabra, habr&#237;a sido, y por supuesto no menos viril, que Cipriano Algor detuviera la furgoneta para abrazar all&#237; mismo al yerno y agradecerle el gesto con las &#250;nicas palabras merecidas, Gracias por haber puesto tu mano sobre la m&#237;a, esto era lo que deber&#237;a haber dicho, y no estar aprovech&#225;ndose ahora de la seriedad del momento para quejarse del ultim&#225;tum que le ha sido impuesto por el jefe del departamento de compras, Imag&#237;nate, darme quince d&#237;as para retirar la loza, Quince d&#237;as, Es verdad, quince d&#237;as, y sin tener quien me ayude, Siento no poderle echar una mano, Claro que no puedes, ni tienes tiempo ni ser&#237;a conveniente para tu carrera que se te vea de mozo de carga, pero lo peor es que no s&#233; c&#243;mo me voy a librar de unos cacharros que ya nadie quiere, Todav&#237;a podr&#225; vender algunas piezas, Para eso basta con las que tenemos en la alfarer&#237;a, Pues entonces parece realmente complicado, Ya veremos, tal vez las deje por ah&#237;, en el camino, La polic&#237;a no lo va a permitir, Si esta tartana, en lugar de furgoneta, fuese uno de esos camiones que levantan la caja, ser&#237;a facil&#237;simo, un botoncito el&#233;ctrico y hala, en menos de un minuto estar&#237;a todo en la cuneta, Escapar&#237;a una vez o dos de la polic&#237;a de carretera, pero acabar&#237;an por pillarlo in fraganti, Otra soluci&#243;n ser&#237;a encontrar en el campo una cueva, no necesitar&#237;a ser muy honda, y meter todo ah&#237; dentro, imag&#237;nate la gracia que tendr&#237;a si dentro de mil o dos mil a&#241;os pudi&#233;ramos presenciar los debates de los arque&#243;logos y los antrop&#243;logos sobre el origen y las razones de la presencia de tal cantidad de platos, tazas y ollas de barro, y su problem&#225;tica utilidad en un sitio deshabitado como &#233;ste, Deshabitado, ahora, de aqu&#237; a mil o dos mil a&#241;os no es imposible que la ciudad haya llegado hasta donde nos encontramos en este momento, observ&#243; Marcial. Hizo una pausa, como si las palabras que acababa de pronunciar hubiesen exigido que volviera a pensar en ellas, y, con el tono perplejo de quien, sin comprender c&#243;mo lo hab&#237;a conseguido, ha llegado a una conclusi&#243;n l&#243;gicamente impecable, a&#241;adi&#243;, O el Centro. Ahora bien, sabi&#233;ndose que en la vida de este suegro y este yerno, la desafortunada cuesti&#243;n del Centro ha sido de todo menos pac&#237;fica, es de extra&#241;ar que las consecuencias de la inesperada alusi&#243;n del guarda interno Marcial Gacho se hayan quedado en eso, que la peligrosa frase O el Centro no hubiese disparado inmediatamente una nueva discusi&#243;n, repiti&#233;ndose todos los desencuentros ya conocidos y el mismo rosario de recriminaciones sordas o expl&#237;citas. La raz&#243;n de que ambos hayan permanecido silenciosos, suponiendo que sea posible, para quien, como nosotros, observa desde el lado de fuera, desvelar lo que, con toda probabilidad, ni para ellos est&#225; claro, es el hecho de que esas palabras constituyeron, en la boca de Marcial, sobre todo en el contexto en que fueron pronunciadas, una novedad absoluta. Se podr&#225; decir que no es as&#237;, que, por el contrario, al admitir la posibilidad de que el Centro haga desaparecer en un d&#237;a futuro, por imparable absorci&#243;n territorial, los campos que la furgoneta ahora va atravesando, el guarda interno Marcial Gacho estar&#237;a subrayando, por su cuenta, y aplaudiendo, en su fuero interno, la potencia expansiva, tanto en el espacio como en el tiempo, de la empresa que le paga sus modestos servicios. La interpretaci&#243;n ser&#237;a v&#225;lida y liquidar&#237;a definitivamente la cuesti&#243;n si no se hubiese producido aquella casi imperceptible pausa, si aquel instante de aparente suspensi&#243;n del pensar no correspondiese, perm&#237;tase la osad&#237;a de la propuesta, a la aparici&#243;n de alguien simplemente capaz de pensar de otra manera. Si fue as&#237;, es f&#225;cil de comprender que Marcial Gacho no haya podido avanzar por el camino que se le abr&#237;a, dado que ese camino estaba destinado a una persona que no era &#233;l. En cuanto al alfarero, &#233;se lleva vividos a&#241;os m&#225;s que suficientes para saber que la mejor manera de hacer que una rosa muera es abrirla a la fuerza cuando todav&#237;a no pasa de ser una peque&#241;a promesa de flor. Guard&#243;, por tanto, en la memoria las palabras del yerno e hizo como que no se hab&#237;a dado cuenta de su verdadero alcance. No volvieron a hablar hasta que entraron en la aldea. Como de costumbre cuando tra&#237;a del Centro al yerno, Cipriano Algor se detuvo ante la puerta de sus mal avenidos compadres, justo el tiempo para que Marcial entrara, diera un beso a la madre, y al padre, si estaba en casa, se informara de c&#243;mo andaban de salud desde la &#250;ltima vez y saliera despu&#233;s de haber dicho, Ma&#241;ana vengo m&#225;s despacio. En general, eran m&#225;s que suficientes cinco minutos para que la rutina del sentimiento filial se cumpliese, el resto de las expansiones y lo m&#225;s sustancial de las conversaciones quedaban para el d&#237;a siguiente, unas veces almorzando, otras no, pero casi siempre sin la compa&#241;&#237;a de Marta. Hoy, sin embargo, los cinco minutos no bastaron, ni los diez, y fueron casi veinte los que tuvieron que consumirse antes de que Marcial reapareciese. Entr&#243; en la furgoneta bruscamente y cerr&#243; la puerta con fuerza. Ten&#237;a la cara seria, casi sombr&#237;a, una expresi&#243;n endurecida de adulto para la que la juventud de sus facciones todav&#237;a no estaba preparada. Has tardado mucho hoy, est&#225; alguien enfermo, alg&#250;n problema en la familia, pregunt&#243; el suegro, sol&#237;cito, No, no es nada grave, perdone que le haya obligado a esperar tanto, Vienes enfadado, No es nada grave, ya se lo he dicho, no se preocupe. Est&#225;n casi llegando, la furgoneta gira a la izquierda para comenzar a subir la ladera que conduce a la alfarer&#237;a, al cambiar de velocidad Cipriano Algor recuerda que ha pasado por donde vive Isaura Estudiosa sin haber pensado en ella, y es en este momento cuando un perro baja la cuesta corriendo y ladrando, segunda sorpresa que Marcial tiene hoy, o tercera, si la visita a los padres result&#243; ser la segunda. De d&#243;nde sale este perro, pregunt&#243;, Apareci&#243; por aqu&#237; hace unos d&#237;as y dejamos que se quedara, es un animal simp&#225;tico, le pusimos de nombre Encontrado, aunque, si lo pensamos bien, los encontrados somos nosotros, y no &#233;l. Cuando la furgoneta lleg&#243; al final de la rampa y se detuvo, unas cuantas cosas sucedieron simult&#225;neamente, o con intervalos m&#237;nimos de tiempo, Marta apareci&#243; en la puerta de la cocina, el alfarero y el guarda interno salieron del coche, Encontrado gru&#241;&#243;, Marta vino hacia Marcial, Marcial fue hacia Marta, el perro dio un gru&#241;ido profundo, el marido abraz&#243; a la mujer, la mujer abraz&#243; al marido, luego se besaron, el perro dej&#243; de gru&#241;ir y atac&#243; una bota de Marcial, Marcial sacudi&#243; la pierna, el perro no solt&#243; la presa, Marta grit&#243;, Encontrado, el padre grit&#243; lo mismo, el perro dej&#243; la bota e intent&#243; morder el tobillo, Marcial le dio un puntapi&#233; con intenci&#243;n pero sin demasiada violencia, Marta dijo, No le pegues, Marcial protest&#243;, Me ha mordido, Es porque no te conoce, A m&#237; no me conocen ni los perros, estas palabras terribles salieron de la boca de Marcial como si llorasen, dolor y queja insoportables cada una de ellas, Marta rode&#243; con las manos los hombros del marido, No repitas eso, claro que no lo repiti&#243;, no era necesario, hay ciertas cosas que se dicen una vez y nunca m&#225;s, Marta oir&#225; estas palabras dentro de su cabeza hasta el &#250;ltimo d&#237;a de su vida, y en cuanto a Cipriano Algor, si pretendi&#233;semos saber lo que est&#225; haciendo en este momento, la respuesta m&#225;s f&#225;cil ser&#237;a, Nada, si no fuese por la reveladora circunstancia de que desvi&#243; r&#225;pidamente los ojos cuando oy&#243; lo que dijo Marcial, algo hizo por tanto. El perro se hab&#237;a alejado camino de la caseta, pero a mitad del trayecto se detuvo, se volvi&#243; y se puso a observar. De vez en cuando dejaba salir un gru&#241;ido de la garganta. Marta dijo, No sabe lo que son los abrazos, debe de haber pensado que me estabas haciendo da&#241;o, pero Cipriano Algor, para limpiar la atm&#243;sfera, sali&#243; con una idea m&#225;s trivial, Tambi&#233;n puede ser que le tenga tirria a los uniformes, se conocen casos as&#237;. Marcial no respondi&#243;, se mov&#237;a entre dos conciencias &#237;ntimas, la del arrepentimiento de haber dicho palabras que se quedar&#237;an para siempre jam&#225;s como p&#250;blica confesi&#243;n de un dolor escondido hasta ese momento en lo m&#225;s hondo de s&#237; mismo, y la de una instintiva intuici&#243;n de que haberlas dejado salir de esta manera podr&#237;a significar que estaba a punto de abandonar un camino para tomar otro, aunque fuese todav&#237;a muy pronto para saber en qu&#233; direcci&#243;n le llevar&#237;a. Bes&#243; a Marta en la frente y dijo, Voy a cambiarme de ropa. La tarde ca&#237;a r&#225;pidamente, ser&#237;a de noche en poco m&#225;s de media hora. Cipriano Algor dijo a la hija, Ya he hablado con el tipo de las compras, Por culpa del jaleo del perro se me ha olvidado preguntarle c&#243;mo fue la conversaci&#243;n, Dice que tal vez ma&#241;ana tenga una respuesta, Tan pronto, Cuesta creerlo, realmente, y todav&#237;a cuesta m&#225;s pensar que la decisi&#243;n puede ser afirmativa, que es lo que me ha parecido entender, por lo menos, Ojal&#225; no se equivoque, La &#250;nica bella sin pero que conozco eres t&#250;, Qu&#233; quiere decir, a prop&#243;sito de qu&#233; vienen ahora las bellas y los peros, Es que despu&#233;s de una noticia buena, siempre viene una noticia mala, Cu&#225;l es la de ahora, Tendr&#233; que sacar en dos semanas la loza que conservan en el almac&#233;n, Ir&#233; con usted para ayudarle, Ni en sue&#241;os, si el Centro nos hace el encargo, todo el tiempo aqu&#237; va a ser poco, hay que modelar las figuras definitivas, hacer los moldes, trabajar en el moldeado, pintar, cargar y descargar el horno, me gustar&#237;a entregar el primer encargo antes de dejar vac&#237;as las baldas del almac&#233;n, no vaya a ser que el hombre cambie de ideas, Y qu&#233; vamos a hacer con esa loza, No te preocupes, ya me he puesto de acuerdo con Marcial, la dejo por ah&#237; en medio del campo, en cualquier agujero, para que la aproveche cualquiera, Con tantas mudanzas, la mayor parte se romper&#225;, Es lo m&#225;s seguro. El perro vino y toc&#243; con la nariz la mano de Marta, parec&#237;a estar pidi&#233;ndole que le explicase la nueva composici&#243;n del conjunto familiar, como en alg&#250;n tiempo se puso de moda decir. Marta le rega&#241;&#243;, A ver c&#243;mo te portas de ahora en adelante, puedes estar seguro de que entre t&#250; y el marido, escojo el marido. La &#250;ltima sombra del moral se recog&#237;a poco a poco para comenzar a hundirse en la sombra m&#225;s profunda de la noche que se aproximaba. Cipriano Algor murmur&#243;, Hay que tener cuidado con Marcial, lo que acaba de decir ha sido como una pu&#241;alada, y Marta respondi&#243;, tambi&#233;n murmurando, Fue una pu&#241;alada, duele mucho. La l&#225;mpara de encima de la puerta se encendi&#243;. Marcial Gacho apareci&#243; en el umbral, hab&#237;a cambiado el uniforme por una ropa com&#250;n, de estar en casa. El perro Encontrado lo mir&#243; con atenci&#243;n, con la cabeza alta avanz&#243; unos pasos hacia &#233;l, despu&#233;s se estac&#243;, expectante. Marcial se aproxim&#243;, Hacemos las paces, pregunt&#243;. La nariz fr&#237;a roz&#243; levemente la cicatriz de la mano izquierda, Hacemos las paces. Dijo el alfarero, Mira qu&#233; raz&#243;n ten&#237;a, a nuestro Encontrado no le gustan los uniformes, En la vida todos son uniformes, el cuerpo s&#243;lo es civil verdaderamente cuando est&#225; desnudo, respondi&#243; Marcial, pero ya no se percib&#237;a amargura en su voz.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Durante la cena se convers&#243; mucho sobre c&#243;mo se le hab&#237;a ocurrido a Marta la idea de hacer las figuras, tambi&#233;n sobre las dudas, los temores y las esperanzas que ocuparon la casa y la alfarer&#237;a en aquellos &#250;ltimos d&#237;as y, pasando a cuestiones pr&#225;cticas, se calcularon los tiempos necesarios para cada fase de la producci&#243;n y los respectivos factores de seguridad, diferentes unos y otros de las fabricaciones a que estaban habituados, Todo depende de la cantidad que se nos encargue, nos convendr&#237;a que no fuera ni de m&#225;s ni de menos, algo as&#237; como pretender sol para la era y lluvia para la huerta, que se dec&#237;a en los tiempos en que no exist&#237;an los invernaderos de pl&#225;stico, coment&#243; Cipriano Algor. Despu&#233;s de retirar el mantel de la mesa, Marta ense&#241;&#243; al marido los esbozos que hab&#237;a hecho, las tentativas, los experimentos de color, la vieja enciclopedia de donde hab&#237;a copiado los modelos, a primera vista parec&#237;a poqu&#237;simo trabajo para tan grandes ansiedades, pero es necesario comprender que en las circunnavegaciones de la vida un viraje ameno para unos puede ser para otros una tempestad mortal, todo depende del calado del barco y del estado de las velas. En el dormitorio, con la puerta cerrada, Marcial pens&#243; que no val&#237;a la pena pedir explicaciones a Marta por no haberle informado de la idea de los mu&#241;ecos, en primer lugar porque esas aguas hac&#237;a horas que hab&#237;an pasado bajo el puente y por tanto arrastrado en su curso el despecho y el mal humor, en segundo lugar porque le apocaban preocupaciones mucho m&#225;s serias que las de sentirse o imaginarse desconsiderado. Preocupaciones m&#225;s serias y no menos urgentes. Cuando un hombre regresa a casa y a la mujer despu&#233;s de una privaci&#243;n de diez d&#237;as, siendo joven como es este Marcial, o, en caso de ser mayor, si todav&#237;a no pudo la edad abatirle el &#225;nimo amatorio, lo natural es que quiera dar satisfacci&#243;n inmediata al temblor de los sentidos, dejando la conversaci&#243;n para despu&#233;s. En general, las mujeres no est&#225;n de acuerdo. Si el tiempo no urge especialmente, si, al contrario, La noche es nuestra, y quien dice la noche, dice la tarde o la ma&#241;ana, lo m&#225;s seguro es que la mujer prefiera que el acto amoroso se inicie con una charla pausada, sin prisas, y mientras sea posible ajena a esa idea fija que, semejante a un trompo zumbador, gira en la cabeza del hombre. Como un c&#225;ntaro profundo que lentamente se llena, la mujer se va aproximando al hombre poco a poco, o, tal vez con m&#225;s exactitud, lo va aproximando, hasta que la urgencia de uno y la ansiedad del otro, ya declaradas, ya coincidentes, ya inaplazables, hagan subir cantando el agua un&#225;nime. Hay excepciones, sin embargo, como es este caso de Marcial que, por mucho que quisiese empujar a Marta hacia la cama, no podr&#237;a hacerlo mientras no vaciara el pesado saco de las preocupaciones que carga, no desde el Centro, no desde la conversaci&#243;n que hab&#237;a mantenido con el suegro durante el camino, sino desde la casa de los padres. Tambi&#233;n esta vez la primera palabra iba a ser dicha por Marta, Es posible que los perros no te conozcan, Marcial, pero tu mujer te conoce, No quiero hablar de eso, Debemos hablar de lo que duele, Fui est&#250;pido e injusto, Vamos a dejar a un lado lo de est&#250;pido, porque no lo eres, qued&#233;monos con lo de injusto, Ya lo he reconocido, Tampoco fuiste injusto, No compliquemos las cosas, Marta, por favor, lo pasado, pasado est&#225;, Las cosas que parecen haber pasado son las &#250;nicas que nunca acaban de pasar, los injustos hemos sido nosotros, Nosotros, qui&#233;nes, Mi padre y yo, sobre todo yo, mi padre tiene una hija casada y miedo de perderla, no necesita otra justificaci&#243;n, Y t&#250;, Yo soy quien no tiene disculpa, Por qu&#233;, Porque te quiero, y a veces, demasiadas veces, doy la impresi&#243;n de olvidar, o incluso se me olvida, que eres una persona concreta, completa en el ser que eres, que debo este amor no a alguien que tenga que contentarse con un sentimiento medio difuso que poco a poco se ir&#225; resignando, como si de un inapelable destino se tratase, a su propia y mortal carencia, El matrimonio es eso, las personas viven as&#237;, f&#237;jate en mis padres, Todav&#237;a tengo otra culpa, No sigas, por favor, Vamos hasta el final, Marcial, ahora ya vamos hasta el final, Por favor, Marta, No quieres que siga porque adivinas lo que tengo que decirte, Por favor, Cuando dijiste que a ti ni los perros te conocen, estabas dici&#233;ndole a tu mujer que ella no s&#243;lo no te conoce, sino que no ha hecho nada para conocerte, bueno, digamos casi nada, No es verdad, t&#250; me conoces, nadie me conoce mejor que t&#250;, S&#243;lo lo suficiente para comprender el sentido de tus palabras, pero no fui m&#225;s inteligente que mi padre, que las comprendi&#243; tan r&#225;pido como yo, De entre nosotros dos, la persona adulta eres t&#250;, yo todav&#237;a no paso de ser un ni&#241;o, Quiz&#225; tengas raz&#243;n, por lo menos est&#225;s d&#225;ndome la raz&#243;n a m&#237;, pero ni esta maravillosa adulta que soy, ni esta sensat&#237;sima mujer de Marcial Gacho fueron capaces de entender, cuando deb&#237;an, lo que representa una persona capaz de tener la sencillez y la honestidad de decir de s&#237; mismo que es un ni&#241;o, No siempre ser&#233; as&#237;, No ser&#225;s as&#237; siempre, por eso, mientras llegue la hora, tendr&#233; que hacer todo cuanto est&#233; a mi alcance para comprenderte como eres, y probablemente llegar a la conclusi&#243;n de que, en ti, ser un ni&#241;o es, a fin de cuentas, una forma diferente de ser adulto, Si seguimos as&#237; dejar&#233; de saber qui&#233;n soy, Mi padre te dir&#237;a que &#233;sa es una de las cosas que nos suceden muchas veces en la vida, Me parece que comienzo a entenderme con tu padre, No te imaginas, o s&#237; te lo imaginas, qu&#233; feliz me hace eso. Marta tom&#243; las manos de Marcial y las bes&#243;, despu&#233;s las apret&#243; contra su pecho, A veces, dijo, deber&#237;amos regresar a ciertos gestos de ternura antiguos, Qu&#233; sabes t&#250; de eso, no viviste en los tiempos de la reverencia y el besamanos, Leo lo que cuentan los libros, es lo mismo que haber estado all&#237;, de todos modos no era en besamanos y reverencias en lo que pensaba, Eran costumbres diferentes, modos de sentir y de comunicar que ya no son los nuestros, Aunque te pueda parecer extra&#241;a la comparaci&#243;n, los gestos, para m&#237;, m&#225;s que gestos son dibujos hechos por el cuerpo de uno en el cuerpo de otro. La invitaci&#243;n era expl&#237;cita, pero Marcial hizo como que no hab&#237;a entendido, aunque comprendiese que hab&#237;a llegado el momento de atraer a Marta hacia s&#237;, de acariciarle el pelo, de besarle despacio la cara, los p&#225;rpados, suavemente, como si no sintiese deseo, como si estuviese s&#243;lo distra&#237;do, gran equivocaci&#243;n ser&#225; pensar as&#237;, lo que en estas ocasiones sucede es que el deseo ha tomado posesi&#243;n absoluta del cuerpo para servirse de &#233;l, perd&#243;nese el materialista y utilitario s&#237;mil, como si de una herramienta de uso m&#250;ltiple se tratara, tan habilitada para pulir como para labrar, tan potente para emitir como para recibir, tan minuciosa para contar como para medir, tan activa para subir como para bajar. Qu&#233; te pasa, pregunt&#243; Marta, s&#250;bitamente paralizada, Nada importante, s&#243;lo unos peque&#241;os contratiempos, Cuestiones de trabajo, No, Entonces, qu&#233;, Es tan poco el tiempo que ya tenemos para estar juntos, y para colmo vienen a meterse en nuestra vida, No vivimos en una redoma, He pasado por casa de mis padres, Alg&#250;n accidente, alguna complicaci&#243;n. Marcial movi&#243; la cabeza negativamente y prosigui&#243;, Empezaron mostr&#225;ndose muy interesados en saber si tengo noticias de cu&#225;ndo voy a ser ascendido a guarda residente, y yo respond&#237; que no, que ni siquiera hay razones seguras para afirmar que eso vaya a ocurrir, Es casi seguro, S&#237;, casi seguro, pero hasta no tener el p&#225;jaro en la mano, Est&#225; volando, y luego, Dieron unos cuantos rodeos, y yo sin saber adonde quer&#237;an llegar, hasta que finalmente me anunciaron su gran idea, Y cu&#225;l es esa gran idea, Est&#225;n pensando nada m&#225;s y nada menos en vender la casa y venirse a vivir con nosotros, Con nosotros, d&#243;nde, En el Centro, Estoy oyendo bien, tus padres se quieren ir a vivir al Centro, con nosotros, Eso mismo, Y t&#250;, qu&#233; les dijiste, Empec&#233; haci&#233;ndoles notar que todav&#237;a era pronto para pensar en eso, pero me respondieron que vender una casa tampoco es cosa que se haga de hoy para ma&#241;ana, que no iba a ser despu&#233;s de que estemos instalados, t&#250; y yo, cuando se pusieran a buscar comprador, Y t&#250; qu&#233; les dijiste, Pensando que liquidaba el asunto, les dije que ten&#237;amos intenci&#243;n de llevarnos a tu padre cuando nos mud&#225;semos, para que no se quedara aqu&#237; solo, sobre todo ahora que la alfarer&#237;a est&#225; pasando un momento de crisis, Les comentaste eso, S&#237;, pero no atendieron a razones, poco falt&#243; para que se pusieran a dar voces, llorando, hablo de mi madre, claro, mi padre no es de sentimentalismos, lo que hizo fue protestar y echar pestes, qu&#233; clase de hijo soy yo que pongo las conveniencias de personas que no son de mi sangre por encima de las necesidades de mis propios progenitores, dijeron eso mismo, progenitores, no s&#233; de d&#243;nde sacaron la palabra, que nunca podr&#237;an imaginar que alg&#250;n d&#237;a oir&#237;an de mi boca que reniego de aquellos a quienes debo la vida, aquellos que me criaron y educaron, que es bien cierto que casamiento alejamiento, pero que desprecios no estaban dispuestos a admitir, y que desde luego no me molestase, que por ahora todav&#237;a no necesitaban andar por las calles pidiendo limosna, pero que no me olvidase de que el remordimiento siempre acaba llegando, que si no viene durante la vida, vendr&#225; despu&#233;s de la muerte, y &#233;se es todav&#237;a peor, y que ojal&#225; no tenga yo hijos que me castiguen por la inhumanidad con que he tratado hoy a mis padres, Fue la frase final, No s&#233; si fue la frase final, se me olvidar&#225;n algunas, cortadas por el mismo patr&#243;n, Deber&#237;as haberles explicado que no merec&#237;a la pena que se preocuparan, sabes bien que mi padre no quiere vivir en el Centro, S&#237;, pero prefer&#237; no hacerlo, Por qu&#233;, Ser&#237;a darles pie a pensar que son los &#250;nicos en el terreno, Si insisten, no tendr&#225;s otro remedio, Ser&#225; suficiente con que no acepte el ascenso, s&#243;lo necesitar&#237;a encontrar una raz&#243;n que consiguiera convencer al Centro, Dudo de que la encuentres. Estaban sentados en la cama, pod&#237;an tocarse, pero el momento de las caricias hab&#237;a pasado, aparentemente andaba tan lejos de all&#237; como el tiempo del besamanos y la reverencia, o incluso de aquel otro momento en que dos manos de hombre fueron besadas, y luego cobijadas en el seno de la mujer. Marcial dijo, S&#233; que no est&#225; bien que un hijo haga una declaraci&#243;n de &#233;stas, pero la verdad es que no quiero vivir con mis padres, Por qu&#233;, Nunca nos entendimos, ni yo a ellos, ni ellos a m&#237;, Son tus padres, S&#237;, son mis padres, aquella noche se fueron a la cama y les apeteci&#243;, de ah&#237; nac&#237;, cuando era peque&#241;o recuerdo haberles o&#237;do comentar, como quien se divierte contando un buen chiste, que &#233;l, en esa ocasi&#243;n, estaba borracho, Con vino o sin vino, de eso nacemos todos, Reconozco que es una exageraci&#243;n, pero me repugna pensar que mi padre estaba borracho cuando me engendr&#243;, es como si yo fuese hijo de otro hombre, es como si aquel que realmente deber&#237;a haber sido mi padre no hubiese podido serlo, como si su lugar hubiese sido ocupado por otro hombre, este a quien hoy le he o&#237;do decir que ojal&#225; me castiguen mis hijos, No fue exactamente as&#237; como &#233;l se expres&#243;, Pero fue exactamente como lo pens&#243;. Marta sostuvo la mano izquierda de Marcial, la apret&#243; entre las suyas, y murmur&#243;, Todos los padres fueron hijos, muchos hijos acaban siendo padres, pero unos se olvidan de que lo fueron, y a los otros no hay nadie que pueda explicarles lo que ser&#225;n, No es f&#225;cil de entender, Ni yo misma lo entiendo, me ha salido as&#237;, no hagas caso, Vamos a acostarnos, Vamos. Se desnudaron y se metieron en la cama. El momento de las caricias volvi&#243; a entrar en el dormitorio, pidi&#243; disculpas por haberse demorado tanto ah&#237; fuera, no encontraba el camino, se justific&#243;, y, de repente, como les sucede algunas veces a los momentos, se hizo eterno. Un cuarto de hora despu&#233;s, todav&#237;a enlazados los cuerpos, Marta murmur&#243;, Marcial, Qu&#233;, pregunt&#243; &#233;l so&#241;oliento, Tengo dos d&#237;as de retraso.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 En el resguardado silencio del dormitorio, entre las s&#225;banas revueltas por la amorosa agitaci&#243;n de todav&#237;a hace poco, el hombre oy&#243; a su mujer comunicarle que tiene atrasada la menstruaci&#243;n dos d&#237;as, y la noticia se le apareci&#243; como algo inaudito y definitivamente asombroso, especie de segundo f&#237;at lux en una &#233;poca en que el lat&#237;n ha dejado de ser usado y practicado, un surge et ambula vern&#225;culo que no tiene idea de adonde va y por eso mismo asusta. Marcial Gacho, que apenas una hora antes, o ni tanto, en lance de conmovedor abandono raramente acontecible en el sexo masculino, se hab&#237;a confesado ni&#241;o, era, al final, sin imaginarlo, padre embrionario desde hace unas semanas, lo que demuestra una vez m&#225;s que nunca nos deber&#237;amos sentir seguros de aquello que pensamos ser porque, en ese momento, pudiera muy bien ocurrir que ya estemos siendo cosa diferente. Casi todo lo que Marta y Marcial se dijeron el uno al otro seg&#250;n avanzaba la noche, antes de dormirse de puro cansancio, est&#225; descrito en mil y una historias de parejas con hijos, pero el an&#225;lisis concreto de la situaci&#243;n concreta en que este matrimonio se encuentra no deja pasar sin examen ciertas cuestiones que le son particulares, como la disminuida posibilidad de Marta para seguir soportando la dureza del trabajo en la alfarer&#237;a y\i , \i0  sin soluci&#243;n de momento porque depende del esperado ascenso, la duda acerca de si el ni&#241;o nacer&#225; antes o despu&#233;s del traslado al Centro. Aleg&#243; Marta, sobre la primera de estas cuestiones, que no cre&#237;a que su madre, la fallecida Justa Isasca, que hab&#237;a trabajado sin descanso hasta su &#250;ltimo d&#237;a, decidiese disfrutar de los regalos de una ociosidad total s&#243;lo por el hecho de estar embarazada, Yo misma podr&#237;a dar testimonio de eso si recuperase la memoria de los nueve meses que viv&#237; dentro de ella, Es imposible que una criatura que est&#225; en la barriga de la madre pueda saber lo que sucede fuera, respondi&#243; Marcial bostezando, Supongo que ser&#225; as&#237;, pero por lo menos tienes que reconocer que ser&#237;a perfectamente natural que el ni&#241;o conociese &#237;ntimamente lo que va sucediendo en el cuerpo de la madre, el problema, en mi opini&#243;n, est&#225; en la memoria, Si ni siquiera nos acordamos de lo que sufrimos en el tr&#225;nsito del nacimiento, Es ah&#237;, probablemente, donde perdemos la primera de todas las memorias, Est&#225;s fantaseando, dame un beso. Antes de esta delicada conversaci&#243;n y de este beso, Marcial hab&#237;a expresado vehementes votos para que el traslado al Centro se realizase antes del nacimiento, Tendr&#225;s la mejor asistencia m&#233;dica y de enfermer&#237;a que alguna vez pudieras imaginar, no existe nada que se le parezca, ni de lejos ni de cerca, y tanto en medicina como en cirug&#237;a, C&#243;mo sabes todo eso, si nunca has estado en el hospital del Centro, ni probablemente hayas entrado, Conozco a alguien que ha estado internado, un superior m&#237;o que entr&#243; casi muri&#233;ndose y sali&#243; como nuevo, hasta hay gente de fuera que se busca enchufes para que la admitan, pero las normas son inflexibles, Quien te oiga creer&#225; que en el Centro no muere nadie, Se muere, claro, pero la muerte se nota menos, Es una ventaja, no hay duda, Ver&#225;s cuando estemos all&#237;, Ver&#233; qu&#233;, que la muerte se nota menos, eso es lo que quieres decir, No estaba hablando de la muerte, S&#237; que estabas, La muerte no me interesa para nada, estaba hablando de ti y de nuestro hijo, del hospital donde lo vas a tener, Si tu nombramiento no se retrasa demasiado, Si no me ascienden en nueve meses, no me ascender&#225;n nunca, Dame un beso, guarda interno, y vamos a dormir, Toma el beso, pero hay una cuesti&#243;n de la que todav&#237;a necesitamos hablar, Cu&#225;l, Que a partir de hoy trabajar&#225;s menos en la alfarer&#237;a y dentro de dos o tres meses lo dejas definitivamente, Crees que mi padre podr&#225; hacer el trabajo solo, sobre todo si el Centro nos encarga el pedido de las figuras, Se contrata a alguien para que lo ayude, Bien sabes que &#233;sos ser&#237;an pasos perdidos, nadie quiere trabajar en alfarer&#237;as, Tu estado, Mi estado, qu&#233;, mi madre trabaj&#243; siempre mientras estuvo embarazada de m&#237;, C&#243;mo lo sabes, Me acuerdo. Se rieron ambos, despu&#233;s Marta propuso, Por ahora no hablaremos de esto a mi padre, &#233;l se pondr&#237;a content&#237;simo, pero es preferible que no se lo digamos, Por qu&#233;, No s&#233;, andan demasiadas cosas rondando en esa cabeza, La alfarer&#237;a, La alfarer&#237;a es s&#243;lo una de ellas, El Centro, El Centro tambi&#233;n, el encargo que har&#225;n o no har&#225;n, la loza que es necesario retirar, pero hay otras cuestiones, la historia de un c&#225;ntaro al que se le solt&#243; el asa, por ejemplo, ya te lo contar&#233;. Marta fue la primera en dormirse. Marcial ya no estaba tan asustado, m&#225;s o menos sab&#237;a por qu&#233; camino tendr&#237;a que ir despu&#233;s del nacimiento, y cuando, pasada casi media hora, el sue&#241;o le toc&#243; con sus dedos de humo, se dej&#243; llevar ya con el esp&#237;ritu en paz, sin resistencia. Su &#250;ltimo pensamiento consciente fue para preguntarse si Marta le habr&#237;a hablado realmente del asa de un c&#225;ntaro, Qu&#233; disparate, debo de estar so&#241;ando, pens&#243;. Fue el que menos durmi&#243;, pero fue el primero en despertarse. La luz del amanecer se filtraba por los resquicios de las contraventanas. Vas a tener un hijo, se dijo a s&#237; mismo, y repiti&#243;, un hijo, un hijo, un hijo. Luego movido por una curiosidad sin deseo, casi inocente, si es que todav&#237;a hay inocencia en ese lugar del mundo al que llamamos cama, levant&#243; las mantas para mirar el cuerpo de Marta. Estaba vuelta hacia &#233;l, con las rodillas un poco dobladas. La parte inferior del camis&#243;n se le enrollaba en la cintura, la blancura del vientre apenas se distingu&#237;a en la penumbra y desaparec&#237;a completamente en la zona oscura del pubis. Marcial dej&#243; caer las mantas y comprendi&#243; que el momento de las caricias no se hab&#237;a retirado, hab&#237;a permanecido a pie firme en el dormitorio durante toda la noche, y all&#237; continuaba, a la espera. Probablemente tocada por el aire fr&#237;o que se desplaz&#243; con el movimiento de la ropa de cama, Marta suspir&#243; y cambi&#243; de posici&#243;n. Como un p&#225;jaro tanteando suavemente el sitio para su primer nido, la mano izquierda de Marcial, leve, apenas le rozaba el vientre. Marta abri&#243; los ojos y suspir&#243;, despu&#233;s dijo juguetona, Buenos d&#237;as, se&#241;or padre, pero su expresi&#243;n cambi&#243; de repente, acababa de darse cuenta de que no estaban solos en el dormitorio. El momento de las caricias se insinuaba entre ellos, se met&#237;a entre las s&#225;banas, no sab&#237;a decir expl&#237;citamente lo que quer&#237;a, mas le satisficieron la voluntad.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor ya andaba por fuera. Durmi&#243; mal pensando si recibir&#237;a hoy la respuesta del jefe del departamento de compras, y qu&#233; respuesta seria, si positiva, si negativa, si reticente, si dilatoria, pero lo que le hizo perder el sue&#241;o por completo durante algunas horas fue una idea que le brot&#243; en la cabeza en medio de la noche y que, como todas las que nos asaltan en horas muertas de insomnio, crey&#243; que era extraordinaria, magn&#237;fica, y hasta, en el caso que nos ocupa, golpe de un talento negociador que merec&#237;a todos los aplausos. Al despertar de las escasas dos horas de inquieto sue&#241;o que el cuerpo desesperado hab&#237;a podido sustraer a su propia extenuaci&#243;n, percibi&#243; que la idea, finalmente, no val&#237;a nada, que lo m&#225;s prudente ser&#237;a no alimentar ilusiones acerca de la naturaleza y\i 
\i0  del car&#225;cter de quien maneja la vara de mando, y\i 
\i0  que cualquier orden procedente de quien est&#233; investido de una autoridad por encima de lo com&#250;n deber&#225; ser considerada como si del m&#225;s irrefutable dictamen del destino se tratara. En verdad, si la simplicidad es una virtud, ninguna idea podr&#237;a ser m&#225;s virtuosa que &#233;sta, como en seguida se apreciar&#225;, Se&#241;or jefe de departamento, dir&#237;a Cipriano Algor, estuve pensando en lo que me dijo sobre las dos semanas para retirar la loza que le est&#225; ocupando espacio en el almac&#233;n, en aquel momento no reflexion&#233;, probablemente debido a la emoci&#243;n que sent&#237; al comprender que hab&#237;a una leve esperanza de seguir siendo proveedor del Centro, pero despu&#233;s me puse a pensar, a pensar, y vi que no es tan f&#225;cil, que es hasta imposible, satisfacer al mismo tiempo dos obligaciones, es decir, retirar la loza y hacer las figuras, s&#237;, bien s&#233; que todav&#237;a no ha dicho que las encargar&#225; pero, suponiendo que lo haga, se me ocurri&#243;, por mero esp&#237;ritu previsor, proponerle una alternativa que ser&#237;a dejar libre la primera semana para poder avanzar en la fabricaci&#243;n de las figuras, retirar la mitad de la loza en la segunda semana, volver a las figurillas en la tercera y rematar el transporte de la loza en la cuarta, ya lo s&#233;, ya lo s&#233;, no necesita dec&#237;rmelo, no ignoro que hay otra opci&#243;n, esa que ser&#237;a comenzar por la loza en la primera semana, y despu&#233;s ir alternando, siguiendo la secuencia, ora figuras, ora loza, ora figuras, pero creo que en este caso particular se deber&#237;an tener en consideraci&#243;n los factores psicol&#243;gicos, todo el mundo sabe que el estado de esp&#237;ritu del creador no es el mismo que el del destructor, de aquel que destruye, si yo pudiese comenzar por las figurillas, es decir, por la creaci&#243;n, y m&#225;s en la excelente disposici&#243;n de &#225;nimo en que me encuentro, aceptar&#237;a con otro coraje la dura tarea de tener que destruir los frutos de mi propio trabajo, que es no tener a quien venderlos lo mismo que destruirlos, y, peor todav&#237;a, no encontrar a quien los quiera, incluso regalados. Este discurso, que a las tres de la madrugada le parec&#237;a a su autor que conten&#237;a una l&#243;gica irresistible, se torn&#243; absurdo con el primer rayo de la ma&#241;ana, y definitivamente rid&#237;culo bajo la denunciadora luz del sol. En fin, que lo que tenga que ser, ser&#225;, dijo el alfarero al perro Encontrado, el diablo no acecha siempre tras la puerta. A causa de la manifiesta diferencia de conceptos y de la distinta naturaleza de los vocabularios de uno y otro, no pod&#237;a Encontrado aspirar siquiera a una mera comprensi&#243;n preliminar de lo que el due&#241;o pretend&#237;a comunicarle, y en cierto modo menos mal que as&#237; era, porque, condici&#243;n indispensable para pasar al siguiente grado de entendimiento, tendr&#237;a que ser preguntarle qu&#233; era eso del diablo, figura, entidad o personaje, como se supone, ausente del mundo espiritual canino desde el principio de los tiempos, y ya se est&#225; viendo que, haci&#233;ndose una pregunta de &#233;stas nada m&#225;s comenzar, la discusi&#243;n no tendr&#237;a fin. Con la aparici&#243;n de Marta y de Marcial, ins&#243;litamente risue&#241;os, como si esta vez la noche los hubiera premiado con algo m&#225;s que el acostumbrado desahogo de los deseos acumulados durante los diez d&#237;as de separaci&#243;n, Cipriano Algor despidi&#243; los &#250;ltimos restos de mal humor, y, acto seguido, por m&#233;rito de recorridos mentales f&#225;cilmente delineables para quien conociese la premisa y la conclusi&#243;n, se encontr&#243; pensando en Isaura Estudiosa, en ella en persona, pero tambi&#233;n en el nombre que usa, que no se entiende por qu&#233; tendremos que seguir llam&#225;ndola Estudiosa, si ese Estudioso le vino del marido, y &#233;l est&#225; muerto. En la primera ocasi&#243;n, pens&#243; el alfarero, no me olvidar&#233; de preguntarle cu&#225;l es su apellido, el suyo propio, el de origen, el de familia. Absorto en la grave decisi&#243;n que acababa de tomar, diligencia de las m&#225;s temerarias en el territorio reservado del nombre, de hecho no es la primera vez que una historia de amor, por ejemplo, por hablar s&#243;lo de &#233;stas, comienza por la fatal pregunta, Cu&#225;l es su nombre, pregunt&#243; ella, Cipriano Algor no repar&#243; en seguida en que Marcial y el perro estaban confraternizando y jugando como viejos amigos que no se ve&#237;an desde hac&#237;a mucho tiempo, Era el uniforme, dec&#237;a el yerno, y Marta repet&#237;a, Era el uniforme. El alfarero los mir&#243; con extra&#241;eza, como si todas las cosas del mundo hubiesen cambiado de repente de sentido, tal vez ser&#237;a por haber pensado en la vecina Isaura m&#225;s por el nombre que ten&#237;a que por la mujer que era, realmente no es com&#250;n, incluso en pensamientos distra&#237;dos, cambiar una cosa por otra, salvo si se trata de una consecuencia de haber vivido mucho, a lo mejor hay cosas que s&#243;lo comenzamos a entender cuando llegamos all&#225;, Llegamos all&#225;, adonde, A la edad. Cipriano Algor se alej&#243; en direcci&#243;n al horno, iba murmurando una cantinela sin significado, Marta, Marcial, Isaura, Encontrado, despu&#233;s en orden diferente, Marcial, Isaura, Encontrado, Marta, y todav&#237;a otro, Isaura, Marta, Encontrado, Marcial, y otro, Encontrado, Marcial, Marta, Isaura, finalmente les uni&#243; su propio nombre, Cipriano, Cipriano, Cipriano, lo repiti&#243; hasta perder la cuenta de las veces, hasta sentir que un v&#233;rtigo lo lanzaba fuera de s&#237; mismo, hasta dejar de comprender el sentido de lo que estaba diciendo, entonces pronunci&#243; la palabra horno, la palabra alpendre, la palabra barro, la palabra moral, la palabra era, la palabra farol, la palabra tierra, la palabra lefia, la palabra puerta, la palabra cama, la palabra cementerio, la palabra asa, la palabra c&#225;ntaro, la palabra furgoneta, la palabra agua, la palabra alfarer&#237;a, la palabra hierba, la palabra casa, la palabra fuego, la palabra perro, la palabra mujer, la palabra hombre, la palabra, la palabra, y todas las cosas de este mundo, las nombradas y las no nombradas, las conocidas y las secretas, las visibles y las invisibles, como una bandada de aves que se cansase de volar y bajara de las nubes fueron pos&#225;ndose poco a poco en sus lugares, llenando las ausencias y reordenando los sentidos. Cipriano Algor se sent&#243; en un viejo banco de piedra que el abuelo mand&#243; colocar al lado del horno, apoy&#243; los codos en las rodillas, la cara entre las manos juntas y abiertas, no miraba la casa ni la alfarer&#237;a, ni los campos que se extend&#237;an m&#225;s all&#225; de la carretera, ni los tejados de la aldea a su derecha, miraba s&#243;lo el suelo sembrado de min&#250;sculos fragmentos de barro cocido, la tierra blancuzca y granulosa que aparec&#237;a por debajo, una hormiga extraviada que ergu&#237;a entre las mand&#237;bulas potentes una argaya de dos veces su tama&#241;o, el recorte de una piedra por donde la fina cabeza de una lagartija espiaba, para luego desaparecer. No ten&#237;a pensamientos ni sensaciones, era s&#243;lo el mayor de aquellos pedacitos de barro, un terr&#243;n seco que una leve presi&#243;n de dedos bastar&#237;a para desmoronar, una argaya que se solt&#243; de la espiga y era transportada por el azar de una hormiga, una piedra donde de vez en cuando se refugiaba un ser vivo, un escarabajo, o una lagartija, o una ilusi&#243;n. Encontrado pareci&#243; surgir de la nada, no estaba all&#237; y de repente pas&#243; a estar, puso bruscamente las patas sobre las rodillas del due&#241;o, descomponi&#233;ndole la postura de contemplador de las vanidades del mundo que pierde su tiempo, o cree ganarlo, haci&#233;ndole preguntas a las hormigas, a los escarabajos y a las lagartijas. Cipriano Algor le pas&#243; la mano por la cabeza y le hizo otra pregunta, Qu&#233; quieres, pero Encontrado no respondi&#243;, s&#243;lo jadeaba y abr&#237;a la boca, como si sonriese ante la inanidad de la cuesti&#243;n. Fue en ese momento cuando se oy&#243; la voz de Marcial, llamando, Padre, venga, el desayuno est&#225; listo. Era la primera vez que el yerno hac&#237;a tal cosa, algo anormal deb&#237;a de estar sucediendo en la casa y en la vida de esos dos, y &#233;l no consegu&#237;a entender qu&#233; ser&#237;a, imagin&#243; a la hija diciendo, Ll&#225;malo t&#250;, o incluso, suceso todav&#237;a m&#225;s extraordinario, Marcial anticip&#225;ndose, Yo lo llamo, alguna explicaci&#243;n tendr&#225; que haber para esto. Se levant&#243; del banco, hizo otra caricia en la cabeza del perro, y se pusieron en marcha. No repar&#243; Cipriano Algor en que la hormiga nunca m&#225;s volver&#225; a pisar el camino de vuelta al hormiguero, todav&#237;a conserva la argaya violentamente apretada entre las mand&#237;bulas, pero la jornada se le acab&#243; all&#237;, la culpa la tuvo el zangolotino de Encontrado, que no ve d&#243;nde pone los pies.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Mientras desayunaban, Marcial, como si estuviese respondiendo a una pregunta, inform&#243; de que hab&#237;a telefoneado a los padres para decirles que un trabajo urgente le impedir&#237;a almorzar con ellos, Marta, a su vez, opin&#243; que el transporte de loza no deber&#237;a empezar hoy, As&#237; pasar&#237;amos el d&#237;a juntos, es de suponer que teniendo dos semanas la diferencia de un d&#237;a no ser&#225; tan grave, Cipriano Algor observ&#243; que tambi&#233;n lo hab&#237;a pensado, sobre todo debido al jefe del departamento, que podr&#237;a telefonear a cualquier hora, Y es necesario que est&#233; aqu&#237; para atenderlo. Marta y Marcial se cruzaron una mirada de duda, y &#233;l dijo con cautela, Si yo me encontrase en su lugar y sabiendo c&#243;mo funciona el Centro, no estar&#237;a tan confiado, Acu&#233;rdate de que fue &#233;l mismo quien admiti&#243; la posibilidad de darme la respuesta hoy, Aun as&#237;, pod&#237;an haber sido s&#243;lo palabras dichas con la boca peque&#241;a, de esas a las que no se da mucha importancia, No se trata de estar confiado o no, cuando el poder de decidir est&#225; en las manos de otras personas, cuando moverlas en un sentido o en otro no depende de nosotros, lo &#250;nico que resta es aguantar. No tuvieron que esperar mucho tiempo, el tel&#233;fono son&#243; cuando Marta quitaba la mesa. Cipriano Algor se precipit&#243;, tom&#243; el auricular con una mano que temblaba, dijo, Alfarer&#237;a Algor, al otro lado alguien, secretaria o telefonista, pregunt&#243;, Es el se&#241;or Cipriano Algor, El mismo, Un momento, le paso al se&#241;or jefe de departamento, durante un arrastrad&#237;simo minuto el alfarero tuvo que escuchar la m&#250;sica de violines con que se rellenan, con man&#237;aca insistencia, estas esperas, iba mirando a la hija, pero era como si no la viese, al yerno, pero era como si no estuviese all&#237;, de s&#250;bito la m&#250;sica ces&#243;, la comunicaci&#243;n se hab&#237;a realizado, Buenos d&#237;as, se&#241;or Algor, dijo el jefe del departamento de compras, Buenos d&#237;as, se&#241;or, ahora mismo le estaba diciendo a mi hija, y a mi yerno, es su d&#237;a libre, que, habi&#233;ndolo prometido, usted no dejar&#237;a de telefonear hoy, De las promesas cumplidas conviene hablar mucho para hacer olvidar las veces que no se cumplieron, S&#237; se&#241;or, Estuve estudiando su propuesta, consider&#233; los diversos factores, tanto los positivos como los negativos, Perdone que le interrumpa, creo haber o&#237;do hablar de factores negativos, No negativos en el sentido riguroso del t&#233;rmino, mejor dir&#233; factores que, siendo en principio neutros, podr&#225;n llegar a ejercer una influencia negativa, Tengo cierta dificultad en entender, si no le importa que se lo diga, Me estoy refiriendo al hecho de que su alfarer&#237;a no tiene ninguna experiencia conocida en la elaboraci&#243;n de los productos que propone, Es verdad, se&#241;or, pero tanto mi hija como yo sabemos modelar y, puedo decirle sin vanidad, modelamos bien, y si es cierto que nunca nos dedicamos industrialmente a ese trabajo, ha sido porque la alfarer&#237;a se orient&#243; a la fabricaci&#243;n de loza desde el principio, Comprendo, pero en estas condiciones no era f&#225;cil defender la propuesta, Quiere decir, si me autoriza la pregunta y la interpretaci&#243;n, que la defendi&#243;, La defend&#237;, s&#237;, Y la decisi&#243;n, La decisi&#243;n tomada fue positiva para una primera fase, Ah, muchas gracias, se&#241;or, pero tengo que pedirle que me explique eso de la primera fase, Significa que vamos a hacerle un encargo experimental de doscientas figuras de cada modelo y que la posibilidad de nuevos encargos depender&#225; obviamente de la manera en que los clientes reciban el producto, No s&#233; c&#243;mo se lo podr&#233; agradecer, Para el Centro, se&#241;or Algor, el mejor agradecimiento est&#225; en la satisfacci&#243;n de nuestros clientes, si ellos est&#225;n satisfechos, es decir, si compran y siguen comprando, nosotros tambi&#233;n lo estaremos, vea lo que sucedi&#243; con su loza, se dejaron de interesar por ella, y, como el producto, al contrario de lo que ha sucedido en otras ocasiones, no merec&#237;a el trabajo ni la inversi&#243;n de convencerlos de que estaban errados, dimos por terminada nuestra relaci&#243;n comercial, es muy simple, como ve, S&#237; se&#241;or, es muy simple, ojal&#225; estas figurillas de ahora no tengan la misma suerte, La tendr&#225;n m&#225;s tarde o m&#225;s pronto, como todo en la vida, lo que ha dejado de tener uso se tira, Incluyendo a las personas, Exactamente, incluyendo a las personas, a m&#237; tambi&#233;n me tirar&#225;n cuando ya no sirva, Usted es un jefe, Soy un jefe, claro, pero s&#243;lo para quienes est&#225;n por debajo de m&#237;, por encima hay otros jueces, El Centro no es un tribunal, Se equivoca, es un tribunal, y no conozco otro m&#225;s implacable, Verdaderamente, se&#241;or, no s&#233; por qu&#233; gasta su precioso tiempo hablando de estos asuntos con un alfarero sin importancia, Le observo que est&#225; repitiendo palabras que oy&#243; de m&#237; ayer, Creo recordar que s&#237;, m&#225;s o menos, La raz&#243;n es que hay cosas que s&#243;lo pueden ser dichas hacia abajo, Y yo estoy abajo, No he sido yo quien lo ha puesto, pero est&#225;, Por lo menos todav&#237;a tengo esa utilidad, pero si su carrera progresa, como sin duda suceder&#225;, muchos m&#225;s quedar&#225;n debajo de usted, Si tal ocurre, se&#241;or Cipriano Algor, para m&#237; se volver&#225; invisible, Como dijo usted hace poco, as&#237; es la vida, As&#237; es la vida, pero por ahora todav&#237;a soy yo quien firmar&#225; el encargo, Se&#241;or, tengo una cuesti&#243;n que someter a su criterio, Qu&#233; cuesti&#243;n es &#233;sa, Me refiero a la retirada de la loza, Eso ya est&#225; decidido, le he dado un plazo de quince d&#237;as, Es que se me ha ocurrido una idea, Qu&#233; idea, Como nuestro inter&#233;s, el nuestro y el del Centro, est&#225; en despachar el encargo lo m&#225;s r&#225;pidamente posible, ayudar&#237;a mucho que pudi&#233;semos alternar, Alternar, Quiero decir, una semana para sacar de ah&#237; la loza, otra para trabajar en las estatuillas, y as&#237; sucesivamente, Pero eso significar&#237;a que tardar&#237;a un mes en limpiarme el almac&#233;n, en vez de quince d&#237;as, S&#237;, sin embargo, ganar&#237;amos tiempo para ir adelantando el trabajo, Dijo una semana loza, otra semana estatuillas, S&#237; se&#241;or, Hag&#225;moslo entonces de otra manera, la primera semana ser&#225; para las figuras, la siguiente para la loza, en el fondo es una cuesti&#243;n de psicolog&#237;a aplicada, construir siempre es m&#225;s estimulante que destruir, No me atrev&#237;a a pedirle tanto, se&#241;or, es mucha bondad la suya, Yo no soy bueno, soy pr&#225;ctico, cort&#243; el jefe de compras, Tal vez la bondad tambi&#233;n sea una cuesti&#243;n pr&#225;ctica, murmur&#243; Cipriano Algor, Repita, no he entendido bien lo que ha dicho, No haga caso, se&#241;or, no era importante, Sea como sea, repita, Dije que tal vez la bondad sea tambi&#233;n una cuesti&#243;n pr&#225;ctica, Es una opini&#243;n de alfarero, S&#237; se&#241;or, pero no todos los alfareros la tendr&#237;an, Los alfareros se est&#225;n acabando, se&#241;or Algor, Opiniones de &#233;stas, tambi&#233;n. El jefe del departamento no respondi&#243; en seguida, estar&#237;a pensando si valdr&#237;a la pena seguir divirti&#233;ndose con esta especie de juego del gato y el rat&#243;n, pero su posici&#243;n en el mapa org&#225;nico del Centro le record&#243; que las configuraciones jer&#225;rquicas se definen y se mantienen por y para ser escrupulosamente respetadas, y nunca excedidas o pervertidas, sin olvidar que tratar a los inferiores o subalternos con excesiva confianza siempre va minando el respeto y acaba en licencias, o, queriendo usar palabras m&#225;s expl&#237;citas, sin ambig&#252;edad, insubordinaci&#243;n, indisciplina y anarqu&#237;a. Marta, que desde hace algunos momentos porfiaba en atraer la atenci&#243;n del padre sin conseguirlo, tan absorto estaba en la disputa verbal, garabate&#243; velozmente en un papel dos preguntas en grandes letras y ahora se las pon&#237;a delante de la nariz, Cu&#225;les, Cu&#225;ntas. Al leerlas, Cipriano Algor se llev&#243; la mano desocupada a la cabeza, su distracci&#243;n no ten&#237;a disculpa, mucho hablar por hablar, mucho argumentar y contraargumentar, y de lo que realmente le interesaba saber s&#243;lo conoc&#237;a una parte, y eso porque el jefe del departamento lo hab&#237;a dicho, a saber, que ser&#237;an doscientas figuras de cada modelo las encargadas. El silencio no dur&#243; tanto cuanto probablemente estar&#225; pareciendo, pero hay que volver a recordar que en un instante de silencio, incluso m&#225;s breve que &#233;ste, pueden ocurrir muchas cosas, y cuando, como en el caso presente, es necesario enumerarlas, describirlas, explicarlas para que se llegue a comprender algo que valga la pena del sentido que tengan cada una por s&#237; y todas juntas, en seguida aparecer&#225; alguien esgrimiendo que es imposible, que no cabe el mundo por el ojo de una aguja, cuando lo cierto es que cupo el universo, y mucho m&#225;s cabr&#237;a, por ejemplo, dos universos. Pero, usando un tono circunspecto, para que el despertar del drag&#243;n durmiente no sea demasiado brusco, es ya tiempo de que Cipriano Algor murmure, Se&#241;or, tiempo tambi&#233;n de que el jefe del departamento de compras ponga punto final y remate una conversaci&#243;n de la que ma&#241;ana, por las razones arriba expuestas, tal vez venga a arrepentirse y quiera dar por no sucedida, Bueno, estamos de acuerdo, pueden comenzar el trabajo, la hoja de pedido sale hoy mismo, y, finalmente, tiempo de que Cipriano Algor diga que falta por resolver todav&#237;a un pormenor, Y qu&#233; pormenor es &#233;se, Cu&#225;les, se&#241;or, Cu&#225;les, qu&#233;, habl&#243; de un pormenor, no de varios, Cu&#225;les de las seis figuras va a encargar, es eso lo que me falta saber, Todas, respondi&#243; el jefe de compras, Todas, repiti&#243; estupefacto Cipriano Algor, pero el otro ya no lo o&#237;a, hab&#237;a colgado. Aturdido, el alfarero mir&#243; a la hija, despu&#233;s al yerno, Nunca esper&#233;, he o&#237;do lo que he o&#237;do y no lo creo, dice que va a encargar doscientas de todas, De las seis, pregunt&#243; Marta, Creo que s&#237;, fue eso lo que dijo, todas. Marta corri&#243; hacia el padre y lo abraz&#243; con fuerza, sin una palabra. Marcial tambi&#233;n se aproxim&#243; al suegro, Las cosas, a veces, van mal, pero despu&#233;s llega un d&#237;a que s&#243;lo trae noticias buenas. Si estuviese Cipriano Algor apenas un pel&#237;n m&#225;s interesado en lo que se dec&#237;a, si no lo distrajese la alegr&#237;a del trabajo ahora garantizado, ciertamente no dejar&#237;a de querer saber de qu&#233; otra u otras buenas noticias hab&#237;a sido este d&#237;a portador. Por otra parte, el pacto de silencio hace pocas horas acordado entre los prometidos padres casi se rompe all&#237;, de eso se dio cuenta Marta al mover los labios como para decir, Padre, me parece que estoy embarazada, sin embargo consigui&#243; retener las palabras. No lo percibieron Marcial, firme en el compromiso asumido, ni Cipriano, inocente de cualquier sospecha. Es verdad que una tal revelaci&#243;n s&#243;lo podr&#237;a ser obra de quien, adem&#225;s de saber leer los labios, habilidad relativamente com&#250;n, fuese tambi&#233;n capaz de prever lo que ellos van a pronunciar cuando la boca apenas comienza a entreabrirse. Tan raro es este m&#225;gico don como aquel otro, en otro lugar hablado, de ver el interior de los cuerpos a trav&#233;s del saco de piel que los envuelve. Pese a la seductora profundidad de ambos temas, propicia a las m&#225;s suculentas reflexiones, tenemos que abandonarlos inmediatamente para prestar atenci&#243;n a lo que Marta acaba de decir, Padre, haga las cuentas, seis veces doscientos son mil doscientos, vamos a tener que entregar mil doscientas figuras, es mucho trabajo para dos personas y poqu&#237;simo tiempo para hacerlo. Lo exagerado del n&#250;mero empalideci&#243; la otra buena noticia del d&#237;a, la probabilidad de un hijo de Marcial y Marta, tenida por cierta, perdi&#243; de s&#250;bito fuerza, volvi&#243; a ser la simple posibilidad de todos los d&#237;as, el efecto ocasional o intencionado de haberse reunido sexualmente, por v&#237;as que llamamos naturales y sin tomar precauciones, un hombre y una mujer. Dijo el guarda interno Marcial Gacho, medio serio medio jocoso, Presiento que a partir de ahora desaparecer&#233; del paisaje, espero que al menos no se olviden de que existo, Nunca exististe tanto, respondi&#243; Marta, y Cipriano Algor dej&#243; durante un momento de pensar en los mil doscientos mu&#241;ecos para preguntarse a s&#237; mismo qu&#233; estar&#237;a queriendo ella decir.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 As&#237; que los que viven en el Centro tambi&#233;n mueren, dijo Cipriano Algor al entrar en casa con el perro detr&#225;s despu&#233;s de haber llevado al yerno a sus obligaciones, Supongo que nadie se habr&#225; imaginado alguna vez lo contrario, respondi&#243; Marta, todos sabemos que tienen dentro su propio cementerio, El cementerio no se ve desde la calle, pero el humo, s&#237;, Qu&#233; humo, El del crematorio, En el Centro no hay crematorio, No hab&#237;a, pero ahora hay, Qui&#233;n lo ha dicho, Tu Marcial, cuando entramos en la avenida vi humo saliendo del tejado, era algo de lo que se ven&#237;a hablando, y se ha cumplido, Marcial me dijo que empezaban a tener problemas de espacio, Lo que me extra&#241;a es el humo, casi apostar&#237;a a que la tecnolog&#237;a actual ya lo hab&#237;a eliminado, Estar&#237;an haciendo experimentos, quemando otras cosas, tal vez cachivaches pasados de moda, como nuestros platos, Deje de pensar en los platos, tenemos mucho trabajo a la espera, He venido lo m&#225;s deprisa posible, s&#243;lo fue dejar a Marcial en la puerta y volver, respondi&#243; Cipriano Algor. Omit&#237;a el peque&#241;o desv&#237;o que le hab&#237;a permitido pasar por delante de la casa de Isaura Estudiosa y no se percataba de que sus palabras sonaban a justificaci&#243;n improvisada, o quiz&#225; sabiendo que lo eran, no consegu&#237;a evitarlo. Es cierto que le falt&#243; coraje para detener la furgoneta y llamar a la puerta de la viuda de Joaqu&#237;n Estudioso, pero &#233;sa no fue la &#250;nica raz&#243;n por la que, usando una expresi&#243;n fuerte, se acobard&#243;, lo que temi&#243; sobre todo fue el rid&#237;culo de encontrarse delante de la mujer sin saber qu&#233; decirle y, como tabla de salvaci&#243;n, acabar pregunt&#225;ndole por el c&#225;ntaro. Una importante duda quedar&#225; sin aclaraci&#243;n para siempre jam&#225;s, esto es, si Cipriano Algor, en el caso de haber podido hablar aunque fuera dos minutos con Isaura Estudiosa, hubiera entrado en casa hablando de muertos, humos y crematorios, o si, al contrario, el placer de una amena conversaci&#243;n entre puertas habr&#237;a hecho acudir a su esp&#237;ritu alg&#250;n tema m&#225;s apacible, como el regreso de las golondrinas o la abundancia de flores que ya se observa en los campos. Marta dispuso sobre la mesa de la cocina los seis dise&#241;os de la &#250;ltima fase preparatoria, por orden de elecci&#243;n, el buf&#243;n, el payaso, la enfermera, el esquimal, el mandar&#237;n, el asirio de barbas, iguales en todo a aquellos que fueron conducidos al tribunal del jefe del departamento, una u otra diferencia de pormenor, liger&#237;simas, no bastan para considerarlos versiones diferentes de las mismas propuestas. Marta empuj&#243; una silla para que el padre se sentase, pero &#233;l se qued&#243; de pie. Apoyaba las manos en la tabla de la mesa, miraba las figuras una tras otra, finalmente dijo, Es una pena que no tengamos tambi&#233;n la visi&#243;n de perfil, Para qu&#233;, Nos dar&#237;a una noci&#243;n m&#225;s precisa de c&#243;mo los debemos fabricar, Mi idea, recuerde, fue modelarlos desnudos y despu&#233;s vestirlos, No creo que sea una buena soluci&#243;n, Por qu&#233;, Est&#225;s olvidando que son mil doscientos, S&#237;, lo s&#233;, son mil doscientos, Modelar mil doscientas estatuillas desnudas y luego vestirlas una por una ser&#237;a hacer y volver a hacer, significar&#237;a el doble de trabajo, Tiene raz&#243;n, fui una est&#250;pida por no haberlo pensado, Si vamos a eso, fui tan est&#250;pido como t&#250;, cre&#237;amos que el Centro no escoger&#237;a m&#225;s que tres o cuatro figuras, y ni se nos pas&#243; por la cabeza que el primer encargo fuese tan abultado, Por tanto, s&#243;lo tenemos una manera, dijo Marta, Exactamente, Modelar los seis mu&#241;ecos que servir&#225;n para los moldes, cocerlos, hacer las cajas, decidir si vamos a trabajar con barbotina de relleno o con lecho de barro, Para la barbotina no me creo que tengamos experiencia suficiente, saber te&#243;ricamente c&#243;mo se hace no basta, aqu&#237; siempre trabajamos a dedo, dijo Cipriano Algor, Sea entonces a dedo, En cuanto a las cajas, se encargan a un carpintero, Hay que dibujar los perfiles, dijo Marta, y tambi&#233;n los dorsos, claro est&#225;, Vas a tener que inventar, No ser&#225; complicado, bastar&#225;n algunas l&#237;neas simples que gu&#237;en lo esencial del modelado. Eran dos generales pac&#237;ficos estudiando el mapa de operaciones, elaborando la estrategia y la t&#225;ctica, calculando los costos, evaluando los sacrificios. Los enemigos que abatir son estos seis mu&#241;ecos, medio serios medio grotescos, hechos de papel pintado, habr&#225; que forzarlos a la rendici&#243;n por las armas del barro y del agua, de la madera y del yeso, de las pinturas y del fuego, y tambi&#233;n por el mimo incansable de las manos, que no s&#243;lo para amar se necesitan ellas y &#233;l. Entonces Cipriano Algor dijo, Hay una cosa a la que tendremos que prestar atenci&#243;n, que el molde tenga s&#243;lo dos t&#225;celes, uno m&#225;s nos complicar&#237;a el trabajo, Creo que dos ser&#225;n suficientes, estas figurillas son simples, frente y espalda, y ya est&#225;, no quiero ni imaginar las dificultades si tuvi&#233;ramos que atrevernos con el alabardero o el maestro de esgrima, con el labrador o el flautista, o el lancero a caballo, o el mosquetero con sombrero de plumas, dijo Marta, O el esqueleto con alas y guada&#241;a, o la sant&#237;sima trinidad, dijo Cipriano Algor, Ten&#237;a alas, A cu&#225;l de los dos te refieres, Al esqueleto, Ten&#237;a, aunque no comprendo por qu&#233; diablo la representan alada si est&#225; en todas partes, incluso en el Centro, como esta ma&#241;ana se ha visto, Supongo que es de su tiempo, se&#241;al&#243; Marta, el dicho de que quien habla de barcos quiere embarcar, &#201;se no es de mi tiempo, es del tiempo de tu bisabuelo, que nunca vio el mar, si el nieto habla tanto de barco es para no olvidarse de que no quiere viajar en &#233;l, Tregua, se&#241;or padre, No veo la bandera blanca, Aqu&#237; la tiene, dijo Marta y le dio un beso. Cipriano Algor reuni&#243; los dise&#241;os, el plan de batalla estaba trazado, no faltaba nada m&#225;s que tocar el cornet&#237;n y dar la orden de asalto, Adelante, manos a la obra, pero en el &#250;ltimo instante vio que le faltaba un clavo a la herradura de un caballo del estado mayor, bien pudiera suceder que la suerte de la guerra acabe dependiendo de ese caballo, de esa herradura y de ese clavo, es sabido que un caballo cojo no lleva recados, o, si los lleva, se arriesga a dejarlos por el camino. Todav&#237;a hay otra cuesti&#243;n, y espero que sea la &#250;ltima, dijo Cipriano Algor, Qu&#233; se le ha ocurrido ahora, Los moldes, Ya hablamos de los moldes, Hablamos de las madres de los moldes, s&#243;lo de las madres, y &#233;sas son para guardar, de lo que se trata es de los moldes de uso, no se puede pensar en moldear doscientos mu&#241;ecos con un solo molde, no aguantar&#237;a mucho tiempo, comenzar&#237;amos con un payaso sin barba y acabar&#237;amos con una enfermera barbuda. Marta desvi&#243; los ojos al o&#237;r las primeras palabras, sent&#237;a que la sangre le estaba subiendo a la cara y que nada pod&#237;a hacer para obligarla a regresar a la espesura protectora de las venas y de las arterias, ah&#237; donde la verg&#252;enza y el pudor se disfrazan de naturalidad y ligereza, la culpa la ten&#237;a aquella palabra, madre, y las otras que de ella nacen, maternidad, materno, maternal, la culpa la ten&#237;a su silencio, Por ahora no le hablaremos de esto a mi padre, dijera, y ahora no pod&#237;a quedarse callada, es cierto que un atraso de dos d&#237;as, o tres, contando con &#233;ste, no es nada para la mayor&#237;a de las mujeres, pero ella siempre hab&#237;a sido exacta, matem&#225;tica, regular&#237;sima, un p&#233;ndulo biol&#243;gico, por as&#237; decirlo, si albergase la m&#225;s m&#237;nima duda en su esp&#237;ritu no se lo habr&#237;a comunicado en seguida a Marcial, y ahora qu&#233; hacer, el padre est&#225; a la espera de una respuesta, el padre la est&#225; mirando con aire de extra&#241;eza, ni siquiera hab&#237;a sonre&#237;do a su chiste sobre la enfermera barbuda, simplemente no lo oy&#243;, Por qu&#233; te sonrojas, imposible responderle que no es verdad, que no est&#225; sonroj&#225;ndose, dentro de poco, s&#237;, podr&#237;a decirlo, porque de s&#250;bito empalidecer&#225;, contra esta sangre delatora y sus maneras opuestas de acusar no hay otro amparo que una confesi&#243;n completa, Padre, creo que estoy embarazada, dijo, y baj&#243; los ojos. Las cejas de Cipriano Algor se irguieron de golpe, la expresi&#243;n del rostro pas&#243; de la extra&#241;eza a una perplejidad sorprendida, a la confusi&#243;n, luego pareci&#243; que buscaba las palabras m&#225;s adecuadas a la circunstancia, pero s&#243;lo encontr&#243; &#233;stas, Por qu&#233; me lo dices ahora, por qu&#233; me lo dices as&#237;, claro que ella no va a responder Me he acordado de pronto, para fingimientos ya basta, Porque ha dicho la palabra madre, He dicho esa palabra, S&#237;, hablando de los moldes, Es verdad, tienes raz&#243;n. El di&#225;logo se deslizaba r&#225;pidamente hacia el absurdo, hacia lo c&#243;mico, Marta sent&#237;a unas ganas locas de re&#237;r, pero de repente se le saltaron las l&#225;grimas, los colores le volvieron al rostro, no es inusual que dos temblores tan opuestos, tan contradictorios como &#233;stos, tengan modos parecidos de manifestarse, Creo que s&#237;, padre, creo que estoy embarazada, Todav&#237;a no tienes la certeza, S&#237;, tengo la certeza, Por qu&#233; dices entonces que crees, Qu&#233; s&#233; yo, perturbaci&#243;n, nerviosismo, es la primera vez que me sucede, Marcial ya lo sabe, Se lo dije cuando lleg&#243;, Por eso estabais tan diferentes de lo habitual ayer por la ma&#241;ana, Qu&#233; ocurrencia, eso fue una impresi&#243;n suya, est&#225;bamos como siempre, Si te figuras que tu madre y yo nos quedamos como siempre en tu primer d&#237;a, Claro que no, perdone. La interrogaci&#243;n que Marta ve&#237;a aproximarse desde el principio de la conversaci&#243;n acab&#243; llegando, Y por qu&#233; no me lo hab&#237;as dicho antes, Preocupaciones, padre, ya tiene, y de sobra, Me ves con cara de preocupado ahora que ya lo s&#233;, pregunt&#243; Cipriano Algor, Tampoco parece muy contento, observ&#243; Marta, intentando desviar el curso de la fatalidad, Estoy contento por dentro, muy contento incluso, pero seguro que no esperas que me ponga a bailar, no es mi estilo, Le he hecho da&#241;o, Me has hecho da&#241;o, s&#237;, pero si no hubiese usado la palabra madre, cu&#225;nto tiempo seguir&#237;a ignorando que mi hija est&#225; embarazada, durante cu&#225;nto tiempo te mirar&#237;a sin saber que, Padre, por favor, Probablemente hasta que se te notase, hasta que comenzases a tener n&#225;useas, entonces ser&#237;a yo quien te preguntar&#237;a si est&#225;s-enfer-ma-andas-con-la-barriga-hinchada, y t&#250; responder&#237;as qu&#233;-disparate-padre-estoy-embarazada-no-se-lo- hab&#237;a-dicho-porque-se-me-olvid&#243;, Padre, por favor, repiti&#243; Marta ya llorando, hoy no deber&#237;a ser un d&#237;a de l&#225;grimas, Tienes raz&#243;n, estoy siendo ego&#237;sta, No es eso, Estoy siendo ego&#237;sta, pero por mucho que me esfuerce no consigo entender por qu&#233; no me lo dijiste, hablaste de preocupaciones, mis preocupaciones son igualitas que las tuyas, la loza, las figurillas, el futuro, quien comparte una cosa tambi&#233;n comparte la otra. Marta se pas&#243; r&#225;pidamente los dedos por las mejillas mojadas, Hab&#237;a una raz&#243;n, dijo, pero fue una ni&#241;er&#237;a m&#237;a, imaginar sentimientos que lo m&#225;s probable es que no existan, y si existen no tengo que meterme donde no soy llamada, Qu&#233; historia es &#233;sa, qu&#233; quieres decir, pregunt&#243; Cipriano Algor, pero el tono de su voz se hab&#237;a alterado, la alusi&#243;n a unos indefinidos sentimientos de cuya existencia ora se duda, ora se cree, lo perturbaba, Hablo de Isaura Estudiosa, avanz&#243; Marta como si estuviese empuj&#225;ndose a s&#237; misma a un ba&#241;o de agua fr&#237;a, Qu&#233;, exclam&#243; el padre, Pens&#233; que si est&#225; interesado en ella, como a veces me parece, llegar dici&#233;ndole que est&#225; esperando un nieto podr&#237;a, comprendo que es un escr&#250;pulo absurdo, pero no pude evitarlo, Podr&#237;a, qu&#233;, No s&#233;, hacerle caer en la cuenta, quiz&#225; hacerle notar que, Que es imb&#233;cil y rid&#237;culo, Esas palabras son suyas, no m&#237;as, Dicho con otros t&#233;rminos, el vejestorio viudo que andaba por ah&#237; exhibi&#233;ndose, ech&#225;ndole miradas tiernas a una mujer viuda como &#233;l, pero de las j&#243;venes, y de pronto aparece la hija del vejestorio d&#225;ndole la noticia de que va a ser abuelo, que es como quien dice acaba con eso, tu tiempo ya no da para m&#225;s, lim&#237;tate a pasear al nietito y a alzar las manos al cielo por haber vivido tanto, Oh, padre, Ser&#225; muy dif&#237;cil que me convenzas de que no hab&#237;a algo parecido a esto tras la decisi&#243;n de callarte lo que me deber&#237;as haber contado en seguida, Por lo menos, no tuve mala intenci&#243;n, S&#243;lo faltaba que la tuvieses, Le pido perd&#243;n, murmur&#243; Marta hundida, y el llanto regres&#243; irreprimible. El padre le pas&#243; despacio las manos por el pelo, dijo, D&#233;jalo, el tiempo es un maestro de ceremonias que siempre acaba poni&#233;ndonos en el lugar que nos compete, vamos avanzando, parando y retrocediendo seg&#250;n sus &#243;rdenes, nuestro error es imaginar que podemos buscarle las vueltas. Marta tom&#243; la mano que se retiraba, la bes&#243;, apret&#225;ndola con fuerza contra los labios, Disculpe, disculpe, repet&#237;a, Cipriano Algor quiso consolarla, pero las palabras que le salieron, D&#233;jalo, en el fondo nada tiene importancia, no fueron seguramente las m&#225;s adecuadas para su prop&#243;sito. Sali&#243; a la explanada confundido por el inevitable pensamiento de que hab&#237;a sido injusto con la hija, y, m&#225;s todav&#237;a, consciente de que acababa de decir de s&#237; mismo s&#243;lo lo que hasta hoy se hab&#237;a negado a admitir, que su tiempo de hombre llegaba a su fin, que durante estos d&#237;as la mujer llamada Isaura Estudiosa no hab&#237;a sido sino una fantas&#237;a de su cabeza, un enga&#241;o voluntariamente aceptado, una &#250;ltima invenci&#243;n del esp&#237;ritu para consuelo de la triste carne, un efecto abusivo de la desmayada luz crepuscular, un soplo ef&#237;mero que pasa y no deja rastro, la gota min&#250;scula de lluvia que cae y en breve se seca. El perro Encontrado not&#243; que otra vez el due&#241;o no estaba en el mejor de los &#225;nimos, todav&#237;a ayer, cuando fue a buscarlo al horno, se extra&#241;&#243; de la expresi&#243;n ausente de quien considera agradable pensar en cosas que cuesta entender. Le toc&#243; la mano con la nariz fr&#237;a y h&#250;meda, alguien ya deber&#237;a haber ense&#241;ado a este animal primitivo a levantar la pata delantera como acaban siempre haciendo con naturalidad los perros instruidos en preceptos sociales, adem&#225;s, no se conoce otra manera de evitar que la amada mano del amo huya bruscamente al contacto, prueba final de que no todo est&#225; resuelto en la relaci&#243;n entre las personas humanas y las personas caninas, tal vez esa humedad y esa frialdad despierten viejos miedos en la parte m&#225;s arcaica de nuestros cerebros, la viscosidad indeleble de una babosa gigante, el g&#233;lido y ondulante deambular de una serpiente, el aliento glacial de una gruta poblada por seres de otro mundo. Tanto es as&#237; que Cipriano Algor retir&#243; con presteza la mano, aunque el hecho de haber acariciado en seguida la cabeza de Encontrado, siendo obviamente una petici&#243;n de disculpa, deba ser interpretado como se&#241;al de que tal vez un d&#237;a deje de reaccionar as&#237;, suponiendo, claro est&#225;, que el tiempo de vida en com&#250;n de ambos venga a ser tan dilatado que pueda convertir en h&#225;bito lo que por ahora todav&#237;a se manifiesta como instintiva repulsi&#243;n. El perro Encontrado est&#225; incapacitado para comprender estos melindres, el uso que hace de la nariz es algo instintivo, que le viene de la naturaleza, luego m&#225;s saludablemente aut&#233;ntico que los apretones de manos de los hombres, por muy cordiales que nos parezcan a la vista y al tacto. Lo que el perro Encontrado quiere saber es adonde ir&#225; el due&#241;o cuando se decida a salir de la inmovilidad medio absorta en que lo ve. Para hacerle comprender que est&#225; esperando una decisi&#243;n, repite el toque de nariz, y como Cipriano Algor, a continuaci&#243;n, comenz&#243; a andar hacia el horno, el esp&#237;ritu animal, que, por mucho que se proteste, es el m&#225;s l&#243;gico de cuantos esp&#237;ritus se encuentran en el mundo, hizo que Encontrado concluyera que en la vida de los humanos una vez no basta. Mientras Cipriano Algor se sentaba pesadamente en el banco de piedra, el perro se dedic&#243; a olfatear la piedra gruesa bajo la que apareci&#243; la lagartija, pero las transparentes preocupaciones del due&#241;o tuvieron m&#225;s poder en su &#225;nimo que la seducci&#243;n de una dudosa caza, por eso no tard&#243; mucho en tumbarse delante de &#233;l, preparado para una interesante conversaci&#243;n. La primera palabra que el alfarero pronunci&#243;, Se acab&#243;, precisa y lac&#243;nica como una sentencia sin considerandos, no parec&#237;a enunciar desenlaces ulteriores, sin embargo, en casos de &#233;stos, lo m&#225;s productivo para un perro es siempre mantenerse en silencio durante el tiempo necesario hasta que el silencio de los due&#241;os se canse, los perros saben perfectamente que la naturaleza humana es parlanchina por definici&#243;n, imprudente, indiscreta, chismosa, incapaz de cerrar la boca y dejarla cerrada. En realidad nunca lograremos imaginar la profundidad abisal que puede alcanzar la introspecci&#243;n de un animal de &#233;stos cuando se pone a mirarnos, creemos que est&#225; haciendo simplemente eso, mirarnos, y no nos damos cuenta de que s&#243;lo parece estar mir&#225;ndonos, cuando lo cierto es que nos ha visto y despu&#233;s de habernos visto se ha marchado, dej&#225;ndonos braceando como idiotas en la superficie de nosotros mismos, salpicando de explicaciones falaces e in&#250;tiles el mundo. El silencio del perro y aquel famoso silencio del universo al que en otra ocasi&#243;n se hizo teol&#243;gica referencia, pareciendo de comparaci&#243;n imposible por ser tan desproporcionadas las dimensiones materiales y objetivas de uno y de otro, son, a fin de cuentas, igualitos en densidad y peso espec&#237;fico a dos l&#225;grimas, la diferencia est&#225; en el dolor que las hizo brotar, resbalar y caer. Se acab&#243;, volvi&#243; a decir Cipriano Algor, y Encontrado ni siquiera pesta&#241;e&#243;, demasiado bien sab&#237;a &#233;l que lo que hab&#237;a acabado no era el abastecimiento de cacharrer&#237;a al Centro, eso ya pas&#243; a la historia, el caso de ahora tiene que ver con faldas, y no pueden ser otras que las de aquella Isaura Estudiosa que hab&#237;a visto desde la furgoneta cuando el due&#241;o le llev&#243; el c&#225;ntaro, mujer bonita tanto de cara como de figura, aunque deba observarse que esta opini&#243;n no la formul&#243; Encontrado, eso de feo y bonito son cosas que no existen para &#233;l, los c&#225;nones de belleza son ideas humanas, Incluso siendo el m&#225;s feo de los hombres, dir&#237;a el perro Encontrado de su due&#241;o, si hablase, tu fealdad no tendr&#237;a ning&#250;n sentido para m&#237;, s&#243;lo te extra&#241;ar&#237;a si tuvieras otro olor, o pasaras de otra manera la mano por mi cabeza. El inconveniente de las divagaciones est&#225; en la facilidad con que pueden distraer por caminos desviados al divagante, haci&#233;ndole perder el hilo de las palabras y de los acontecimientos, como le acaba de suceder a Encontrado, que alcanz&#243; la frase siguiente de Cipriano Algor cuando ya iba por la mitad, &#233;sa es la raz&#243;n, como se va a notar, de que le falte la may&#250;scula, no la buscar&#233; m&#225;s, remat&#243; el alfarero, claro est&#225; que no se refer&#237;a a la dicha may&#250;scula, ya que no las usa cuando habla, sino a la mujer llamada Isaura Estudiosa, con quien, a partir de este momento, renunci&#243; a tener trato de cualquier especie, Andaba procediendo como un ni&#241;o tonto, a partir de ahora no la buscar&#233; m&#225;s, &#233;sta fue la frase completa, pero el perro Encontrado, sin atreverse a dudar de lo poco que hab&#237;a o&#237;do, no puede dejar de percibir que la melancol&#237;a de la cara del due&#241;o contrariaba abiertamente la determinaci&#243;n de las palabras, aunque nosotros sabemos que la decisi&#243;n de Cipriano Algor es firme, Cipriano Algor no buscar&#225; m&#225;s a Isaura Estudiosa, Cipriano Algor est&#225; agradecido a la hija por hacerle ver la luz de la raz&#243;n, Cipriano Algor es un hombre hecho, rehecho y todav&#237;a no deshecho, no uno de esos adolescentes alocados que, porque est&#225;n en la edad de los entusiasmos irreflexivos, se pasan el tiempo corriendo detr&#225;s de fantas&#237;as, nieblas e imaginaciones, y no desisten de ellas ni siquiera cuando se dan con la cabeza y los sentimientos que cre&#237;an tener contra el muro de los imposibles. Cipriano Algor se levant&#243; del banco de piedra, parec&#237;a que le costaba izar su propio cuerpo de all&#237;, no es de extra&#241;ar, que no es lo mismo el peso que el hombre siente y el que la mec&#225;nica de la balanza registrar&#237;a, unas veces de m&#225;s, otras veces de menos. Cipriano Algor va a entrar en casa, pero, al contrario de lo que qued&#243; anunciado antes, no agradecer&#225; a la hija que le hiciera ver la luz de la raz&#243;n, no se puede pedir tanto a un hombre que acaba de renunciar a un sue&#241;o, aunque sea de tan poco alcance como era &#233;ste, una simple vecina viuda, dir&#225;, s&#237;, que va a encargar las cajas al carpintero, no es que sea lo m&#225;s urgente que hay que hacer, pero alg&#250;n tiempo se adelantar&#225;, que en materia de plazos nunca los carpinteros ni los sastres han sido de fiar, por lo menos era as&#237; en el tiempo antiguo, con la ropa de confecci&#243;n y el h&#225;galo-usted-mismo el mundo ha cambiado mucho. Todav&#237;a est&#225; enfadado conmigo, pregunt&#243; Marta, No me he enfadado, fue s&#243;lo una peque&#241;a decepci&#243;n, pero no vamos a quedarnos hablando de este asunto el resto de la vida, Marcial y t&#250; vais a tener un hijo, yo voy a tener un nieto, y todo ir&#225; bien, cada cosa en su lugar, ya era hora de que se acabaran las fantas&#237;as, cuando vuelva nos sentamos a planificar el trabajo, tendremos que aprovechar al m&#225;ximo esta semana, la pr&#243;xima estar&#233; ocupado con el transporte de la loza, por lo menos una buena parte del d&#237;a, Ll&#233;vese la furgoneta, dijo Marta, ev&#237;tese el cansancio, No merece la pena, la carpinter&#237;a no est&#225; lejos. Cipriano Algor llam&#243; al perro, Vamos, bicho, y Encontrado fue detr&#225;s, Puede ser que la encuentre, pensaba. Los perros son as&#237;, cuando les da por tal, piensan por cuenta de los due&#241;os.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Las sentidas razones de queja de Cipriano Algor contra la inmisericorde pol&#237;tica comercial del Centro, extensamente presentadas en este relato desde un punto de vista de confesada simpat&#237;a de clase que, sin embargo, as&#237; lo creemos, en ning&#250;n momento se aparta de la m&#225;s rigurosa imparcialidad de juicio, no podr&#225;n hacer olvidar, aunque arriesgando un atizar inoportuno en la adormecida hoguera de las conflictivas relaciones hist&#243;ricas entre el capital y el trabajo, no podr&#225;n hacer olvidar, dec&#237;amos, que el dicho Cipriano Algor carga con algunas culpas propias en todo esto, la primera de ellas, ingenua, inocente, pero, como a la inocencia y la ingenuidad tantas veces les ha sucedido, ra&#237;z maligna de las otras, ha sido pensar que ciertos gustos y necesidades de los contempor&#225;neos del abuelo fundador, en materia de productos cer&#225;micos, se iban a mantener inalterables \i per omnia saecula saeculorum\i0   o, por lo menos, durante toda su vida, lo que viene a ser lo mismo, si reparamos bien. Ya se ha visto c&#243;mo el barro se amasa aqu&#237; de la m&#225;s artesanal de las maneras, ya se ha visto c&#243;mo son de r&#250;sticos y casi primitivos estos tornos, ya se ha visto c&#243;mo el horno de fuera conserva trazos de inadmisible antig&#252;edad en una &#233;poca moderna, la cual, pese a los escandalosos defectos e intolerancias que la caracterizan, ha tenido la benevolencia de admitir hasta ahora la existencia de una alfarer&#237;a como &#233;sta cuando existe un Centro como aqu&#233;l. Cipriano Algor se queja, se queja, pero no parece comprender que los barros amasados ya no se almacenan as&#237;, que a las industrias cer&#225;micas b&#225;sicas de hoy poco les falta para convertirse en laboratorios con empleados de bata blanca tomando notas y robots inmaculados acometiendo el trabajo. Aqu&#237; hacen clamorosa falta, por ejemplo, higr&#243;metros que midan la humedad ambiente y dispositivos electr&#243;nicos competentes que la mantengan constante, corrigi&#233;ndola cada vez que se exceda o meng&#252;e, no se puede trabajar m&#225;s a ojo ni a palmo, al tacto o al olfato, seg&#250;n los atrasados procedimientos tecnol&#243;gicos de Cipriano Algor, que acaba de comunicarle a la hija con el aire m&#225;s natural del mundo, La pasta est&#225; bien, h&#250;meda y pl&#225;stica, en su punto, f&#225;cil de trabajar, pero ahora preguntamos nosotros, c&#243;mo podr&#225; estar tan seguro de lo que dice si s&#243;lo puso la palma de la mano encima, si s&#243;lo apret&#243; y movi&#243; un poco de pasta entre el dedo pulgar y los dedos &#237;ndice y coraz&#243;n, como si, con ojos cerrados, todo &#233;l entregado al sentido interrogador del tacto, estuviese apreciando no una mezcla homog&#233;nea de arcilla roja, caol&#237;n, s&#237;lice y agua, sino la urdimbre y la trama de una seda. Lo m&#225;s probable, como en uno de estos &#250;ltimos d&#237;as tuvimos ocasi&#243;n de observar y proponer a consideraci&#243;n, es que lo saben sus dedos, y no &#233;l. En todo caso, el veredicto de Cipriano Algor debe de estar de acuerdo con la realidad f&#237;sica del barro, puesto que Marta, mucho m&#225;s joven, mucho m&#225;s moderna, mucho m&#225;s de este tiempo, y que, como sabemos, tampoco tiene nada de pacata en estas artes, pas&#243; sin objeci&#243;n a otro asunto, pregunt&#225;ndole al padre, Cree que la cantidad ser&#225; suficiente para las mil doscientas figuras, Creo que s&#237;, pero tratar&#233; de reforzarla. Pasaron a la parte de la alfarer&#237;a donde se guardaban los &#243;xidos y otros materiales de acabado, registraron las existencias, anotaron las faltas, Vamos a necesitar m&#225;s colores que estos que tenemos, dijo Marta, los mu&#241;ecos tienen que ser atractivos a la vista, Y es necesario yeso para los moldes y jab&#243;n cer&#225;mico, y petr&#243;leo para las pinturas, a&#241;adi&#243; Cipriano Algor, traer de una vez todo lo que falte, para no tener que interrumpir el trabajo yendo deprisa y corriendo a comprar. Marta adquiri&#243; de pronto un aire pensativo, Qu&#233; pasa, pregunt&#243; el padre, Tenemos un problema muy serio, Cu&#225;l, Hab&#237;amos decidido que se har&#237;a el relleno de los moldes a dedo, Exactamente, Pero no hablamos de la fabricaci&#243;n de las figuras propiamente dichas, es imposible hacer mil doscientos mu&#241;ecos a dedo, ni los moldes aguantar&#237;an, ni el trabajo rendir&#237;a, ser&#237;a lo mismo que querer vaciar el mar con un cubo, Tienes raz&#243;n, Lo que significa que nos vamos a ver obligados a recurrir al relleno de barbotina, No tenemos mucha experiencia, pero todav&#237;a estamos en edad de aprender, El problema peor no es &#233;se, padre, Entonces, Recuerdo haber le&#237;do, debemos de tener por ah&#237; el libro, que para hacer barbotina de relleno no es conveniente usar pasta rojiza que tenga caol&#237;n y la nuestra lo tiene, por lo menos en un treinta por ciento, Esta cabeza ya no sirve para mucho, c&#243;mo no he pensado en eso antes, No se reproche, nosotros no solemos trabajar con barbotina, Pues s&#237;, pero son conocimientos de p&#225;rvulos de alfarer&#237;a, es el abec&#233; del oficio. Se miraron el uno al otro desconcertados, no eran ni padre ni hija, ni futuro abuelo ni futura madre, s&#243;lo dos alfareros en riesgo ante la tarea desmedida de tener que extraer del barro amasado el caol&#237;n y despu&#233;s disminuirle la grasa introduci&#233;ndole barro fino de cochura roja. Sobre todo cuando tal operaci&#243;n de alquimia, simplemente, no es posible. Qu&#233; hacemos, pregunt&#243; Marta, vamos a consultar el libro, tal vez, No merece la pena, no se puede sacar el caol&#237;n del barro ni neutralizarlo, lo que estoy diciendo no tiene ning&#250;n sentido, c&#243;mo se sacar&#237;a o neutralizar&#237;a el caol&#237;n, pregunto, la &#250;nica soluci&#243;n es preparar otro barro con los componentes exactos, No tenemos tiempo, padre, S&#237;, tienes raz&#243;n, no tenemos tiempo. Salieron de la alfarer&#237;a, dos figuras desalentadas a las que Encontrado ni siquiera intent&#243; aproximarse, y ahora estaban sentados en la cocina, miraban los dise&#241;os que los miraban a ellos, y no encontraban la manera de resolver el meollo de la cuesti&#243;n, sab&#237;an por experiencia que los barros fuertes tienden a encogerse demasiado, se agrietan, se deforman, son pl&#225;sticos en exceso, blandos, moldeables, pero desconoc&#237;an qu&#233; resultado podr&#237;a tener eso en la barbotina y sobre todo qu&#233; consecuencias negativas en el trabajo acabado. Marta busc&#243; y encontr&#243; el libro, ah&#237; ven&#237;a que para preparar la barbotina no es suficiente disolver el barro en agua, hay que usar fundentes, como el silicato de sodio, o el carbonato de sodio, o el silicato de potasio, tambi&#233;n la sosa c&#225;ustica si no fuese tan peligroso trabajar con ella, la cer&#225;mica es el arte donde verdaderamente es imposible separar la qu&#237;mica de sus efectos f&#237;sicos y din&#225;micos, pero el libro no informa de lo que les suceder&#225; a mis mu&#241;ecos si los fabrico con el &#250;nico barro que tengo, el problema es la cantidad, si fuesen pocos se llenaban los moldes a dedo, pero mil doscientos, virgen santa. Si lo entiendo bien, dijo Cipriano Algor, los requisitos principales a que debe obedecer la barbotina de relleno son la densidad y la fluidez, Es lo que aqu&#237; viene explicado, dijo Marta, Entonces l&#233;elo, Sobre la densidad, la ideal es uno coma siete, es decir, un litro de barbotina debe pesar mil setecientos gramos, a falta de un dens&#237;metro adecuado si quiere conocer la densidad de su barbotina use una probeta y una balanza, descontando, naturalmente, el peso de la probeta, Y en cuanto a la fluidez, Para medir la fluidez &#250;sese un viscos&#237;metro, los hay de varios tipos, cada uno da lecturas asentadas en escalas fundamentadas en diferentes criterios, No ayuda mucho ese libro, S&#237; ayuda, ponga atenci&#243;n, La pongo, Uno de los usos m&#225;s frecuentes es el viscos&#237;metro de torsi&#243;n cuya lectura se hace en grados Gallenkamp, Qui&#233;n es ese se&#241;or, Aqu&#237; no consta, Sigue, Seg&#250;n esta escala, la fluidez ideal se sit&#250;a entre los doscientos sesenta y trescientos sesenta grados, No hay por ah&#237; nada al alcance de mi comprensi&#243;n, pregunt&#243; Cipriano Algor, Viene ahora, dijo Marta y ley&#243;, En nuestro caso utilizaremos un m&#233;todo artesanal, emp&#237;rico e impreciso, pero capaz de dar, con la pr&#225;ctica, una indicaci&#243;n aproximada, Qu&#233; m&#233;todo es &#233;se, Hundir la mano profundamente en la barbotina y sacarla, dejando escurrir la barbotina por la mano abierta, la fluidez ser&#225; dada por buena cuando, al resbalar, forme entre los dedos una membrana como la de los patos, Como la de los patos, S&#237;, como la de los patos. Marta dej&#243; el libro a un lado y dijo, No adelantamos mucho, Adelantamos algo, sabemos que no podemos trabajar sin fundente y que mientras no tengamos membranas de pato no tendremos barbotina de relleno que sirva, Menos mal que est&#225; de buen humor, El humor es como las mareas, ahora sube, ahora baja, el m&#237;o ha subido ahora, veremos cu&#225;nto tiempo dura, Tiene que durar, esta casa est&#225; en sus manos, La casa, s&#237;, pero no la vida, Tan r&#225;pido est&#225; bajando la marea, pregunt&#243; Marta, En este momento duda, vacila, no sabe bien si ha de llenar o vaciar, Entonces qu&#233;dese conmigo, que me siento flotando, como si no tuviese la certeza de ser lo que creo ser, A veces pienso que tal vez fuese preferible no saber qui&#233;nes somos, dijo Cipriano Algor, Como Encontrado, S&#237;, imagino que un perro sabe menos de s&#237; mismo que del due&#241;o que tiene, ni siquiera es capaz de reconocerse en un espejo, Quiz&#225; el espejo del perro sea el due&#241;o, quiz&#225; s&#243;lo en &#233;l le sea posible reconocerse, sugiri&#243; Marta, Bonita idea, Como ve, hasta las ideas equivocadas pueden ser bonitas, Criaremos perros si el negocio de la alfarer&#237;a falla, En el Centro no hay perros, Pobre Centro, que ni los perros lo quieren, Es el Centro el que no quiere a los perros, Ese problema s&#243;lo puede interesarle a quien viva all&#237;, cort&#243; Cipriano Algor con voz crispada. Marta no respondi&#243;, comprend&#237;a que cualquier palabra que dijera dar&#237;a pie a una nueva discusi&#243;n. Pens&#243; mientras iba ordenando una vez m&#225;s los cansados dise&#241;os, Si ma&#241;ana Marcial llega a casa y dice que ya es guardia residente, que tenemos que mudarnos, lo que estamos haciendo aqu&#237; deja de tener sentido, dar&#225; lo mismo que padre nos acompa&#241;e como que no, de una manera u otra la alfarer&#237;a estar&#225; siempre condenada, incluso aunque &#233;l insista en quedarse no podr&#237;a trabajar solo, &#233;l mismo lo sabe. Qu&#233; pensamientos hayan sido entre tanto los de Cipriano Algor, se ignora, y no vale la pena inventarle unos que podr&#237;an no coincidir con los reales y efectivos, aunque, en la suposici&#243;n de que la palabra, finalmente, no le haya sido concedida al hombre para esconder lo que piensa, algo muy aproximado nos ser&#225; l&#237;cito concluir de lo que el alfarero dijo, despu&#233;s de un demorado silencio, Lo malo no es tener una ilusi&#243;n, lo malo es ilusionarse, probablemente ha estado pensando lo mismo que la hija y la conclusi&#243;n de uno tiene que ser, por pura l&#243;gica, la conclusi&#243;n del otro. De cualquier modo, a&#241;adi&#243; Cipriano Algor, sin darse cuenta, o tal vez s&#237;, tal vez en el mismo momento en que las dijo se apercibi&#243; de los matices sibilinos de aquellas palabras iniciales, de cualquier modo, barco parado no hace viaje, suceda ma&#241;ana lo que suceda hay que trabajar hoy, quien planta un &#225;rbol tampoco sabe si acabar&#225; ahorc&#225;ndose en &#233;l, Con una marea negra de &#233;sas nuestro bote ni sale, dijo Marta, pero tiene raz&#243;n, el tiempo no est&#225; ah&#237; sentado a la espera, tenemos que ponernos a trabajar, mi tarea, de momento, es dibujar los lados y los dorsos de las figuras y darles color, cuento con acabarlas antes de la noche si nadie me distrae, No esperamos visitas, dijo Cipriano Algor, yo me encargo del almuerzo, Es s&#243;lo calentarlo, y hacer una ensalada, dijo Marta. Fue en busca de las hojas de papel de dibujo, las acuarelas, los tarros, los pinceles, un pa&#241;o viejo para secarlos, dispuso todo en buen orden, met&#243;dicamente, sobre la mesa, se sent&#243; y tom&#243; el asirio de barbas, Comienzo por &#233;ste, dijo, Simplifica lo m&#225;s que puedas para que no haya clavaduras ni anclajes en el desmolde, dos t&#225;celes y basta, un tercer tacel ya estar&#237;a fuera de nuestro alcance, No me olvidar&#233;. Cipriano Algor se qued&#243; algunos minutos mirando c&#243;mo dibujaba la hija, despu&#233;s sali&#243; a la alfarer&#237;a. Iba a medirse con el barro, a levantar los pesos y las halteras de un aprender nuevo, rehacer la mano entorpecida, modelar unas cuantas figuras de ensayo que no sean, declaradamente, ni bufones ni payasos, ni esquimales ni enfermeras, ni asirios ni mandarines, figuras de las que cualquier persona, hombre o mujer, joven o vieja, mir&#225;ndolas, pudiese decir, Se parece a m&#237;. Y quiz&#225; una de esas personas, mujer u hombre, vieja o joven, por el gusto y tal vez la vanidad de llevarse a casa una representaci&#243;n tan fiel de la imagen que de s&#237;\i 
\i0  misma tiene, venga a la alfarer&#237;a y pregunte a Cipriano Algor cu&#225;nto cuesta esa figura de all&#237;, y Cipriano Algor dir&#225; que &#233;sa no est&#225; a la venta, y la persona le preguntar&#225; por qu&#233;, y &#233;l responder&#225;, Porque soy yo. Cay&#243; la tarde, no tardar&#237;a el crep&#250;sculo, cuando Marta entr&#243; en la alfarer&#237;a y dijo, Ya he terminado, los he dejado sec&#225;ndose sobre la mesa de la cocina. Luego, habiendo visto el trabajo ejecutado por el padre, dos figuras inacabadas de casi dos palmos de altura, erectas, masculina una, femenina otra, desnudas ambas, del hombro de una sal&#237;a una punta de alambre, coment&#243;, Nada mal, padre, nada mal, pero nuestra mu&#241;equer&#237;a no necesitar&#225; ser tan grande, acu&#233;rdese de que hab&#237;amos pensado en un palmo de los suyos, Convendr&#225; que sean un poco mayores, se ver&#225;n m&#225;s en los escaparates del Centro, y tambi&#233;n hay que contar con la reducci&#243;n de tama&#241;o dentro del horno como consecuencia de la p&#233;rdida &#250;ltima de humedad, de momento son s&#243;lo experimentos, Incluso as&#237;, me gustan, me gustan mucho, y no se parecen a nada que haya visto, aunque la mujer me recuerda a alguien, En qu&#233; quedamos, pregunt&#243; Cipriano Algor, dices que no se parecen a nada que hayas visto y a&#241;ades que la mujer te recuerda a alguien, Es una impresi&#243;n doble, de extra&#241;eza y de familiaridad, Tal vez no tenga que criar perros, tal vez me dedique a la escultura, que es de las artes m&#225;s lucrativas, seg&#250;n he o&#237;do decir, Una ejemplar familia de artistas, not&#243; Marta con una sonrisa medio ir&#243;nica, Felizmente se salva Marcial para que no se pierda todo, respondi&#243; Cipriano Algor, pero no sonri&#243;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 &#201;ste fue el primer d&#237;a de la creaci&#243;n. En el segundo d&#237;a el alfarero viaj&#243; a la ciudad para comprar el yeso cer&#225;mico destinado a los moldes, m&#225;s el carbonato de sodio, que fue lo que encontr&#243; como fundente, las pinturas, unos cuantos baldes de pl&#225;stico, cucharillas nuevas de madera y de alambre, esp&#225;tulas, vaciadores. La cuesti&#243;n de las pinturas fue objeto de vivo debate durante y despu&#233;s de la cena del dicho primer d&#237;a, y el punto controvertido radic&#243; en si las piezas deber&#237;an ser vidriadas y, por tanto, llevadas al horno despu&#233;s de pintadas, o si, por el contrario, eran pintadas en fr&#237;o despu&#233;s de cocidas y no volv&#237;an m&#225;s al horno. En un caso, las pinturas deber&#237;an ser unas, en otro, las pinturas deber&#237;an ser otras, luego la decisi&#243;n ten&#237;a que ser tomada inmediatamente, no pod&#237;a posponerse hasta &#250;ltima hora, ya con el pincel en la mano, Es una cuesti&#243;n de est&#233;tica, defend&#237;a Marta, Es una cuesti&#243;n de tiempo, opon&#237;a Cipriano Algor, y de seguridad, Pintar y vidriar al horno dar&#225; m&#225;s calidad y brillo a la ejecuci&#243;n, insist&#237;a ella, Pero si pintamos en fr&#237;o evitaremos sorpresas desagradables, el color que usemos es el que permanecer&#225;, no dependeremos de la acci&#243;n del calor sobre los pigmentos, sobre todo cuando el horno se pone caprichoso. Prevaleci&#243; la opini&#243;n de Cipriano Algor, las pinturas que habr&#237;a que comprar ser&#237;an las que se conocen en el mercado de la especialidad por el nombre de esmalte para loza, de aplicaci&#243;n f&#225;cil y secado r&#225;pido, con gran variedad de colorido, y en cuanto al disolvente, indispensable porque el espesor original de la pintura es, normalmente, excesivo, si no se quiere usar un disolvente sint&#233;tico, sirve hasta el petr&#243;leo de iluminaci&#243;n o de quinqu&#233;. Marta volvi&#243; a abrir el libro de arte, busc&#243; el cap&#237;tulo sobre la pintura en fr&#237;o y ley&#243;, Apl&#237;case sobre piezas ya cocidas, la pieza ser&#225; lijada con lija fina, de manera que se elimine cualquier rebaba u otro defecto de acabado, haciendo su superficie m&#225;s uniforme y permitiendo una mejor adhesi&#243;n de la pintura en las zonas donde la pieza haya quedado excesivamente cocida, Lijar mil doscientos mu&#241;ecos ser&#225; el colmo de la paciencia, Terminada esta operaci&#243;n, continu&#243; Marta la lectura, hay que eliminar todos los vestigios de polvo producidos por la lija, usando un compresor, No tenemos compresor, interrumpi&#243; Cipriano Algor, O, aunque m&#225;s lento, pero preferible, un cepillo de pelo duro, Los viejos procesos todav&#237;a tienen sus ventajas, No siempre, corrigi&#243; Marta y prosigui&#243;, Como sucede con casi todas las pinturas del g&#233;nero, el esmalte para loza no se mantiene homog&#233;neo dentro de la lata durante mucho tiempo, por eso hay que removerlo antes de la aplicaci&#243;n, Elemental, todo el mundo lo sabe, pasa adelante, Los colores podr&#225;n ser aplicados directamente sobre la pieza, pero su adhesi&#243;n mejorar&#225; si se comienza aplicando una subcapa normalmente de blanco mate, No hab&#237;amos pensado en eso, Es dif&#237;cil pensar cuando no se sabe, No estoy de acuerdo, se piensa precisamente porque no se sabe, Deje esa apasionante cuesti&#243;n para otro momento, y &#243;igame, No hago otra cosa, La base de subcapa puede ser dada con pincel, pero puede haber ventajas aplic&#225;ndola con pistola a fin de conseguir una pel&#237;cula m&#225;s lisa, No tenemos pistola, O por medio de inmersi&#243;n, &#201;sa es la manera cl&#225;sica, de toda la vida, por tanto sumergiremos, Todo el proceso se desarrollar&#225; en fr&#237;o, Muy bien, Una vez pintada y seca, la pieza no debe ni puede estar sujeta a cualquier tipo de cocci&#243;n, Eso es lo que yo te dec&#237;a, el tiempo que se ahorra, Todav&#237;a trae otras recomendaciones, pero la m&#225;s importante es que se debe secar bien un color antes de aplicar el siguiente, salvo si se buscan efectos de superposici&#243;n y mezcla, No queremos efectos ni transparencias, queremos rapidez, esto no es pintura al &#243;leo, En todo caso, el sayo del mandar&#237;n merecer&#237;a un tratamiento m&#225;s cuidado, record&#243; Marta, mire que el propio dise&#241;o obliga a mayor diversidad y riqueza de colores, Simplificaremos. Esta palabra cerr&#243; el debate, pero estuvo presente en el esp&#237;ritu de Cipriano Algor mientras hac&#237;a sus compras, la prueba es que adquiri&#243; a &#250;ltima hora una pistola de pintar. Dado el tama&#241;o de las figuras, la subcapa no gana nada siendo gruesa, explic&#243; despu&#233;s a la hija, pienso que la pistola prestar&#225; mejor servicio, una rociada alrededor del mu&#241;eco, y ya est&#225;, Necesitaremos m&#225;scaras, dijo Marta, Las m&#225;scaras son caras, no tenemos dinero para lujos, No es lujo, es precauci&#243;n, vamos a respirar en medio de una nube de &#243;xidos, La dificultad tiene remedio, Cu&#225;l, Har&#233; esa parte del trabajo ah&#237; fuera, al aire libre, el tiempo est&#225; estable, Por qu&#233; dice har&#233;, y no haremos, pregunt&#243; Marta, T&#250; est&#225;s embarazada, yo no, que se sepa, Le ha vuelto el buen humor, se&#241;or padre, Hago lo que puedo, comprendo que hay cosas que est&#225;n huy&#233;ndome de las manos y otras que amenazan hacerlo, mi problema es distinguir aquellas por las que todav&#237;a vale la pena luchar de esas otras que deben abandonarse sin pena, O con pena, La peor pena, hija m&#237;a, no es la que se siente en el momento, es la que se sentir&#225; despu&#233;s, cuando ya no haya remedio, Se dice que el tiempo todo lo cura, No vivimos bastante para hacer esa prueba, dijo Cipriano Algor, y en el mismo instante se dio cuenta de que estaba trabajando en el torno sobre cuyo tabanque su mujer se derrumbara cuando el ataque card&#237;aco la fulmin&#243;. Entonces, obligado a eso por su honestidad moral, se pregunt&#243; si en las penas generales de que hablara tambi&#233;n estar&#237;a incluida esta muerte, o si era cierto que el tiempo hizo, en este particular caso, su trabajo de curador em&#233;rito, o, todav&#237;a, si la pena invocada no era tanto de muerte, sino de vida, sino de vidas, la tuya, la m&#237;a, la nuestra, de qui&#233;n. Cipriano Algor modelaba la enfermera, Marta estaba ocupada con el payaso, pero ni uno ni otro se sent&#237;an satisfechos con las tentativas, &#233;stas despu&#233;s de otras, tal vez porque copiar sea, a fin de cuentas, m&#225;s dif&#237;cil que crear libremente, por lo menos podr&#237;a decirlo as&#237; Cipriano Algor que con tanta vehemencia y soltura de gesto hab&#237;a concebido las dos figuras de hombre y mujer que est&#225;n ah&#237;, envueltas en pa&#241;os mojados para que no se les reseque y agriete el esp&#237;ritu que las mantiene en pie, est&#225;ticas y con todo vivas. A Marta y a Cipriano Algor no se les acabar&#225; tan pronto este esfuerzo, parte del barro con que modelan ahora una figura proviene de otras que tuvieron que despreciar y amasar, as&#237; ocurre con todas las cosas de este mundo, las propias palabras, que no son cosas, que s&#243;lo las designan lo mejor que pueden, y design&#225;ndolas las modelan, incluso las que sirvieron de manera ejemplar, suponiendo que tal pudiera suceder en alguna ocasi&#243;n, son millones de veces usadas y otras tantas desechadas, y despu&#233;s nosotros, humildes, con el rabo entre las piernas, como el perro Encontrado cuando la verg&#252;enza lo encoge, tenemos que ir a buscarlas nuevamente, barro pisado que tambi&#233;n ellas son, amasado y masticado, deglutido y restituido, el eterno retorno existe, s&#237; se&#241;or, pero no es &#233;se, es &#233;ste. El payaso modelado por Marta tal vez se aproveche, el buf&#243;n tambi&#233;n se aproxima bastante a la realidad de los bufones, pero la enfermera, que parec&#237;a tan simple, tan estricta, tan reglada, se resiste a dejar aparecer el volumen de los senos bajo el barro, como si tambi&#233;n ella estuviese envuelta en un pa&#241;o mojado del que sostuviera con firmeza las puntas. Cuando la primera semana de creaci&#243;n est&#233; a punto de terminar, cuando Cipriano Algor pase a la primera semana de destrucci&#243;n, acarreando la loza del almac&#233;n del Centro y dej&#225;ndola por ah&#237; como basura sin uso, los dedos de los dos alfareros, al mismo tiempo libres y disciplinados, comenzar&#225;n finalmente a inventar y a trazar el camino recto que los conducir&#225; al volumen adecuado, a la l&#237;nea justa, al plano armonioso. Los momentos no llegan nunca tarde ni pronto, llegan a su hora, no a la nuestra, no tenemos que agradecerles las coincidencias, cuando ocurran, entre lo que ellos propon&#237;an y lo que nosotros necesit&#225;bamos. Durante la mitad del d&#237;a en que el padre ande en el absurdo trabajo de descargar por in&#250;til lo que carg&#243; por rehusado, Marta estar&#225; sola en la alfarer&#237;a con su media docena de mu&#241;ecos pr&#225;cticamente terminados, ocupada ahora en avivar alg&#250;n &#225;ngulo degradado y en redondear alguna curva que un toque involuntario hubiese deprimido, igualando alturas, consolidando bases, calculando para cada una de las estatuillas la l&#237;nea &#243;ptima de divisi&#243;n de los respectivos t&#225;celes. Las cajas todav&#237;a no han sido entregadas por el carpintero, el yeso espera dentro de sus grandes sacos de papel grueso impermeable, pero el tiempo de la multiplicaci&#243;n ya se aproxima.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando Cipriano Algor regres&#243; a casa en el primer d&#237;a de la semana de destrucci&#243;n, m&#225;s indignado por el vejamen que exhausto por el esfuerzo, tra&#237;a que contarle a la hija la aventura rid&#237;cula de un hombre calcorreando por los campos en busca de un lugar yermo donde pudiese abandonar la cacharrer&#237;a in&#250;til que transportaba, como si de sus propios excrementos se tratase, Con los pantalones en la mano, dec&#237;a, as&#237; me sent&#237;, dos veces me sorprendieron personas pregunt&#225;ndome qu&#233; estaba haciendo ah&#237;, en terreno privado, con una furgoneta abarrotada de loza, tuve que hilvanar una explicaci&#243;n sin sentido, dije que necesitaba tomar una carretera de m&#225;s all&#225; y hab&#237;a pensado que el camino para llegar era por ah&#237;, que disculpase, por favor, y ya que estamos si le agrada alguna cosa de lo que llevo en la furgoneta tendr&#233; mucho gusto en regal&#225;rsela, uno de ellos no quiso nada, respondi&#243; de malos modos que en su casa cosas de &#233;sas ni para los perros, pero al otro le hizo gracia una sopera y se la llev&#243;, Y d&#243;nde acab&#243; dejando la loza, Cerca del r&#237;o, D&#243;nde, Hab&#237;a pensado que en una cueva natural ser&#237;a lo m&#225;s adecuado, pero incluso as&#237; siempre estar&#237;a el inconveniente de que se hallar&#237;an a la vista de quien pasase, al descubierto, reconocer&#237;an en seguida el producto y al fabricante, y para verg&#252;enza y vejamen ya basta con lo que basta, Personalmente no me siento ni vejada ni avergonzada, Tal vez te sentir&#237;as si hubieras estado en mi lugar desde el principio, Es probable, s&#237;, y entonces qu&#233; encontr&#243;, Precisamente la cueva ideal, Hay cuevas ideales, pregunt&#243; Marta, Depende siempre de lo que se quiera meter dentro, imag&#237;nate en este caso un agujero grande, m&#225;s o menos circular, de unos tres metros de profundidad y al que se baja por una pendiente f&#225;cil, con &#225;rboles y arbustos dentro, visto desde fuera es como una isla verde en medio del campo, en invierno se llena de agua, todav&#237;a tiene un charco en el fondo, Est&#225; a unos cien metros de la margen del r&#237;o, Tambi&#233;n la conoces, pregunt&#243; el padre, La conozco, la descubr&#237; cuando ten&#237;a diez a&#241;os, era realmente la cueva ideal, cada vez que entraba all&#237; me parec&#237;a que atravesaba una puerta al otro mundo, Ya estaba all&#237; cuando yo ten&#237;a tu edad, Y cuando la ten&#237;a mi abuelo, Y cuando el m&#237;o, Todo acaba perdi&#233;ndose, padre, durante tantos a&#241;os aquella cueva fue s&#243;lo una cueva, tambi&#233;n una puerta m&#225;gica para algunos ni&#241;os so&#241;adores, y ahora, con la acumulaci&#243;n de escombros, ni una cosa ni otra, Los cascotes no son tantos, mujer, en poco tiempo los cubrir&#225;n los zarzales, nadie lo va a notar, Lo ha dejado all&#237; todo, S&#237;, lo he dejado, Al menos est&#225;n cerca del pueblo, alg&#250;n d&#237;a uno de los muchachos de aqu&#237;, si es que todav&#237;a frecuentan la cueva ideal, aparece en casa con un plato agrietado, le preguntan d&#243;nde lo ha encontrado y va toda la gente corriendo a buscar lo que ahora no quiere, Estamos hechos as&#237;, no me extra&#241;ar&#237;a. Cipriano Algor acab&#243; la taza de caf&#233; que la hija le hab&#237;a puesto delante al llegar y pregunt&#243;, Dio se&#241;al de vida el carpintero, No, Tengo que ir a insistirle, Creo que s&#237;, que es lo mejor. El alfarero se levant&#243;, Me voy a lavar, dijo, dio dos pasos, y luego se detuvo, Qu&#233; es esto, pregunt&#243;, Esto, qu&#233;, Esto, se&#241;alaba un plato cubierto con una servilleta bordada, Es un bizcocho, Hiciste un bizcocho, No lo hice yo, lo trajeron, es un regalo, De qui&#233;n, Adiv&#237;nelo, No estoy de humor para adivinanzas, Mire que &#233;sta es de las f&#225;ciles. Cipriano Algor se encogi&#243; de hombros como demostrando que se desentend&#237;a del asunto, dijo otra vez que se iba a lavar, pero no se resolvi&#243;, no dio el paso que le har&#237;a salir de la cocina, en su cabeza se trababa un debate entre dos alfareros, uno que argumentaba que es nuestra obligaci&#243;n comportarnos con naturalidad en todas las circunstancias de la vida, que si alguien es amable hasta el punto de traernos a casa un bizcocho cubierto por una servilleta bordada, lo apropiado y normal es preguntar a qui&#233;n se debe la inesperada generosidad, y, si en respuesta nos proponen que adivinemos, m&#225;s que sospechoso ser&#225; fingir que no o&#237;mos, estos peque&#241;os juegos de familia y de sociedad no tienen mayor importancia, nadie se va a poner a sacar conclusiones precipitadas por el hecho de que hayamos acertado, sobre todo porque las personas que creen tener motivos para complacernos con un bizcocho nunca podr&#225;n ser muchas, a veces s&#243;lo una, esto era lo que dec&#237;a uno de los alfareros, pero el otro respond&#237;a que no estaba dispuesto a desempe&#241;ar el papel de c&#243;mplice en falsas adivinaciones de circo, que tener la certeza de conocer el nombre de la persona que hab&#237;a tra&#237;do el bizcocho era precisamente la raz&#243;n por la que no lo dir&#237;a, y tambi&#233;n que, por lo menos en algunos casos, lo peor de las conclusiones no es tanto que sean en ocasiones precipitadas, sino que sean, simplemente, conclusiones. Entonces, no lo quiere adivinar, insisti&#243; Marta, sonriendo, y Cipriano Algor, un poco enfadado con la hija y mucho consigo mismo, pero consciente de que la &#250;nica manera de escapar del agujero donde se hab&#237;a metido con su propio pie ser&#237;a reconocer el fracaso y dar marcha atr&#225;s, dijo, brusco, y envolvi&#233;ndolo en palabras, un nombre, Fue la viuda, la vecina, Isaura Estudiosa, para agradecer el c&#225;ntaro. Marta neg&#243; con un movimiento lento de cabeza, No se llama Isaura Estudiosa, corrigi&#243;, su nombre es Isaura Madruga, Ah, bueno, hizo Cipriano Algor, y pens&#243; que ya no necesitar&#237;a preguntarle a la interesada, Entonces c&#243;mo es su nombre de soltera, pero en seguida se record&#243; a s&#237; mismo que, sentado en el banco de piedra al lado del horno y teniendo al perro Encontrado por testigo, hab&#237;a tomado la decisi&#243;n de dar por &#237;rritos y nulos todos los dichos y hechos expresados y acontecidos entre &#233;l y la viuda Estudiosa, no olvidemos que las palabras pronunciadas fueron exactamente Se acab&#243;, no se remata de modo tan perentorio un episodio de la vida sentimental para dos d&#237;as despu&#233;s dar lo dicho por no dicho. El efecto inmediato de estas reflexiones fue que Cipriano Algor adoptara un aire desprendido y superior, y con tal convicci&#243;n que, sin que la mano le temblase, pudo acercarse y levantar la servilleta, Tiene buen aspecto, dijo. En este momento Marta entendi&#243; que era oportuno a&#241;adir, En cierta manera es un recuerdo de despedida. La mano baj&#243; despacio, dej&#243; caer delicadamente la servilleta sobre el bizcocho en forma de corona circular, Despedida, oy&#243; Marta preguntar, y respondi&#243;, S&#237;, en caso de que no consiga trabajo aqu&#237;, Trabajo, Est&#225; repitiendo mis palabras, padre, No soy ning&#250;n eco, no estoy repitiendo tus palabras. Marta no hizo caso de la respuesta, Tomamos un caf&#233;, yo quer&#237;a encetar el bizcocho pero ella no lo permiti&#243;, estuvo aqu&#237; m&#225;s de una hora, conversamos, me cont&#243; un poco de su vida, la historia de su boda, no tuvo tiempo para saber si eso era felicidad o si estaba dejando de serlo, las palabras son de ella, no m&#237;as, en fin, si no encuentra trabajo vuelve al sitio de donde vino y donde tiene familia, Aqu&#237; no hay trabajo para nadie, dijo Cipriano Algor secamente, Es tambi&#233;n lo que ella cree, por eso el bizcocho es como la primera mitad de una despedida, Espero no estar en casa en el momento de la segunda, Por qu&#233;, pregunt&#243; Marta. Cipriano Algor no respondi&#243;. Sali&#243; de la cocina hacia el dormitorio, se desnud&#243; r&#225;pidamente, lanz&#243; de soslayo una mirada al espejo de la c&#243;moda que le mostraba su cuerpo y se meti&#243; en el ba&#241;o. Abri&#243; el grifo. Un poco de agua salada se mezcl&#243; con el agua dulce que ca&#237;a de la ducha.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Con apreciable y tranquilizadora unanimidad sobre el significado de la palabra, los diccionarios definen como rid&#237;culo todo cuanto se muestre digno de risa y chanza, todo lo que merezca escarnio, todo lo que sea irrisorio, todo lo que se preste a lo c&#243;mico. Para los diccionarios, la circunstancia parece no existir, aunque, obligatoriamente requeridos a explicar en qu&#233; consiste, la llamen estado o particularidad que acompa&#241;a a un hecho, lo que, entre par&#233;ntesis, claramente nos aconseja no separar los hechos de sus circunstancias y no juzgar unos sin ponderar otras. Sea pues rid&#237;culo de modo supino este Cipriano Algor que se exten&#250;a bajando la pendiente de la cueva cargando en los brazos la indeseada loza en vez de simplemente lanzarla desde arriba a voleo, reduci&#233;ndola in continenti a cascotes, que fue como despreciativamente la clasific&#243; al describirle a la hija los tr&#225;mites y episodios de la traum&#225;tica operaci&#243;n de transbordo. No hay, sin embargo, l&#237;mites para el rid&#237;culo. Si alg&#250;n d&#237;a, como Marta presumi&#243;, un muchacho de la aldea rescata del amontonamiento y se lleva a casa un plato rajado, podremos tener la seguridad de que el inconveniente defecto ya ven&#237;a del almac&#233;n, o quiz&#225;, por el inevitable entrechocar de los barros, provocado por las irregularidades de la carretera, se produjera durante el transporte desde el Centro hasta la cueva. Basta ver con qu&#233; precauciones baja Cipriano Algor el declive, con qu&#233; atenci&#243;n posa en el suelo las diferentes piezas de loza, c&#243;mo las coloca hermanas con hermanas, c&#243;mo las encaja cuando es posible y aconsejable, bastar&#225; ver la irrisoria escena que se ofrece ante nuestros ojos para afirmar que aqu&#237; no se ha partido ni un solo plato, ni una taza ha perdido su asa, ninguna tetera se ha quedado sin pico, la loza apilada cubre en filas regulares el recodo de suelo escogido, rodea los troncos de los &#225;rboles, se insin&#250;a entre la vegetaci&#243;n baja, como si en alg&#250;n libro de los grandes estuviese escrito que s&#243;lo de esta manera deber&#237;a quedar ordenada hasta la consumaci&#243;n del tiempo y la improbable resurrecci&#243;n de los restos. Se dir&#237;a que el comportamiento de Cipriano Algor es absolutamente rid&#237;culo, pero aun en este caso ser&#237;a bueno que no olvid&#225;semos la importancia decisiva del punto de vista, estamos refiri&#233;ndonos esta vez a Marcial Gacho que, en su visita a casa el d&#237;a de descanso, y cumpliendo lo que normalmente se entiende como deberes elementales de solidaridad familiar, no s&#243;lo ayud&#243; al suegro en la descarga de la loza, sino que tambi&#233;n, sin dar ninguna muestra de extra&#241;eza o de dudosa perplejidad, sin preguntas directas o rodeos, sin miradas ir&#243;nicas o compasivas, sigui&#243; tranquilamente su ejemplo, llegando al extremo de, por iniciativa propia, ajustar un bamboleo peligroso, rectificar un alineamiento defectuoso, reducir una altura excesiva. Por tanto es natural esperar que, en caso de que Marta repita aquella peyorativa y desafortunada palabra que emple&#243; en la conversaci&#243;n con el padre, su propio marido, gracias a la irrecusable autoridad de quien con sus ojos ha visto lo que hab&#237;a que ver, la corrija, No son escombros. Y si ella, a quien venimos conociendo como alguien que de todo necesita explicaci&#243;n y claridad insistiera en que s&#237; se&#241;or, que son escombros, que es &#233;se el nombre que desde siempre se ha dado a los detritus y materiales in&#250;tiles que se tiran en las hondonadas hasta llenarlas, excluida de esa designaci&#243;n las sobras humanas, que tienen otro nombre, ciertamente Marcial le dir&#225; con su voz seria, No son escombros, yo estuve all&#237;. Ni rid&#237;culo, a&#241;adir&#237;a, si la cuesti&#243;n se presentase.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando entraron en casa hab&#237;a, cada una en su g&#233;nero, dos novedades de bulto. El carpintero finalmente hab&#237;a entregado las cajas, y Marta ley&#243; en su libro que, en caso de relleno por v&#237;a l&#237;quida, no es prudente esperar de un molde m&#225;s de cuarenta copias satisfactorias, Quiere decir, dijo Cipriano Algor, que necesitaremos treinta moldes por lo menos, cinco para cada doscientos mu&#241;ecos, ser&#225; mucho trabajo antes y mucho trabajo despu&#233;s y no tengo seguridad de que con nuestra inexperiencia los moldes nos salgan perfectos, Cu&#225;ndo calcula que habr&#225; retirado toda la loza del almac&#233;n del Centro, pregunt&#243; Marta, Creo que no llegar&#233; a necesitar la segunda semana entera, tal vez dos o tres d&#237;as sean suficientes, La segunda semana es &#233;sta, corrigi&#243; Marcial, S&#237;, segunda de las cuatro, pero primera del transporte, la tercera ser&#225; la segunda de fabricaci&#243;n, explic&#243; Marta, Con tanta confusi&#243;n de semanas que no y de semanas que s&#237; no me extra&#241;a que t&#250; y tu padre and&#233;is algo desnortados, Cada uno de nosotros por nuestras propias razones, yo, por ejemplo, estoy embarazada y todav&#237;a no me he acostumbrado a la idea, Y padre, Padre hablar&#225; por s&#237; mismo, si quiere, No sufro peor desorientaci&#243;n que la de tener que fabricar mil doscientas figuras de barro y no saber si lo voy a conseguir, cort&#243; Cipriano Algor. Estaban en la alfarer&#237;a, alineadas en el tablero las seis figuras parec&#237;an aquello que dram&#225;ticamente eran, seis objetos insignificantes, m&#225;s grotescos unos que otros por lo que representaban, pero todos iguales en su lancinante inutilidad. Para que el marido pudiese verlos, Marta hab&#237;a retirado los pa&#241;os mojados que los envolv&#237;an, pero casi se arrepent&#237;a de haberlo hecho, era como si aquellos obtusos monigotes no mereciesen el trabajo que hab&#237;an dado, aquel repetido hacer y deshacer, aquel querer y no poder, aquel experimentar y enmendar, no es verdad que s&#243;lo las grandes obras de arte sean paridas con sufrimiento y duda, tambi&#233;n un simple cuerpo y unos simples miembros de arcilla son capaces de resistir a entregarse a los dedos que los modelan, a los ojos que los interrogan, a la voluntad que los requiere. En otra ocasi&#243;n pedir&#237;a que me dieran vacaciones, podr&#237;a ayudar en algo, dijo Marcial. A pesar de aparentemente completa en su formulaci&#243;n, la frase conten&#237;a prolongaciones problem&#225;ticas que no necesitaron de enunciado para que Cipriano Algor las percibiera. Lo que Marcial hab&#237;a querido decir, y que, sin haberlo dicho, acab&#243; diciendo, era que, estando a la espera de un ascenso m&#225;s o menos previsible al escal&#243;n de guarda residente, sus superiores no se quedar&#237;an satisfechos si se ausentase con vacaciones precisamente a estas alturas, como si la noticia p&#250;blica de su ascenso en la carrera no pasara de episodio banal, de ordinaria importancia. Esta prolongaci&#243;n, sin embargo, era obvia y ciertamente la menos problem&#225;tica de cuantas otras m&#225;s hubiese. La cuesti&#243;n esencial, involuntariamente subyacente tras las palabras dichas por Marcial, segu&#237;a siendo la preocupaci&#243;n por el futuro de la alfarer&#237;a, por el trabajo que se hac&#237;a y por las personas que lo ejecutaban y que, mejor o peor, de &#233;l hab&#237;an vivido hasta ahora. Aquellos seis mu&#241;ecos eran como seis ir&#243;nicos e insistentes puntos de interrogaci&#243;n, cada uno queriendo saber de Cipriano Algor si era tan confiado que pensaba disponer, y por cu&#225;nto tiempo, querido se&#241;or, de las fuerzas necesarias para gobernar solo la alfarer&#237;a cuando la hija y el yerno se vayan a vivir al Centro, si era tan ingenuo hasta el punto de considerar que podr&#237;a atender con satisfactoria regularidad los encargos siguientes, en el caso providencial de que fueran hechos, y, en fin, si era suficientemente est&#250;pido para imaginar que de aqu&#237; en adelante sus relaciones con el Centro y el jefe del departamento de compras, tanto las comerciales como las personales, ser&#237;an un continuo y perenne mar de rosas, o, como con inc&#243;moda precisi&#243;n y amargo escepticismo preguntaba el esquimal, Crees t&#250; que me van a querer siempre. Fue en ese momento cuando el recuerdo de Isaura Madruga pas&#243; por la mente de Cipriano Algor, pens&#243; en ella ayud&#225;ndolo como empleada en el trabajo de la alfarer&#237;a, acompa&#241;&#225;ndolo al Centro sentada a su lado en la furgoneta, pens&#243; en ella en diversas y cada vez m&#225;s &#237;ntimas y apaciguadoras situaciones, almorzando en la misma mesa, conversando en el banco de piedra, dando de comer al perro Encontrado, recogiendo los frutos del moral, encendiendo el farol que est&#225; sobre la puerta, apartando el embozo de las s&#225;banas de la cama, eran sin duda demasiados pensamientos y demasiado arriesgados para quien ni siquiera hab&#237;a querido probar el bizcocho. Claro est&#225; que las palabras de Marcial no requer&#237;an respuesta, no hab&#237;an sido m&#225;s que la verificaci&#243;n de un hecho para todos evidente, lo mismo que decir simplemente Me gustar&#237;a ayudaros, pero no es posible, sin embargo, Cipriano Algor crey&#243; que deber&#237;a dar expresi&#243;n a una parte de los pensamientos con que ocup&#243; el silencio subsiguiente a lo dicho por Marcial, no de los pensamientos &#237;ntimos, que mantiene encerrados en la caja fuerte de su pat&#233;tico orgullo de viejo, sino de aquellos que, de un modo u otro, son comunes a cuantos viven en esta casa, los confiesen o no, y que pueden ser resumidos en poco m&#225;s de media docena de palabras, qu&#233; ser&#225; lo que nos reserva el d&#237;a de ma&#241;ana. Dijo &#233;l, Es como si estuvi&#233;semos caminando en la oscuridad, el paso siguiente tanto podr&#225; ser para avanzar como para caer, comenzaremos a saber lo que nos espera cuando el primer encargo est&#233; puesto a la venta, a partir de ah&#237; podremos echar cuentas del tiempo que nos van a necesitar, si mucho, si poco, si nada, ser&#225; como estar deshojando una margarita a ver qu&#233; contesta, La vida no es muy diferente a eso, observ&#243; Marta, Pues no, pero lo que nos vinimos jugando durante a&#241;os ahora nos lo jugamos en semanas o en d&#237;as, de pronto el futuro se ha acortado, si no me equivoco ya he dicho algo parecido a esto. Cipriano Algor hizo una pausa, despu&#233;s a&#241;adi&#243; encogi&#233;ndose de hombros, Prueba de que es la pura verdad, Aqu&#237; s&#243;lo hay dos caminos, dijo Marta, resoluta e impaciente, o trabajar como hemos hecho hasta ahora, sin darle m&#225;s vueltas a la cabeza que las necesarias para el buen acabado de la obra, o suspenderlo todo, informar al Centro de que desistimos del encargo y quedarnos a la espera, A la espera de qu&#233;, pregunt&#243; Marcial, De que te asciendan, de que nos mudemos al Centro, de que padre decida de una vez si se quiere quedar o venir con nosotros, lo que no podemos hacer es seguir en esta especie de s&#237; pero no, que ya dura semanas, Dicho de otra forma, dijo Cipriano Algor, que ni padre muere, ni comemos caldo, Le perdono lo que acaba de decir porque s&#233; lo que pasa dentro de su cabeza, No se enfaden, por favor, pidi&#243; Marcial, para mal vivir ya me basta con lo que tengo que aguantar en mi propia familia, Calma, no te preocupes, dijo Cipriano Algor, aunque ante los ojos de alguien pudiera parecerlo, entre tu mujer y yo nunca habr&#237;a un enfado real, Pues no, pero hay ocasiones en que me dan ganas de pegarle, amenaz&#243; Marta sonriendo, y miren que a partir de ahora ser&#225; peor, tengan los dos mucho cuidado conmigo, seg&#250;n me cuentan las mujeres embarazadas tienen cambios bruscos de humor, tienen caprichos, man&#237;as, mimos, ataques de llanto, golpes de mal genio, prep&#225;rense para lo que viene, Yo ya estoy resignado, dijo Marcial, y dirigi&#233;ndose a Cipriano Algor, Y usted, padre, Yo ya lo estaba desde hace muchos a&#241;os, desde que ella naci&#243;, Finalmente, todo el poder para la mujer, temblad, varones, temblad y temed, exclam&#243; Marta. El alfarero no acompa&#241;&#243; esta vez el tono jovial de la hija, antes bien habl&#243; serio y sereno como si estuviese recogiendo una a una palabras que se hab&#237;an quedado atr&#225;s, en el lugar donde fueron pensadas y puestas a madurar, no, esas palabras no fueron pensadas, ni ten&#237;an que sazonar, emerg&#237;an en aquel momento de su esp&#237;ritu como ra&#237;ces que hubieran subido repentinamente a la superficie del suelo, El trabajo proseguir&#225; normalmente, dijo, satisfar&#233; nuestros compromisos en tanto me sea posible, sin m&#225;s quejas ni protestas, y cuando Marcial sea ascendido considerar&#233; la situaci&#243;n, Considerar&#225; la situaci&#243;n, pregunt&#243; Marta, qu&#233; quiere eso decir, Vista la imposibilidad de mantener en funcionamiento la alfarer&#237;a, la cierro y dejo de ser suministrador del Centro, Muy bien, y de qu&#233; va a vivir luego, d&#243;nde, c&#243;mo, con qui&#233;n, pic&#243; Marta, Acompa&#241;ar&#233; a mi hija y a mi yerno a vivir en el Centro, si todav&#237;a me quieren con ellos. La imprevista y terminante declaraci&#243;n de Cipriano Algor tuvo efectos diferentes en la hija y en el yerno. Marcial exclam&#243;, Por fin, y abraz&#243; con fuerza al suegro, No puede imaginar la alegr&#237;a que me da, dijo, era una espina que tra&#237;a clavada dentro. Marta miraba al padre, primero con escepticismo, como quien no acaba de creer lo que oye, pero poco a poco el rostro se le fue iluminando de comprensi&#243;n, era el trabajo servicial de la memoria tray&#233;ndole al recuerdo ciertas expresiones populares corrientes, ciertos restos de lecturas cl&#225;sicas, ciertas im&#225;genes t&#243;picas, es verdad que no record&#243; todo lo que habr&#237;a para recordar, por ejemplo, quemar barcos, cortar puentes, cortar por lo sano, cortar derecho, cortar amarras, cortar el mal de ra&#237;z, perdido por diez perdido por cien, hombre perdido no quiere consejos, abandonar ante la meta, est&#225;n verdes no sirven, mejor p&#225;jaro en mano que ciento volando, &#233;stas y muchas m&#225;s, y todas para decir una sola cosa, Lo que no quiero es lo que no puedo, lo que no puedo es lo que no quiero. Marta se aproxim&#243; al padre, le pas&#243; la mano por la cara con un gesto demorado y tierno, casi maternal, Ser&#225; lo mejor, si es eso lo que realmente desea, murmur&#243;, no mostr&#243; m&#225;s satisfacci&#243;n que la poqu&#237;sima que palabras tan pobres, tan pedestres, ser&#237;an capaces de comunicar, pero ten&#237;a la seguridad de que el padre iba a comprender que no las escogi&#243; por indiferencia, sino por respeto. Cipriano Algor puso la mano sobre los hombros de la hija, despu&#233;s la atrajo hacia s&#237;, le dio un beso en la frente y, en voz baja, pronunci&#243; la breve palabra que ella quer&#237;a o&#237;r y leer en los ojos, Gracias. Marcial no pregunt&#243; Gracias por qu&#233;, aprendi&#243; hace mucho tiempo que el territorio donde se mov&#237;an ese padre y esa hija, m&#225;s que familiarmente particular, era de alg&#250;n modo sagrado e inaccesible. No le afectaba un sentimiento de celos, s&#243;lo la melancol&#237;a de quien se sabe definitivamente excluido, no de este territorio, que nunca podr&#237;a pertenecerle, sino de un otro en el que, si ellos estuvieran all&#237; o si alguna vez &#233;l pudiese estar all&#237; con ellos, encontrar&#237;a y reconocer&#237;a, por fin, a su propio padre y a su propia madre. Se descubri&#243; a s&#237; mismo pensando, sin demasiada sorpresa, que, puesto que el suegro hab&#237;a decidido vivir en el Centro, la idea de los padres de vender la casa del pueblo y mudarse con ellos ser&#237;a irremediablemente abandonada, por mucho que les costase y por mucho que protestasen, en primer lugar porque es una norma inflexible del Centro, determinada e impuesta por las propias estructuras habitacionales internas, no admitir familias numerosas, y en segundo lugar porque, no habiendo existido nunca una relaci&#243;n de entendimiento entre los miembros de estas dos, f&#225;cilmente se imagina el infierno en el que se les podr&#237;a convertir la vida si se viesen reunidas en un mismo reducido espacio. A pesar de ciertas situaciones y de ciertos desahogos que podr&#237;an inducir a una opini&#243;n contraria, Marcial no merece que lo consideremos un mal hijo, las culpas del desencuentro de sentimientos y voluntades en su familia no son s&#243;lo suyas, y sin embargo, demostr&#225;ndose as&#237; una vez m&#225;s hasta qu&#233; punto el alma humana es un pozo infestado de contradicciones, est&#225; contento por no tener que vivir en la misma casa que aquellos que le dieron el ser. Ahora que Marta est&#225; embarazada, ojal&#225; el ignoto destino no confirme en ella y en &#233;l aquella antigua sentencia que severamente reza, Hijo eres, padre ser&#225;s, como t&#250; hagas, as&#237; te har&#225;n. Es bien cierto que, de una manera u otra, por una especie de infalible tropismo, la naturaleza profunda de hijo impele a los hijos a buscar padres de sustituci&#243;n siempre que, por buenos o malos motivos, por justas e injustas razones, no puedan, no quieran o no sepan reconocerse en los propios. Verdaderamente, a pesar de todos sus defectos, la vida ama el equilibrio, si mandara s&#243;lo ella har&#237;a que el color oro estuviera permanentemente sobre el color azul, que todo lo c&#243;ncavo tuviese su convexo, que no sucediese ninguna despedida sin llegada, que la palabra, el gesto y la mirada se comportaran como gemelos inseparables que en todas las circunstancias dijeran lo mismo. Siguiendo v&#237;as para cuyo desarrollo pormenorizado no nos reconocemos ni aptos ni id&#243;neos, pero de cuya existencia e intr&#237;nseca virtud comunicativa tenemos absoluta certeza, tanto como de las nuestras propias, fue el conjunto de observaciones que acaban de ser expendidas lo que hizo nacer en Marcial Gacho una idea, en seguida transmitida al suegro con el filial alborozo que se adivina, Es posible traer lo que queda de loza de una sola vez, anunci&#243;, Ni siquiera sabes cu&#225;nta queda, pienso que todav&#237;a unas cuantas furgonetas, objet&#243; Cipriano Algor, No hablo de furgonetas, lo que digo es que la loza no ser&#225; tanta que un cami&#243;n vulgar no pueda resolver el asunto en una sola carga, Y de d&#243;nde vamos a sacar ese precioso cami&#243;n, pregunt&#243; Marta, Lo alquilamos, Ser&#225; muy caro, no tendr&#233; dinero suficiente, dijo el alfarero, pero la esperanza ya le hac&#237;a temblar la voz, Un d&#237;a bastar&#225; para este trabajo, si juntamos nuestro dinero, el nuestro y el suyo, estoy seguro de que lo conseguiremos, y adem&#225;s siendo yo guarda interno, tal vez me hagan un descuento, no perdemos nada intent&#225;ndolo, S&#243;lo un hombre para la carga y descarga, no s&#233; si ser&#233; capaz, apenas puedo ya con los brazos y las piernas, No estar&#225; solo, ir&#233; con usted, dijo Marcial, Eso no, pueden reconocerte, y ser&#237;a malo para ti, No creo que haya peligro, s&#243;lo he ido una vez al departamento de compras, si llevo gafas oscuras y una boina en la cabeza puedo ser cualquier persona, La idea es buena, muy buena, dijo Marta, podr&#237;amos lanzarnos ya a la fabricaci&#243;n de mu&#241;ecos, Eso es lo que pienso, dijo Marcial, Tambi&#233;n yo, confes&#243; Cipriano Algor. Se quedaron mir&#225;ndose, callados, sonrientes, hasta que el alfarero pregunt&#243;, Cu&#225;ndo, Ma&#241;ana mismo, respondi&#243; Marcial, aprovecharemos mi libranza, s&#243;lo habr&#225; otra ocasi&#243;n de aqu&#237; a diez d&#237;as, y entonces no valdr&#225; la pena, Ma&#241;ana, repiti&#243; Cipriano Algor, eso quiere decir que ya podr&#237;amos comenzar a trabajar de lleno, As&#237; es, dijo Marcial, y ganar casi dos semanas, Me has dado un alma nueva, dijo el alfarero, despu&#233;s pregunt&#243;, C&#243;mo lo haremos, aqu&#237; en el pueblo no creo que haya camiones para alquilar, Lo alquilamos en la ciudad, saldremos por la ma&#241;ana para tener tiempo de elegir el mejor precio posible, Comprendo que as&#237; convenga, dijo Marta, pero creo que deber&#237;as almorzar con tus padres, la &#250;ltima vez no fuiste y ellos estar&#225;n disgustados. Marcial se crisp&#243;, No me apetece, y adem&#225;s, se volvi&#243; hacia el suegro y pregunt&#243;, A qu&#233; hora tiene que comparecer en el almac&#233;n, A las cuatro, Ah&#237; est&#225;, almorzar con mis padres, ir luego a la ciudad, todo el camino hasta all&#237;, alquilar el cami&#243;n y estar a las cuatro para recoger la loza, no da tiempo, Les dices que tienes necesidad absoluta de almorzar m&#225;s temprano, Incluso as&#237; no va a dar tiempo, y encima no me apetece, ir&#233; el pr&#243;ximo permiso, Por lo menos telefonea a tu madre, La llamar&#233;, pero no te extra&#241;e que vuelva a preguntarme cu&#225;ndo nos mudamos. Cipriano Algor dej&#243; a la hija y al yerno discutiendo la grave cuesti&#243;n del almuerzo familiar de los Gachos y se aproxim&#243; al tablero donde estaban las seis figuras. Con extremo cuidado les retir&#243; los pa&#241;os mojados, las observ&#243; con atenci&#243;n, una a una, necesitaban s&#243;lo de algunos ligeros retoques en las cabezas y en los rostros, partes del cuerpo que, siendo las figuras de peque&#241;o tama&#241;o, poco m&#225;s de un palmo de altura, inevitablemente tendr&#237;an que resentirse de la presi&#243;n de las telas, Marta se encargar&#225; de ponerlas como nuevas, despu&#233;s quedar&#225;n destapadas, al descubierto, para que pierdan la humedad antes de meterlas en el horno. Por el cuerpo dolorido de Cipriano Algor pas&#243; un estremecimiento de placer, se sent&#237;a como si estuviese principiando el trabajo m&#225;s dif&#237;cil y delicado de su vida de alfarero, la aventurada cochura de una pieza de alt&#237;simo valor est&#233;tico modelada por un gran artista a quien no le importa rebajar su genio hasta las precarias condiciones de este lugar humilde, y que no podr&#237;a admitir, de la pieza se habla, mas tambi&#233;n del artista, las consecuencias ruinosas que resultar&#237;an de la variaci&#243;n de un grado de calor, ya sea por exceso ya sea por defecto. De lo que realmente aqu&#237; se trata, sin grandezas ni dramas, es de llevar al horno y cocer media docena de figurillas insignificantes para que generen, cada una de ellas, doscientas insignificantes copias, habr&#225; quien diga que todos nacemos con el destino trazado, pero lo que est&#225; a la vista es que s&#243;lo algunos vinieron a este mundo para hacer del barro adanes y evas o multiplicar los panes y los peces. Marta y Marcial hab&#237;an salido de la alfarer&#237;a, ella para preparar la cena, &#233;l para profundizar las relaciones iniciadas con el perro Encontrado, quien, aunque todav&#237;a renitente a aceptar sin protesta la presencia de un uniforme en la familia, parece dispuesto a asumir una postura de t&#225;cita condescendencia siempre que el dicho uniforme sea sustituido, nada m&#225;s llegar, por cualquier vestimenta de corte civil, moderna o antigua, nueva o vieja, limpia o sucia, da lo mismo. Cipriano Algor est&#225; ahora solo en la alfarer&#237;a. Prob&#243; distra&#237;damente la solidez de una caja, mud&#243; de sitio, sin necesidad, un saco de yeso, y, como si apenas el azar, y no la voluntad, le hubiese guiado los pasos, se encontr&#243; delante de las figuras que hab&#237;a modelado, el hombre, la mujer. En pocos segundos el hombre qued&#243; transformado en un mont&#243;n informe de barro. Quiz&#225; la mujer hubiese sobrevivido si en los o&#237;dos de Cipriano Algor no sonase ya la pregunta que Marta le har&#237;a ma&#241;ana, Por qu&#233;, por qu&#233; el hombre y no la mujer, por qu&#233; uno y no los dos. El barro de la mujer se amas&#243; sobre el barro del hombre, son otra vez un barro solo.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El primer acto de la funci&#243;n termin&#243;, el atrezo de escena ha sido retirado, los actores descansan del esfuerzo de la apoteosis. En los almacenes del Centro no queda una sola pieza de loza fabricada por la alfarer&#237;a de los Algores, quiz&#225; alg&#250;n polvo rojo esparcido por los estantes, nunca estar&#225; de m&#225;s recordar que la cohesi&#243;n de las materias no es eterna, si el continuo roce de los invisibles dedos del tiempo desgasta m&#225;rmoles y granitos, qu&#233; no har&#225; a simples arcillas de composici&#243;n precaria y cochura probablemente irregular. A Marcial Gacho no lo reconocieron en el departamento de compras, efecto seguro de la boina y de las gafas oscuras, pero tambi&#233;n de la barba sin afeitar, que &#233;l se hab&#237;a dejado a caso hecho para rematar la eficacia del disfraz protector, pues entre las diversas caracter&#237;sticas que deben distinguir a un guarda interno del Centro se incluye un perfecto rasurado. En todo caso al subjefe no dej&#243; de extra&#241;arle la repentina mejor&#237;a del veh&#237;culo transportador, actitud l&#243;gica en persona que m&#225;s de una vez se hab&#237;a permitido sonre&#237;r ir&#243;nicamente a la vista de la vetusta furgoneta, pero lo sorprendente fue, y &#233;sta es en la presente circunstancia la m&#237;nima denominaci&#243;n posible, el asomo de irritaci&#243;n apenas contenida que le subi&#243; a la mirada y al gesto cuando Cipriano Algor le inform&#243; de que estaba dispuesto para llevarse el resto de la mercanc&#237;a, Toda, pregunt&#243;, Toda, respondi&#243; el alfarero, he tra&#237;do un cami&#243;n y un ayudante. Si a este subjefe de demostrado mal talante le estuviese asignado suficiente futuro en el relato que venimos cursando, sin duda un d&#237;a de &#233;stos le pedir&#237;amos que nos desvelase el fondo de sus sentimientos en aquella ocasi&#243;n, es decir, la raz&#243;n &#250;ltima de una contrariedad, a todas luces il&#243;gica, que no quiso ocultar o no fue capaz de tal. Es probable que intentara enga&#241;arnos diciendo, por ejemplo, que se hab&#237;a habituado a las visitas diarias de Cipriano Algor y que, aunque por respeto a la verdad no pudiese jurar que eran amigos, le hab&#237;a tomado una cierta simpat&#237;a, sobre todo debido a la poco auspiciosa situaci&#243;n profesional en la que el pobre diablo se encontraba. Falsedad de lo m&#225;s descarada como es evidente, porque, si del desvelamiento del fondo pas&#225;semos a la excavaci&#243;n de lo m&#225;s hondo, en seguida nos dar&#237;amos cuenta de que lo que delata la muestra de exasperaci&#243;n del subjefe es la frustraci&#243;n de ver c&#243;mo se le iba de las manos el gozo sobre todos perverso de los que disfrutan con las derrotas ajenas hasta cuando no sacan ning&#250;n provecho de ellas. Con el pretexto de que pasar&#237;an horas haciendo el trabajo y de que estaban dificultando las descargas de otros abastecedores, el p&#233;simo hombre todav&#237;a intent&#243; impedir la carga del cami&#243;n, pero Cipriano Algor lo puso, como elocuentemente se suele decir, entre la espada y la pared, pregunt&#225;ndole qui&#233;n se responsabilizar&#237;a del gasto del alquiler del veh&#237;culo en caso de no acabar, exigi&#243; el libro de reclamaciones, y, como golpe final y desesperado, asegur&#243; que de all&#237; no saldr&#237;a sin hablar con el jefe del departamento. Es de manuales elementales de psicolog&#237;a aplicada, cap&#237;tulo comportamientos, que las personas de mal car&#225;cter son con mucha frecuencia cobardes, por eso no deber&#225; sorprendernos que el temor a ser desautorizado en p&#250;blico por el jefe superior jer&#225;rquico haya hecho mudar de un instante a otro la actitud del subjefe. Dej&#243; salir por la boca una insolencia para mitigar el desaire y se retir&#243; al fondo del almac&#233;n, de donde s&#243;lo volvi&#243; a aparecer cuando el cami&#243;n, finalmente cargado, abandon&#243; el subterr&#225;neo. Ni propia ni figuradamente cantaron Cipriano Algor y Marcial Gacho victoria, estaban demasiado cansados para gastar el poco fuelle que les quedaba en gorjeos y congratulaciones, el mayor dijo solamente, Nos va a amargar la vida cuando traigamos la otra mercanc&#237;a, va a examinar las figuras con lupa y a rechazarlas por docenas, y el m&#225;s joven respondi&#243; que tal vez s&#237;, pero que no era seguro, que el jefe del departamento es quien lleva el asunto, de &#233;sta nos hemos librado, padre, la otra ya veremos, la vida tiene que ser as&#237;, cuando uno se desanima, el otro se agarra las propias tripas y de ellas hace coraz&#243;n. Hab&#237;an dejado la furgoneta estacionada en la esquina de una calle pr&#243;xima, all&#237; estar&#225; hasta que vuelvan de descargar la &#250;ltima loza en la hondonada que est&#225; cerca del r&#237;o, despu&#233;s llevar&#225;n el cami&#243;n al garaje y, exhaustos, m&#225;s muertos que vivos, uno por haber perdido en los lisos pasillos del Centro la saludable costumbre del esfuerzo f&#237;sico, el otro por las sobradamente conocidas desventajas de la edad, llegar&#225;n por fin a casa, cuando la tarde ya est&#233; cayendo. Bajar&#225; a recibirlos al camino el perro Encontrado, tambi&#233;n &#233;l dando los saltos y los latidos de su condici&#243;n, y Marta estar&#225; esperando en la puerta. Ella preguntar&#225;, Ya est&#225;, qued&#243; todo resuelto, y ellos responder&#225;n que s&#237;, que todo qued&#243; resuelto, y luego los tres han de pensar, o han de sentir, si hay desigualdad y contradicci&#243;n entre el sentir y el pensar, que esta parte que ha acabado es la misma que est&#225; impaciente por comenzar, que los primeros, segundos y terceros actos, da lo mismo que sean los de las funciones o los de las vidas, son siempre una sola pieza. Es verdad que algunos atrezos han sido retirados del escenario, pero el barro del que van a ser hechos los nuevos aderezos es el mismo de ayer, y los actores, ma&#241;ana, cuando despierten del sue&#241;o de los bastidores, posar&#225;n el pie derecho delante de donde hab&#237;an dejado la marca del pie izquierdo, despu&#233;s asentar&#225;n el izquierdo delante del derecho, y, hagan lo que hagan, no se saldr&#225;n del camino. A pesar del cansancio de &#233;l, Marta y Marcial repetir&#225;n, como si tambi&#233;n esta vez fuese la primera, los gestos, los movimientos y los gemidos y suspiros de amor. Y las palabras. Cipriano Algor dormir&#225; sin sue&#241;os en su cama. Ma&#241;ana temprano, como de costumbre, llevar&#225; al yerno al trabajo. Tal vez en el regreso se le ocurra pasar por la hondonada cerca del r&#237;o, sin ning&#250;n motivo especial, ni siquiera curiosidad, sabe perfectamente lo que all&#237; fue dejado, pero pese a todo quiz&#225; se acerque al borde de la cueva, y si lo hace mirar&#225; hacia abajo, entonces se preguntar&#225; a s&#237; mismo si no deber&#237;a cortar unas cuantas ramas de &#225;rboles para cubrir mejor la loza, da idea de que quiere que nadie m&#225;s sepa lo que hay aqu&#237;, de que quiere que as&#237; se quede, oculta, resguardada, hasta el d&#237;a en que nuevamente vuelvan a ser necesarias, ah, qu&#233; dif&#237;cil es separarnos de aquello que hemos hecho, sea cosa o sue&#241;o, incluso cuando lo hemos destruido con nuestras propias manos.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Voy a limpiar el horno, dijo Cipriano Algor al llegar a casa. Las experiencias anteriores del perro Encontrado le indujeron a pensar que el due&#241;o se dispon&#237;a a sentarse otra vez en el banco de las meditaciones, todav&#237;a andar&#237;a el pobre con el esp&#237;ritu turbio de conflictos, la vida corri&#233;ndole a contramano, en estas ocasiones es cuando los perros hacen m&#225;s falta, vienen y se nos colocan delante con la infalible pregunta en los ojos, Quieres ayuda, y siendo cierto que, a primera vista, no parece estar al alcance de uno de estos animales poner remedio a los sufrimientos, angustias y otras aflicciones humanas, bien pudiera suceder que la causa radique en el hecho de que no seamos capaces de comprender lo que est&#225; m&#225;s all&#225; o ac&#225; de nuestra humanidad, como si las otras aflicciones en el mundo s&#243;lo pudiesen lograr una realidad aprehensible si las medimos por nuestros propios patrones, o, usando palabras m&#225;s simples, como si s&#243;lo lo humano tuviese existencia. Cipriano Algor no se sent&#243; en el banco de piedra, pas&#243; a su lado, luego, tras mover uno tras otro los tres gruesos cierres de hierro instalados en alturas diferentes, arriba, en medio, abajo, abri&#243; la puerta del horno, que chirri&#243; gravemente en los goznes. Pasados los primeros d&#237;as de indagaciones sensoriales que contentaron la curiosidad inmediata de quien acabara de llegar a un nuevo lugar, el horno hab&#237;a dejado de atraer la atenci&#243;n del perro Encontrado. Era una construcci&#243;n vieja y basta de alba&#241;iler&#237;a, con una puerta alta y estrecha, de finalidad desconocida y donde no viv&#237;a nadie, una construcci&#243;n que ten&#237;a en la parte superior tres cosas como chimeneas, pero que seguramente no lo ser&#237;an, puesto que de ellas nunca se hab&#237;a desprendido ning&#250;n estimulante olor a comida. Y ahora para su desconcierto la puerta se abre y el due&#241;o entra con tan buena disposici&#243;n como si tambi&#233;n aquello fuese su casa, como la otra de ah&#237;. Debe un perro, por cautela y principio, ladrar a cuantas sorpresas le surjan en la vida, porque no podr&#225; saber de antemano si las buenas se transformar&#225;n en malas y si las malas dejar&#225;n de ser lo que fueron, por tanto Encontrado ladr&#243; y ladr&#243;, primero con inquietud cuando la figura del due&#241;o pareci&#243; desvairse en la &#250;ltima penumbra del horno, luego feliz al verlo reaparecer entero y con la expresi&#243;n cambiada, son los peque&#241;os milagros del amor, querer bien lo que se ha hecho tambi&#233;n deber&#237;a merecer ese nombre. Cuando Cipriano Algor volvi&#243; a entrar en el horno, ahora empu&#241;ando la escoba, Encontrado no se preocup&#243;, un due&#241;o, bien mirado, es como el sol y la luna, debemos ser pacientes cuando desaparece, esperar que el tiempo pase, si poco si mucho no lo podr&#225; decir un perro, que no distingue duraciones entre la hora y la semana, entre el mes y el a&#241;o, para un animal de &#233;stos no hay m&#225;s que la presencia y la ausencia. Durante la limpieza del horno, Encontrado no hizo intenci&#243;n de entrar, se apart&#243; a un lado para que no le cayese encima la lluvia de peque&#241;os fragmentos de barro cocido, de cascotes de loza rota que la escoba iba empujando hacia fuera, y se tumb&#243; todo lo largo que era, con la cabeza asentada entre las patas. Parec&#237;a ajeno, casi dormido, pero hasta el m&#225;s inexperto conocedor de ma&#241;as caninas ser&#237;a capaz de comprender, nada m&#225;s que por el modo disimulado con que de vez en cuando el sujeto abr&#237;a y cerraba los ojos, que el perro Encontrado estaba simplemente a la espera. Terminada la tarea de limpieza, Cipriano Algor sali&#243; del horno y se encamin&#243; a la alfarer&#237;a. Mientras estuvo a la vista, el perro no se movi&#243;, luego se levant&#243; despacio, avanz&#243; con el cuello estirado hasta la entrada del horno y mir&#243;. Era una casa extra&#241;a y vac&#237;a, de techo abovedado, sin muebles ni adornos, forrada de paralelep&#237;pedos blanquecinos, pero lo que m&#225;s impresion&#243; la nariz del perro Encontrado fue la sequedad extrema del aire que dentro se respiraba y tambi&#233;n el picor intenso del &#250;nico olor que se percib&#237;a, la vaharada final de un infinito calcinamiento, que no os sorprenda la fragante y asumida contradicci&#243;n entre final e infinito, pues no era de sensaciones humanas de lo que ven&#237;amos tratando, sino de lo que humanamente podemos imaginar acerca de lo que sentir&#237;a un perro al entrar por primera vez en un horno de alfarer&#237;a vac&#237;o. Al contrario de lo que, por naturaleza, ser&#237;a de esperar, Encontrado no dej&#243; marcado de orina el nuevo sitio. Es verdad que comenz&#243; obedeciendo a lo que el instinto le ordenaba, es verdad que lleg&#243; a levantar amenazadoramente la pata, pero se venci&#243;, se contuvo en el &#250;ltimo y definitivo instante, qui&#233;n sabe si amedrentado por el silencio mineral que lo rodeaba, por la rudeza tosca de la construcci&#243;n, por el tono blanquecino y fantasmag&#243;rico del suelo y de las paredes, qui&#233;n sabe si sencillamente porque sospech&#243; que el due&#241;o emplear&#237;a la violencia contra &#233;l si encontrara emporcado con una meada infame el reino, el trono y el dosel del fuego, el crisol donde la arcilla sue&#241;a cada vez que se va a convertir en diamante. Con la piel del dorso erizada, con el rabo entre las piernas como si viniese expulsado de lejos, el perro Encontrado sali&#243; del horno. No vio a ninguno de los due&#241;os, la casa y el campo estaban como abandonados, y el moral, por efecto del &#225;ngulo de incidencia del sol, parec&#237;a proyectar una sombra extra&#241;a, que se arrastraba por el suelo como si viniese de un &#225;rbol diferente. Al contrario de lo que en general se piensa, los perros, por muchos cuidados y mimos de que sean objeto, no tienen la vida f&#225;cil, en primer lugar porque hasta hoy no han conseguido llegar a una comprensi&#243;n m&#237;nimamente satisfactoria del mundo al que han sido tra&#237;dos, en segundo lugar porque esa dificultad se ve agravada continuamente por las contradicciones y por las inestabilidades de conducta de los seres humanos con quienes comparten, por decirlo as&#237;, la casa, la comida y a veces la cama. Desapareci&#243; el due&#241;o, no aparece la due&#241;a, el perro Encontrado desahoga la melancol&#237;a y la retenci&#243;n de la vejiga en el banco de piedra que no tiene m&#225;s utilidad que la de servir para meditaciones. En ese momento Cipriano Algor y Marta salieron de la alfarer&#237;a. Encontrado corri&#243; hacia ellos, en instantes como &#233;ste, s&#237;, tiene la impresi&#243;n de que finalmente va a entenderlo todo, pero la impresi&#243;n no dura, nunca dura, el due&#241;o le suelta un grito enorme, Fuera de aqu&#237;, la due&#241;a grita alarmada, Quieto, qui&#233;n podr&#225; alguna vez entender a esta gente, el perro Encontrado no tardar&#225; en darse cuenta de que los due&#241;os llevan unas figuras de barro en equilibrio sobre unas peque&#241;as tablas, tres cada uno y en cada una, imag&#237;nese el desastre que suceder&#237;a si no me hubiesen frenado a tiempo las efusiones. Se dirigen los equilibristas a las largas tablas de secado que desde hace semanas est&#225;n desnudas de platos, cuencos, tazas, platillos, tazones, jarrones, botijos, c&#225;ntaros, macetas y otros enseres de casa y jard&#237;n. Estos seis mu&#241;ecos, que se quedar&#225;n sec&#225;ndose al aire, protegidos por la sombra del moral, pero tocados de vez en cuando por el sol que se insin&#250;a y mueve entre las hojas, son la guardia avanzada de una nueva ocupaci&#243;n, la de centenas de figuras iguales que en batallones cerrados cubrir&#225;n las amplias tablas, mil doscientas figuras, seis veces doscientas, seg&#250;n las cuentas hechas en su momento, pero las cuentas estaban equivocadas, la alegr&#237;a de la victoria no siempre es buena consejera, estos alfareros, pese a las tres generaciones de experiencia, parecen haberse olvidado de que es indispensable reservar siempre, porque hasta la tijera come el pa&#241;o que corta, un margen para las p&#233;rdidas, es lo que cae y se parte, es lo que se deforma, es lo que se contrae m&#225;s o menos, es lo que el calor revienta por estar mal fabricada la pieza, es lo que sale mal cocido por defectuosa circulaci&#243;n del aire caliente, y a todo esto, que tiene que ver directamente con las contingencias f&#237;sicas de un trabajo en el que hay mucho de arte alqu&#237;mica, que, como sabemos, no es una ciencia exacta, a todo esto, dec&#237;amos, habr&#225; que a&#241;adir el examen riguroso que, como de costumbre, el Centro aplicar&#225; a cada una de las piezas, para colmo con aquel subjefe que parece ten&#233;rsela jurada. A Cipriano Algor &#250;nicamente se le vinieron a la cabeza estas dos amenazas, la cierta y la latente, cuando barr&#237;a el horno, es lo que tienen de bueno las asociaciones de ideas, unas van tirando de otras, de carrerilla, la habilidad est&#225; en no dejar que se rompa el hilo de la madeja, en comprender que un cascote en el suelo no es s&#243;lo su presente de cascote en el suelo, es tambi&#233;n su pasado de cuando no lo era, es tambi&#233;n su futuro de no saber lo que llegar&#225; a ser.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Se cuenta que en tiempos antiguos hubo un dios que decidi&#243; modelar un hombre con el barro de la tierra que antes hab&#237;a creado, y luego, para que tuviera respiraci&#243;n y vida, le dio un soplo en la nariz. Algunos esp&#237;ritus contumaces y negativos ense&#241;an cautelosamente, cuando no osan proclamarlo con esc&#225;ndalo, que, despu&#233;s de aquel acto creativo supremo, el tal dios no volvi&#243; a dedicarse nunca m&#225;s a las artes de la alfarer&#237;a, manera retorcida de denunciarlo por haber, simplemente, dejado de trabajar. El asunto, por la trascendencia de que se reviste, es demasiado serio para que lo tratemos de forma simplista, exige ponderaci&#243;n, mucha imparcialidad, mucho esp&#237;ritu objetivo. Es un dato hist&#243;rico que el trabajo de modelado, desde aquel memorable d&#237;a, dej&#243; de ser un atributo exclusivo del creador para pasar a la competencia incipiente de las criaturas, las cuales, excusado ser&#225; decirlo, no est&#225;n pertrechadas de suficiente soplo ventilador. El resultado fue que se asignara al fuego la responsabilidad de todas las operaciones subsidiarias capaces de dar, tanto por el color como por el brillo, y hasta por el sonido, una razonable semejanza de cosa viva a cuanto saliese de los hornos. Era juzgar por las apariencias. El fuego hace mucho, eso no hay quien lo niegue, pero no puede hacerlo todo, tiene serias limitaciones, incluso hasta alg&#250;n grave defecto, como, por ejemplo, la insaciable bulimia que padece y que lo conduce a devorar y reducir a cenizas todo cuanto encuentra por delante. Volviendo al asunto que nos ocupa, la alfarer&#237;a y su funcionamiento, todos sabemos que barro h&#250;medo metido en horno es barro estallado en menos tiempo del que lleva contarlo. Una primera e irrevocable condici&#243;n establece el fuego, si queremos que haga lo que de &#233;l se espera, que el barro entre seco y bien seco en el horno. Y es aqu&#237; cuando humildes regresamos al soplo en la nariz, es aqu&#237; cuando tendremos que reconocer hasta qu&#233; punto fuimos injustos e imprudentes al apadrinar y hacer nuestra la imp&#237;a idea de que el dicho dios habr&#237;a dado la espalda, indiferente, a su propia obra. S&#237;, es cierto que despu&#233;s de eso nadie m&#225;s lo ha vuelto a ver, pero nos dej&#243; lo que tal vez fuese lo mejor de s&#237; mismo, el soplo, el aire, el viento, la brisa, el c&#233;firo, esos que ya est&#225;n entrando suavemente por las narices de los seis mu&#241;ecos de barro que Cipriano Algor y la hija acaban de colocar, con todo cuidado, sobre uno de los tableros de secado. Escritor, adem&#225;s de alfarero, el dicho dios tambi&#233;n sabe escribir derecho con l&#237;neas torcidas, no estando &#233;l aqu&#237; para soplar personalmente, mand&#243; a quien hiciese el trabajo en su nombre, y todo para que la todav&#237;a fr&#225;gil vida de estos barros no acabe extingui&#233;ndose ma&#241;ana en el ciego y brutal abrazo del fuego. Decir ma&#241;ana es apenas una manera de hablar, porque si es cierto que un &#250;nico soplo fue suficiente en el inicio para que el barro del hombre adquiriese respiraci&#243;n y vida, muchos ser&#225;n los soplos necesarios para que de los bufones, de los payasos, de los asirios de barbas, de los mandarines, de los esquimales y de las enfermeras, de estos que est&#225;n aqu&#237; y de los que en filas cerradas vendr&#225;n a alinearse en estos tableros, se evapore poco a poco el agua sin la que no habr&#237;an llegado a ser lo que son, y puedan entrar seguros en el horno para transformarse en aquello que van a tener que ser. El perro Encontrado se alz&#243; sobre las patas traseras y apoy&#243; las manos en el borde de la plancha para ver desde m&#225;s cerca los seis monigotes formados ante &#233;l. Olisque&#243; una vez, dos veces, y luego se desinteres&#243; de ellos, pero no a tiempo de evitar la palmada seca y dolorosa que el due&#241;o le propin&#243; en la cabeza ni la repetici&#243;n de las duras palabras que ya oyera antes, Fuera de aqu&#237;, c&#243;mo podr&#237;a &#233;l explicar que no le iba a hacer ning&#250;n mal a los mu&#241;ecos, que s&#243;lo los quer&#237;a ver mejor y oler, que no ha sido justo que me pegues por tan poco, parece que no sabes que los perros no se sirven s&#243;lo de los ojos de la cara para indagar el mundo exterior, la nariz es como un ojo complementario, ve lo que huele, menos mal que esta vez ella no grit&#243; Quieto, felizmente siempre se encuentra a alguien capaz de comprender las razones ajenas, incluso las de aquellos que, por mudez de naturaleza, o insuficiencia de vocabulario, no supieron o no les lleg&#243; la lengua para explicarlas, No era necesario pegarle, padre, s&#243;lo estaba curioseando, dijo Marta. Lo m&#225;s seguro es que el propio Cipriano Algor no haya querido hacerle da&#241;o al perro, le sali&#243; as&#237; por la fuerza del instinto, que, al contrario de lo que generalmente se piensa, los seres humanos todav&#237;a no han perdido ni est&#225;n cerca de perder. Convive &#233;ste pared con pared con la inteligencia, pero es infinitamente m&#225;s r&#225;pido que ella, por eso la pobrecilla queda tantas veces en rid&#237;culo y es desairada en tantas ocasiones, es lo que ha sucedido en este caso, el alfarero reaccion&#243; al miedo de ver destruido lo que tanto esfuerzo le hab&#237;a costado de la misma manera que la leona a la ansiedad de ver en peligro a su cr&#237;a. No todos los creadores se distraen de sus criaturas, sean &#233;stas cachorros o mu&#241;ecos de barro, no todos se van y dejan en su lugar la inconstancia de un c&#233;firo que sopla de vez en cuando, como si nosotros no tuvi&#233;semos esta necesidad de crecer, de ir al horno, de saber qui&#233;nes somos. Cipriano Algor llam&#243; al perro, Ven aqu&#237;, Encontrado, ven aqu&#237;, de hecho no hay quien consiga comprender a estos bichos, pegan y en seguida van a acariciar a quienes han pegado, les pegan y en seguida van a besar la mano que les ha pegado, es posible que todo esto no sea nada m&#225;s que una consecuencia de los problemas que venimos teniendo, desde el remoto comienzo de los tiempos, para entendernos unos a otros, nosotros, los perros, nosotros, los humanos. Encontrado ya se ha olvidado del manotazo recibido, pero el due&#241;o no, el due&#241;o tiene memoria, lo olvidar&#225; ma&#241;ana o dentro de una hora, pero por el momento no puede, en casos as&#237; la memoria es como aquel toque instant&#225;neo de sol en la retina que deja una quemadura en la superficie, cosa leve, sin importancia, pero que molesta mientras dura, lo mejor ser&#225; llamar al perro, decirle, Encontrado, ven aqu&#237;, y\i 
\i0  el perro ir&#225;, va siempre, si est&#225; lamiendo la mano que lo acaricia es porque &#233;sa es la manera de besar de los perros, en poco tiempo desaparecer&#225; la quemadura, la visi&#243;n se normalizar&#225;, y ser&#225; como si nada hubiera ocurrido.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor ech&#243; cuenta de la le&#241;a y la encontr&#243; poca. Durante a&#241;os hab&#237;a andado complaci&#233;ndose en la idea de que habr&#237;a de llegar la hora en que el viejo horno de le&#241;a ser&#237;a derribado para que en su lugar surgiera un horno nuevo, de los modernos, de esos que trabajan con gas, capaces de ofrecer temperaturas alt&#237;simas, r&#225;pidos de calentar y de excelentes resultados en la cocci&#243;n. En el fondo de s&#237; mismo, sin embargo, intu&#237;a que nunca tal acabar&#237;a sucediendo, en primer lugar por el mucho dinero que la obra exigir&#237;a, fuera de su alcance, pero tambi&#233;n por otras razones menos materiales, como saber de antemano que le dar&#237;a pena derribar aquello que el abuelo hab&#237;a construido y despu&#233;s el padre perfeccionara, si lo hiciese ser&#237;a como si, en sentido propio, los borrase de una vez por todas de la faz de la tierra, pues precisamente sobre la faz de la tierra est&#225; el horno. Ten&#237;a a&#250;n una otra raz&#243;n, menos confesable, que despachaba en cinco palabras, Ya estoy viejo para eso, pero que objetivamente implicaba el uso de los pir&#243;metros, de las tuber&#237;as, de los pilotos de seguridad, de los quemadores, es decir, otras t&#233;cnicas y otros cuidados. No quedaba por tanto m&#225;s remedio que seguir con el horno viejo aliment&#225;ndolo a la vieja manera, con le&#241;a, le&#241;a y le&#241;a, tal vez esto sea lo que m&#225;s cuesta soportar en los menesteres del barro. As&#237; como el fogonero de las antiguas locomotoras de vapor, que se pasaba el tiempo echando paladas de carb&#243;n en la boca del fog&#243;n, el alfarero, por lo menos este Cipriano Algor, que no puede pagar a un ayudante, se fatiga durante horas metiendo el arcaico combustible horno adentro, ramajes que el fuego envuelve y devora en un instante, ramas que la llama va mordisqueando y lamiendo poco a poco hasta fragmentarlas en brasas, lo bueno es cuando podemos mimarlo con pinas y serr&#237;n, que arden m&#225;s despacio y proporcionan m&#225;s calor. Cipriano Algor se abastece en los alrededores de la poblaci&#243;n, encarga a los le&#241;adores y agricultores unas cuantas cargas de le&#241;a para quemar, compra en los aserraderos y carpinter&#237;as del Cintur&#243;n Industrial unas cuantas sacas de serr&#237;n, preferentemente de maderas duras, como el roble, el nogal y el casta&#241;o, y todo esto lo tendr&#225; que hacer solo, evidentemente no se le pasa por la cabeza pedirle a la hija, y m&#225;s estando embarazada, que le acompa&#241;e y le ayude a subir las sacas a la furgoneta, se llevar&#225; a Encontrado para acabar de hacer las paces, lo que parece significar que la quemadura en la memoria de Cipriano Algor, al final, no estaba del todo curada. La le&#241;a que se encuentra debajo del alpendre ser&#237;a m&#225;s que suficiente para la cochura de las seis figuras que van a servir de moldes. Pero Cipriano Algor duda, encuentra absurda, disparatada, un desbarato sin disculpa, la enorme desproporci&#243;n de medios a emplear en relaci&#243;n con los fines a conseguir, es decir, que para cocer la nader&#237;a material de media docena de mu&#241;ecos vaya a ser necesario usar el horno como si de una carga hasta el techo se tratase. Se lo dijo a Marta, que le dio la raz&#243;n, y media hora despu&#233;s el remedio, El libro explica c&#243;mo se puede resolver el problema, hasta trae un dibujo para que se entienda mejor. Es muy posible que el bisabuelo de Marta, siendo como era del tiempo de Maricasta&#241;a, hubiese usado alguna vez, en los primordios de su profesi&#243;n de alfarero, el ya en esa &#233;poca anticuado proceso de cochura en cueva, pero la instalaci&#243;n del primer horno deber&#237;a haber dispensado y de alg&#250;n modo hecho olvidar la arcaica pr&#225;ctica, que no pas&#243; ya al padre de Cipriano Algor. Afortunadamente existen los libros. Podemos tenerlos olvidados en una estanter&#237;a o en un ba&#250;l, dejarlos entregados al polvo o a las polillas, abandonarlos en la oscuridad de los s&#243;tanos, podemos no pasarles la vista por encima ni tocarlos durante a&#241;os y a&#241;os, pero a ellos no les importa, esperan tranquilamente, cerrados sobre s&#237; mismos para que nada de lo que tienen dentro se pierda, el momento que siempre llega, ese d&#237;a en el que nos preguntamos, D&#243;nde estar&#225; aquel libro que ense&#241;aba a cocer los barros, y el libro, finalmente convocado, aparece, est&#225; aqu&#237; en las manos de Marta mientras el padre cava al lado del horno una peque&#241;a cueva con medio metro de profundidad y otro tanto de anchura, para el tama&#241;o de las figuras no es necesario m&#225;s, despu&#233;s dispone en el fondo del agujero una capa de peque&#241;as ramas y les prende fuego, las llamas suben, acarician las paredes, reducen la humedad superficial, luego la hoguera esmorecer&#225;, s&#243;lo restar&#225;n las cenizas calientes y unas diminutas brasas, y ser&#225; sobre &#233;stas donde Marta, habi&#233;ndole pasado al padre el libro abierto en la p&#225;gina, haga descender, y con extremo cuidado vaya posando, una a una, las seis figuras de la prueba, el mandar&#237;n, el esquimal, el asirio de barba, el payaso, el buf&#243;n, la enfermera, dentro de la cueva el aire caliente todav&#237;a tiembla, toca la epidermis gris&#225;cea de la que, y tambi&#233;n del interior macizo de los cuerpos, casi toda el agua ya se hab&#237;a evaporado por obra de la viraz&#243;n y de la brisa, y ahora, sobre la boca de la cavidad, a falta de una rejilla adecuada para este fin, coloca Cipriano Algor, ni demasiado juntas ni demasiado separadas, como el libro ense&#241;a, unas barras estrechas de hierro por donde han de caer las brasas resultantes de la hoguera que el alfarero ya ha comenzado a atizar. Tan felices estaban con el descubrimiento del libro salvador que no repararon, ni el padre ni la hija, que la hora casi crepuscular en que comenzaron el trabajo los obligar&#237;a a alimentar la hoguera noche adentro, hasta que las brasas llenen por completo la cueva y la cocci&#243;n termine. Cipriano Algor dijo a la hija, T&#250; acu&#233;state, que yo me quedo mirando por la lumbre, y ella respondi&#243;, No me perder&#237;a esto por todo el oro del mundo. Se sentaron en el banco de piedra contemplando las llamas, de vez en cuando Cipriano Algor se levantaba e iba a echar m&#225;s le&#241;a, ramas no demasiado gruesas para que las brasas caigan por los intervalos de los hierros, cuando lleg&#243; la hora de la cena Marta baj&#243; a casa para preparar una refecci&#243;n ligera, tomada despu&#233;s a la luz oscilante que se mov&#237;a sobre la pared lateral del horno como si tambi&#233;n &#233;l estuviese ardiendo por dentro. El perro Encontrado comparti&#243; lo que hab&#237;a para comer, despu&#233;s se tumb&#243; a los pies de Marta, mirando fijamente las llamas, en su vida hab&#237;a estado cerca de otras hogueras, pero ninguna como &#233;sta, probablemente querr&#237;a decir otra cosa, las hogueras, mayores o m&#225;s peque&#241;as, se parecen todas, son le&#241;a ardiendo, centellas, tizones y cenizas, lo que Encontrado pensaba era que nunca hab&#237;a estado as&#237;, a los pies de dos personas a quienes hab&#237;a entregado para siempre su amor de perro, junto a un banco de piedra propicio a serias meditaciones, como &#233;l mismo, a partir de hoy y por experiencia personal directa, podr&#225; testificar. Llenar medio metro c&#250;bico de brasas lleva su tiempo, sobre todo si la le&#241;a, como est&#225; sucediendo, no lleg&#243; seca del todo, la prueba est&#225; en que se ven hervir las &#250;ltimas savias en el extremo opuesto de los troncos que se est&#225;n quemando. Ser&#237;a interesante, si fuese posible, mirar dentro, ver si las brasas han alcanzado ya la altura de la cintura de los mu&#241;ecos, pero lo que se puede imaginar es c&#243;mo estar&#225; el interior de la cueva, vibrante y resplandeciente con la luz de las m&#250;ltiples llamas breves que acaban de consumir los peque&#241;os trozos de le&#241;a incandescente que van cayendo. Como la noche comenzaba a refrescar, Marta fue a casa a buscar una manta, bajo la cual, echada por los hombros, padre e hija se abrigaron. Por delante no necesitaban, suced&#237;a ahora lo mismo que cuando, en tiempos pasados, nos arrim&#225;bamos a la chimenea para calentarnos en las noches de invierno, la espalda tiritaba de fr&#237;o mientras la cara, las manos y las piernas se achicharraban. Las piernas sobre todo, por estar m&#225;s cerca de la lumbre. Ma&#241;ana comienza el trabajo duro, dijo Cipriano Algor, Yo ayudo, dijo Marta, Ayudar&#225;s, sin duda, no tienes otro remedio, por mucho que me cueste, Siempre he ayudado, Pero ahora est&#225;s embarazada, De un mes, o ni tanto, todav&#237;a no se nota, me siento perfectamente, Me temo que no consigamos llevar esto hasta el final, Lo conseguiremos, Si al menos pudi&#233;semos encontrar a alguien que nos ayudase, Usted mismo lo tiene dicho, nadie quiere trabajar en alfarer&#237;as, aparte de eso emplear&#237;amos todo el tiempo ense&#241;ando a quien viniese y los resultados ser&#237;an de todo menos compensadores, Claro, confirm&#243; Cipriano Algor, s&#250;bitamente distra&#237;do. Se hab&#237;a acordado de que Isaura Estudiosa, o Isaura Madruga como parece que ha vuelto a llamarse, andaba buscando trabajo, que si no lo encontraba se ir&#237;a del pueblo, pero este pensamiento no lleg&#243; a perturbarlo, de hecho no podr&#237;a ni querr&#237;a imaginarse a la tal Madruga trabajando en la alfarer&#237;a, metida en el barro, las &#250;nicas luces que ella tiene de este oficio es esa manera de abrazar un c&#225;ntaro contra el pecho, pero eso no sirve de nada cuando es de fabricar monigotes de lo que se trata, y no de acunarlos. Para acunar cualquier persona sirve, pens&#243;, pero sab&#237;a que esto no era verdad. Dijo Marta, Podr&#237;amos llamar a alguien para que se encargara del trabajo de casa, de manera que me dejara libre a m&#237; para la alfarer&#237;a, No tenemos dinero para pagar una asistenta, o una empleada dom&#233;stica, o mujer por horas, o comoquiera que se llame, cort&#243; bruscamente Cipriano Algor, Una persona que est&#233; necesitando una ocupaci&#243;n y que no le importe ganar poco durante un tiempo, insisti&#243; Marta. Impaciente, el padre se sacudi&#243; la manta de los hombros como si estuviera sofoc&#225;ndose, Si lo que est&#225;s pensando es lo que me imagino, creo que es mejor que la conversaci&#243;n acabe aqu&#237;, Falta saber si usted se lo imagin&#243; porque yo lo pens&#233;, dijo Marta, o si ya lo hab&#237;a pensado antes de que yo me lo imaginara, No juegues con las palabras, por favor, t&#250; tienes esa habilidad, pero yo no, no la heredaste de m&#237;, Alguna cosa tendr&#225; que ser de nuestra propia cosecha, en todo caso, eso a lo que llama jugar con las palabras es simplemente un modo de hacerlas m&#225;s visibles, Pues &#233;sas puedes volver a taparlas, no me interesan. Marta repuso la manta en su lugar, emboz&#243; los hombros del padre, Ya est&#225;n tapadas, dijo, si un d&#237;a alguien las pone otra vez a la vista, le garantizo que no ser&#233; yo. Cipriano Algor se deshizo de la manta, No tengo fr&#237;o, dijo, y fue a echar m&#225;s le&#241;a a la hoguera. Marta se sinti&#243; conmovida al reparar en la meticulosidad con que &#233;l colocaba los troncos nuevos sobre las teas que ard&#237;an, aplicado y escrupuloso como quien se ha obligado, para expulsar inc&#243;modos pensamientos, a concentrar todo su poder de atenci&#243;n en un pormenor sin importancia. No deber&#237;a haber vuelto al asunto, se dijo a s&#237; misma, mucho menos ahora, cuando ya ha dicho que se vendr&#225; con nosotros al Centro, adem&#225;s, suponiendo que ellos se entiendan hasta el punto de querer vivir juntos, cargar&#237;amos con un problema de dif&#237;cil o incluso de imposible soluci&#243;n, una cosa es irse al Centro con la hija y el yerno, otra que llevara a la propia mujer, en vez de una familia ser&#237;an dos, estoy convencida de que no nos aceptar&#237;an, Marcial ya me ha dicho que los apartamentos son peque&#241;os, luego tendr&#237;an que quedarse aqu&#237;, y de qu&#233; vivir&#237;an, dos personas que apenas se conocen, cu&#225;nto tiempo iba a durar el entendimiento, m&#225;s que jugar con las palabras, lo que hago es jugar con los sentimientos de los otros, con los sentimientos de mi propio padre, qu&#233; derecho tengo yo, qu&#233; derecho tienes t&#250;, Marta, prueba a ponerte en su lugar, no puedes, claro, pues si no puedes c&#225;llate, se dice que cada persona es una isla, y no es cierto, cada persona es un silencio, eso, un silenci&#243;, cada una con su silencio, cada una con el silencio que es. Cipriano Algor regres&#243; al banco de piedra, &#233;l mismo se coloc&#243; la manta sobre los hombros a pesar de traer todav&#237;a en la ropa el calor de la hoguera, Marta se le acerc&#243;, Padre, padre, dijo, Qu&#233; quieres, Nada, no me haga caso. Pasaba de la una cuando la cueva se acab&#243; de llenar. Ya no somos necesarios aqu&#237;, dijo Cipriano Algor, ma&#241;ana, cuando se hayan enfriado, retiraremos las piezas, vamos a ver c&#243;mo salen. El perro Encontrado los acompa&#241;&#243; hasta la puerta de la casa. Despu&#233;s volvi&#243; junto a la hoguera y se tumb&#243;. Bajo la fin&#237;sima pel&#237;cula de ceniza, irradiando una luz tenue, el rescoldo todav&#237;a palpitaba. S&#243;lo cuando las brasas se apagaron del todo, Encontrado cerr&#243; los ojos para dormir.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor so&#241;&#243; que estaba dentro de su nuevo horno. Se sent&#237;a feliz por haber podido convencer a la hija y al yerno de que el repentino crecimiento de la actividad de la alfarer&#237;a exig&#237;a cambios radicales en los procesos de elaboraci&#243;n y una r&#225;pida actualizaci&#243;n de los medios y estructuras de fabricaci&#243;n, comenzando por la urgente sustituci&#243;n del viejo horno, remanente arcaico de una vida artesanal que ni siquiera como ruina de museo al aire libre merecer&#237;a ser conservado. Dej&#233;monos de nostalgias que s&#243;lo perjudican y atrasan, dijo Cipriano con inusitada vehemencia, el progreso avanza imparable, es necesario que nos decidamos a acompa&#241;arlo, ay de aquellos que, con miedo a posibles aflicciones futuras, se queden sentados a la vera del camino llorando un pasado que ni siquiera fue mejor que el presente. De tan redonda, perfecta y acabada que sali&#243;, la frase redujo a los reluctantes j&#243;venes. En todo caso, hay que reconocer que las diferencias tecnol&#243;gicas entre el horno nuevo y el horno viejo no eran nada del otro mundo, lo que el primero ten&#237;a de anticuado, de moderno lo tiene ahora el segundo, la &#250;nica modificaci&#243;n que saltaba realmente a la vista consist&#237;a en el tama&#241;o de la obra, en su capacidad dos veces mayor, siendo tambi&#233;n cierto, aunque no se notase tanto, que eran diferentes, e incluso algo anormales, las relaciones de proporci&#243;n que la altura, el fondo y el ancho del respectivo vano interno establec&#237;an entre s&#237;. Puesto que se trata de un sue&#241;o, no hay que extra&#241;arse de este &#250;ltimo punto. Extra&#241;a, s&#237;, por muchas libertades y exageraciones que la l&#243;gica on&#237;rica autorice al so&#241;ador, es la presencia de un banco de piedra ah&#237; dentro, un banco exactamente igual que el de las meditaciones, y del que Cipriano Algor s&#243;lo puede ver la parte de atr&#225;s del respaldo, porque, ins&#243;litamente, este banco est&#225; vuelto hacia la pared del fondo, a s&#243;lo cinco palmos de ella. Deben de haberlo puesto aqu&#237; los alba&#241;iles para descansar a la hora del almuerzo, despu&#233;s se olvidaron de llev&#225;rselo, pens&#243; Cipriano Algor, pero sab&#237;a que no pod&#237;a ser cierto, a los alba&#241;iles, y este dato es rigurosamente hist&#243;rico, siempre les ha gustado comer al aire libre, hasta cuando tuvieran que trabajar en el desierto, con m&#225;s raz&#243;n en un lugar tan agradablemente campestre como &#233;ste, con las tablas de secado debajo del moral y la suave brisa del mediod&#237;a soplando. Vengas de donde vengas, ir&#225;s a hacerle compa&#241;&#237;a al que est&#225; ah&#237; fuera, dijo Cipriano Algor, el problema ser&#225; sacarte de aqu&#237;, para ir en brazos pesas demasiado y si te arrastro me har&#237;as polvo el pavimento, no comprendo qui&#233;n tuvo la idea de traerte dentro de un horno y colocarte de esta manera, una persona sentada quedar&#237;a con la nariz casi pegada a la pared. Para demostrarse a s&#237; mismo que ten&#237;a raz&#243;n, Cipriano Algor se desliz&#243; suavemente entre una de las extremidades del banco y la pared lateral que le correspond&#237;a, y se sent&#243;. Tuvo que aceptar que su nariz, finalmente, no corr&#237;a el menor riesgo de desollarse en los ladrillos refractarios, y que las rodillas, aunque m&#225;s avanzadas en el plano horizontal, tambi&#233;n se encontraban a salvo de rozaduras inc&#243;modas. La mano, &#233;sa s&#237;, pod&#237;a alcanzar la pared sin ning&#250;n esfuerzo. Ahora bien, en el preciso instante en que los dedos de Cipriano Algor iban a tocarla, una voz que llegaba de fuera dijo, No merece la pena que enciendas el horno. La inesperada orden era de Marcial, como tambi&#233;n era suya la sombra que durante un segundo se proyect&#243; en la pared del fondo para desaparecer en seguida. A Cipriano Algor le pareci&#243; un abuso y una absoluta falta de respeto el tratamiento usado por el yerno, Nunca le he dado semejante confianza, pens&#243;. Hizo un movimiento para volverse y preguntarle por qu&#233; motivo no merec&#237;a la pena encender el horno y qu&#233; es eso de tratarme de t&#250;, pero no consigui&#243; volver la cabeza, sucede mucho en los sue&#241;os, queremos correr y descubrimos que las piernas no obedecen, por lo general son las piernas, esta vez es el cuello el que se niega a dar la vuelta. La sombra ya no estaba, a ella no pod&#237;a hacerle preguntas, en la vana e irracional suposici&#243;n de que una sombra tenga lengua para articular respuestas, pero los armonios suplementarios de las palabras que Marcial hab&#237;a proferido todav&#237;a segu&#237;an resonando entre la b&#243;veda y el suelo, entre una pared y otra pared. Antes de que las vibraciones se extinguiesen del todo y la dispersa sustancia del silencio quebrado tuviese tiempo de reconstituirse, Cipriano Algor quiso conocer las misteriosas razones por las que no merec&#237;a la pena encender el horno, si realmente fue eso lo que la voz del yerno dijo, ahora hasta le parec&#237;a que las palabras hab&#237;an sido otras, y todav&#237;a m&#225;s enigm&#225;ticas, No merece la pena que se sacrifique, como si Marcial creyese que el suegro, a quien, por lo que se ve, no tute&#243;, hubiere decidido probar en el propio cuerpo los poderes del fuego, antes de entregarle la obra de sus manos. Est&#225; loco, murmur&#243; para s&#237; el alfarero, es necesario que este mi yerno est&#233; loco de remate para imaginar tales cosas, si he entrado en el horno ha sido porque, la frase tuvo que interrumpirse, de hecho Cipriano Algor no sab&#237;a por qu&#233; estaba all&#237;, ni es de extra&#241;ar, si tantas veces eso nos sucede cuando nos encontramos despiertos, no saber por qu&#233; hacemos o hicimos esto o aquello, qu&#233; ser&#225; cuando, durmiendo, so&#241;amos. Cipriano Algor pens&#243; que lo mejor, lo m&#225;s f&#225;cil, ser&#237;a levantarse simplemente del banco de piedra, salir y preguntarle al yerno qu&#233; demonios de galimat&#237;as era aqu&#233;l, pero sinti&#243; que el cuerpo le pesaba como plomo, o ni siquiera eso, que verdaderamente nunca el peso del plomo ser&#225; tanto que no consiga alzarlo una fuerza mayor, lo que ocurr&#237;a era que estaba atado al respaldo del banco, atado sin cuerdas ni cadenas, mas atado. Trat&#243; de volver la cabeza otra vez, pero el cuello no le obedeci&#243;, Soy como una estatua de piedra sentada en un banco de piedra mirando un muro de piedra, pens&#243;, aunque supiese que no era rigurosamente as&#237;, el muro, por lo menos, como sus ojos de entendido en materias minerales pod&#237;an comprobar, no hab&#237;a sido construido con piedras, sino con ladrillos refractarios. Fue en ese momento cuando la sombra de Marcial volvi&#243; a proyectarse en la pared, Le traigo la buena noticia que ansi&#225;bamos hace tanto tiempo, dijo su voz, he sido ascendido, por fin, a guarda residente, de modo que no merece la pena seguir adelante con la fabricaci&#243;n, se explica al Centro que cerramos la alfarer&#237;a y ellos entender&#225;n, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde tendr&#237;a que suceder, as&#237; que salga de ah&#237;, la furgoneta ya est&#225; delante de la puerta para cargar los muebles, qu&#233; pena el dinero que se ha gastado en ese horno. Cipriano Algor abri&#243; la boca para responder, pero la sombra ya se hab&#237;a ido, lo que el alfarero quer&#237;a decir era que la diferencia entre la palabra de artesano y un mandato divino estriba en que &#233;ste necesit&#243; que lo pusieran por escrito, e incluso as&#237; con los lamentables resultados que se conocen, y adem&#225;s que si ten&#237;a tanta prisa pod&#237;a empezar a andar, expresi&#243;n algo grosera que contradec&#237;a la solemne declaraci&#243;n que &#233;l mismo hizo a&#250;n no hace muchos d&#237;as, al prometer a la hija y al yerno que se ir&#237;a a vivir con ellos cuando Marcial fuera ascendido, una vez que la mudanza de ambos al Centro har&#237;a imposible mantener en funcionamiento la alfarer&#237;a. Estaba Cipriano Algor recrimin&#225;ndose por haber asegurado lo que la honra nunca le permitir&#237;a cumplir, cuando una sombra nueva apareci&#243; sobre la pared del fondo. A la d&#233;bil luz que consigue entrar por la estrecha puerta de un horno de este tama&#241;o, dos sombras humanas son muy f&#225;ciles de confundir, pero el alfarero supo de qui&#233;n se trataba, ni la sombra, m&#225;s oscura, ni la voz, m&#225;s espesa, pertenec&#237;an al yerno, Se&#241;or Cipriano Algor, vine s&#243;lo para informarle de que nuestro pedido de figuras de barro acaba de ser cancelado, dijo el jefe del departamento de compras, no s&#233; ni quiero saber por qu&#233; se ha metido ah&#237;, si ha sido por d&#225;rselas de h&#233;roe rom&#225;ntico a la espera de que una pared le revele los secretos de la vida, me parece simplemente rid&#237;culo, pero si su intenci&#243;n va m&#225;s lejos, si su intenci&#243;n es inmolarse en el fuego, por ejemplo, sepa desde ya que el Centro se negar&#225; a asumir cualquier responsabilidad por la defunci&#243;n, eso es lo que nos faltaba, que vengan a culparnos de los suicidios cometidos por personas incompetentes que van a la quiebra por no haber sido capaces de entender las reglas del mercado. Cipriano Algor no volvi&#243; la cabeza hacia la puerta, aunque ten&#237;a la certidumbre de que ya podr&#237;a hacerlo, sab&#237;a que el sue&#241;o acab&#243;, que nada le impedir&#237;a levantarse del banco de piedra cuando quisiera, s&#243;lo una duda le perturbaba todav&#237;a, es cierto que absurda, es cierto que est&#250;pida, sin embargo comprensible si tenemos en consideraci&#243;n el estado de perplejidad mental en que lo ha dejado el sue&#241;o de tenerse que ir a vivir al mism&#237;simo Centro que acababa de despreciarle el trabajo, y esa duda, a ella vamos, no se nos ha olvidado, tiene que ver con el banco de piedra. Cipriano Algor se pregunta si se habr&#237;a llevado un banco de piedra a la cama o si se despertar&#225; cubierto de roc&#237;o en el otro banco de piedra, el de las meditaciones, los sue&#241;os humanos son as&#237;, a veces eligen cosas reales y las transforman en visiones, otras veces al delirio lo ponen a jugar al escondite con la realidad, por eso es tan frecuente que nos sintamos perplejos, el sue&#241;o tirando de un lado, la realidad empujando de otro, en buena verdad la l&#237;nea recta s&#243;lo existe en la geometr&#237;a, y aun as&#237; no pasa de una abstracci&#243;n. Cipriano Algor abri&#243; los ojos. Estoy en la cama, pens&#243; con alivio, y en ese instante se dio cuenta de que la memoria del sue&#241;o estaba huyendo, que s&#243;lo conseguir&#237;a retener unos cuantos fragmentos, y no supo si deber&#237;a alegrarse con lo poco o entristecerse con lo excesivo, tambi&#233;n muchas veces sucede esto despu&#233;s de haber so&#241;ado. Todav&#237;a era de noche, pero la primera mudanza del cielo, anunciadora de la madrugada, no tardar&#237;a en manifestarse. Cipriano Algor no volvi&#243; a dormirse. Pens&#243; en muchas cosas, pens&#243; que su trabajo se tornaba definitivamente in&#250;til, que la existencia de su persona dejaba de tener justificaci&#243;n suficiente y medianamente aceptable, Soy un engorro para ellos, murmur&#243;, en ese instante un retazo del sue&#241;o se le apareci&#243; con toda nitidez, como si hubiese sido recortado y pegado en una pared, era el jefe del departamento de compras que le dec&#237;a, Si su intenci&#243;n es inmolarse en el fuego, querido se&#241;or, que le haga buen provecho, le aviso, no obstante, de que no forma parte de las extravagancias del Centro, si algunas tiene, mandar representantes y coronas de flores a los funerales de sus antiguos suministradores. Cipriano Algor vuelve a caer en el sue&#241;o por momentos, reg&#237;strese a prop&#243;sito, y antes de que nos sea apuntada la aparente contradicci&#243;n, que caer en el sue&#241;o por momentos no es lo mismo que haberse dormido, el alfarero no hizo m&#225;s que so&#241;ar de relance con el sue&#241;o que hab&#237;a tenido, y si las segundas palabras del jefe del departamento de compras no salieron exactamente iguales que las primeras fue por la sencilla raz&#243;n de que no es s&#243;lo en la vida despierta donde las palabras que decimos dependen del humor de la ocasi&#243;n. Aquella antip&#225;tica y en todo dislocada referencia a una hipot&#233;tica inmolaci&#243;n en el fuego tuvo, sin embargo, el m&#233;rito de desviar el pensamiento de Cipriano Algor hacia las estatuillas de barro puestas a cocer en la cueva, y luego, por caminos y traves&#237;as del cerebro que nos ser&#237;a imposible reconstruir y describir con suficiente precisi&#243;n, hacia el s&#250;bito reconocimiento de las ventajas del mu&#241;eco hueco en comparaci&#243;n con el mu&#241;eco macizo, ya sea en el tiempo que se emplea, ya sea en la arcilla que se consume. Esta frecuente reluctancia que tienen las evidencias para manifestarse sin hacerse de rogar demasiado deber&#237;a ser objeto de un profundo an&#225;lisis por parte de los entendidos, que ciertamente andan por ah&#237;, en las distintas, pero seguramente no opuestas, naturalezas de lo visible y de lo invisible, en el sentido de averiguar si en el interior m&#225;s &#237;ntimo de lo que se ofrece a la vista existir&#225;, como parece haber fuertes motivos de sospecha, algo qu&#237;mico o f&#237;sico con una tendencia perversa a la negaci&#243;n y al oscurecimiento, un deslizarse amenazador en direcci&#243;n al cero, un sue&#241;o obsesivo de vac&#237;o. Sea como fuere, Cipriano Algor est&#225; satisfecho consigo mismo. Hace pocos minutos se consideraba un engorro para la hija y el yerno, un obst&#225;culo, un estorbo, un in&#250;til, palabra esta que lo dice todo cuando tenemos que clasificar lo que supuestamente ya no sirve para nada, y helo aqu&#237; siendo capaz de producir una idea cuya bondad intr&#237;nseca est&#225; de antemano demostrada por el hecho de que otros la han tenido antes y puesto muchas veces en ejecuci&#243;n. No siempre es posible tener ideas originales, ya basta con tenerlas simplemente practicables. A Cipriano Algor le gustar&#237;a alargar el remanso de la cama, aprovechar el buen sue&#241;o de la ma&#241;ana, que, tal vez porque tenemos de &#233;l una conciencia vaga, es, de todos los sue&#241;os, el m&#225;s reparador, pero la excitaci&#243;n causada por la idea que se le hab&#237;a ocurrido, el recuerdo de las estatuillas bajo las cenizas sin duda todav&#237;a calientes, y tambi&#233;n, por qu&#233; no confesarlo, aquella precipitada informaci&#243;n anterior de que no se hab&#237;a vuelto a dormir, todo esto junto le hizo apartar la ropa y saltar r&#225;pidamente al suelo, tan fresco y &#225;gil como en sus verdes a&#241;os. Se visti&#243; sin hacer ruido, sali&#243; del cuarto con las botas en la mano y, de puntillas, se dirigi&#243; a la cocina. No quer&#237;a que la hija se despertara, pero se despert&#243;, o ya estar&#237;a despierta, ocupada en pegar fragmentos de sus propios sue&#241;os o de o&#237;do atento al trabajo ciego que la vida, segundo a segundo, carpinteaba en su &#250;tero. La voz son&#243; n&#237;tida y clara en el silencio de la casa, Padre, adonde va tan temprano, No puedo dormir, voy a ver c&#243;mo ha salido la cochura, pero t&#250; qu&#233;date, no te levantes. Marta respondi&#243;, Pues s&#237;, no era nada dif&#237;cil, conoci&#233;ndolo, pensar que el padre deseaba estar solo durante la grave operaci&#243;n de retirar las cenizas y las estatuillas de la cueva, as&#237; como un ni&#241;o que, bien entrada la noche, temblando de susto y de excitaci&#243;n, avanza a tientas por el pasillo oscuro para descubrir qu&#233; so&#241;ados juguetes y regalos le han sido puestos en el zapato. Cipriano Algor se calz&#243;, abri&#243; la puerta de la cocina y sali&#243;. La frondosidad compacta del moral reten&#237;a la noche firmemente, no la dejar&#237;a irse tan pronto, la primera claridad del amanecer todav&#237;a tardar&#237;a por lo menos media hora. Mir&#243; la caseta, despu&#233;s pase&#243; la vista en derredor, sorprendido de no ver surgir al perro. Silb&#243; bajito, pero Encontrado no se manifest&#243;. El alfarero pas&#243; de la sorpresa perpleja a una inquietud expl&#237;cita, No creo que se haya ido, no lo creo, murmur&#243;. Pod&#237;a gritar el nombre del perro, pero no lo hizo porque no quer&#237;a alarmar a la hija. Andar&#225; por ah&#237;, andar&#225; por ah&#237; olisqueando alg&#250;n bicho nocturno, dijo para tranquilizarse a s&#237; mismo, pero la verdad es que, mientras atravesaba la explanada en direcci&#243;n al horno, pensaba m&#225;s en Encontrado que en las ansiadas estatuillas de barro. Se encontraba ya a pocos pasos de la cueva cuando vio salir al perro de debajo del banco de piedra, Me has dado un buen susto, brib&#243;n, por qu&#233; no vienes cuando te llamo, le reprendi&#243;, pero Encontrado no dio respuesta, estaba ocupado desperez&#225;ndose, poniendo los m&#250;sculos en su lugar, primero estir&#243; con fuerza las manos hacia delante, bajando en plano inclinado la cabeza y la columna vertebral, luego ejecut&#243; lo que se supone que es, en su entendimiento, un indispensable ejercicio de ajuste y compensaci&#243;n, rebajando y alargando hasta tal punto los cuartos traseros que parec&#237;a querer separarse de las patas de atr&#225;s. Todo el mundo sabe decirnos que los animales dejaron de hablar hace mucho tiempo, pero lo que nunca se podr&#225; demostrar es que ellos no hayan seguido haciendo uso secreto del pensamiento. V&#233;ase, por ejemplo, el caso de este perro Encontrado, c&#243;mo a pesar de la escasa claridad que poco a poco comienza a bajar del cielo se le puede leer en la cara lo que est&#225; pensando, ni m&#225;s ni menos A palabras necias, o&#237;dos sordos, quiere &#233;l decir en la suya que Cipriano Algor, con la larga experiencia de vida que tiene, aunque tan poco variada, no deber&#237;a necesitar que le explicasen cu&#225;les son los deberes de un perro, es harto conocido que los centinelas humanos s&#243;lo vigilan en serio si para eso les ha sido dada una orden terminante, mientras que los perros, y &#233;ste en particular, no est&#225;n a la espera de que se les diga Qu&#233;date ah&#237; mirando por la lumbre, podremos tener la certeza de que, mientras las brasas no se extingan, ellos permanecer&#225;n con los ojos abiertos. En todo caso habr&#225; que hacer justicia al pensamiento humano, su consabida lentitud no siempre le impide llegar a las conclusiones ciertas, como dentro de la cabeza de Cipriano Algor acaba ahora mismo de suceder, se le encendi&#243; una luz de repente y gracias a ella pudo leer y en voz alta pronunciar las palabras de reconocimiento de que el perro Encontrado era justamente merecedor, Mientras yo dorm&#237;a al calor de las s&#225;banas, estabas t&#250; aqu&#237; de centinela alerta, no importa que tu vigilancia de nada sirviera a la cochura, lo que cuenta realmente es el gesto. Cuando Cipriano Algor termin&#243; la alabanza, Encontrado corri&#243; a alzar la pata y aliviar la vejiga, despu&#233;s regres&#243; moviendo la cola y se tumb&#243; a poca distancia de la cueva, dispuesto para asistir a la operaci&#243;n de levantamiento de los mu&#241;ecos. En ese momento la luz de la cocina se encendi&#243;, Marta se hab&#237;a levantado. El alfarero volvi&#243; la cabeza, no ve&#237;a claro en su esp&#237;ritu si prefer&#237;a estar solo o si deseaba que la hija viniera a hacerle compa&#241;&#237;a, pero lo supo un minuto despu&#233;s, cuando percibi&#243; que ella hab&#237;a decidido dejarle el papel principal hasta el &#250;ltimo momento. Semejante al reborde de una b&#243;veda luminosa que llegara empujando la oscura c&#250;pula de la noche, la frontera de la ma&#241;ana se mov&#237;a despacio hacia occidente. Una s&#250;bita viraz&#243;n rasante arremolin&#243;, como una tolvanera, las cenizas de la superficie de la cueva. Cipriano Algor se arrodill&#243;, apart&#243; a un lado las barras de hierro y, sirvi&#233;ndose de la misma peque&#241;a pala con la que hab&#237;a abierto la cueva, comenz&#243; a retirar las cenizas mixturadas con peque&#241;os trozos de carb&#243;n no consumidos. Casi imponderables, las blancas part&#237;culas se le pegaban a los dedos, algunas, lev&#237;simas, aspiradas por la respiraci&#243;n, se le subieron hasta la nariz y le obligaron a resoplar, tal como Encontrado hace a veces. Seg&#250;n la pala se iba aproximando al fondo de la cueva, las cenizas eran m&#225;s calientes, pero no tanto que quemasen, estaban simplemente tibias, como piel humana, y blandas y suaves como ella. Cipriano Algor dej&#243; a un lado la pala y hundi&#243; las dos manos en las cenizas. Toc&#243; la fina e inconfundible aspereza de los barros cocidos. Entonces, como si estuviese ayudando a un nacimiento, sostuvo entre el pulgar, el &#237;ndice y el coraz&#243;n la cabeza todav&#237;a oculta de un mu&#241;eco y tir&#243; hacia arriba. Era la enfermera. Le sacudi&#243; las cenizas del cuerpo, le sopl&#243; en la cara, parec&#237;a que estaba d&#225;ndole una especie de vida, pas&#225;ndole a ella el aliento de sus propios pulmones, el pulso de su propio coraz&#243;n. Despu&#233;s, uno a uno, los restantes monigotes, el asirio de barbas, el mandar&#237;n, el buf&#243;n, el esquimal, el payaso, fueron retirados de la cueva y colocados al lado de la enfermera, m&#225;s o menos limpios de cenizas, pero sin el beneficio suplementario del soplo vital. No hab&#237;a all&#237; nadie que preguntara al alfarero los motivos de la diferencia de trato, determinados, a primera vista, por la diferencia de sexo, salvo si la intervenci&#243;n demi&#250;rgica result&#243; simplemente de que la figura de la enfermera fue la primera en salir del agujero, siempre, desde que el mundo es mundo, as&#237; ha sucedido, se cansan de la creaci&#243;n los creadores en cuanto ella deja de ser novedad. Recordando, sin embargo, los complejos problemas de modelado con que Cipriano Algor tuvo que luchar cuando trabajaba el pecho de la enfermera, no ser&#237;a demasiado temerario presumir que la raz&#243;n &#250;ltima del soplido se encuentre, aunque de modo oscuro e impreciso, en ese su inmenso esfuerzo por llegar a lo que la propia ductilidad de la arcilla promet&#237;a a la vez que negaba. Qui&#233;n sabe. Cipriano Algor volvi&#243; a llenar el agujero con la tierra que por natural derecho le pertenec&#237;a, la aplan&#243; bien para que ning&#250;n pu&#241;ado se quedara fuera, y\i , \i0  con tres mu&#241;ecos en cada mano, se dirigi&#243; a casa. Curioso, con la cabeza levantada, Encontrado brincaba a su lado. La sombra del moral se hab&#237;a despedido de la noche, el cielo comenzaba a abrirse todo con el primer azul de la ma&#241;ana, el sol no tardar&#237;a en despuntar en un horizonte que desde all&#237; no se alcanzaba.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Qu&#233; tal salieron, pregunt&#243; Marta cuando el padre entr&#243;, Parece que bien, pero hay que limpiarlos de la ceniza que traen agarrada. Marta ech&#243; agua en un peque&#241;o lebrillo de barro, L&#225;velos aqu&#237;, dijo. Primera en entrar en el agua, primera en salir de las cenizas, casualidad o coincidencia, esta enfermera podr&#225; tener en el futuro algunas razones de queja, mas no por falta de atenciones. C&#243;mo est&#225; &#233;se, pregunt&#243; Marta, ajena al debate sobre g&#233;neros que ha venido trab&#225;ndose aqu&#237;, Bien, repiti&#243; el padre brevemente. De hecho estaba bien, con la cochura toda por igual, un hermoso color rojo, sin la m&#225;s m&#237;nima grieta, y estaban igualmente perfectas las otras figurillas, a excepci&#243;n del asirio de barbas, que apareci&#243; con una mancha negra en la espalda, efecto felizmente restringido de un incipiente proceso de carbonizaci&#243;n provocado por una indeseada entrada de aire. No tiene importancia, no sufrir&#225; por eso, dijo Marta, y ahora haga el favor de sentarse a descansar mientras le preparo el desayuno, que buena madrugada lleva ya en ese cuerpo, Me desvel&#233;, y no consegu&#237;a dormir otra vez, Los mu&#241;ecos pod&#237;an esperar a que se hiciese de d&#237;a, Pero yo no, Como sentencia el antiguo dicho, quien preocupaciones tiene no duerme, O duerme para so&#241;ar con las preocupaciones que tiene, Para no so&#241;ar se ha despertado tan temprano, pregunt&#243; Marta, Hay sue&#241;os de los que es mejor salir r&#225;pidamente, respondi&#243; el padre, Y &#233;se es el caso de esta noche, S&#237;, es el caso de esta noche, Quiere, cont&#225;rmelo, No merece la pena, En esta casa las preocupaciones de uno siempre han sido las preocupaciones de todos, Pero no los sue&#241;os, Excepto si son de preocupaciones, Contigo no se puede discutir, Si es as&#237;, no pierda m&#225;s tiempo, cu&#233;ntelo, So&#241;&#233; que Marcial hab&#237;a sido ascendido y que cancelaban el pedido, Lo m&#225;s probable de eso no ser&#225; la cancelaci&#243;n del pedido, Eso creo, pero las preocupaciones se enganchan como las cerezas, una tira de la otra, y\i 
\i0  las dos de un cesto lleno, en cuanto al ascenso de Marcial, sabemos que puede suceder de un momento a otro, Es cierto, El sue&#241;o fue un aviso para trabajar deprisa, Los sue&#241;os no avisan, A no ser que los que sue&#241;an se sientan avisados, Se ha levantado sentencioso mi querido padre, Cada edad tiene sus defectos, y &#233;ste viene agrav&#225;ndoseme en los &#250;ltimos tiempos, Menos mal, me gustan sus sentencias, voy aprendiendo con ellas, Incluso cuando no pasan de meros juegos de palabras, como ahora, pregunt&#243; Cipriano Algor, Pienso que las palabras s&#243;lo nacieron para jugar unas con otras, que no saben hacer otra cosa, y que, al contrario de lo que se dice, no existen palabras vac&#237;as, Sentenciosa, Es enfermedad de familia. Marta puso el desayuno en la mesa, el caf&#233;, la leche, unos huevos revueltos, pan tostado y mantequilla, alguna fruta. Se sent&#243; enfrente del padre para verlo comer. Y t&#250;, pregunt&#243; Cipriano Algor, No tengo apetito, respondi&#243; ella, Mala se&#241;al, en el estado en que est&#225;s, Dicen que estos hast&#237;os son bastante comunes en las embarazadas, Pero necesitas alimentarte bien, por l&#243;gica deber&#237;as comer por dos, O por tres, si llevo gemelos, Estoy hablando en serio, No se preocupe, todav&#237;a me vendr&#225;n las n&#225;useas y no s&#233; cu&#225;ntas incomodidades m&#225;s. Hubo un silencio. El perro se enrosc&#243; debajo de la mesa, fingi&#233;ndose indiferente a los olores de la comida, pero es s&#243;lo resignaci&#243;n, sabe que su vez todav&#237;a tardar&#225; algunas horas. Va a comenzar a trabajar ya, pregunt&#243; Marta, As&#237; que acabe de comer, respondi&#243; Cipriano Algor. Otro silencio. Padre, dijo Marta, imagine que Marcial telefonea hoy comunicando que lo han ascendido, Tienes alg&#250;n motivo para pensar que eso va a suceder, Ninguno, es s&#243;lo una suposici&#243;n, Muy bien, imagin&#233;monos entonces que el tel&#233;fono suena en este momento, que t&#250; te levantas y atiendes, que es Marcial inform&#225;ndonos de que ha pasado al grado de guarda residente, Qu&#233; har&#237;a en ese caso, Acabar&#237;a de desayunar, me llevar&#237;a las figuras a la alfarer&#237;a y comenzar&#237;a a hacer los moldes, Como si nada hubiera ocurrido, Como si nada hubiera ocurrido, Cree que ser&#237;a una decisi&#243;n sensata, no le parecer&#237;a m&#225;s consecuente desistir de la fabricaci&#243;n, volver p&#225;gina, Amada hija, es muy posible que la insensatez y la inconsecuencia sean para los j&#243;venes un deber, para los viejos son un derecho absolutamente respetable, Tomo nota por la parte que me toca, Aunque t&#250; y Marcial teng&#225;is que mudaros al Centro antes, yo seguir&#233; aqu&#237; hasta terminar el trabajo que me encargaron, despu&#233;s me ir&#233; con vosotros, como promet&#237;, Es una locura, padre, Locura, inconsecuencia, insensatez, flaca opini&#243;n tienes de m&#237;, Es una locura que quiera hacer solo un trabajo de &#233;stos, d&#237;game c&#243;mo imagina que me voy a sentir sabiendo lo que est&#225; pasando aqu&#237;, Y c&#243;mo imaginas t&#250; que me sentir&#237;a yo si abandonase el trabajo a la mitad, no comprendes que a esta altura de la vida no tengo muchas m&#225;s cosas a las que agarrarme, Me tiene a m&#237;, va a tener a su nieto, Perdona, pero no basta, Tendr&#225; que bastar cuando se venga a vivir con nosotros, Supongo que ser&#225; as&#237;, pero al menos habr&#233; terminado mi &#250;ltimo trabajo, No sea dram&#225;tico, padre, qui&#233;n sabe cu&#225;l va a ser su &#250;ltimo trabajo. Cipriano Algor se levant&#243; de la mesa. Perdi&#243; el apetito de pronto, pregunt&#243; la hija, viendo que sobraba comida en el plato, Me cuesta tragar, tengo un nudo en la garganta, Son nervios, Debe de ser eso, nervios. El perro se hab&#237;a levantado tambi&#233;n, preparado para ir detr&#225;s del amo. Ah, hizo Cipriano Algor, olvidaba decirte que Encontrado se ha pasado toda la noche debajo del banco de piedra vigilando la lumbre, Por lo visto tambi&#233;n con los perros se puede aprender alguna cosa, S&#237;, se aprende sobre todo a no discutir lo que debe ser hecho, algunas ventajas ha de tener el simple instinto, Est&#225; queriendo decir que es tambi&#233;n el instinto quien le manda terminar el trabajo, que en los seres humanos, o en algunos, existe un factor de comportamiento parecido al instinto, pregunt&#243; Marta, Lo que yo s&#233; es que la raz&#243;n s&#243;lo tiene un consejo que darme, Cu&#225;l, Que no sea tonto, que el mundo no se acaba por el hecho de que no remate las figuras, Realmente, qu&#233; importancia tendr&#237;an para el mundo unos cuantos mu&#241;ecos de arcilla m&#225;s o menos, Apuesto a que no mostrar&#237;as tanta indiferencia si en vez de figuras de arcilla se tratase de novenas o quintas sinfon&#237;as, infelizmente, hija m&#237;a, tu padre no naci&#243; para m&#250;sico, Si realmente cree que estaba mostrando indiferencia, me quedo triste, Claro que no, perdona. Cipriano Algor iba a salir, pero se par&#243; todav&#237;a un momento en el umbral de la puerta, En todo caso, hay que reconocer que la raz&#243;n tambi&#233;n es capaz de producir ideas aprovechables, esta noche, al despertar, se me ha ocurrido que se puede economizar mucho tiempo y alg&#250;n material si hacemos las estatuillas huecas, secan y cuecen m&#225;s deprisa, y ahorramos en barro, Viva la raz&#243;n, por fin, Mira que no s&#233;, las aves tambi&#233;n hacen los nidos huecos y no andan por ah&#237; presumiendo.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 A partir de ese d&#237;a, Cipriano Algor s&#243;lo interrumpi&#243; el trabajo en la alfarer&#237;a para comer y dormir. Su poca experiencia en las t&#233;cnicas le hizo desentenderse de las proporciones de yeso y agua en la fabricaci&#243;n de los t&#225;celes, empeorarlo todo cuando se equivoc&#243; en las cantidades de barro, agua y fundente necesarias para una mezcla equilibrada de la barbotina de relleno, verter con excesiva rapidez la mezcla obtenida, creando burbujas de aire en el interior del molde. Los tres primeros d&#237;as se le fueron haciendo y deshaciendo, desesper&#225;ndose con los errores, maldiciendo su torpeza, estremeci&#233;ndose de alegr&#237;a siempre que lograba salir bien de una operaci&#243;n delicada. Marta ofreci&#243; su ayuda, pero &#233;l le pidi&#243; que lo dejase en paz, manera de expresarse verdaderamente nada coincidente con la realidad de lo que se estaba viviendo dentro del viejo taller, entre yesos que endurec&#237;an demasiado pronto y aguas que llegaban tarde al encuentro, entre pastas que no estaban suficientemente secas y mezclas demasiado espesas que se negaban a dejarse filtrar, mucho m&#225;s acertado hubiera sido que &#233;l dijera D&#233;jame en paz con mi guerra. En la ma&#241;ana del cuarto d&#237;a, como si los maliciosos y esquivos duendes, que eran los diferentes materiales, se hubiesen arrepentido del modo cruel con que hab&#237;an tratado al inesperado principiante en el nuevo arte, Cipriano Algor comenz&#243; a encontrar suavidades donde antes s&#243;lo hab&#237;a enfrentado asperezas, docilidades que lo llenaban de gratitud, secretos que se desvelaban. Ten&#237;a el manual auxiliar encima del tablero, h&#250;medo, manchado por dedos sucios, le ped&#237;a consejo de cinco en cinco minutos, a veces entend&#237;a mal lo que hab&#237;a le&#237;do, otras veces una s&#250;bita intuici&#243;n le iluminaba una p&#225;gina entera, no es un desprop&#243;sito afirmar que Cipriano Algor oscilaba entre la infelicidad m&#225;s dilacerante y la m&#225;s completa de las bienaventuranzas. Se levantaba de la cama con la primera luz del alba, despachaba el desayuno en dos bocados y se met&#237;a en la alfarer&#237;a hasta la hora del almuerzo, despu&#233;s trabajaba durante toda la tarde y hasta bien entrada la velada, haciendo apenas un intervalo r&#225;pido para cenar, con una frugalidad que nada quedaba debi&#233;ndole a las otras refecciones. La hija protestaba, Se me va a poner enfermo, trabajando de esa manera y comiendo tan poco, Estoy bien, respond&#237;a &#233;l, nunca me he sentido tan bien en la vida. Era cierto y no lo era. A la noche, cuando finalmente se iba a acostar, limpio de los olores del esfuerzo y de las suciedades del trabajo, sent&#237;a que las articulaciones le cruj&#237;an, que su cuerpo era un continuo dolor. Ya no puedo lo que pod&#237;a, se dec&#237;a a s&#237; mismo, pero, muy en el fondo de su conciencia, una voz que tambi&#233;n era suya lo contrariaba, Nunca pudiste tanto, Cipriano, nunca pudiste tanto. Dorm&#237;a como se supone que una piedra deber&#225; dormir, sin sue&#241;os, sin estremecimientos, parec&#237;a que hasta sin respiraci&#243;n, descansando sobre el mundo el peso todo de su infinita fatiga. Alguna vez, como una madre inquieta, anticipando, sin haber pensado en eso, desasosiegos futuros, Marta se levant&#243; a medianoche para ver c&#243;mo estaba el padre. Entraba silenciosamente en el cuarto, se aproximaba despacio a la cama, se inclinaba un poco para escuchar, despu&#233;s sal&#237;a con los mismos cuidados. Aquel hombre grande, de pelo blanco y rostro castigado, su padre, era tambi&#233;n como un hijo, poco sabe de la vida quien se niegue a entender esto, las telas que enredan las relaciones humanas, en general, y las de parentesco, en particular, sobre todo las pr&#243;ximas, son m&#225;s complejas de lo que parecen a primera vista, decimos padres, decimos hijos, creemos que sabemos perfectamente de qu&#233; estamos hablando, y no nos interrogamos sobre las causas profundas del afecto que all&#237; hay, o la indiferencia, o el odio. Marta sale del cuarto y va pensando Duerme, he aqu&#237; una palabra que aparentemente no hace m&#225;s que expresar la verificaci&#243;n de un hecho, y con todo, en seis letras, en dos s&#237;labas, fue capaz de traducir todo el amor que en un cierto momento puede caber en un coraz&#243;n humano. Conviene decir, para ilustraci&#243;n de los ingenuos, que, en asuntos de sentimiento, cuanto mayor sea la parte de grandilocuencia, menor ser&#225; la parte de verdad.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El cuarto d&#237;a correspondi&#243; con aquel en que deb&#237;a ir a buscar a Marcial al Centro para su jornada de descanso, a la que naturalmente llamar&#237;amos semanal si no fuese, como sabemos, una decena, es decir, de diez en diez. Marta le dijo al padre que ir&#237;a ella, que no interrumpiese el trabajo, pero Cipriano Algor respondi&#243; que no, que ni pensase en eso, Los robos en la carretera han disminuido, es cierto, pero hay siempre un riesgo, Si hay peligro para m&#237;, tambi&#233;n lo habr&#225; para usted, En primer lugar, soy hombre, en segundo lugar, no estoy embarazado, Respetables razones que s&#243;lo le adornan, Falta todav&#237;a la tercera raz&#243;n, que es la importante, D&#237;gala, No podr&#237;a trabajar mientras no regresases, por eso el trabajo no se perjudicar&#225;, aparte de eso el viaje me va a servir para airear la cabeza, que bien necesitada est&#225;, s&#243;lo consigo pensar en moldes, t&#225;celes y mezclas, Tambi&#233;n servir&#225; para que yo me airee, as&#237; que iremos ambos a buscar a Marcial, y Encontrado se queda guardando el castillo, Si es eso lo que quieres, D&#233;jelo, estaba bromeando, usted suele ir a buscar a Marcial, yo suelo quedarme en casa, viva la costumbre, En serio, vamos, En serio, vaya. Sonrieron los dos y el debate de la cuesti&#243;n central, es decir, las razones objetivas y subjetivas de la costumbre, qued&#243; pospuesto. A la tarde, llegada la hora, y sin haberse mudado la ropa de trabajo para no perder tiempo, Cipriano Algor se puso en camino. Cuando ya iba a salir del pueblo se dio cuenta de que no hab&#237;a vuelto la cabeza al pasar ante la calle donde vive Isaura Madruga, y cuando aqu&#237; se dice volver la cabeza, tanto se entiende hacia un lado como hacia el otro, pues Cipriano Algor, en d&#237;as pasados, unas veces hab&#237;a mirado para ver si ve&#237;a, otras veces para donde ten&#237;a la seguridad de que no ver&#237;a. Le cruz&#243; la idea de preguntarse a s&#237; mismo c&#243;mo interpretaba la desconcertante indiferencia, pero una piedra en medio de la carretera lo distrajo, y la ocasi&#243;n se perdi&#243;. El viaje hacia la ciudad transcurri&#243; sin dificultad, s&#243;lo tuvo que sufrir un atraso causado por una barrera de la polic&#237;a que deten&#237;a un coche s&#237; un coche no a fin de examinar los documentos de los conductores. Mientras esperaba que se los devolviesen, Cipriano Algor tuvo tiempo de observar que la l&#237;nea lim&#237;trofe de las chabolas parec&#237;a haberse dislocado un poco en direcci&#243;n a la carretera, Cualquier d&#237;a vuelven a empujarlas hacia atr&#225;s, pens&#243;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marcial ya estaba a la espera. Disculpa que me haya retrasado, dijo el suegro, deb&#237;a haber salido m&#225;s temprano de casa, y luego la polic&#237;a quiso meter la nariz en los papeles, C&#243;mo est&#225; Marta, pregunt&#243; Marcial, ayer no pude telefonear, Creo que se encuentra bien, en todo caso deber&#237;as hablarle, est&#225; comiendo poco, sin apetito, ella dice que en las mujeres embarazadas es normal, puede que lo sea, de esas cosas no entiendo, pero yo que t&#250; no me fiar&#237;a, Hablar&#233; con ella, est&#233; tranquilo, a lo mejor est&#225; as&#237; porque es el principio del embarazo, No sabemos nada, ante estas cosas somos como un ni&#241;o perdido, tienes que llevarla al m&#233;dico. Marcial no respondi&#243;. El suegro se call&#243;. Seguramente estaban los dos pensando en lo mismo, que en el hospital del Centro la observar&#237;an como en ning&#250;n otro lugar, por lo menos es lo que proclama la voz popular, y m&#225;s, siendo mujer de un empleado, aunque no es condici&#243;n residir all&#237; para ser competentemente atendida. Pasado un minuto, Cipriano Algor dijo, Cuando quieras yo traigo a Marta. Hab&#237;an salido de la ciudad, pod&#237;an circular m&#225;s deprisa. Marcial pregunt&#243;, C&#243;mo va el trabajo, Todav&#237;a estamos en el principio, ya hemos cocido las estatuillas que hab&#237;amos modelado, ahora estoy a vueltas con los moldes, Y qu&#233; tal, Uno se enga&#241;a, cree que todo barro es barro, que quien hace una cosa hace otra, y despu&#233;s descubre que no es as&#237;, que tenemos que aprender todo desde el principio. Hizo una pausa para despu&#233;s a&#241;adir, Pero estoy contento, es un poco como si estuviese intentando nacer otra vez, con perd&#243;n de la exageraci&#243;n, Ma&#241;ana le echo una mano, dijo Marcial, s&#233; menos que poco, aunque para alguna cosa he de servir, No, t&#250; vas a estar con tu mujer, salid, dad una vuelta por ah&#237;, Una vuelta, no, pero ma&#241;ana tendremos que ir a almorzar a casa de mis padres, ellos todav&#237;a no saben que Marta est&#225; embarazada, cualquier d&#237;a comienza a not&#225;rsele, imagine lo que tendr&#237;a que o&#237;r, Y ser&#225; con raz&#243;n, hay que ser justos, dijo Cipriano Algor. Otro silencio. El tiempo es bueno, observ&#243; Marcial, Ojal&#225; se mantenga as&#237; dos o tres semanas, dijo el suegro, los mu&#241;ecos tienen que ir al horno lo m&#225;s secos que se pueda. Nuevo silencio, &#233;ste dilatado. La polic&#237;a ya hab&#237;a levantado la barrera, la carretera estaba libre. Dos veces Cipriano Algor hizo intenci&#243;n de hablar, a la tercera habl&#243; por fin, Hay alguna novedad acerca de tu ascenso, pregunt&#243;, Nada, de momento, respondi&#243; Marcial, Crees que habr&#225;n cambiado de idea, No, se trata s&#243;lo de una cuesti&#243;n de tr&#225;mites, el aparato burocr&#225;tico del Centro es tan tiquismiquis como el de este mundo de fuera, Con patrullas de polic&#237;a verificando carn&#233;s de conducir, p&#243;lizas de seguros y certificados de salud, Es m&#225;s o menos eso, Parece que no sabemos vivir de otra manera, Tal vez no haya otra manera de vivir, O tal vez sea demasiado tarde para que haya otra manera. No volvieron a hablar hasta la entrada del pueblo. Marcial pidi&#243; al suegro que parase ante la puerta de la casa de los padres, Es s&#243;lo el tiempo de avisarlos de que vendremos ma&#241;ana a almorzar. La espera, de hecho, no fue larga, pero, una vez m&#225;s, Marcial no parec&#237;a satisfecho cuando entr&#243; en la furgoneta, Qu&#233; te pasa ahora, pregunt&#243; Cipriano Algor, Lo que me pasa es que todo me sale mal con mis padres, No exageres, hombre, la vida de las familias nunca ha sido lo que se podr&#237;a llamar un mar de rosas, vivimos algunas horas buenas, algunas horas malas, y tenemos mucha suerte de que casi todas sean as&#237; as&#237;, Entr&#233;, en casa s&#243;lo estaba mi madre, mi padre no hab&#237;a llegado, le expliqu&#233; a lo que iba y, para animar la conversaci&#243;n, usando un tono solemne y alegre al mismo tiempo, la previne de que ma&#241;ana tendr&#237;an una gran sorpresa, Y luego, Es capaz de adivinar cu&#225;l fue la respuesta de mi madre, A tanto no llegan mis dotes adivinatorias, Me pregunt&#243; si la gran sorpresa era que se vendr&#237;an a vivir conmigo al Centro, Y t&#250;, qu&#233; le dijiste, Que no, y que finalmente no merec&#237;a la pena reservar la sorpresa para ma&#241;ana, queden ya sabiendo, dije yo, que Marta est&#225; embarazada, vamos a tener un hijo, Se puso contenta, por supuesto, Claro, no paraba de darme abrazos y besos, De qu&#233; te quejas, entonces, Es que con ellos siempre tiene que haber una nube oscura en el cielo, ahora es esa idea fija de vivir en el Centro, Ya sabes que no me importar&#237;a ceder mi lugar, Ni pensarlo, eso est&#225; fuera de cuesti&#243;n, y no es porque yo cambie padres por suegro, sino porque los padres se tienen el uno al otro, mientras que el suegro se quedar&#237;a solo, No ser&#237;a la &#250;nica persona en este mundo que vivir&#237;a sola, Para Marta, s&#237;, le garantizo que lo ser&#237;a, Me dejas sin saber qu&#233; responderte, Hay cosas que son tanto lo que son, que no necesitan de ninguna explicaci&#243;n. Ante una tan categ&#243;rica manifestaci&#243;n de sabidur&#237;a b&#225;sica, el alfarero se encontr&#243; por segunda vez sin respuesta. Otro motivo hab&#237;a contribuido tambi&#233;n para la repentina mudez, la circunstancia de que estuvieran pasando, en ese preciso instante, frente a la calle de Isaura Madruga, hecho al que la consciencia de Cipriano Algor, al contrario de lo que hab&#237;a sucedido en el viaje de ida, no encontr&#243; manera de permanecer indiferente. Cuando llegaron a la alfarer&#237;a, Marcial tuvo el placer inesperado de verse recibido por Encontrado como si en lugar de su intimidatorio uniforme de guarda del Centro llevase puestas encima las m&#225;s pac&#237;ficas y paisanas de todas las vestimentas. Al sensible coraz&#243;n del mozo, a&#250;n dolorido por la desafortunada conversaci&#243;n con la progenitora, tanto le conmovieron las efusivas demostraciones del animal, que se abraz&#243; a &#233;l como la persona a quien m&#225;s amase. Son momentos especiales, no es necesario recordar que la persona a quien Marcial m&#225;s ama en la vida es a su mujer, esta que espera a su lado con una tierna sonrisa su turno de ser abrazada, pero as&#237; como hay ocasiones en que una simple mano en el hombro casi nos hace derretirnos en l&#225;grimas, tambi&#233;n puede suceder que la alegr&#237;a desinteresada de un perro nos reconcilie durante un breve minuto con los dolores, las decepciones y los disgustos que el mundo nos ha causado. Como Encontrado sabe poco de sentimientos humanos, cuya existencia, tanto en lo positivo como en lo negativo, se encuentra satisfactoriamente probada, y Marcial menos todav&#237;a de sentimientos caninos, sobre los que las certezas son pocas y mir&#237;adas las dudas, alguien tendr&#225; que explicarnos un d&#237;a por qu&#233; diablo de razones, comprensibles a uno y otro, estuvieron estos dos aqu&#237; abrazados cuando ni siquiera a la misma especie pertenecen. Como la elaboraci&#243;n de moldes era en la alfarer&#237;a una novedad absoluta, Cipriano Algor no pod&#237;a dejarle de mostrar al yerno lo que hab&#237;a hecho en estos d&#237;as, pero su amor propio, que ya lo indujo a rechazar la ayuda de la hija, sufr&#237;a con la idea de que se pudiera apercibir de alg&#250;n error, de alguna inepcia mal enmendada, de cualquiera de las innumerables se&#241;ales que f&#225;cilmente denunciar&#237;an la agon&#237;a mental en que hab&#237;a vivido en el interior de aquellas cuatro paredes. Aunque Marcial estuviese demasiado ocupado con Marta para prestar atenci&#243;n a barros, silicatos de sodio, yesos, cajas y moldes, el alfarero decidi&#243; no trabajar hoy despu&#233;s de la cena, hacerles compa&#241;&#237;a en la sobremesa, lo que acab&#243; por abrirle campo para discurrir con bastante exactitud te&#243;rica sobre una materia de la que, mejor que nadie, sab&#237;a hasta qu&#233; punto y con qu&#233; desastrosas consecuencias le hab&#237;a fallado la pr&#225;ctica. Marcial avis&#243; a Marta de que al d&#237;a siguiente almorzar&#237;an con los padres, pero ni de pasada toc&#243; el penoso di&#225;logo mantenido con la madre, de manera que hizo pensar al suegro que se trataba de un asunto que pasaba al foro privado, un problema para analizar en la intimidad del dormitorio, no para reiterar y pormenorizar en una conversaci&#243;n a tres, salvo si, con la m&#225;s admirable de las prudencias, Marcial pretend&#237;a simplemente evitar que se cayese una y otra vez en el debate sobre la espinosa cuesti&#243;n de la mudanza al Centro, ahondo hemos visto c&#243;mo comienza, ahondo hemos visto c&#243;mo suele terminar.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 A la ma&#241;ana siguiente, ya Cipriano Algor estaba entregado a su tarea, Marcial entr&#243; en la alfarer&#237;a, Buenos d&#237;as, dijo, se presenta el aprendiz. Marta ven&#237;a con &#233;l, pero no se ofreci&#243; para trabajar, aunque estuviese segura de que el padre no la echar&#237;a esta vez. La alfarer&#237;a era como un campo de batalla donde una sola persona hubiese andado durante cuatro d&#237;as pele&#225;ndose contra s&#237; misma y contra todo lo que la rodeaba, Esto est&#225; un poco desordenado, se disculp&#243; Cipriano Algor, nada es como antes, cuando hac&#237;amos cacharrer&#237;a ten&#237;amos una norma, una rutina establecida, Es s&#243;lo cuesti&#243;n de tiempo, dijo Marta, con el tiempo las manos y las cosas acaban habitu&#225;ndose unas a otras, a partir de ese d&#237;a ni las cosas aturrullan ni las manos se dejan aturrullar, Por la noche me siento tan cansado que se me caen los brazos s&#243;lo de pensar que deber&#237;a ordenar este caos, Con todo gusto me encargar&#237;a yo de la tarea si no se me hubiese prohibido la entrada aqu&#237;, dijo Marta, No te la he prohibido, Con esas precisas y exactas palabras, no, Es que no quiero que te canses, cuando sea el momento de comenzar a pintar ser&#225; diferente, trabajar&#225;s sentada, no tendr&#225;s que hacer esfuerzos, Vamos a ver si a esa altura no se le ocurre decirme que el olor de las pinturas perjudica al ni&#241;o, Est&#225; visto que con esta mujer no es posible conversar, dice Cipriano Algor a Marcial como quien se ha resignado a pedir ayuda, La conoce hace m&#225;s tiempo que yo, tenga paciencia, pero que esto necesita una limpieza en serio y una organizaci&#243;n capaz, no hay duda, Puedo tener una idea, pregunt&#243; Marta, me autorizan los se&#241;ores a tener una idea, Ya la has tenido, reventar&#237;as si no la echaras afuera, rezong&#243; el padre, Cu&#225;l es, pregunt&#243; Marcial, Esta ma&#241;ana la pasta descansa, vamos a poner todo esto en condiciones decentes, y como mi querido padre no quiere que me canse trabajando, dar&#233; las &#243;rdenes. Cipriano Algor y Marcial se miraron el uno al otro, a ver qui&#233;n hablar&#237;a primero, y como ni uno ni otro se decid&#237;a a tomar la palabra, acabaron diciendo a coro, De acuerdo. Antes de la hora en que Marcial y Marta salieran para el almuerzo, la alfarer&#237;a y todo lo que en ella se contiene estaba tan limpio y aseado cuanto se podr&#237;a esperar de un lugar de trabajo donde la lama es la materia prima del producto fabricado. En verdad, si juntamos y mezclamos agua y barro, o agua y yeso, o agua y cemento, podremos dar las vueltas que queramos a la imaginaci&#243;n para inventarles un nombre menos grosero, menos prosaico, menos ordinario, pero siempre, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde acabaremos llegando a la palabra justa, la palabra que dice lo que hay que decir, lama. Muchos dioses, de los m&#225;s conocidos, no quisieron otro material para sus creaciones, pero es dudoso si esa preferencia representa hoy para la lama un punto a favor o un punto en contra.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marta dej&#243; preparado el almuerzo del padre, Es s&#243;lo calentarlo, dijo al salir con Marcial. El ruido d&#233;bil del motor de la furgoneta disminuy&#243; y se desvaneci&#243; r&#225;pidamente, el silencio se adue&#241;&#243; de la casa y de la alfarer&#237;a, durante un poco m&#225;s de una hora Cipriano Algor estar&#225; solo. Aliviado de la situaci&#243;n nerviosa de los &#250;ltimos tiempos, no tard&#243; mucho en notar que el est&#243;mago comenzaba a darle se&#241;ales de insatisfacci&#243;n. Llev&#243; primero la comida a Encontrado, despu&#233;s entr&#243; en la cocina, destap&#243; la cacerola y oli&#243;. Ol&#237;a bien y a&#250;n estaba caliente. No hab&#237;a ninguna raz&#243;n para esperar. Cuando acab&#243; de comer, ya sentado en su sill&#243;n de reposo, se sinti&#243; en paz. Es de sobra conocido que el gozo del esp&#237;ritu no es del todo insensible a una alimentaci&#243;n suficiente del cuerpo, sin embargo, si en este momento Cipriano Algor se sent&#237;a en paz, si experimentaba una especie de transporte casi jubiloso en todo su ser, no se deb&#237;a s&#243;lo al hecho material de haber comido. Por orden, contribuyeron tambi&#233;n para ese venturoso estado de &#225;nimo su innegable avance en el dominio de las t&#233;cnicas de modelado, la esperanza de que a partir de ahora se acaben los problemas o pasen a mostrarse menos intratables, el excelente entendimiento de Marta y Marcial, que, como suele decirse, entra por los ojos de cualquiera, y, finalmente, pero no de menor importancia, la limpieza a fondo de la alfarer&#237;a. Los p&#225;rpados de Cipriano Algor cayeron despacio, se levantaron todav&#237;a una vez, despu&#233;s otra con mayor esfuerzo, la tercera no pas&#243; de una tentativa enteramente desprovista de convicci&#243;n. Con el alma y el est&#243;mago en estado de plenitud, Cipriano Algor se dej&#243; deslizar hacia el sue&#241;o. Fuera, bajo la sombra del moral, Encontrado tambi&#233;n dorm&#237;a, podr&#237;an quedarse as&#237; hasta el regreso de Marcial y Marta, pero de repente el perro ladr&#243;. El tono no era de amenaza ni de susto, no pasaba de una alerta convencional, un qui&#233;n va por deber del cargo, Aunque conozca a la persona que acaba de llegar, tengo que ladrar porque es eso lo que se espera que haga. No fueron, sin embargo, los ladridos desenfadados de Encontrado los que despertaron a Cipriano Algor, pero s&#237; una voz, una voz de mujer que desde fuera llamaba, Marta, y luego preguntaba, Marta, est&#225;s en casa. El alfarero no se levant&#243; del sill&#243;n, apenas enderez&#243; el cuerpo como si estuviese prepar&#225;ndose para huir. El perro ya no ladraba, la puerta de la cocina estaba abierta, la mujer ven&#237;a ah&#237;, se aproximaba cada vez m&#225;s, iba a aparecer, si este nuevo encuentro no es efecto de un incidente fortuito, de una mera y casual coincidencia, si estaba previsto y registrado en el libro de los destinos, ni siquiera un terremoto le podr&#225; impedir el camino. Abaneando el rabo, Encontrado fue el primero en entrar, luego apareci&#243; Isaura Madruga. Ah, exclam&#243; ella, sorprendida. No le result&#243; f&#225;cil a Cipriano Algor levantarse, el sill&#243;n bajo y las piernas s&#250;bitamente flojas tuvieron la culpa de la triste figura que sab&#237;a que estaba haciendo. Dijo &#233;l, Buenas tardes. Dijo ella, Buenas tardes, buenos d&#237;as, no s&#233; bien qu&#233; hora es. Dijo &#233;l, Ya es m&#225;s de mediod&#237;a. Dijo ella, Cre&#237;a que era m&#225;s temprano. Dijo &#233;l, Marta no est&#225;, pero haga el favor de entrar. Dijo ella, No quiero molestarlo, vengo en otro momento, lo que me tra&#237;a no tiene ninguna urgencia. Dijo &#233;l, Fue con Marcial a almorzar a casa de los suegros, no tardar&#225;n. Dijo ella,\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 S&#243;lo ven&#237;a para decirle a Marta que consegu&#237; un trabajo. Dijo &#233;l, Consigui&#243; trabajo, d&#243;nde. Dijo ella, Aqu&#237; mismo, en el pueblo, felizmente. Dijo &#233;l, En qu&#233; va a trabajar. Dijo ella, En una tienda, atendiendo el mostrador, podr&#237;a ser peor. Dijo &#233;l, Le gusta ese trabajo. Dijo ella, En la vida no siempre podemos hacer aquello que nos gusta, lo principal, para m&#237;, era quedarme aqu&#237;, a esto no respondi&#243; Cipriano Algor, se qued&#243; callado, confundido por las preguntas que, casi sin pensar, le hab&#237;an salido de la boca, salta a la vista de cualquiera que si una persona pregunta es porque quiere saber, y si quiere saber es porque tiene alg&#250;n motivo, ahora la cuesti&#243;n de principio que Cipriano Algor tiene que elucidar en el desorden de sus sentimientos es el motivo de preguntas que, entendidas literalmente, y no se ve que pueda existir en este caso otro modo de entenderlas, demuestran un inter&#233;s por la vida y por el futuro de esta mujer que excede en mucho lo que ser&#237;a natural esperar de un buen vecino, inter&#233;s ese, por otro lado, como sabemos de sobra, en contradicci&#243;n radical e inconciliable con decisiones y pensamientos que, a lo largo de estas p&#225;ginas, el mismo Cipriano Algor ha venido tomando y produciendo con relaci&#243;n a Isaura, primero Estudiosa y actualmente Madruga. El problema es serio y exigir&#237;a una extensa y concienzuda reflexi&#243;n, pero la l&#243;gica ordenadora y la disciplina del relato, aunque alguna que otra vez puedan ser desacatadas, o incluso, cuando as&#237; convenga, deban serlo, no nos permiten que dejemos m&#225;s tiempo a Isaura Madruga y Cipriano Algor en esta angustiosa situaci&#243;n, constre&#241;idos, callados uno ante otro, con un perro que los mira y no comprende lo que pasa, con un reloj de pared que se estar&#225; preguntando, en su tic tac, para qu&#233; querr&#225;n estos dos el tiempo si no lo aprovechan. Es necesario, por tanto, hacer alguna cosa. S&#237;, hacer alguna cosa, pero no cualquier cosa. Podremos y deberemos faltar el respeto a la l&#243;gica ordenadora y a la disciplina del relato, pero jam&#225;s de los jamases a eso que constituye el car&#225;cter exclusivo y esencial de una persona, es decir, a su personalidad, a su modo de ser, a su propia e inconfundible presencia. Se admiten en el personaje todas las contradicciones, pero ninguna incoherencia, y en este punto insistimos particularmente porque, al contrario de lo que suelen preceptuar los diccionarios, incoherencia y contradicci&#243;n no son sin&#243;nimos. Es en el interior de su propia coherencia donde una persona o un personaje se van contradiciendo, mientras que la incoherencia, por ser, m&#225;s que la contradicci&#243;n, una constante del comportamiento, repele de s&#237; a la contradicci&#243;n, la elimina, no se entiende viviendo con ella. Desde este punto de vista, aunque arriesg&#225;ndonos a caer en las telas paralizadoras de la paradoja, no deber&#237;a ser excluida la hip&#243;tesis de que la contradicci&#243;n sea, al final, y precisamente, uno de los m&#225;s coherentes contrarios de la incoherencia. Ay de nosotros, estas especulaciones, quiz&#225; no del todo desprovistas de inter&#233;s para aquellos que no se satisfacen con el aspecto superficial y consuetudinario de los conceptos, nos distraer&#225;n todav&#237;a m&#225;s de la dif&#237;cil situaci&#243;n en que hab&#237;amos dejado a Cipriano Algor e Isaura Madruga, ahora a solas uno con el otro, porque Encontrado, comprendiendo que all&#237; no se ataba ni se desataba, tuvo por bien apartarse y regresar a la sombra del moral para proseguir el sue&#241;o interrumpido. Es, pues, tiempo de buscar una soluci&#243;n para este inadmisible estado de cosas, haciendo, por ejemplo, que Isaura Madruga, m&#225;s resuelta por el hecho de ser mujer, pronuncie unas pocas palabras s&#243;lo para comprobar que da igual, tanto servir&#237;an &#233;stas como otras, Bueno, entonces me voy, muchas veces no es necesario m&#225;s, basta romper el silencio, mover ligeramente el cuerpo como quien hace adem&#225;n de retirarse, por lo menos en este caso fue remedio bendito, aunque al alfarero Cipriano Algor, lamentablemente, no se le ocurri&#243; nada mejor que dejar salir una pregunta que m&#225;s tarde le har&#225; darse pu&#241;etazos en la cabeza, juzgue cada uno de nosotros si el suceso es para tanto, Qu&#233; me dice de nuestro c&#225;ntaro, pregunt&#243; &#233;l, sigue prest&#225;ndole buen servicio. Cipriano Algor se infligir&#225; pu&#241;etazos como castigo por lo que consider&#243; una estupidez sin perd&#243;n, pero esperemos que m&#225;s tarde, cuando se le pase la furia autopunitiva, recuerde que Isaura Madruga no solt&#243; una insultante carcajada a cambio, no se ri&#243; inclemente, no sonri&#243; siquiera aquella m&#237;nima sonrisa de iron&#237;a que la situaci&#243;n parec&#237;a pedir, y que, al contrario, se puso muy ser&#237;a, cruz&#243; los brazos sobre el pecho como si estuviese todav&#237;a abrazando el c&#225;ntaro, ese que Cipriano Algor sin darse cuenta del desliz verbal hab&#237;a llamado nuestro, tal vez luego a la noche, mientras el sue&#241;o llega, esta palabra lo interrogue sobre qu&#233; intenci&#243;n efectiva habr&#237;a tenido cuando le dijo, si el c&#225;ntaro era nuestro porque un d&#237;a pas&#243; de una mano a otra y porque de &#233;l se hablaba en ese momento, o nuestro por ser nuestro, nuestro sin rodeos, nuestro s&#243;lo, nuestro de los dos, nuestro y punto final. Cipriano Algor no responder&#225;, mascullar&#225; como otras veces, Qu&#233; estupidez, pero lo har&#225; de manera autom&#225;tica, en tono asaz vehemente, seguro, pero sin real convicci&#243;n. Ahora que Isaura Madruga se ha retirado despu&#233;s de haber dicho en un murmullo Hasta otro d&#237;a, ahora que ha salido por esa puerta como una sombra sutil, ahora que Encontrado, despu&#233;s de haberle hecho compa&#241;&#237;a hasta el principio de la rampa que conduce a la carretera, acaba de entrar en la cocina con una expresi&#243;n claramente interrogante en la inclinaci&#243;n de la cabeza, en el meneo de la cola y en el levantar de las orejas, es cuando Cipriano Algor se da cuenta de que ninguna palabra hab&#237;a respondido a su pregunta, ni un s&#237;, ni un no, s&#243;lo aquel gesto de abrazar el propio cuerpo, tal vez para encontrarse en &#233;l, tal vez para defenderlo o de &#233;l defenderse. Cipriano Algor mir&#243; alrededor perplejo, como si estuviese perdido, ten&#237;a las manos h&#250;medas, el coraz&#243;n disparado en el pecho, la ansiedad de quien acaba de escapar de un peligro de cuya gravedad no lleg&#243; a tener una noci&#243;n clara. Y entonces se dio el primer pu&#241;etazo en la cabeza. Cuando Marta y Marcial regresaron del almuerzo, lo encontraron en la alfarer&#237;a, echando yeso l&#237;quido en un molde, C&#243;mo lo ha pasado sin nosotros, pregunt&#243; Marta, No me he muerto de nostalgia, si era eso lo que quer&#237;as decir, di de comer al perro, almorc&#233;, descans&#233; un poco, y aqu&#237; estoy otra vez, y por aquella casa, qu&#233; tal las cosas, Nada de especial, dijo Marcial, como ya les hab&#237;a dicho lo de Marta, no hubo grandes fiestas, los besos y los abrazos de rigor en estas ocasiones, del resto no se habl&#243;, Mejor as&#237;, dijo Cipriano Algor, y sigui&#243; vertiendo la mezcla de yeso dentro del molde. Le temblaban un poco las manos. Ya vengo a ayudarlo, voy a cambiarme de ropa, dijo Marcial. Marta no sigui&#243; al marido. Un minuto despu&#233;s, Cipriano Algor, sin mirarla, le pregunt&#243;, Quieres algo, No, no quiero nada, s&#243;lo estaba viendo su trabajo. Pas&#243; otro minuto, y fue el turno de que Marta preguntara, No se siente bien, Claro que me siento bien, Lo encuentro muy extra&#241;o, diferente, Eso son tus ojos, En general, mis ojos est&#225;n de acuerdo conmigo, Tienes suerte, yo nunca s&#233; con qui&#233;n estoy de acuerdo, respondi&#243; el padre secamente. Marcial no podr&#237;a tardar mucho. Marta volvi&#243; a preguntar, Ha pasado algo en nuestra ausencia. El padre dej&#243; el cubo en el suelo, se limpi&#243; las manos con un trapo, y respondi&#243; mirando a la hija de frente, Apareci&#243; por aqu&#237; Isaura, esa Estudiosa, o Madruga, o comoquiera que se llame, ven&#237;a para hablar contigo, Isaura vino, Con m&#225;s palabras, creo que ha sido lo que acabo de decirte, No todos tenemos sus capacidades anal&#237;ticas, y qu&#233; quer&#237;a, si se puede saber, Darte noticia de que ha encontrado trabajo, D&#243;nde, Aqu&#237;, Me alegro, me alegro mucho, luego ir&#233; a su casa. Cipriano Algor hab&#237;a pasado a ocuparse de otro molde, Padre, comenz&#243; a decir Marta, pero &#233;l la interrumpi&#243;, Si es sobre este asunto, te pido que no sigas, lo que me pidieron que te transmitiera ya lo sabes, sobran cualesquiera otras palabras, A las semillas tambi&#233;n las entierran, y acaban naciendo, perdone si el asunto es el mismo. Cipriano Algor no respondi&#243;. Entre la salida de la hija y el regreso del yerno se dar&#237;a otro pu&#241;etazo en la cabeza.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Que muchos de los mitos antropogen&#233;ticos no prescindieron del barro en la creaci&#243;n material del hombre es un hecho ya mencionado aqu&#237; y al alcance de cualquier persona medianamente interesada en almanaques lo-s&#233;-todo y enciclopedias ca-si-todo. No es &#233;ste, por regla general, el caso de los creyentes de las diferentes religiones, ya que se sirven de las v&#237;as org&#225;nicas de la iglesia de la que forman parte para recibir e incorporar esa y otras muchas informaciones de igual o similar importancia. No obstante, hay un caso, un caso por lo menos, en que el barro necesit&#243; ir al horno para que la obra fuese considerada acabada. Y eso despu&#233;s de varias tentativas. Este singular creador al que nos estamos refiriendo y cuyo nombre olvidamos ignorar&#237;a probablemente, o no tendr&#237;a suficiente confianza en la eficacia taumat&#250;rgica del soplo en la nariz al que otro creador recurri&#243; antes o recurrir&#237;a despu&#233;s, como en nuestros d&#237;as hizo tambi&#233;n Cipriano Algor, aunque sin m&#225;s intenci&#243;n que la modest&#237;sima de limpiar de cenizas la cara de la enfermera. Volviendo, pues, al tal creador que necesit&#243; llevar el hombre al horno, el episodio pas&#243; de la manera que vamos a explicar, de donde se ver&#225; que las frustradas tentativas a que nos referimos resultaron del insuficiente conocimiento que el dicho creador ten&#237;a de las temperaturas de la cocci&#243;n. Comenz&#243; por hacer con barro una figura humana, de hombre o de mujer es pormenor sin importancia, la meti&#243; en el horno y atiz&#243; la lumbre suficiente. Pasado el tiempo que le pareci&#243; cierto, la sac&#243; de all&#237;, y, Dios m&#237;o, se le cay&#243; el alma a los pies. La figura hab&#237;a salido negra retinta, nada parecida a la idea que ten&#237;a de lo que deber&#237;a ser su hombre. Sin embargo, tal vez porque todav&#237;a estaba en comienzo de actividad, no tuvo valor para destruir el fallido producto de su inexperiencia. Le dio vida, se supone que con un coscorr&#243;n en la cabeza, y lo mand&#243; por ah&#237;. Volvi&#243; a moldear otra figura, la meti&#243; en el horno, pero esta vez tuvo la precauci&#243;n de cautelarse con la lumbre. Lo consigui&#243;, s&#237;, pero demasiado, pues la figura apareci&#243; blanca como la m&#225;s blanca de todas las cosas blancas. A&#250;n no era lo que &#233;l quer&#237;a. Con todo, pese al nuevo fallo, no perdi&#243; la paciencia, debe de haber pensado, indulgente, Pobrecillo, la culpa no es suya, en fin, dio tambi&#233;n vida a &#233;ste y lo ech&#243; a andar. En el mundo hab&#237;a ya por tanto un negro y un blanco, pero el desgarbado creador todav&#237;a no hab&#237;a logrado la criatura que so&#241;ara. Se puso una vez m&#225;s manos a la obra, otra figura humana ocup&#243; lugar en el horno, el problema, incluso no existiendo todav&#237;a el pir&#243;metro, deb&#237;a ser f&#225;cil de solucionar a partir de aqu&#237;, es decir, el secreto era no calentar el horno ni de m&#225;s ni de menos, ni tanto ni tan poco, y, por esta regla de tres, ahora ser&#225; la buena. No lo fue. Es cierto que la nueva figura no sali&#243; negra, es cierto que no sali&#243; blanca, pero, oh cielos, sali&#243; amarilla. Otro cualquiera tal vez hubiese desistido, habr&#237;a despachado aprisa un diluvio para acabar con el negro y el blanco, habr&#237;a partido el cuello al amarillo, lo que se podr&#237;a considerar como la conclusi&#243;n l&#243;gica del pensamiento que le pas&#243; por la mente en forma de pregunta, Si yo mismo no s&#233; hacer un hombre capaz, c&#243;mo podr&#233; ma&#241;ana pedirle cuentas de sus errores. Durante unos cuantos d&#237;as nuestro improvisado alfarero no tuvo coraje para entrar en la alfarer&#237;a, pero despu&#233;s, como se suele decir, le acometi&#243; de nuevo el bicho de la creaci&#243;n y al cabo de algunas horas la cuarta figura estaba modelada y pronta para ir al horno. En el supuesto de que entonces hubiese por encima de este creador otro creador, es muy probable que del menor al mayor se hubiese elevado algo as&#237; como un ruego, una oraci&#243;n, una s&#250;plica, cualquier cosa del g&#233;nero, No me dejes quedar mal. En fin, con las manos ansiosas introdujo la figura de barro en el horno, despu&#233;s escogi&#243; con meticulosidad y pes&#243; la cantidad de le&#241;a que le parec&#237;a conveniente, elimin&#243; la verde y la demasiado seca, retir&#243; una que ard&#237;a mal y sin gracia, a&#241;adi&#243; otra que daba una llama alegre, calcul&#243; con la aproximaci&#243;n posible el tiempo y la intensidad del calor, y, repitiendo la imploraci&#243;n, No me dejes quedar mal, acerc&#243; un f&#243;sforo al combustible. Nosotros, humanos de ahora, que hemos pasado por tantas situaciones de ansiedad, un examen dif&#237;cil, una novia que falt&#243; al encuentro, un hijo que se hizo esperar, un empleo que nos fue negado, podemos imaginar lo que este creador habr&#225; sufrido mientras aguardaba el resultado de su cuarta tentativa, los sudores que probablemente s&#243;lo la proximidad del horno imped&#237;an que fuesen helados, las u&#241;as ro&#237;das hasta la ra&#237;z, cada minuto que iba pasando se llevaba consigo diez a&#241;os de existencia, por primera vez en la historia de las diversas creaciones del universo mundo conoci&#243; el propio creador los tormentos que nos aguardan en la vida eterna, por ser eterna, no por ser vida. Pero vali&#243; la pena. Cuando nuestro creador abri&#243; la puerta del horno y vio lo que se encontraba dentro, cay&#243; de rodillas extasiado. Este hombre ya no era ni negro, ni blanco, ni amarillo, era, s&#237;, rojo, rojo como son rojos la aurora y el poniente, rojo como la &#237;gnea lava de los volcanes, rojo como el fuego que lo hab&#237;a hecho rojo, rojo como la misma sangre que ya le estaba corriendo por las venas, porque a esta humana figura, por ser la deseada, no fue necesario darle un coscorr&#243;n, bast&#243; haberle dicho, Ven, y ella por su propio pie sali&#243; del horno. Quien desconozca lo que pas&#243; en las posteriores edades dir&#225; que, pese a tal acopio de yerros y ansiedades, o, por la virtud instructiva y educativa de la experimentaci&#243;n, gracias a ellos, la historia acab&#243; teniendo un final feliz. Como en todas las cosas de este mundo, y\i 
\i0  seguramente de todos los otros, el juicio depender&#225; del punto de vista del observador. Aquellos a quienes el creador rechaz&#243;, aquellos a quienes, aunque con benevolencia de agradecer, apart&#243; de s&#237;, o sea, los de piel negra, blanca y amarilla, prosperaron en n&#250;mero, se multiplicaron, cubren, por decirlo as&#237;, todo el orbe terr&#225;queo, mientras que los de piel roja, esos por quienes se hab&#237;a esforzado tanto y por quienes sufriera un mar de penas y angustias, son, en estos d&#237;as de hoy, las evidencias impotentes de c&#243;mo un triunfo puede llegar a transformarse, pasado el tiempo, en el preludio enga&#241;ador de una derrota. La cuarta y &#250;ltima tentativa del primer creador de hombres que introdujo sus criaturas en el horno, esa que aparentemente le trajo la victoria definitiva, lleg&#243; a ser, al final, la del definitivo descalabro. Cipriano Algor, tambi&#233;n lector asiduo de almanaques y enciclopedias lo-s&#233;-todo o casi-todo, hab&#237;a le&#237;do esta historia cuando todav&#237;a era muchacho y habiendo olvidado tantas cosas en la vida, de &#233;sta no se olvid&#243;, vaya usted a saber por qu&#233;. Era una leyenda india, de los llamados pieles rojas, para ser m&#225;s exactos, con la cual los remotos creadores del mito pretender&#237;an probar la superioridad de su raza sobre cualesquiera otras, incluyendo aquellas de cuya efectiva existencia no ten&#237;an entonces noticia. Sobre este &#250;ltimo punto, antic&#237;pese la objeci&#243;n, ser&#237;a vano e in&#250;til el argumento de que, puesto que no ten&#237;an conocimiento de otras razas tampoco las podr&#237;an imaginar blancas, o negras, o amarillas, o tornasoladas. Puro enga&#241;o. Quien as&#237; argumentase s&#243;lo demostrar&#237;a ignorar que estamos lidiando aqu&#237; con un pueblo de alfareros, de cazadores tambi&#233;n, para quienes el penoso trabajo de transformar el barro en una vasija o en un &#237;dolo hab&#237;a ense&#241;ado que dentro de un horno todas las cosas pueden suceder, tanto el desastre como la gloria, tanto la perfecci&#243;n como la miseria, tanto lo sublime como lo grotesco. Cu&#225;ntas y cu&#225;ntas veces, durante cu&#225;ntas generaciones habr&#237;an tenido que retirar del horno piezas torcidas, rajadas, convertidas en carb&#243;n, faltas o medio crudas, todas inservibles. En realidad no existe una gran diferencia entre lo que pasa en el interior de un horno de alfarer&#237;a y un horno de panader&#237;a. La masa del pan no es m&#225;s que un barro diferente, hecho de harina, levadura y agua, y, tal como el otro, va a salir cocido del horno, o crudo, o quemado. Dentro tal vez no haya diferencia, se desahoga Cipriano Algor, pero, aqu&#237; fuera, garantizo que dar&#237;a todo en este momento por ser panadero. Los d&#237;as y las noches se suced&#237;an, y las tardes y las ma&#241;anas. Est&#225; en los libros y en la vida que los trabajos de los hombres siempre fueron m&#225;s largos y pesados que los de los dioses, v&#233;ase el caso ya mencionado del creador de los pieles rojas que, en definitiva, no hizo m&#225;s que cuatro im&#225;genes humanas, y por este poco, aunque con escaso &#233;xito de p&#250;blico interesado, tuvo entrada en la historia de los almanaques, mientras que Cipriano Algor, a quien ciertamente no le espera la retribuci&#243;n de un registro biogr&#225;fico y curricular en letra de molde, tendr&#225; que desentra&#241;ar de las profundidades del barro, s&#243;lo en esta primera fase, ciento cincuenta veces m&#225;s, es decir, seiscientos mu&#241;ecos de or&#237;genes, caracter&#237;sticas y situaciones sociales diferentes, tres de ellos, el buf&#243;n, el payaso y la enfermera, m&#225;s f&#225;cilmente definibles tambi&#233;n por las actividades que ejercen, lo que no sucede con el mandar&#237;n y con el asirio de barbas, que, a pesar de la razonable informaci&#243;n recopilada en la enciclopedia, no fue posible averiguar lo que hicieron en la vida. En cuanto al esquimal se supone que seguir&#225; cazando y pescando. Es cierto que a Cipriano Algor le da lo mismo. Cuando las figurillas comiencen a salir de los moldes, iguales en tama&#241;o, atenuadas por la uniformidad del color las diferencias indumentarias que los distinguen, necesitar&#225; hacer un esfuerzo de atenci&#243;n para no confundirlas y mezclarlas. De tan entregado al trabajo, algunas veces se olvidar&#225; de que los moldes de yeso tienen un l&#237;mite de uso, algo as&#237; como unas cuarenta utilizaciones, a partir de las cuales los contornos comienzan a difuminarse, a perder vigor y nitidez como si la figura se fuese poco a poco cansando de ser, como si estuviese siendo atra&#237;da a un estado original de desnudez, no s&#243;lo la suya propia como representaci&#243;n humana, sino la desnudez absoluta del barro antes de que la primera forma expresada de una idea lo hubiese comenzado a vestir. Para no perder tiempo comenz&#243; arrumbando las figuras inservibles en un rinc&#243;n, pero despu&#233;s, movido por un extra&#241;o e inexplicable sentimiento de piedad y de culpa, fue a buscarlas, deformadas y confundidas por la ca&#237;da y por el choque la mayor parte, y las coloc&#243; cuidadosamente en un estante de la alfarer&#237;a. Podr&#237;a haber vuelto a amasarlas para concederles una segunda posibilidad de vida, podr&#237;a haberlas aplanado sin dolor como aquellas dos figuras de hombre y de mujer que model&#243; al principio, todav&#237;a est&#225; aqu&#237; su barro seco, agrietado, informe, y sin embargo levant&#243; de la basura los mal formados engendros, los protegi&#243;, los abrig&#243;, como si quisiese menos sus aciertos que los errores que no hab&#237;a sabido evitar. No llevar&#225; esos mu&#241;ecos al horno, mal empleada ser&#237;a la le&#241;a que para ellos ardiese, pero va a dejarlos aqu&#237; hasta que el barro se raje y disgregue, hasta que los fragmentos se desprendan y caigan, y, si el tiempo diera para tanto, hasta que el polvo que ellos ser&#225;n se transforme de nuevo en arcilla resucitada. Marta ha de preguntarle, Qu&#233; hacen ah&#237; esas piezas defectuosas, a lo que &#233;l responder&#225;, Ellos me gustan, no dir&#225; Ellas me gustan, si lo hubiera dicho los expulsar&#237;a definitivamente del mundo para el que hab&#237;an nacido, dejar&#237;a de reconocerlos como obra suya para condenarlos a una &#250;ltima y definitiva orfandad. Obra suya, y fatigosa obra, tambi&#233;n son las decenas de mu&#241;ecos acabados que todos los d&#237;as van siendo transferidos a las tablas de secado, ah&#237; fuera, bajo la sombra del moral, pero &#233;sos, por ser tantos y apenas distinguirse unos de los otros, no piden m&#225;s cuidados y atenciones que los indispensables para que no se lisien a &#250;ltima hora. A Encontrado no hubo m&#225;s remedio que atarlo para que no se subiese a las tablas, donde sin ninguna duda cometer&#237;a el mayor estropicio jam&#225;s visto en la turbulenta historia de la alfarer&#237;a, pr&#243;diga, como se sabe, en cascotes e indeseables amalgamaciones. Recordemos que cuando los primeros seis mu&#241;ecos, los otros, los prototipos, fueron puestos a secar aqu&#237;, y Encontrado quiso averiguar, por contacto directo, lo que era aquello, el grito y la palmada instant&#225;nea de Cipriano Algor bastaron para que su instinto de cazador, a&#250;n m&#225;s excitado por la insolente inmovilidad de los objetos, se retrajese sin llegar a causar da&#241;os, pero reconozcamos que ser&#237;a irrazonable esperar ahora de un animal as&#237; que resistiese imp&#225;vido a la provocaci&#243;n de una horda de payasos y mandarines, de bufones y enfermeras, de esquimales y asirios de barbas, todos malamente disfrazados de pieles rojas. Dur&#243; una hora la privaci&#243;n de libertad. Impresionada por la sentida expresi&#243;n, incluso melindrosa, con que Encontrado se someti&#243; al castigo, Marta le dijo al padre que la educaci&#243;n tendr&#237;a que servir para algo, aunque se tratase de perros, La cuesti&#243;n es adaptar los m&#233;todos, declar&#243;, Y c&#243;mo vas a hacer eso, Lo primero que hay que hacer es soltarlo, Y despu&#233;s, Si intenta subir a las tablas, se ata otra vez, Y despu&#233;s, Se suelta y se ata tantas veces cuantas sean necesarias, hasta que aprenda, A primera vista, puede dar resultado, en todo caso no te dejes enga&#241;ar si te parece que ya ha aprendido la lecci&#243;n, claro que no se atrever&#225; a subir estando t&#250; presente, pero, cuando se encuentre solo, sin nadie que lo vigile, temo que tus m&#233;todos educativos no tengan suficiente fuerza para disciplinar los instintos del abuelo chacal que est&#225; al acecho en la cabeza de Encontrado, El abuelito chacal de Encontrado ni siquiera se tomar&#237;a la molestia de oler los mu&#241;ecos, pasar&#237;a de largo y seguir&#237;a su camino a la b&#250;squeda de algo que realmente pudiera ser comido, Bueno, s&#243;lo te pido que pienses en lo que suceder&#225; si el perro se sube a las tablas, la cantidad de trabajo que vamos a perder, Ser&#225; mucho, ser&#225; poco, ya veremos, pero, si eso ocurre, me comprometo a rehacer las figuras que se estraguen, tal vez sea &#233;sa la manera de convencerlo para que me deje ayudarle, De eso no vamos a hablar ahora, vete ya a tu experiencia pedag&#243;gica. Marta sali&#243; de la alfarer&#237;a y, sin decir una palabra, solt&#243; la correa del collar. Luego, tras dar unos pasos hacia la casa, se par&#243; como distra&#237;da. El perro la mir&#243; y se tumb&#243;. Marta avanz&#243; algunos pasos m&#225;s, se detuvo otra vez, y a continuaci&#243;n, decidida, entr&#243; en la cocina, dejando la puerta abierta. El perro no se movi&#243;. Marta cerr&#243; la puerta. El perro esper&#243; un poco, despu&#233;s se levant&#243; y, despacio, se fue aproximando a las tablas. Marta no abri&#243; la puerta. El perro mir&#243; hacia la casa, dud&#243;, volvi&#243; a mirar, despu&#233;s asent&#243; las patas en el borde de la tabla donde estaban sec&#225;ndose los asirios de barbas. Marta abri&#243; la puerta y sali&#243;. El perro baj&#243; r&#225;pidamente las patas y se qued&#243; parado en el mismo sitio, a la espera. No hab&#237;a motivos para huir, no le acusaba la conciencia de haber hecho mal alguno. Marta lo agarr&#243; por el collar y, nuevamente sin pronunciar palabra, lo prendi&#243; a la correa. Despu&#233;s volvi&#243; a entrar en la cocina y cerr&#243; la puerta. Su apuesta era que el can se hubiese quedado pensando en lo sucedido, pensando, o lo que &#233;l suela hacer en una situaci&#243;n como &#233;sta. Pasados dos minutos lo liber&#243; otra vez de la correa, conven&#237;a no darle tiempo al animal de olvidar, la relaci&#243;n entre la causa y el efecto ten&#237;a que instalarse en su memoria. El perro emple&#243; m&#225;s tiempo en poner las patas sobre la tabla, pero por fin se decidi&#243;, se dir&#237;a que con menos convicci&#243;n que la de antes. En seguida estaba nuevamente atado. A partir de la cuarta vez comenz&#243; a dar se&#241;ales de comprender lo que se pretend&#237;a de &#233;l, pero continuaba subiendo las patas a la tabla, como para acabar de tener la certeza de que no las deber&#237;a poner all&#237;. Durante todo este atar y desatar, Marta no hab&#237;a proferido una sola palabra, entraba y sal&#237;a de la cocina, cerraba y abr&#237;a la puerta, a cada movimiento del perro, el mismo siempre, respond&#237;a con su propio movimiento, siempre el mismo, en una cadena de acciones sucesivas y rec&#237;procas que s&#243;lo acabar&#237;a cuando uno de ellos, merced a un movimiento distinto, rompiese la secuencia. A la octava vez que Marta cerr&#243; tras de s&#237; la puerta de la cocina, Encontrado avanz&#243; de nuevo hacia las tablas, pero, llegado all&#237;, no levant&#243; las patas simulando que quer&#237;a alcanzar los asirios de barbas, se puso a mirar hacia la casa, inm&#243;vil, a la espera, como si estuviese desafiando a la due&#241;a a ser m&#225;s osada que &#233;l, como si le preguntase Qu&#233; respuesta tienes t&#250; ahora para contraponer a esta genial jugada m&#237;a, que me va a dar la victoria, y a ti te derrotar&#225;. Marta murmuraba satisfecha consigo misma, He ganado, estaba segura de que ganar&#237;a. Fue hacia el perro, le hizo unas caricias en la cabeza, dijo gentil, Encontrado bonito, Encontrado simp&#225;tico, el padre se asom&#243; a la puerta de la alfarer&#237;a para presenciar el feliz desenlace, Muy bien, s&#243;lo falta saber si ser&#225; definitivo, Pongo las manos en el fuego por que nunca m&#225;s subir&#225; a las tablas, dijo Marta. Son poqu&#237;simas las palabras humanas que los perros consiguen incorporar a su vocabulario propio de roznidos y ladridos, s&#243;lo por eso, por no entenderlas, Encontrado no protest&#243; contra la irresponsable satisfacci&#243;n de que sus due&#241;os estaban dando muestras, pues cualquier persona competente en estas materias y capaz de apreciar de manera objetiva lo sucedido dir&#237;a que el vencedor de la contienda no es Marta, la due&#241;a, por muy convencida que de eso est&#233;, mas s&#237; el perro, aunque tambi&#233;n debamos reconocer que dir&#237;an precisamente lo contrario aquellas personas que s&#243;lo por las apariencias saben juzgar. Presuma cada uno de la victoria que supone haber alcanzado, incluso los asirios de barbas y sus colegas, ahora felizmente a salvo de agresiones. En cuanto a Encontrado, no nos resignaremos a dejarlo por ah&#237; con una injusta reputaci&#243;n de perdedor. La prueba probada de que la victoria fue suya es que se convirti&#243;, a partir de aquel d&#237;a, en el m&#225;s cuidadoso de los guardianes que alguna vez protegieron monigotes de barro. Hab&#237;a que o&#237;rlo ladrar llamando a los due&#241;os cuando un inesperado golpe de viento tumb&#243; media docena de enfermeras.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La primera hornada fue de trescientas estatuillas, o mejor de trescientas cincuenta, contando ya con la posibilidad de estragos. No cab&#237;an m&#225;s. Sucedi&#243; que era el d&#237;a de descanso de Marcial, sucedi&#243; por tanto que para Marcial fue un duro d&#237;a de trabajo. Paciente, sol&#237;cito, ayud&#243; al suegro a colocar los mu&#241;ecos en los estantes interiores, se encarg&#243; de la alimentaci&#243;n del horno, tarea para gente robusta, tanto por el esfuerzo f&#237;sico de transportar e introducir la le&#241;a en el fog&#243;n como por las horas que ten&#237;a que durar, pues un horno como &#233;ste, antiguo, rudimentario a la luz de las nuevas tecnolog&#237;as, necesita bastante tiempo para alcanzar el punto de cochura, sin olvidar que, tras alcanzarlo, ser&#225; necesario mantenerlo lo m&#225;s estable posible. Marcial va a trabajar hasta bien entrada la noche, hasta la hora en que el suegro, terminada la obra que se impuso a s&#237; mismo adelantar en la alfarer&#237;a, pueda venir a sustituirlo. Marta llev&#243; la cena al padre, despu&#233;s trajo la de Marcial y, sentados ambos en el banco que ha servido para las meditaciones, comi&#243; con &#233;l. Ninguno de los dos ten&#237;a apetito, cada cual por sus motivos. No te veo comer, debes de estar muy cansado, dijo ella, Bastante, s&#237;, perd&#237; el h&#225;bito del esfuerzo, por eso me cuesta m&#225;s, dijo &#233;l, La idea de la fabricaci&#243;n de estas estatuillas fue m&#237;a, Ya lo s&#233;, Fue m&#237;a, pero en estos &#250;ltimos d&#237;as me est&#225; atormentando una especie de remordimiento, a todas horas me pregunto si habr&#225; valido la pena que nos metamos a elaborar figuras, si no ser&#225; todo esto pat&#233;ticamente in&#250;til, En este momento lo m&#225;s importante para tu padre es el trabajo que hace, no la utilidad que tenga, si le quitas el trabajo, cualquier trabajo, le quitas, en cierto modo, una raz&#243;n de vivir, y si le dices que lo que est&#225; haciendo no sirve para nada, lo m&#225;s probable, aunque la evidencia del hecho est&#233; estallando ante sus ojos, ser&#225; que no lo crea, simplemente porque no puede, El Centro dej&#243; de comprarnos cacharrer&#237;a y consigui&#243; aguantar el choque, Porque t&#250; tuviste en seguida la idea de hacer las figurillas, Presiento que est&#225;n a punto de llegar d&#237;as malos, todav&#237;a peores que &#233;stos, Mi ascenso a guarda residente, que ya no tardar&#225; mucho, ser&#225; un d&#237;a malo para tu padre, El dijo que se vendr&#237;a con nosotros al Centro, Es verdad, pero lo dijo de esa misma manera que decimos todos que un d&#237;a tendremos que morir, hay parte de nuestra mente que se niega a admitir lo que sabe que es el destino de todos los seres vivos, hace como si no fuera con ella, as&#237; est&#225; tu padre, nos dice que se vendr&#225; a vivir con nosotros, pero, en el fondo, es como si no lo creyera, Como si estuviese esperando que le apareciera en el &#250;ltimo instante un desv&#237;o que le lleve por otro camino, Deber&#237;a saber que para el Centro s&#243;lo existe un camino, el que lleva del Centro al Centro, trabajo all&#237;, s&#233; de lo que hablo, Habr&#225; quien diga que la vida en el Centro es un milagro a todas horas. Marcial no respondi&#243; de inmediato. Dio un trozo de carne al perro, que desde el principio hab&#237;a esperado pacientemente que alg&#250;n resto de comida sobrase para &#233;l, y s&#243;lo despu&#233;s manifest&#243;, S&#237;, como a Encontrado debe de haberle parecido obra de milagro, a estas horas de la noche, la carne que le acabo de dar. Pas&#243; la mano por el espinazo del animal, dos veces, tres veces, la primera por simple y habitual cari&#241;o, las otras con insistencia angustiada, como si fuese indispensable sosegarlo sin p&#233;rdida de tiempo, pero era a &#233;l mismo a quien necesitaba tranquilizar, apartar una idea que le surgiera de pronto del lugar de la memoria donde se hab&#237;a escondido, En el Centro no admiten perros. Es cierto, no admiten perros en el Centro, ni gatos, s&#243;lo aves de jaula o peces de acuario, e incluso &#233;stos se ven cada vez menos desde que fueron inventados los acuarios virtuales, sin peces que tengan olor a pez ni agua que sea necesario cambiar. Ah&#237; dentro nadan graciosamente cincuenta ejemplares de diez especies diferentes que, para no morir, tendr&#225;n que ser cuidados y alimentados como si fueran seres vivos, la calidad de la inexistente agua hay que vigilarla, tambi&#233;n hay que fiscalizar la temperatura, adem&#225;s, para que no todo sean obligaciones, el fondo del acuario podr&#225; ser decorado con varios tipos de rocas y de plantas, y el feliz poseedor de esta maravilla tendr&#225; a su disposici&#243;n una gama de sonidos que le permitir&#225;, mientras contempla sus peces sin tripas ni espinas, rodearse de ambientes sonoros tan diversos como una playa caribe&#241;a, una selva tropical o una tormenta en el mar. En el Centro no quieren perros, pens&#243; nuevamente Marcial, y not&#243; que esta preocupaci&#243;n estaba, por momentos, ocultando la otra, Le hablo de esto, no le hablo, comenz&#243; inclin&#225;ndose por el s&#237;, despu&#233;s pens&#243; que ser&#237;a preferible dejar la cuesti&#243;n para m&#225;s tarde, cuando tenga que ser, cuando no haya otro remedio. Tom&#243; pues la decisi&#243;n de callarse, pero, qu&#233; verdad es &#233;sa de la fluctuaci&#243;n inconstante de la voluntad en el acuario virtual de nuestra cabeza, un minuto despu&#233;s le estaba diciendo a Marta, Me acabo de dar cuenta de que no podemos llevarnos a Encontrado al Centro, no aceptan perros, va a ser un problema serio, pobre animal, tenerlo que dejar por ah&#237; abandonado, Quiz&#225; se consiga encontrar una soluci&#243;n, dijo Marta, Concluyo que ya hab&#237;as pensado en el asunto, se sorprendi&#243; Marcial, S&#237;, hab&#237;a pensado, hace mucho tiempo, Y esa soluci&#243;n, cu&#225;l ser&#237;a, Pienso que a Isaura no le importar&#237;a hacerse cargo de Encontrado, incluso creo que ser&#237;a para ella una gran alegr&#237;a, adem&#225;s ya se conocen, Isaura, S&#237;, Isaura, la del c&#225;ntaro, te acuerdas, la que nos trajo el bizcocho, la que vino a hablar conmigo la &#250;ltima vez que fuimos a almorzar a casa de tus padres, La idea me parece buena, Para Encontrado ser&#225; lo mejor, Falta saber si tu padre estar&#225; de acuerdo, Ya se sabe que una mitad de &#233;l protestar&#225;, dir&#225; que no se&#241;or, que una mujer sola no es buena compa&#241;&#237;a para un perro, imagino que es capaz de inventarnos una teor&#237;a de diferencias como &#233;sta, qu&#233; seguramente habr&#225; otras personas que no tendr&#225;n inconveniente en acoger al animal, pero tambi&#233;n sabemos que la otra mitad desear&#225;, con todas las fuerzas del deseo, que la primera no gane, C&#243;mo van esos amores, pregunt&#243; Marcial, Pobre Isaura, pobre padre, Por qu&#233; dices pobre Isaura, pobre padre, Porque est&#225; claro que ella lo quiere, pero no consigue traspasar la barrera que &#233;l ha levantado, Y &#233;l, &#201;l, &#233;l es una vez m&#225;s la historia de las dos mitades, hay una que probablemente no piensa nada m&#225;s que en eso, Y la otra, La otra tiene sesenta y cuatro a&#241;os, la otra tiene miedo, Realmente las personas son muy complicadas, Es verdad, pero si fu&#233;ramos simples no ser&#237;amos personas. Encontrado no estaba all&#237;, record&#243; de repente que no hab&#237;a en casa nadie m&#225;s para hacerle compa&#241;&#237;a al due&#241;o viejo, solo en la alfarer&#237;a y ya ocupado con los segundos trescientos mu&#241;ecos de la primera entrega de seiscientos, un perro ve estas cosas y le provocan una confusi&#243;n enorme, las percibe pero no consigue comprenderlas, tanto trabajo, tanto esfuerzo, tanto sudor, y ahora no me estoy refiriendo a la cantidad de dinero que se acabe ganando en el negocio, ser&#225; poco, ser&#225; as&#237; as&#237;, mucho no ser&#225; ciertamente, es sobre todo por lo que Marta ha dicho hace un poco si no ser&#225; todo esto pat&#233;ticamente in&#250;til. Como ya se hab&#237;a visto antes, y ahora, gracias al extenso y profundo di&#225;logo mantenido entre Marta y Marcial, tuvimos ocasi&#243;n de confirmar, el banco de piedra justifica ampliamente el grave y ponderoso nombre que le pusimos, el banco de las meditaciones, pero he aqu&#237; que la necesidad obliga, es tiempo de volver las atenciones al horno, meter m&#225;s le&#241;a por la bocaza del fog&#243;n, con cuidado, Marcial, no te olvides de que la fatiga entorpece los reflejos de defensa, aumenta el tiempo que necesitan para actuar, no sea que te salte otra vez desde dentro, como sucedi&#243; en aquel maldito d&#237;a, la v&#237;bora de fuego sibilante que te marc&#243; la mano izquierda para siempre. Fue tambi&#233;n esto, m&#225;s o menos, lo que Marta dijo, Voy a lavar los platos y a acostarme, ten t&#250; cuidado, Marcial.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Al d&#237;a siguiente, por la ma&#241;ana muy temprano, como siempre, Cipriano Algor llev&#243; a Marcial al Centro en la furgoneta. Le hab&#237;a dicho al salir de casa, No s&#233; c&#243;mo agradecerte la ayuda que me has dado, y Marcial le respondi&#243;, Hice lo que pude, ojal&#225; todo siga bien, Estoy convencido de que las pr&#243;ximas figuras dar&#225;n menos quehaceres, he encontrado unos cuantos trucos para simplificar el trabajo, es la ventaja que tiene acumular experiencia, creo que los trescientos de la nueva hornada podr&#225;n estar en las tablas de secado en una semana, Si de aqu&#237; a diez d&#237;as, en mi pr&#243;ximo permiso, ya est&#225;n en condiciones de meterlos en el horno, cuente conmigo, Gracias, quieres que te diga una cosa, t&#250; y yo, si no fuese por esta maldita crisis del barro, podr&#237;amos formar una buena pareja, dejabas de ser guarda del Centro y te dedicabas a la alfarer&#237;a, Podr&#237;a ser, pero es tarde para pensar en eso, adem&#225;s, si lo hubi&#233;ramos hecho, estar&#237;amos ahora los dos sin trabajo, Yo todav&#237;a tengo trabajo, Es verdad. M&#225;s adelante, ya en la carretera de la ciudad, y despu&#233;s de un largo silencio, Cipriano Algor dijo, tengo una idea, quiero saber qu&#233; piensas de ella, D&#237;game, Llevar al Centro, en cuanto se seque la pintura, estos primeros trescientos mu&#241;ecos, as&#237; el Centro ver&#237;a que estamos trabajando en serio y comenzar&#237;a a vender antes de la fecha prevista, ser&#237;a bueno para ellos y mejor para nosotros, excusar&#237;amos pasar tanto tiempo esperando resultados, y, si todo sale como se espera, podr&#237;amos preparar con m&#225;s tranquilidad la producci&#243;n futura, sin precipitaciones, como ha sido esta vez, qu&#233; tal te parece la idea, Creo que s&#237;, creo que es una idea buena, dijo Marcial, y en ese momento le vino a la memoria que tambi&#233;n hab&#237;a encontrado buena la idea de entregar el perro a los cuidados de la vecina del c&#225;ntaro, Despu&#233;s de acercarte a tu puesto voy a hablar con el jefe de compras, tengo la seguridad de que estar&#225; de acuerdo, dijo Cipriano Algor, Ojal&#225;, respondi&#243; Marcial, y repar&#243; en que otra vez repet&#237;a una palabra pronunciada poco antes, es lo que nos sucede siempre con las palabras, las repetimos constantemente, pero en algunos casos, no se sabe por qu&#233;, se nota m&#225;s. Cuando la furgoneta entraba en la ciudad Marcial pregunt&#243;, Qui&#233;n va a pintar ahora los mu&#241;ecos, Marta insiste en querer pintarlos, argumenta que yo no podr&#233; estar, al mismo tiempo, en misa y repicando, no lo dijo con estas palabras, pero el sentido era el mismo, Padre, las pinturas intoxican, S&#237; que intoxican, Y en el estado en que Marta se encuentra me parece inconveniente, Yo me ocupar&#233; de la primera mano, puedo usar la pistola, es cierto que dispersa la pintura en el aire pero compensa por la rapidez, Y luego, Luego se pintar&#225; con pincel, no perjudica, Se deber&#237;a haber comprado al menos una mascarilla, Era cara, murmur&#243; Cipriano Algor, como si tuviera verg&#252;enza de sus propias palabras, Si conseguimos encontrar dinero para alquilar la camioneta que sac&#243; del Centro lo que quedaba de cacharrer&#237;a, tambi&#233;n se encontrar&#225; el necesario para comprar la mascarilla, No lo pensamos, dijo Cipriano Algor, despu&#233;s enmend&#243;, contrito, No lo pens&#233;. Iban ya por la avenida que los conduc&#237;a en l&#237;nea recta al Centro, a pesar de la distancia pod&#237;an leerse las palabras del gigantesco anuncio que hab&#237;an colocado, USTED ES NUESTRO MEJOR CLIENTE, PERO, POR FAVOR, NO SE LO DIGA A SU VECINO. Cipriano Algor no hizo ning&#250;n comentario, a Marcial lo sorprendi&#243; un pensamiento, Se divierten a nuestra costa. Cuando la furgoneta estacion&#243; frente a la puerta del Servicio de Seguridad, Marcial dijo, Despu&#233;s de haber hablado con el jefe del departamento de compras pase por aqu&#237;, voy a ver si le consigo una mascarilla, Para m&#237; no es necesario, ya te lo he dicho, y Marta s&#243;lo utilizar&#225; los pinceles, La conoce tan bien como yo, en la primera ocasi&#243;n que se distraiga ocupar&#225; su lugar y cuando se quiera dar cuenta de lo sucedido ser&#225; tarde, No s&#233; cu&#225;nto tiempo emplear&#233; en el departamento de compras, pregunto por ti aqu&#237; o entro y te busco, No entre, no merece la pena entrar, dejar&#233; la mascarilla a mi colega de la puerta, Como quieras, Hasta dentro de diez d&#237;as, Hasta dentro de diez d&#237;as, Cu&#237;deme a Marta, padre, La cuidar&#233;, s&#237;, vete tranquilo, mira que no la quieres m&#225;s que yo, Si es m&#225;s o si es menos no lo s&#233;, la quiero de otra manera, Marcial, D&#237;game, Dame un abrazo, por favor. Cuando Marcial sali&#243; de la furgoneta llevaba los ojos h&#250;medos. Cipriano Algor no se dio ning&#250;n pu&#241;etazo en la cabeza, s&#243;lo se dijo a s&#237; mismo con una media sonrisa triste, A esto puede llegar un hombre, verse implorando un abrazo, como un ni&#241;o carente de amor. Puso la furgoneta en marcha, dio la vuelta a la manzana, ahora m&#225;s extensa como consecuencia de la ampliaci&#243;n del Centro, Dentro de poco ya nadie se acordar&#225; de lo que exist&#237;a aqu&#237; antes, pens&#243;. Quince minutos m&#225;s tarde, sinti&#233;ndose extra&#241;o como alguien que, tras regresar a un lugar despu&#233;s de una larga ausencia, no encuentra mudanzas que objetivamente justifiquen ese sentimiento, que tampoco puede ignorar, descend&#237;a la rampa del subterr&#225;neo. Tras avisar al guarda de la entrada de que ven&#237;a a pedir una informaci&#243;n, y no para descargar, estacion&#243; la furgoneta en la v&#237;a lateral. Ya hab&#237;a una fila larga de camiones a la espera, algunos enormes, a&#250;n faltaban casi dos horas para que el servicio de recepci&#243;n de mercanc&#237;as abriese. Cipriano Algor se acomod&#243; en el asiento e intent&#243; dormir. La &#250;ltima mirada que hab&#237;a echado por la mirilla, antes de venir a la ciudad, mostraba que el proceso de cocci&#243;n ya hab&#237;a terminado, ahora s&#243;lo ten&#237;a que dejar que el horno enfriara a su gusto, sin prisas, paulatinamente, como quien va por su propio pie. Para dormirse se puso a contar los mu&#241;ecos como si estuviese contando borregos, comenz&#243; por los bufones y los cont&#243; a todos, despu&#233;s pas&#243; a los payasos y consigui&#243; llegar tambi&#233;n al final, cincuenta de &#233;sos, cincuenta de &#233;stos, de los que sobraban, el remanente para estropicios, no se interes&#243;, luego quiso pasar a los esquimales, pero se le adelantaron, sin explicaci&#243;n, las enfermeras, y, en la lucha que tuvo que entablar para repelerlas, se durmi&#243;. No era la primera vez que ve&#237;a terminar su sue&#241;o de la ma&#241;ana en el subterr&#225;neo del Centro, no era la primera vez que lo despertaba, amplificado y multiplicado por los ecos, el estruendo de los motores de los camiones. Baj&#243; de la furgoneta y avanz&#243; hacia el mostrador de atenci&#243;n personal, dijo qui&#233;n era, dijo que ven&#237;a para una aclaraci&#243;n, a hablar con el jefe, si fuera posible, Es un asunto importante, a&#241;adi&#243;. El empleado que lo atend&#237;a lo mir&#243; con aire de duda, era m&#225;s que evidente que no podr&#237;an ser importantes ni el asunto ni la persona que ten&#237;a delante, salida de una miserable furgoneta que dec&#237;a por fuera Alfarer&#237;a, por eso respondi&#243; que el jefe estaba ocupado, En una reuni&#243;n, precis&#243;, y ocupado iba a seguir toda la ma&#241;ana, que dijese por tanto a qu&#233; ven&#237;a. El alfarero explic&#243; lo que ten&#237;a que explicar, no se olvid&#243;, para impresionar al interlocutor, de aludir a la conversaci&#243;n telef&#243;nica que tuvo con el jefe del departamento, y finalmente oy&#243; al otro decir, Voy a preguntar a un subjefe. Temi&#243; Cipriano Algor que le saliese el malvado que le hab&#237;a amargado la vida, pero el subjefe que apareci&#243; era educado y atento, concord&#243; que era una excelente idea, Buena ocurrencia, s&#237; se&#241;or, es bueno para ustedes y todav&#237;a mejor para nosotros, mientras van fabricando la segunda entrega de trescientos y preparando la producci&#243;n de los restantes seiscientos, en dos tiempos, como en el presente caso, o de una sola vez, nosotros iremos observando la acogida del p&#250;blico comprador, las reacciones al nuevo producto, los comentarios expl&#237;citos e impl&#237;citos, incluso nos dar&#237;a tiempo a promover unos sondeos, orientados seg&#250;n dos vertientes, en primer lugar, la situaci&#243;n previa a la compra, es decir, el inter&#233;s, la apetencia, la voluntad espont&#225;nea o motivada del cliente, en segundo lugar, la situaci&#243;n resultante del uso, es decir, el placer obtenido, la utilidad reconocida, la satisfacci&#243;n del amor propio, tanto desde un punto de vista personal como desde un punto de vista grupal, sea familiar, profesional, o cualquier otro, la cuesti&#243;n, para nosotros esencial&#237;sima, consiste en averiguar si el valor de uso, elemento fluctuante, inestable, subjetivo por excelencia, se sit&#250;a demasiado por debajo o demasiado por encima del valor de cambio, Y cuando eso sucede, qu&#233; hacen, pregunt&#243; Cipriano Algor por preguntar, a lo que el subjefe respondi&#243; en tono condescendiente, Querido se&#241;or, supongo que no est&#225; a la espera de que le vaya a descubrir aqu&#237; el secreto de la abeja, Siempre he o&#237;do que el secreto de la abeja no existe, que es una mistificaci&#243;n, un falso misterio, una f&#225;bula que no terminaron de inventar, un cuento que pod&#237;a haber sido y no fue, Tiene raz&#243;n, el secreto de la abeja no existe, pero nosotros lo conocemos. Cipriano Algor se retrajo como si hubiese sido v&#237;ctima de una agresi&#243;n inesperada. El subjefe sonre&#237;a, insist&#237;a complaciente en que la idea era buena, muy buena, que quedaba a la espera de la primera entrega y despu&#233;s le dar&#237;a noticias. Oprimido, bajo una inquietante impresi&#243;n de amenaza, Cipriano Algor entr&#243; en la furgoneta y sali&#243; del subterr&#225;neo. La &#250;ltima frase del subjefe le daba vueltas en la cabeza, El secreto de la abeja no existe, pero nosotros lo conocemos, no existe, pero lo conocemos, lo conocemos, lo conocemos. Vio caer una m&#225;scara y percibi&#243; que detr&#225;s hab&#237;a otra exactamente igual, comprend&#237;a que las m&#225;scaras siguientes ser&#237;an fatalmente id&#233;nticas a las que hubiesen ca&#237;do, es verdad que el secreto de la abeja no existe, pero ellos lo conocen. No podr&#237;a hablar de esta su perturbaci&#243;n a Marta y a Marcial porque no lo entender&#237;an, y no lo entender&#237;an porque no hab&#237;an estado all&#237; con &#233;l, en la parte de fuera del mostrador, oyendo a un subjefe de departamento explicar qu&#233; es el valor de cambio y el valor de uso, probablemente el secreto de la abeja reside en crear e impulsar en el cliente est&#237;mulos y sugestiones suficientes para que los valores de uso se eleven progresivamente en su estimaci&#243;n, paso al que seguir&#225; en poco tiempo la subida de los valores de cambio, impuesta por la argucia del productor a un comprador al que le fueron retirando poco a poco, sutilmente, las defensas interiores que resultaban de la conciencia de su propia personalidad, esas que antes, si es que alguna vez existi&#243; un antes intacto, le proporcionaron, aunque fuera precariamente, una cierta posibilidad de resistencia y autodominio. La culpa de esta laboriosa y confusa explanaci&#243;n es toda de Cipriano Algor que, siendo lo que es, un simple alfarero sin carn&#233; de soci&#243;logo ni preparaci&#243;n de economista, se ha atrevido, dentro de su r&#250;stica cabeza, a correr detr&#225;s de una idea, para acabar reconoci&#233;ndose, como resultado de la falta de un vocabulario adecuado y por las graves y patentes imprecisiones en la propiedad de los t&#233;rminos utilizados, incompetente para trasladarla a un lenguaje suficientemente cient&#237;fico que tal vez nos facilitara, por fin, comprender lo que &#233;l hab&#237;a querido decir en el suyo. Quedar&#225; para los recuerdos de Cipriano Algor este otro momento de desconcierto de vida y de desacierto en la comprensi&#243;n de ella, cuando, habiendo ido un d&#237;a al departamento de compras del Centro para hacer la m&#225;s simple de las preguntas, de all&#237; regres&#243; con la m&#225;s compleja y oscura de las respuestas, y tan tenebrosa y oscura era, que nada era m&#225;s natural que perderse en los laberintos de su propio cerebro. Al menos queda salvada la intenci&#243;n. En su defensa Cipriano Algor siempre podr&#225; alegar que hizo todo lo que estaba al alcance de su condici&#243;n de alfarero para intentar desentra&#241;ar el sentido oculto de la sibilina frase del subjefe sonriente, y si incluso para &#233;l mismo era evidente que no lo hab&#237;a conseguido, al menos dej&#243; bien claro a quien detr&#225;s viniese que, por el camino que &#233;l hab&#237;a tomado, no se llegaba a ninguna parte. Estas cosas son para quien sabe, pens&#243; Cipriano Algor, sin conseguir callar su desasosiego interior. En todo caso, decimos nosotros, otros hicieron menos y presumieron de m&#225;s.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El paquete que Marcial hab&#237;a dejado al guarda de la puerta conten&#237;a dos mascarillas, no una, para el caso de que se aver&#237;e el sistema purificador del aire en alguna, dec&#237;a la nota. Y nuevamente la petici&#243;n, Cu&#237;deme de Marta, por favor. Era casi la hora del almuerzo, una ma&#241;ana perdida, pens&#243; Cipriano Algor, acord&#225;ndose de los moldes, del barro que esperaba, del horno que perd&#237;a calor, de las filas de mu&#241;ecos all&#237; dentro. Despu&#233;s, en medio de la avenida, conduciendo de espaldas a la pared del Centro donde la frase, USTED ES NUESTRO MEJOR CLIENTE, PERO, POR FAVOR, NO SE LO DIGA A SU VECINO, trazaba con descaro ir&#243;nico el diagrama relacional en que se consumaba la complicidad inconsciente de la ciudad con el enga&#241;o consciente que la manipulaba y absorb&#237;a, se le pas&#243; por la cabeza, a Cipriano Algor, la idea de que no era s&#243;lo esta ma&#241;ana la que perd&#237;a, que la obscena frase del subjefe hab&#237;a hecho desaparecer lo que quedaba de la realidad del mundo en que aprendi&#243; y se habitu&#243; a vivir, que a partir de hoy todo ser&#237;a poco m&#225;s que apariencia, ilusi&#243;n, ausencia de sentido, interrogaciones sin repuesta. Dan ganas de estrellar la furgoneta contra un muro, pens&#243;. Se pregunt&#243; por qu&#233; no lo hac&#237;a y por qu&#233; nunca, probablemente, lo llegar&#237;a a hacer, despu&#233;s se puso a enumerar sus razones. Pese a que &#233;sta se encuentra dislocada en el contexto del an&#225;lisis, por lo menos en principio, las personas se suicidan precisamente porque tienen vida, la primera de las razones fuertes de Cipriano Algor para no hacerlo era el hecho de estar vivo, luego en seguida apareci&#243; su hija Marta, y tan junta, tan ce&#241;ida a la vida del padre, que fue como si hubiese entrado al mismo tiempo, despu&#233;s vino la alfarer&#237;a, el horno, y tambi&#233;n el yerno Marcial, claro, que es tan buen mozo y quiere tanto a Marta, y Encontrado, aunque a mucha gente le parezca escandaloso decirlo y objetivamente no se pueda explicar, hasta un perro es capaz de agarrar a una persona a la vida, y m&#225;s, y m&#225;s, y m&#225;s qu&#233;, Cipriano Algor no encontraba ningunas otras razones, sin embargo ten&#237;a la impresi&#243;n de que todav&#237;a le estaba faltando una, qu&#233; ser&#225;, qu&#233; no ser&#225;, de s&#250;bito, sin avisar, la memoria le lanz&#243; a la cara el nombre y el rostro de la mujer fallecida, el nombre y el rostro de Justa Isasca, por qu&#233;, si Cipriano Algor lo que estaba buscando eran razones para no estrellar la furgoneta contra un muro y si ya las hab&#237;a encontrado en n&#250;mero y sustancia suficientes, a saber, &#233;l mismo, Marta, la alfarer&#237;a, el horno, Marcial, el perro Encontrado y adem&#225;s el moral, por olvido no mencionado antes, era absurdo que la &#250;ltima, esa inesperada raz&#243;n de cuya existencia inquietamente se hab&#237;a apercibido como una sombra o una provocaci&#243;n, fuese alguien que ya no pertenec&#237;a a este mundo, es verdad que no se trata de una persona cualquiera, es la mujer con quien estuvo casado, la compa&#241;era de trabajo, la madre de su hija, pero, aun as&#237;, por mucho talento dial&#233;ctico que se ponga en la olla, ser&#225; dif&#237;cil de sustentar que el recuerdo de un muerto pueda ser raz&#243;n para que un vivo decida seguir vivo. Un amante de proverbios, adagios, anejires y otras m&#225;ximas populares, de esos ya raros exc&#233;ntricos que imaginan saber m&#225;s de lo que les ense&#241;an, dir&#237;a que aqu&#237; hay gato encerrado con el rabo fuera. Con disculpa de lo inconveniente e irrespetuoso de la comparaci&#243;n, diremos que la cola del felino, en el caso a examen, es la fallecida Justa, y que para encontrar lo que falta del gato no ser&#237;a necesario m&#225;s que doblar la esquina. Cipriano Algor no lo har&#225;. No obstante, cuando llegue al pueblo, dejar&#225; la furgoneta ante la puerta del cementerio donde no ha vuelto a entrar desde aquel d&#237;a, y se dirigir&#225; a la sepultura de la mujer. Estar&#225; all&#237; unos minutos pensando, tal vez para agradecer, tal vez preguntando, Por qu&#233; apareciste, tal vez oyendo preguntar, Por qu&#233; apareciste, despu&#233;s levantar&#225; la cabeza y mirar&#225; alrededor como buscando a alguien. Con este sol, hora de almorzar, no ser&#225; probable.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La primera media centuria en salir del horno fue la de los esquimales, que eran los que estaban m&#225;s a mano, justo a la entrada. Una afortunada casualidad en la inmediata opini&#243;n de Marta, Como entrenamiento no podr&#237;a tener mejor comienzo, son f&#225;ciles de pintar, m&#225;s f&#225;ciles que &#233;stos s&#243;lo las enfermeras, que van todas vestidas de blanco. Cuando las estatuillas se enfriaron del todo, las transportaron a las tablas de secado donde Cipriano Algor, armado con la pistola de pulverizar y resguardado tras el filtro de la m&#225;scara, met&#243;dicamente las cubri&#243; con la blancura mate de la base. Para sus entretelas refunfu&#241;&#243; que no merec&#237;a la pena andar con eso tap&#225;ndole la boca y la nariz, Bastaba que me pusiese a favor del viento, y la pintura se ir&#237;a lejos, no me tocar&#237;a, pero luego pens&#243; que estaba siendo injusto y desagradecido, sin olvidar que con este buen tiempo que hace no faltar&#225;n los d&#237;as en que no corra ni un c&#233;firo. Terminada su parte de trabajo, Cipriano Algor ayud&#243; a la hija a colocar las pinturas, el recipiente de petr&#243;leo, los pinceles, los dibujos coloreados que servir&#225;n de modelo, trajo el banco donde ella se deber&#237;a sentar, y apenas la vio dar la primera pincelada observ&#243;, Esto est&#225; mal pensado, con los mu&#241;ecos puestos as&#237; en fila, como est&#225;n, tendr&#225;s que desplazar constantemente el banco a lo largo de la plancha, te vas a cansar, Marcial me dijo, Qu&#233; le dijo Marcial, pregunt&#243; Marta, Que debes tener mucho cuidado, evitar las fatigas, A m&#237; lo que me cansa es o&#237;r tantas veces la misma recomendaci&#243;n, Es por tu bien, Mire, si pongo ante m&#237; una docena de mu&#241;ecos, ve, est&#225;n todos a mi alcance y s&#243;lo tendr&#233; que mudar el banco cuatro veces, adem&#225;s me viene bien moverme, y ahora que ya le he explicado el funcionamiento de esta cadena de montaje invertida, le recuerdo que no hay nada m&#225;s perjudicial para quien trabaja que la presencia de los que no hacen nada, como en esta ocasi&#243;n me parece que es su caso, No me olvidar&#233; de decirte lo mismo cuando sea yo quien est&#233; trabajando, Ya lo hizo, es decir, fue peor, me expuls&#243;, Me voy, no se puede hablar contigo, Dos cosas antes de que se vaya, la primera es que si existe alguien con quien se puede hablar, es precisamente conmigo, Y la segunda, Deme un beso. Todav&#237;a ayer Cipriano Algor le pidi&#243; un abrazo al yerno, ahora es Marta quien pide un beso al padre, algo est&#225; sucediendo en esta familia, s&#243;lo falta que comiencen a aparecer en el cielo cometas, auroras boreales y brujas galopando en escobas, que Encontrado a&#250;lle toda la noche a la luna, incluso no habiendo luna, que de un momento a otro el moral se vuelva est&#233;ril. Salvo que todo esto no sea m&#225;s que un efecto de sensibilidades excesivamente impresionables, la de Marta porque est&#225; embarazada, la de Marcial porque est&#225; embarazada Marta, la de Cipriano Algor por todas las razones que conocemos y algunas que s&#243;lo &#233;l sabe. En fin, el padre bes&#243; a la hija, la hija bes&#243; al padre, a Encontrado le concedieron un poco de las atenciones que ped&#237;a, no se podr&#225; quejar. Como se suele decir, aqu&#237; no ha pasado nada. Entr&#243; Cipriano Algor en la alfarer&#237;a para comenzar el modelado de los trescientos mu&#241;ecos de la segunda entrega, y Marta, bajo la sombra del moral, ante la mirada concienzuda de Encontrado, que ha regresado a sus responsabilidades de guardi&#225;n, se prepara para acometer la pintura de los esquimales. No pod&#237;a, se hab&#237;a olvidado de que primero era necesario lijar los mu&#241;ecos, desbastarles la rebaba, las irregularidades de superficie, los defectos de acabado, despu&#233;s limpiarlos de polvo, y, como una desgracia nunca viene sola y un olvido en general recuerda otro, tampoco los podr&#237;a pintar como pensaba, pasando de un color a otro, sucesivamente, sin interrupci&#243;n, hasta la &#250;ltima pincelada. Se le vino a la cabeza la p&#225;gina del manual, &#233;sa donde se explica con claridad que s&#243;lo cuando un color estuviere bien seco se podr&#237;a aplicar el siguiente, Ahora, s&#237;, me vendr&#237;a bien una cadena de montaje en serio, dijo, los mu&#241;ecos pasando ante m&#237; de uno en uno para recibir el azul, otra vez para el amarillo, luego para el violeta, luego para el negro, y el rojo, y el verde, y el blanco, y la bendici&#243;n final, esa que trae dentro todos los colores del arco iris, Que Dios te ponga la virtud, que yo, por mi parte, ya hice lo que pude, y no ser&#225; tanto la virtud adicional de Dios, sujeto como cualquier com&#250;n mortal a olvidos e imprevistos, la que contribuya a la coronaci&#243;n de los esfuerzos, sino la conciencia humilde de que si no conseguimos hacerlo mejor es simplemente porque de tal no somos capaces. Argumentar con lo que tiene que ser es siempre una p&#233;rdida de tiempo, para lo que tiene que ser los argumentos no pasan de conjuntos m&#225;s o menos casuales de palabras que esperan recibir de la ordenaci&#243;n sint&#225;ctica un sentido que ellas mismas no est&#225;n seguras de poseer. Marta dej&#243; a Encontrado mirando por los mu&#241;ecos y, sin m&#225;s debates con lo inevitable, fue a la cocina a buscar la &#250;nica hoja de lija fina que sab&#237;a que hab&#237;a en casa, Esto se gasta en un instante, pens&#243;, tendr&#233; que comprar unas cuantas m&#225;s. Si hubiese atisbado por la puerta de la alfarer&#237;a, ver&#237;a que las cosas tampoco all&#237; estaban ocurriendo bien. Cipriano Algor presumi&#243; ante Marcial de haber inventado unos cuantos trucos para aligerar la obra, lo que, desde un punto de vista, por decirlo as&#237;, global, era verdad, pero la rapidez no tard&#243; en mostrarse incompatible con la perfecci&#243;n, de lo que result&#243; un n&#250;mero de figuras defectuosas mucho mayor que el verificado en la primera serie. Cuando Marta volvi&#243; a su trabajo ya los primeros estropeados estaban instalados en la estanter&#237;a, pero Cipriano Algor, hechas las cuentas entre el tiempo que ganaba y los mu&#241;ecos que perd&#237;a, decidi&#243; no renunciar a sus fecundos aunque no irreprensibles ni nunca explicados trucos. Y as&#237; fueron pasando los d&#237;as. A los esquimales siguieron los payasos, despu&#233;s salieron las enfermeras, y pronto los mandarines, y los asirios de barbas, y finalmente los bufones, que eran los que estaban junto a la pared del fondo. Marta baj&#243; en el segundo d&#237;a al pueblo a comprar dos docenas de hojas de lija. Era en este establecimiento donde Isaura hab&#237;a comenzado a trabajar, como Marta sab&#237;a desde que la visit&#243; tras el perturbador encuentro, emocionalmente hablando, se entiende, que la vecina tuviera con el padre. Estas mujeres no se ven mucho, pero tienen motivos de sobra para que se conviertan en grandes amigas. Con discreci&#243;n, de modo que las palabras no llegasen a los o&#237;dos del due&#241;o de la tienda, Marta le pregunt&#243; a Isaura si se sent&#237;a bien en ese trabajo y ella respondi&#243; que s&#237;, que se sent&#237;a bien, Una se habit&#250;a, dijo. Hablaba sin alegr&#237;a, pero con firmeza, como si quisiese dejar claro que el gusto nada ten&#237;a que ver con la cuesti&#243;n, que fue la voluntad, y s&#243;lo ella, la que pes&#243; en su decisi&#243;n de aceptar el empleo. Marta recordaba palabras o&#237;das tiempo atr&#225;s, Cualquier trabajo mientras pueda seguir viviendo aqu&#237;. La pregunta que Isaura hizo despu&#233;s, a la vez que enrollaba las hojas de lija, blandamente como es aconsejable, la entendi&#243; Marta como un eco, distorsionado pero aun as&#237; reconocible, de aquellas palabras, Y por su casa, c&#243;mo est&#225;n todos, Cansados, con mucho trabajo, pero en general bien, Marcial, pobrecillo, tuvo que trabajar en el horno su d&#237;a de descanso, supongo que todav&#237;a andar&#225; con los ri&#241;ones arrasados. Las hojas de lija estaban enrolladas. En tanto que recib&#237;a el dinero y le daba la vuelta, Isaura, sin levantar los ojos, pregunt&#243;, Y su padre. Marta s&#243;lo consigui&#243; responder que el padre estaba bien, un pensamiento angustioso le atraves&#243; de s&#250;bito el cerebro, Qu&#233; va a hacer esta mujer con su vida cuando nos vayamos. Isaura se desped&#237;a, ten&#237;a que atender a otro cliente, D&#233; recuerdos, dijo, si en aquel momento Marta le hubiese preguntado, Qu&#233; va a hacer con su vida cuando nos vayamos, tal vez respondiese como hace poco, sosegadamente, Una se habit&#250;a. S&#237;, o&#237;mos decir muchas veces, o lo decimos nosotros mismos, Uno se habit&#250;a, lo dicen, o lo decimos, con una serenidad que parece aut&#233;ntica, porque realmente no existe, o todav&#237;a no se ha descubierto, otro modo de expresar con la dignidad posible nuestras resignaciones, lo que nadie pregunta es a costa de qu&#233; se habit&#250;a uno. Marta sali&#243; de la tienda casi deshecha en l&#225;grimas. Con una especie de remordimiento desesperado, como si estuviese acus&#225;ndose de haber enga&#241;ado a Isaura, pensaba, Pero ella no sabe nada, ni siquiera sabe que estamos a punto de irnos de aqu&#237;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Dos veces se olvidaron de dar de comer al perro. Recordando sus tiempos de indigencia, cuando la esperanza en el d&#237;a de ma&#241;ana era el &#250;nico condumio que ten&#237;a para las muchas horas en que el est&#243;mago ansiaba alimento, Encontrado no reclam&#243;, se desinteres&#243; de sus obligaciones de vigilante, se ech&#243; al lado de la caseta, es de la sabidur&#237;a antigua que cuerpo tumbado aguanta mucha hambre, a la espera, paciente, de que uno de los due&#241;os se diese una palmada en la cabeza y exclamase, Diablos, nos olvidamos del perro. No es caso de extra&#241;ar, estos d&#237;as hasta de ellos mismos se han olvidado. Pero gracias a esa total entrega a las respectivas tareas, robando horas al sue&#241;o, aunque Cipriano Algor nunca hubiese dejado de protestar a Marta, Tienes que descansar, tienes que descansar, gracias a ese esfuerzo paralelo los trescientos mu&#241;ecos que salieron del horno estaban lijados, cepillados, pintados y secos, todos ellos, cuando lleg&#243; el d&#237;a en que Cipriano Algor ir&#237;a a buscar al yerno al Centro, y los otros trescientos, secos y aplomados en su barro crudo, sin defectos visibles, estaban, tambi&#233;n ellos, con ayuda del calor y de la brisa, libres de humedad y preparados para la cochura. La alfarer&#237;a parec&#237;a descansar de una gran fatiga, el silencio se hab&#237;a echado a dormir. A la sombra del moral, padre e hija miraban los seiscientos mu&#241;ecos alineados en las tablas y les parec&#237;a que hab&#237;an producido obra aseada. Cipriano Algor dijo, Ma&#241;ana no trabajo en la alfarer&#237;a, Marcial no tendr&#225; que verse solo con la faena toda del horno, y Marta dijo, Creo que deber&#237;amos descansar algunos d&#237;as antes de lanzarnos a la segunda parte del pedido, y Cipriano Algor pregunt&#243;, Qu&#233; tal tres d&#237;as, y Marta respondi&#243;, Ser&#225; mejor que nada, y Cipriano Algor volvi&#243; a preguntar, C&#243;mo te sientes, y Marta respondi&#243;, Cansada, pero bien, y Cipriano Algor dijo, Pues yo me siento como nunca, y Marta dijo, Ser&#225; a esto a lo que solemos llamar satisfacci&#243;n del deber cumplido. Al contrario de lo que podr&#237;a haber parecido, no hab&#237;a ninguna iron&#237;a en estas palabras, lo que en ellas rezumaba era tan s&#243;lo un cansancio al que apetecer&#237;a llamar infinito si no fuera de tal manera manifiesta y desproporcionada la exageraci&#243;n del calificativo. Al fin y al cabo no era tanto del cuerpo de lo que ella se sent&#237;a cansada, mas de asistir impotente, sin recurso, al desconsuelo amargo y a la mal escondida tristeza del padre, a sus altibajos de humor, a sus pat&#233;ticos remedos de seguridad y de autoridad, a la afirmaci&#243;n categ&#243;rica y obsesiva de las propias dudas, como si creyese que de esa manera se las conseguir&#237;a quitar de la cabeza. Y estaba esa mujer, Isaura, Isaura Madruga, la vecina del c&#225;ntaro, a quien el otro d&#237;a no respondi&#243; nada m&#225;s que Est&#225; bien a la pregunta que ella murmur&#243; con los ojos bajos, mientras contaba las monedas, Y su padre, cuando lo que deber&#237;a haber hecho era tomarla de un brazo, subir con ella a la alfarer&#237;a, entrar con ella a donde el padre trabajaba, decir, Aqu&#237; est&#225;, y despu&#233;s cerrar la puerta y dejarlos ah&#237; dentro hasta que las palabras les sirviesen para algo, ya que los silencios, pobre de ellos, no son m&#225;s que eso mismo, silencios, nadie ignora que, muchas veces, hasta los que parecen elocuentes han dado origen, con las m&#225;s serias y a veces fatales consecuencias, a erradas interpretaciones. Somos demasiado medrosos, demasiado cobardes para aventurarnos a un acto as&#237;, pens&#243; Marta contemplando al padre que parec&#237;a haberse dormido, estamos demasiado presos en la red de las llamadas conveniencias sociales, en la tela de ara&#241;a de lo apropiado y de lo inapropiado, si se supiese que yo hab&#237;a hecho algo as&#237; en seguida me dir&#237;an que echar una mujer a los brazos de un hombre, la expresi&#243;n ser&#237;a &#233;sa, es una absoluta falta de respeto por la identidad ajena, y para colmo una irresponsable imprudencia, qui&#233;n sabe lo que les puede suceder en el futuro, la felicidad de las personas no es una cosa que hoy se fabrica y ma&#241;ana todav&#237;a podamos tener seguridad de que sigue durando, un d&#237;a encontramos por ah&#237; desunido a alguno de los que hab&#237;amos unido y nos arriesgamos a que nos digan La culpa fue suya. Marta no quiso rendirse ante este discurso de sentido com&#250;n, fruto consecuente y esc&#233;ptico de las duras batallas de la vida, Es una estupidez perder el presente s&#243;lo por el miedo de no llegar a ganar el futuro, se dijo a s&#237; misma, y luego a&#241;adi&#243;, Adem&#225;s no todo tiene que suceder ma&#241;ana, hay cosas que s&#243;lo pasado ma&#241;ana, Qu&#233; has dicho, pregunt&#243; el padre r&#225;pidamente, Nada, respondi&#243;, he estado quietecita y callada para no despertarlo, No dorm&#237;a, Pues me parec&#237;a que s&#237;, Dijiste que hay cosas que s&#243;lo pasado ma&#241;ana, Qu&#233; extra&#241;o, yo he dicho eso, pregunt&#243; Marta, No lo he so&#241;ado, Entonces lo he so&#241;ado yo, me habr&#233; dormido y despertado en seguida, los sue&#241;os son as&#237;, sin pies ni cabeza, o mejor tienen cabeza y tienen pies, pero casi siempre los pies van hacia un lado y la cabeza hacia otro, es lo que explica que los sue&#241;os sean tan dif&#237;ciles de interpretar. Cipriano Algor se levant&#243;, Se acerca la hora de recoger a Marcial, pero estaba pensando que tal vez valga la pena ir un poco m&#225;s pronto y pasar por el departamento de compras, as&#237; aviso de que los primeros trescientos ya est&#225;n acabados y coordinamos la entrega, Es una buena idea, dijo Marta. Cipriano Algor se mud&#243; de ropa, se puso una camisa limpia, se cambi&#243; de zapatos, y en menos de diez minutos estaba entrando en la furgoneta, Hasta luego, dijo, Hasta luego, padre, vaya con cuidado, Y vuelva con m&#225;s cuidado todav&#237;a, excusas decirlo, S&#237;, todav&#237;a con m&#225;s cuidado, porque son dos, Es lo que siempre digo y siempre he de decir, contigo no se puede discutir ni argumentar, encuentras respuesta para todo. Encontrado vino a preguntarle al due&#241;o si esta vez podr&#237;a ir con &#233;l, pero Cipriano Algor le dijo que no, que tuviese paciencia, las ciudades no son lo mejor para los perros.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Uno m&#225;s despu&#233;s de tantos, el viaje no habr&#237;a tenido historia de no ser por el inquieto presentimiento del alfarero de que algo malo estaba a punto de suceder. Casualmente se acord&#243; de lo o&#237;do a la hija, hay cosas que s&#243;lo pasado ma&#241;ana, unas cuantas palabras sueltas, sin causa ni sentido aparentes, que ella no hab&#237;a sabido o no hab&#237;a querido explicar, Dudo de que estuviese durmiendo, pero no comprendo qu&#233; le habr&#225; inducido a sugerir que so&#241;aba, pens&#243;, y en seguida, como continuaci&#243;n de la frase recordada, dej&#243; que su pensamiento prosiguiese por aquel mismo camino y comenzara a entonar dentro de la cabeza una letan&#237;a obsesiva, Hay cosas que s&#243;lo pasado ma&#241;ana, hay cosas que s&#243;lo ma&#241;ana, hay cosas que ya hoy, despu&#233;s retomaba la secuencia invirti&#233;ndola, Hay cosas que ya hoy, hay cosas que s&#243;lo ma&#241;ana, hay cosas que s&#243;lo pasado ma&#241;ana, y tantas veces lo fue repitiendo y repitiendo que acab&#243; por perder el sonido y el sentido, el significado de ma&#241;ana y de pasado ma&#241;ana, le qued&#243; s&#243;lo en la cabeza, como una luz de alarma encendi&#233;ndose y apag&#225;ndose, Ya hoy, ya hoy, ya hoy, hoy, hoy, hoy. Hoy, qu&#233;, se pregunt&#243; con violencia, intentando reaccionar contra el absurdo nerviosismo que hac&#237;a que le temblaran las manos sobre el volante, estoy yendo a la ciudad para recoger a Marcial, voy al departamento de compras a informar de que la primera parte del pedido est&#225; lista para ser entregada, todo lo que estoy haciendo es habitual, es corriente, es l&#243;gico, no tengo motivo de inquietud, y voy conduciendo con cuidado, el tr&#225;fico es fluido, los asaltos en la carretera han acabado, por lo menos no se ha o&#237;do hablar de ellos, luego nada podr&#225; sucederme que no sea la monoton&#237;a de siempre, los mismos pasos, las mismas palabras, los mismos gestos, el mostrador de compras, el subjefe sonriente o el maleducado, o el jefe, si no est&#225; reunido y tiene el capricho de recibirme, despu&#233;s la puerta de la furgoneta que se abre, Marcial que entra, Buenas tardes, padre, Buenas tardes, Marcial, qu&#233; tal te ha ido el trabajo esta semana, no s&#233; si a diez d&#237;as se les puede llamar semana, pero no conozco otra manera, Como de costumbre, dir&#225; &#233;l, Acabamos la primera serie de mu&#241;ecos, ya he establecido la entrega con el departamento de compras, dir&#233; yo, C&#243;mo est&#225; Marta, preguntar&#225; &#233;l, Cansada, pero bien, responder&#233; yo, y estas palabras tambi&#233;n las andamos diciendo constantemente, no me extra&#241;ar&#237;a nada que cuando transitemos de este mundo hacia el otro todav&#237;a consigamos encontrar fuerzas para responder a alguien que se le ocurra la imb&#233;cil idea de preguntarnos c&#243;mo nos sentimos, Muriendo, pero bien, es lo que diremos. Para distraerse de la compa&#241;&#237;a de los aciagos pensamientos que se empe&#241;aban en importunarlo, Cipriano Algor experiment&#243; prestarle atenci&#243;n al paisaje, lo hac&#237;a como &#250;ltimo recurso porque sab&#237;a muy bien que nada tranquilizador le podr&#237;a ser ofrecido por el deprimente espect&#225;culo de los invernaderos de pl&#225;stico extendidos m&#225;s all&#225; de lo que alcanza la vista, a un lado y a otro, hasta el horizonte, como mejor se distingu&#237;a desde lo alto de la peque&#241;a loma por donde la furgoneta en este momento trepaba. Y a esto llaman Cintur&#243;n Verde, pens&#243;, a esta desolaci&#243;n, a esta especie de campamento soturno, a esta manada de bloques de hielo sucio que derriten en sudor a los que trabajan dentro, para mucha gente estos invernaderos son m&#225;quinas, m&#225;quinas de hacer vegetales, realmente no tiene ninguna dificultad, es como seguir una receta, se mezclan los ingredientes adecuados, se regula el termostato y el higr&#243;metro, se aprieta un bot&#243;n y poco despu&#233;s sale una lechuga. Claro que el desagrado no le impide a Cipriano Algor reconocer que gracias a estos invernaderos tiene verduras en el plato durante todo el a&#241;o, lo que &#233;l no puede soportar es que se haya bautizado con la designaci&#243;n de Cintur&#243;n Verde un lugar donde ese color, precisamente, no se encuentra, salvo en las pocas hierbas que se dejan crecer en el lado de fuera de los invernaderos. Ser&#237;as m&#225;s feliz si los pl&#225;sticos fuesen verdes, le pregunt&#243; de sopet&#243;n el pensamiento que se afana en el rellano inferior del cerebro, ese inquieto pensamiento que nunca se da por satisfecho con lo que se ha pensado y decidido en el del rellano de arriba, pero Cipriano Algor, a esta pregunta pertinent&#237;sima, prefiri&#243; no darle respuesta, hizo como que no la hab&#237;a o&#237;do, quiz&#225; por un cierto tono impertinente que las preguntas pertinentes, s&#243;lo por haber sido hechas, y por mucho que se pretenda enmascarar, autom&#225;ticamente toman. El Cintur&#243;n Industrial, semejante, cada vez m&#225;s, a una construcci&#243;n tubular en expansi&#243;n continua, a un armaz&#243;n de tubos proyectado por un furioso y ejecutado por un alucinado, no mejor&#243; su disposici&#243;n, aunque, algo es algo, de lo malo lo menos malo, su inquieto y turbio presentimiento haya pasado a rezongar en sordina. Not&#243; que la alineaci&#243;n visible de los barrios de chabolas estaba ahora mucho m&#225;s cerca de la carretera, como un hormiguero que volviera al carril despu&#233;s de la lluvia, pens&#243;, encogi&#233;ndose de hombros, los asaltos a los camiones no tardar&#237;an en recomenzar, y, en fin, haciendo un esfuerzo enorme para separarse de la sombra que ven&#237;a sentada a su lado, entr&#243; en el tr&#225;nsito confuso de la ciudad. Todav&#237;a no era la hora de recoger a Marcial, ten&#237;a tiempo de sobra para ir al departamento de compras. No solicit&#243; hablar con el jefe, bien sab&#237;a que el asunto que llevaba no era m&#225;s que un pretexto para que lo tuvieran presente, un recado de paso para que no se olvidaran de que exist&#237;a, de que a unos treinta kil&#243;metros de all&#237; hab&#237;a un horno cociendo barro diligentemente, y una mujer pintando, y su padre moldeando, todos con los ojos puestos en el Centro, y no me vengan a decir que los hornos no tienen ojos, los tienen s&#237; se&#241;or, si no los tuviesen no sabr&#237;an lo que est&#225;n haciendo, son ojos, lo que pasa es que no se parecen a los nuestros. Le atendi&#243; el subjefe del otro d&#237;a, aquel simp&#225;tico y sonriente, Qu&#233; le trae hoy por aqu&#237;, pregunt&#243;, Las trescientas figurillas est&#225;n hechas, ven&#237;a a preguntarle cu&#225;ndo quiere que las traiga, Cuando quiera, ma&#241;ana mismo, Ma&#241;ana no s&#233; si podr&#233;, mi yerno estar&#225; en casa de d&#237;a libre, aprovecha para ayudarme a cocer los otros trescientos, Entonces pasado ma&#241;ana, lo m&#225;s deprisa que pueda, se me ha ocurrido una idea que quiero poner en pr&#225;ctica r&#225;pidamente, Se refiere a mis mu&#241;ecos, Exactamente, se acuerda de que le hab&#237;a hablado de un sondeo, Me acuerdo, s&#237; se&#241;or, &#233;se sobre la situaci&#243;n previa a la compra y la situaci&#243;n resultante del uso, Felicidades, tiene buena memoria, Para mi edad no est&#225; mal, Pues esta idea, por cierto ya aplicada en otros casos con resultados muy apreciables, consistir&#225; en distribuir entre un determinado n&#250;mero de potenciales compradores, de acuerdo con un universo social y cultural que ser&#225; definido, una cierta cantidad de figuras, y averiguar despu&#233;s qu&#233; opini&#243;n les ha merecido el art&#237;culo, lo digo as&#237; para simplificar, el esquema de nuestras preguntas es m&#225;s complejo, como debe suponer, No tengo experiencia, se&#241;or, nunca he encuestado ni nunca me han encuestado, Estoy pensando en utilizar para el sondeo estos sus primeros trescientos, selecciono cincuenta clientes, facilito gratis a cada uno la colecci&#243;n completa de seis y en pocos d&#237;as conocer&#233; la opini&#243;n que se han formado sobre el producto, Gratis, pregunt&#243; Cipriano Algor, quiere decir que no me los va a pagar, De ning&#250;n modo, querido se&#241;or, el experimento corre de nuestra cuenta, seremos nosotros, por tanto, los que asumamos los costes, no queremos perjudicarlo. El alivio que sinti&#243; Cipriano Algor hizo que se retirara, de momento, la preocupaci&#243;n que irrumpi&#243; bruscamente en su esp&#237;ritu, esto es, Qu&#233; suceder&#225; si el resultado del muestreo me fuese adverso, si la mayor&#237;a de los clientes inquiridos, o todos ellos, resolviesen las preguntas todas en una &#250;nica y definitiva respuesta, Esto no interesa. Se oy&#243; a s&#237; mismo diciendo, Gracias, no s&#243;lo por educaci&#243;n, tambi&#233;n por justicia ten&#237;a que darlas, pues no todos los d&#237;as aparece alguien tranquiliz&#225;ndonos con la ben&#233;vola informaci&#243;n de que no quiere nuestro perjuicio. La inquietud hab&#237;a vuelto a morderle en el est&#243;mago, pero ahora era &#233;l mismo quien no dejaba salir la pregunta de la boca, se ir&#237;a de all&#237; como si llevara en el bolsillo una carta sellada para ser abierta en alta mar y en la que su destino ya estaba apuntado, trazado, escrito, hoy, ma&#241;ana, pasado ma&#241;ana. El subjefe hab&#237;a preguntado, Qu&#233; le trae hoy por aqu&#237;, despu&#233;s dijo, Ma&#241;ana mismo, despu&#233;s concluy&#243;, Entonces que sea pasado ma&#241;ana, es cierto que las palabras son as&#237;, van y vuelven, y van, y vuelven, y vuelven, y van, mas por qu&#233; estaban &#233;stas aqu&#237; esper&#225;ndome, por qu&#233; salieron conmigo de casa y no me dejaron durante todo el camino, no ma&#241;ana, no pasado ma&#241;ana, sino hoy, ahora mismo. De s&#250;bito Cipriano Algor detest&#243; al hombre que se encontraba ante &#233;l, este subjefe simp&#225;tico y cordial, casi afectuoso, con quien el otro d&#237;a pudo conversar pr&#225;cticamente de igual a igual, salvadas, claro est&#225;, las obvias distancias y diferencias de edad y condici&#243;n social, ninguna, seg&#250;n le pareci&#243; entonces, impedimento para una relaci&#243;n fundada en el respeto mutuo. Si te clavan una navaja en la barriga, al menos que tengan la decencia moral de mostrarte una cara en consonancia con la acci&#243;n asesina, una cara que rezume odio y ferocidad, una cara de furor demente, incluso de frialdad inhumana, pero, por el amor de Dios, que no te sonr&#237;an mientras te est&#225;n rasgando las tripas, que no te desprecien hasta ese punto, que no te den esperanzas falsas, diciendo por ejemplo, No se preocupe, esto no es nada, con media docena de puntos estar&#225; como antes, o, Deseo sinceramente que el resultado del sondeo le sea favorable, pocas cosas me dar&#237;an mayor satisfacci&#243;n, cr&#233;ame. Cipriano Algor asinti&#243; vagamente con la cabeza, con un gesto que tanto podr&#237;a significar s&#237; como no, que tal vez ni significado tenga, despu&#233;s dijo, Tengo que ir a recoger a mi yerno.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Sali&#243; del subterr&#225;neo, dio la vuelta al Centro y estacion&#243; la furgoneta ante la puerta del Servicio de Seguridad. Marcial tard&#243; m&#225;s de lo que era habitual, parec&#237;a nervioso al entrar en el coche, Buenas tardes, padre, dijo, y Cipriano Algor dijo, Buenas tardes, qu&#233; tal te ha ido el trabajo esta semana, Como de costumbre, respondi&#243; Marcial, y Cipriano Algor dijo, Acabamos la primera serie de mu&#241;ecos, ya he establecido la entrega con el departamento de compras, C&#243;mo est&#225; Marta, Cansada, pero bien. No volvieron a hablar hasta la salida de la ciudad. S&#243;lo cuando iban a la altura de las chabolas Marcial dijo, Padre, me acaban de informar que he sido ascendido, soy guarda residente del Centro a partir de hoy. Cipriano Algor gir&#243; la cabeza hacia el yerno, lo mir&#243; como si lo estuviese viendo por primera vez, hoy, no pasado ma&#241;ana, ni ma&#241;ana, hoy, ten&#237;a raz&#243;n el presentimiento. Hoy, qu&#233;, se pregunt&#243;, la amenaza que se esconde en las preguntas del sondeo, o &#233;sta de ahora, finalmente consumada despu&#233;s de haberse prometido durante tiempo. Se ha visto, es verdad que menos en la vida real que en los libros donde se cuentan historias, que una sorpresa s&#250;bita puede dejar sin voz en un momento a la persona sorprendida, pero una media sorpresa que se queda en silencio, quiz&#225; fingiendo, quiz&#225; queriendo que la tomen por sorpresa completa, no deber&#225;, en principio, ser tomada en consideraci&#243;n. Atenci&#243;n, s&#243;lo en principio. Desde siempre sabemos que este hombre que va conduciendo la furgoneta no ten&#237;a ninguna duda de que la temida noticia acabar&#237;a llegando un d&#237;a, pero es comprensible que hoy, colocado como lo pusieron entre dos fuegos, se haya visto de repente sin fuerzas para decidir a cu&#225;l de ellos acudir&#237;a en primer lugar. Revelemos, desde ya, aunque sabiendo que perjudicaremos la regularidad del orden a que los acontecimientos deben someterse, que Cipriano Algor no comunicar&#225; en estos pr&#243;ximos d&#237;as, ya sea al yerno, ya sea a la hija, una sola palabra acerca de la inquietante conversaci&#243;n que tuvo con el subjefe del departamento de compras. Acabar&#225; hablando del asunto, s&#237;, pero m&#225;s adelante, cuando todo est&#233; perdido. Ahora s&#243;lo le dice al yerno, Felicidades, supongo que estar&#225;s satisfecho, palabras banales y casi indiferentes que no deber&#237;an haber necesitado tanto tiempo para manifestarse, y Marcial no las agradecer&#225;, tampoco confirmar&#225; si est&#225; satisfecho como el suegro supone, o un poco menos, o un poco m&#225;s, lo que &#233;l dice es tan serio como una mano extendida, Para usted no es una buena noticia. Cipriano Algor comprendi&#243; el prop&#243;sito, lo mir&#243; de lado con un esbozo de sonrisa que parec&#237;a burlarse de su propia resignaci&#243;n, y dijo, Ni siquiera las mejores noticias son buenas para todo el mundo, Ver&#225; c&#243;mo todo se resuelve de la mejor manera, dijo Marcial, No te preocupes, qued&#243; resuelto el d&#237;a en que os dije que me ir&#237;a a vivir con vosotros al Centro, la palabra est&#225; dada, fue dicha y no tiene vuelta atr&#225;s, Vivir en el Centro no es ning&#250;n destierro, dijo Marcial, No s&#233; c&#243;mo ser&#225; vivir en el Centro, lo sabr&#233; cuando est&#233; all&#237;, pero t&#250;, s&#237;, t&#250; ya lo sabes, y de tu boca nunca se ha o&#237;do una explicaci&#243;n, un relato, una descripci&#243;n que me hiciese comprender, lo que se llama realmente comprender, eso que, tan seguro de ti mismo, afirmaste que no es un destierro, Usted ya ha estado en el Centro, Pocas veces, y siempre de paso, tan s&#243;lo como un comprador que sabe lo que quiere, Creo que la mejor explicaci&#243;n del Centro ser&#225; considerarlo como una ciudad dentro de otra ciudad, No s&#233; si ser&#225; la mejor explicaci&#243;n, de todos modos no es suficiente para que me haga una idea de lo que hay dentro del Centro, All&#237; se encuentra lo que en cualquier ciudad, tiendas, personas que pasan, que compran, que conversan, que comen, que se distraen, que trabajan, O sea, exactamente como en el pueblo atrasado donde vivimos, M&#225;s o menos, en el fondo se trata de una cuesti&#243;n de tama&#241;o, La verdad no puede ser tan simple, Supongo que hay algunas verdades simples, Es posible, pero no creo que las podamos reconocer dentro del Centro. Hubo una pausa, despu&#233;s Cipriano Algor dijo, Y ya que estamos hablando de tama&#241;os, es curioso que cada vez que miro al Centro desde fuera tengo la impresi&#243;n de que es mayor que la propia ciudad, es decir, el Centro est&#225; dentro de la ciudad, pero es mayor que la ciudad, siendo una parte es mayor que el todo, probablemente ser&#225; porque es m&#225;s alto que los edificios que lo cercan, m&#225;s alto que cualquier edificio de la ciudad, probablemente porque desde el principio ha estado engullendo calles, plazas, barrios enteros. Marcial no respondi&#243; en seguida, el suegro acababa de dar expresi&#243;n casi visual a la confusa sensaci&#243;n de perdimiento que se apoderaba de &#233;l cada vez que regresaba al Centro despu&#233;s del descanso, sobre todo durante las rondas nocturnas con la iluminaci&#243;n reducida, recorriendo las galer&#237;as desiertas, bajando y subiendo en los ascensores, como si vigilase la nada para que continuase siendo nada. En el interior de una gran catedral vac&#237;a, si levantamos los ojos hacia las b&#243;vedas, hacia las obras superiores, tenemos la impresi&#243;n de que su altura es mayor que la altura a que vemos el cielo en campo abierto. Al cabo de un silencio, Marcial dijo, Creo que comprendo su idea, y se qued&#243; ah&#237;, no quer&#237;a alimentar en el esp&#237;ritu del suegro una corriente de pensamientos que lo podr&#237;a inducir a cerrarse tras una nueva l&#237;nea de resistencia desesperada. Pero las preocupaciones de Cipriano Algor se encaminaban en otra direcci&#243;n, Cu&#225;ndo hac&#233;is la mudanza, Lo m&#225;s pronto posible, ya he visto el apartamento que me han adjudicado, es m&#225;s peque&#241;o que nuestra casa, pero eso es l&#243;gico, por muy grande que sea el Centro, el espacio no es infinito, tiene que ser racionalizado, Crees que cabremos todos, pregunt&#243; el alfarero deseando que el yerno no se percatase del tono de melanc&#243;lica iron&#237;a que en el &#250;ltimo momento se entrometi&#243; en las palabras, Cabemos, est&#233; tranquilo, para una familia como la nuestra el apartamento basta y sobra, respondi&#243; Marcial, no necesitaremos dormir todos juntos. Cipriano Algor pens&#243;, Lo he molestado, hubiera sido preferible que no le hiciera la pregunta. Hasta llegar a casa no volvieron a hablar. Marta recibi&#243; la noticia sin manifestar ning&#250;n sentimiento. Lo que se sabe que va a ocurrir en cierta manera es como si ya hubiese ocurrido, las expectativas hacen algo m&#225;s que anular las sorpresas, embotan las emociones, las banalizan, todo lo que se deseaba o tem&#237;a ya hab&#237;a sido vivido mientras se dese&#243; o temi&#243;. Durante la cena Marcial dio una importante informaci&#243;n de la que se hab&#237;a olvidado, y &#233;sta desagrad&#243; francamente a Marta, Quieres decir que no podremos llevarnos nuestras cosas, Algunas s&#237;, las de decoraci&#243;n de la casa, por ejemplo, pero no los muebles, ni la vajilla, ni la cristaler&#237;a, ni los cubiertos, ni los manteles, ni las cortinas, ni la ropa de cama, el apartamento ya tiene todo lo que se necesita, O sea que mudanza, mudanza, eso que llamamos mudanza, no habr&#225;, dijo Cipriano Algor, Se mudan las personas, &#233;sa es la mudanza, Vamos a dejar esta casa con todo lo que tiene dentro, dijo Marta, Ya ves que no hay otro remedio. Marta pens&#243; un poco, despu&#233;s tuvo que aceptar lo inevitable, Vendr&#233; por aqu&#237; de vez en cuando, para abrir las ventanas, airear las habitaciones, una casa cerrada es como una planta que se olvidan de regar, muere, se seca, se marchita. Cuando acabaron de comer, y antes de que Marta se levantase para retirar los platos, Cipriano Algor dijo, He estado pensando. La hija y el yerno entrecruzaron las miradas, como si se transmitiesen uno a otro palabras de alarma, Nunca se sabe por d&#243;nde puede salir cuando se pone a pensar. La primera idea, continu&#243; el alfarero, fue que Marcial me ayudase ma&#241;ana en el trabajo del horno, Pido licencia para recordarle que qued&#243; claro que tendr&#237;amos tres d&#237;as de descanso, puntualiz&#243; Marta, Los tuyos comienzan ma&#241;ana, Y los suyos, Los m&#237;os tampoco van a tardar, s&#243;lo tendr&#225;n que esperar un poco, Bien, &#233;sa es la primera idea, y la segunda, cu&#225;l es, o la tercera, pregunt&#243; Marta, Disponemos en el horno, por la ma&#241;ana, los mu&#241;ecos que est&#225;n listos para cocer, pero no lo encendemos, luego me ocupar&#233; yo de eso, a continuaci&#243;n me ayud&#225;is a cargar en la furgoneta las figuras que ya est&#225;n acabadas, y mientras las llevo al Centro y vuelvo, os qued&#225;is tranquilos aqu&#237;, sin un padre y un suegro meti&#233;ndose donde no lo llaman, Ese es el acuerdo que hizo con el departamento de compras, entregar los mu&#241;ecos ma&#241;ana, pregunt&#243; Marcial, no fue &#233;sa la impresi&#243;n que saqu&#233;, pens&#233; que los llevar&#237;amos despu&#233;s, cuando vayamos los tres, As&#237; es mejor, respondi&#243; Cipriano Algor, se gana tiempo, Se gana por un lado y se pierde por otro, las otras figuras van a retrasarse, No se retrasar&#225;n mucho, enciendo el horno as&#237; que llegue a casa despu&#233;s de que regresemos del Centro, qui&#233;n sabe si no ser&#225; la &#250;ltima vez, Vaya idea la suya, todav&#237;a tenemos seiscientos mu&#241;ecos por hacer, dijo Marta, No estoy tan seguro de eso, Por qu&#233;, En primer lugar, la mudanza, el Centro no es persona que se quede a la espera de que el suegro del guarda residente Marcial Gacho termine un pedido, aunque haya que decir que, con tiempo, suponiendo que lo hubiese, yo podr&#237;a acabarlo solo, y en segundo lugar, En segundo lugar, qu&#233;, pregunt&#243; Marcial, En la vida hay siempre alguna cosa que viene detr&#225;s de lo que aparece en primer lugar, a veces tenemos la impresi&#243;n de saber lo que es, pero querr&#237;amos ignorarlo, otras veces ni siquiera imaginamos lo que puede ser, pero sabemos que est&#225; ah&#237;, Deje de hablar como un or&#225;culo, por favor, dijo Marta, Muy bien, se calla el or&#225;culo, qued&#233;monos entonces con aquello que ven&#237;a en primer lugar, lo que pretend&#237;a decir es que si la mudanza tiene que ser hecha en breve no habr&#225; tiempo para resolver el problema de los seiscientos mu&#241;ecos que faltan, Ser&#225; cuesti&#243;n de hablar con el Centro, dijo Marta dirigi&#233;ndose al marido, tres o cuatro semanas m&#225;s no deben suponerle nada, habla con ellos, si tardaron tanto tiempo en decidir tu ascenso, bien pueden ahora ayudarnos en esto, adem&#225;s se ayudar&#237;an a ellos mismos porque se quedar&#237;an con el pedido completo, No hablo, no merece la pena, dijo Marcial, tenemos diez d&#237;as exactos para hacer la mudanza, ni una hora m&#225;s, es el reglamento, el pr&#243;ximo d&#237;a de descanso ya tendr&#233; que pasarlo en el apartamento, Tambi&#233;n podr&#237;as venir a pasarlo aqu&#237;, dijo Cipriano Algor, a tu casa de campo, No estar&#237;a bien visto que ascendiera a guarda residente y me ausentara del Centro en el primer descanso, Diez d&#237;as es poco tiempo, dijo Marta, Tal vez fuese poco tiempo si tuvi&#233;semos que llevarnos los muebles y el resto, pero las &#250;nicas cosas que realmente tendremos que mudar son los cuerpos con las ropas que vestimos, y &#233;sos estar&#237;an entrando en el apartamento en menos de una hora si fuera necesario, Siendo as&#237;, qu&#233; haremos con lo que quede del pedido, pregunt&#243; Marta, El Centro lo sabe, el Centro lo anunciar&#225; cuando lo crea oportuno, dijo el alfarero. Auxiliada por el marido, Marta quit&#243; la mesa, despu&#233;s fue a la puerta para sacudir el mantel, se entretuvo un poco mirando hacia fuera, y cuando volvi&#243; dijo, Todav&#237;a hay una cuesti&#243;n que resolver y no puede ser dejada para &#250;ltima hora, Qu&#233; cuesti&#243;n es &#233;sa, pregunt&#243; Marcial, El perro, respondi&#243; ella, Encontrado, rectific&#243; Cipriano Algor, y Marta continu&#243;, Puesto que no somos personas para matarlo o para dejarlo abandonado, hay que darle un destino, confiarlo a alguien, Es que en el Centro no se aceptan animales, aclar&#243; Marcial con intenci&#243;n al suegro, Ni una tortuga familiar, ni siquiera un canario, ni al menos una tierna tortolita, quiso saber Cipriano Algor, Parece que de repente ha dejado de interesarle la suerte del perro, dijo Marta, De Encontrado, Del perro, de Encontrado, es lo mismo, lo importante es decidir qu&#233; vamos a hacer con &#233;l, yo por mi parte digo que ya tengo una idea, Yo tambi&#233;n, cort&#243; Cipriano Algor, y acto seguido se levant&#243; y se fue a su habitaci&#243;n. Reapareci&#243; pasados algunos minutos, atraves&#243; la cocina sin pronunciar palabra y sali&#243;. Llam&#243; al perro, Anda, vamos a dar una vuelta, dijo. Baj&#243; con &#233;l la cuesta, al llegar a la carretera gir&#243; hacia la izquierda, en direcci&#243;n opuesta al pueblo, y se adentr&#243; en el campo. Encontrado no se apartaba de los tobillos del due&#241;o, deb&#237;a de estar recordando sus tiempos de infeliz vagabundeo cuando lo expulsaban violentamente de los huertos y hasta un trago de agua le negaban. Aunque no tenga nada de miedoso, aunque no le asusten las sombras de la noche, preferir&#237;a estar ahora tumbado en la caseta, o, mejor todav&#237;a, enroscado en la cocina, a los pies de uno de ellos, no dice uno de ellos por indiferencia, como si le diese igual, porque a los otros dos tambi&#233;n los mantendr&#237;a al alcance de la vista y del olfato, y porque podr&#237;a mudar de sitio cuando le apeteciese sin que la armon&#237;a y la felicidad del momento sufriesen con el cambio. No fue muy largo el paseo. La piedra en que Cipriano Algor acaba de sentarse va a hacer las veces de banco de las meditaciones, para eso sali&#243; de casa, si se hubiese acogido al aut&#233;ntico la hija lo ver&#237;a desde la puerta de la cocina y no tardar&#237;a en acercarse pregunt&#225;ndole si estaba bien, son cuidados que evidentemente se agradecen, pero la naturaleza humana est&#225; hecha de tan extra&#241;a manera que hasta los m&#225;s sinceros y espont&#225;neos movimientos del coraz&#243;n pueden ser inoportunos en ciertas circunstancias. De lo que Cipriano Algor pens&#243; no merece la pena hablar porque ya lo hab&#237;a pensado en otras ocasiones y de ese pensar se dej&#243; informaci&#243;n m&#225;s que suficiente. Y lo nuevo aqu&#237; aconteci&#243; fue que &#233;l dej&#243; resbalar por la cara unas cuantas costosas l&#225;grimas, hace mucho tiempo que andaban ah&#237; represadas, siempre a punto de derramarse, finalmente estaban prometidas para esta hora triste, para esta noche sin luna, para esta soledad que no se resigna. No tuvo novedad alguna, porque ya hab&#237;a sucedido otra vez en la historia de las f&#225;bulas y de los prodigios de la gente canina, que se acercara Encontrado a Cipriano Algor para lamerle las l&#225;grimas, gesto de consolaci&#243;n suprema que, en todo caso, por muy conmovedor que nos parezca, capaz incluso de tocar los corazones menos propensos a manifestaciones de sensibilidad, no nos deber&#237;a hacer olvidar la cruda realidad de que el sabor a sal que en ellas est&#225; tan presente es apreciado en grado sumo por la generalidad de los perros. Una cosa, sin embargo, no quita la otra, si preguntamos a Encontrado si es la sal la causa de que lamiera la cara de Cipriano Algor, probablemente nos responder&#237;a que no merecemos el pan que comemos, que somos incapaces de ver m&#225;s all&#225; de la punta de nuestra nariz. As&#237; se quedaron m&#225;s de dos horas el perro y su due&#241;o, cada cual con sus pensamientos, ya sin l&#225;grimas que uno llorase y otro secase, qui&#233;n sabe si a la espera de que la rotaci&#243;n del mundo volviera a poner todas las cosas en sus lugares, sin olvidar algunas que todav&#237;a no han conseguido encontrar sitio.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 A la ma&#241;ana siguiente, como hab&#237;an decidido, Cipriano Algor llev&#243; las figurillas acabadas al Centro. Las otras ya se\i 
\i0  encontraban en el horno, a la espera de su turno. Cipriano Algor se levant&#243; temprano, todav&#237;a la hija y el yerno dorm&#237;an, y cuando finalmente Marcial y Marta, so&#241;olientos, se mostraron en la puerta de la cocina, la mitad del trabajo estaba hecho. Tomaron el desayuno juntos intercambiando frases de circunstancia, quiere m&#225;s caf&#233;, p&#225;same el pan, queda mermelada, despu&#233;s Marcial ayud&#243; al suegro en lo que faltaba, luego se ocup&#243; del delicado trabajo de acomodar las trescientas figuras acabadas en las cajas que antes se usaban para el transporte de la cacharrer&#237;a. Marta le dijo al padre que ir&#237;a con Marcial a casa de sus suegros, era necesario informarles de la pr&#243;xima mudanza, vamos a ver c&#243;mo recibir&#225;n la noticia, de cualquier modo no se quedar&#237;an a comer, Probablemente ya estaremos aqu&#237; cuando vuelva del Centro, concluy&#243;. Cipriano Algor dijo que se llevar&#237;a a Encontrado, y Marta le pregunt&#243; si era en alguien de la ciudad en quien estaba pensando cuando ayer noche dijo que tambi&#233;n ten&#237;a una idea para resolver el problema del perro, y &#233;l respondi&#243; que no, pero el asunto podr&#237;a estudiarse, de esa manera Encontrado estar&#237;a cerca de ellos, lo ver&#237;an siempre que quisiesen. Marta observ&#243; que no constaba en sus conocimientos que el padre tuviera amigos cercanos en la ciudad, personas de tanta confianza que mereciesen, dijo con intenci&#243;n la palabra mereciesen, quedarse con un animal a quien en aquella casa se estimaba como a una persona. Cipriano Algor respondi&#243; que no recordaba haber dicho alguna vez que tuviese amigos cercanos en la ciudad, y que si se llevaba al perro era para distraerse de pensamientos que no quer&#237;a tener. Marta dijo que si &#233;l ten&#237;a pensamientos de &#233;sos deber&#237;a compartirlos con su hija, a lo que Cipriano Algor respondi&#243; que hablarle de sus pensamientos ser&#237;a como si lloviera sobre mojado, porque ella los conoc&#237;a tan bien o mejor que &#233;l mismo, no palabra por palabra, claro est&#225;, como el registro de una grabadora, sino en lo m&#225;s profundo y esencial, y entonces ella dijo que, en su humilde opini&#243;n, la realidad era precisamente al contrario, que de lo esencial y profundo nada sab&#237;a y que muchas de las palabras que le o&#237;a no pasaban de cortinas de humo, circunstancia por otro lado nada extra&#241;a porque las palabras, muchas veces, s&#243;lo sirven para eso, pero hay algo todav&#237;a peor, que es cuando se callan del todo y se convierten en un muro de silencio compacto, ante ese muro no sabe una persona lo que ha de hacer, Ayer noche me qued&#233; aqu&#237; a su espera, al cabo de una hora Marcial se fue a la cama y yo esperando, esperando, mientras mi se&#241;or padre estaba de paseo con el perro a saber por d&#243;nde, Por ah&#237;, por el campo, Claro, por el campo, realmente no hay nada m&#225;s agradable que andar por el campo de noche, sin ver d&#243;nde ponemos los pies, Deber&#237;as haberte acostado, Es lo que acab&#233; haciendo, por supuesto, antes de transformarme en estatua de sal, Entonces est&#225; todo en orden, no se habla m&#225;s del asunto, No est&#225; todo en orden, no se&#241;or, Por qu&#233;, Porque me rob&#243; lo que yo m&#225;s deseaba en ese momento, Y qu&#233; era, Verlo volver, s&#243;lo eso, verlo volver, Un d&#237;a comprender&#225;s, Espero que s&#237;, pero no con palabras, por favor, estoy harta de palabras. Los ojos de Marta brillaban rasos de agua, No me haga caso, dijo, seg&#250;n parece, nosotras, las fr&#225;giles mujeres, no sabemos comportarnos de otra manera cuando estamos embarazadas, lo vivimos todo de manera exagerada. Marcial grit&#243; desde la explanada que la carga \i ya \i0  estaba lista, que pod&#237;a partir cuando quisiese. Cipriano Algor sali&#243;, subi&#243; a la furgoneta y llam&#243; a Encontrado. El perro, a quien no le hab&#237;a pasado por la cabeza la posibilidad de semejante fortuna, salt&#243; como un rayo al lado del due&#241;o y all&#237; se qued&#243;, sentado, sonriente, con la boca abierta y la lengua fuera, feliz por el viaje que comenzaba, en esto, como en tantas otras cosas, son los seres humanos como los perros, ponen todas sus esperanzas en lo que vendr&#225; al doblar la esquina, y luego dicen que ya veremos. Cuando la furgoneta desapareci&#243; tras las primeras casas de la poblaci&#243;n, Marcial pregunt&#243;, Has discutido con &#233;l, Es el mismo problema de siempre, si no hablamos somos infelices, y si hablamos discrepamos, Hay que tener paciencia, no es necesaria una excepcional agudeza de visi&#243;n para percibir que tu padre se est&#225; viendo a s&#237; mismo como si viviese en una isla que se va haciendo m&#225;s peque&#241;a cada d&#237;a que pasa, un trozo, otro trozo, date cuenta de que acaba de llevar los mu&#241;ecos al Centro, despu&#233;s regresar&#225; a casa para encender el horno, pero estas cosas las est&#225; haciendo como si dudara de la raz&#243;n de ser que alguna vez han tenido, como si desease que le apareciera un obst&#225;culo imposible de trasponer para poder decir en fin se acab&#243;, Creo que tienes raz&#243;n, No s&#233; si tengo raz&#243;n, pero intento ponerme en su lugar, dentro de una semana todo lo que estamos viendo aqu&#237; perder&#225; gran parte del significado que tiene, la casa seguir&#225; siendo nuestra, pero no viviremos en ella, el horno no mantendr&#225; su nombre de horno si no hubiere quien se lo d&#233; todos los d&#237;as, el moral persistir&#225; en criar sus moras, pero no tendr&#225; a nadie que venga a recogerlas, si ni a m&#237;, que no he nacido ni me he criado bajo este techo, me va a resultar f&#225;cil separarme, qu&#233; no ser&#225; para tu padre, Vendremos aqu&#237; muchas veces, S&#237;, a la casa de campo, como &#233;l la llam&#243;, Existir&#225; otra soluci&#243;n, pregunt&#243; Marta, desistes de ser guarda y te vienes a trabajar en la alfarer&#237;a con nosotros, para hacer loza que nadie quiere, o mu&#241;ecos que nadie va a querer durante mucho tiempo, Tal como est&#225;n las cosas, para m&#237; tambi&#233;n existe s&#243;lo una soluci&#243;n, la de ser guarda residente del Centro, Tienes lo que quer&#237;as tener, Cuando pensaba que era eso lo que quer&#237;a, Y ahora, En los &#250;ltimos tiempos he aprendido con tu padre algo que me faltaba conocer, quiz&#225; no te hayas dado cuenta, pero es mi deber avisarte de que el hombre con quien est&#225;s casada es mucho m&#225;s viejo de lo que parece, No me das ninguna novedad, he tenido el privilegio de asistir al envejecimiento, dijo Marta, sonriendo. Pero despu&#233;s su rostro se torn&#243; grave, Es verdad que se nos oprime el coraz&#243;n pensando que va a ser necesario dejar todo esto, dijo. Estaban bajo el moral, sentados, juntos, en una de las tablas de secado, miraban la casa que ten&#237;an enfrente, la alfarer&#237;a pareda&#241;a, si volvieran un poco la cabeza ver&#237;an entre las hojas la puerta del horno abierta, la ma&#241;ana es bonita, con sol, pero fresca, tal vez el tiempo vaya a cambiar. Se sent&#237;an bien, a pesar de la tristeza, se sent&#237;an casi felices, de esa melanc&#243;lica manera que la felicidad, a veces, escoge para manifestarse, pero de s&#250;bito Marcial se levant&#243; de la tabla de secado y exclam&#243;, Se me hab&#237;an olvidado mis padres, tenemos que ir a hablar con mis padres, apuesto doble contra sencillo que van a insistir en la idea de que son ellos quienes deber&#237;an vivir en el Centro y no tu padre, Estando yo presente, lo m&#225;s probable es que no hablen de eso, es una cuesti&#243;n de delicadeza, de buen gusto, Espero que s&#237;, espero que tengas raz&#243;n.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 No la tuvo. Cuando Cipriano Algor, regresando de llevar los mu&#241;ecos al Centro, atravesaba el pueblo en direcci&#243;n a casa, vio a la hija y al yerno que caminaban delante. El le pasaba un brazo sobre los hombros a ella y parec&#237;a consolarla. Cipriano Algor par&#243; la furgoneta, Subid, dijo, no mand&#243; a Encontrado al asiento trasero porque sab&#237;a que ellos querr&#237;an estar juntos. Marta intentaba enjugarse las l&#225;grimas mientras Marcial le iba diciendo, No te aflijas, sabes c&#243;mo son, si yo hubiera adivinado que iba a pasar esto no te hubiera tra&#237;do, Qu&#233; ha pasado, pregunt&#243; Cipriano Algor, Lo mismo que el otro d&#237;a, que quieren vivir en el Centro, que lo merecen m&#225;s que otras personas, que ya es hora de que disfruten de la vida, no les import&#243; nada que Marta estuviera all&#237;, fue una escena realmente deplorable, lo siento. Esta vez Cipriano Algor no repiti&#243; que estaba dispuesto a cambiarse con ellos, ser&#237;a como garrapatear un dolor nuevo en una herida vieja, s&#243;lo pregunt&#243;, Y c&#243;mo acab&#243; la discusi&#243;n, Les dije que el apartamento que me ha sido asignado es, b&#225;sicamente, para un matrimonio con un hijo, que como mucho se puede admitir la presencia de una persona m&#225;s de la familia si para su instalaci&#243;n se utiliza un peque&#241;o compartimento que en principio est&#225; destinado a desv&#225;n, pero dos personas nunca, porque no cabr&#237;an, Y ellos, Quisieron saber qu&#233; suceder&#237;a si tenemos m&#225;s hijos, y yo les respond&#237; con la verdad, que en ese caso el Centro nos mudar&#237;a a un apartamento mayor, y ellos preguntaron que por qu&#233; motivo no lo pueden hacer ya, teniendo en cuenta que los padres del guarda residente tambi&#233;n pretenden vivir con &#233;l, Y t&#250;, Les dije que la pretensi&#243;n no hab&#237;a sido presentada a su debido tiempo, que hay reglas, plazos, reglamentos que cumplir, pero que tal vez m&#225;s adelante sea posible volver a estudiar el asunto, Conseguiste convencerlos, No creo, en todo caso la idea de que m&#225;s tarde podr&#225;n mudarse al Centro les mejor&#243; ligeramente el humor, Hasta la pr&#243;xima ocasi&#243;n, S&#237;, la prueba es que no dejaron de decirme que la culpa de que el asunto no se hubiera tratado a tiempo no era de ellos, Tus padres no tienen nada de tontos, Sobre todo mi madre, en el fondo esta guerra es mucho m&#225;s de ella que de &#233;l, siempre ha sido dura de roer. Marta hab&#237;a dejado de llorar, Y t&#250;, c&#243;mo te sientes, la pregunta era de Cipriano Algor, Humillada y avergonzada, primero fue la humillaci&#243;n de tener que asistir a una discusi&#243;n que iba contra m&#237; directamente, pero en la que no pod&#237;a intervenir, ahora lo que siento es verg&#252;enza, Expl&#237;cate, Quer&#225;moslo o no, ellos tienen tanto derecho como nosotros, somos nosotros quienes estamos torciendo las cosas para que no puedan irse al Centro, Nosotros, no, yo, cort&#243; Marcial, soy yo quien no quiere vivir con mis padres, t&#250; y tu padre no ten&#233;is nada que ver en esto, Pero somos c&#243;mplices de una injusticia, Yo s&#233; que mi actitud parecer&#225; censurable vista desde fuera, pero la he tomado de libre y consciente voluntad para evitar mayores males, si yo mismo no quiero vivir con mis padres, mucho menos querr&#233; que mi mujer y mi hijo tengan que sufrirlos, el amor une, pero no a todos, hasta puede suceder que los motivos de unos para la uni&#243;n sean precisamente los motivos de otros para la desuni&#243;n, Y c&#243;mo puedes tener t&#250; la seguridad de que nuestros motivos se inclinan hacia el lado de la uni&#243;n, pregunt&#243; Cipriano Algor, S&#243;lo hay una raz&#243;n para que yo me sienta feliz de no ser su hijo, respondi&#243; Marcial, D&#233;jame adivinarla, No es dif&#237;cil, Porque si lo fueses no estar&#237;as casado con Marta, Exactamente, adivin&#243;. Se rieron ambos. Y Marta dijo, Espero que a esta altura mi hijo ya haya tomado la sabia decisi&#243;n de nacer hija, Por qu&#233;, pregunt&#243; Marcial, Porque la pobre madre no tendr&#237;a fuerzas para soportar sola y desamparada la suficiencia del padre y del abuelo. Se repiti&#243; la risa, felizmente no pasaban por all&#237; los padres de Marcial, pensar&#237;an que los Algores se re&#237;an a su costa, enga&#241;ando al hijo hasta el punto de que tambi&#233;n se riera de aquellos que le hab&#237;an dado el ser. Las &#250;ltimas casas del pueblo hab&#237;an quedado atr&#225;s. Encontrado ladr&#243; de alegr&#237;a al ver surgir en lo alto de la cuesta el tejado de la alfarer&#237;a, el moral, la parte de arriba de una pared lateral del horno. Dicen los entendidos que viajar es important&#237;simo para la formaci&#243;n del esp&#237;ritu, sin embargo no es preciso ser una luminaria del intelecto para comprender que los esp&#237;ritus, por muy viajeros que sean, necesitan volver de vez en cuando a casa porque s&#243;lo en ella consiguen alcanzar y mantener una idea pasablemente satisfactoria acerca de s&#237; mismos. Marta dijo, Vamos hablando de incompatibilidades familiares, de verg&#252;enzas, de humillaciones, de vanidades, de mon&#243;tonas y mezquinas ambiciones, y no tenemos un pensamiento para este pobre animal que no puede imaginar que de aqu&#237; a diez d&#237;as ya no estar&#225; con nosotros. Yo s&#237; pienso, dijo Marcial. Cipriano Algor no habl&#243;. Solt&#243; la mano derecha del volante y, como le har&#237;a a un ni&#241;o, la pas&#243; por la cabeza del perro. Cuando la furgoneta par&#243; junto al alpendre de la le&#241;a, Marta fue la primera en salir, Voy a hacer el almuerzo, dijo. Encontrado no esper&#243; que abriesen su puerta, se escabull&#243; entre los dos asientos delanteros, salt&#243; sobre las piernas de Marcial y sali&#243; disparado hacia el horno, con la vejiga s&#250;bitamente sobresaltada reclamando urgente satisfacci&#243;n. Marcial dijo, Ahora que estamos solos, cu&#233;nteme c&#243;mo ha sido la entrega de la mercanc&#237;a, Sin novedad, como de costumbre, entregu&#233; los albaranes, descargu&#233; las cajas, se hizo el recuento, el empleado que atend&#237;a examin&#243; los mu&#241;ecos uno por uno y no encontr&#243; nada mal, ninguno estaba roto, y las pinturas no ten&#237;an ning&#250;n desconch&#243;n, hiciste un excelente trabajo cuando los embalaste, Nada m&#225;s, Por qu&#233; lo preguntas, Desde ayer tengo la impresi&#243;n de que est&#225; escondiendo algo, Te he contado lo que pas&#243;, sin ocultar nada, En este momento no me refer&#237;a a la entrega de la mercanc&#237;a, me ronda esta idea desde que me recogi&#243; en el Centro, Entonces, a qu&#233; te refieres, No s&#233;, estoy a la espera de que me explique, por ejemplo, los enigm&#225;ticos sobrentendidos de la conversaci&#243;n de ayer noche, durante la cena. Cipriano Algor se qued&#243; callado, tamborileaba con los dedos sobre el arco del volante, como si estuviera decidiendo, seg&#250;n fuera par o impar el n&#250;mero final del redoble, qu&#233; respuesta dar&#237;a. Finalmente dijo, Ven conmigo. Sali&#243; de la furgoneta y, seguido de Marcial, avanz&#243; hacia el horno. Ten&#237;a ya la mano puesta en uno de los tiradores de los cierres, pero se detuvo un instante y pidi&#243;, No le dir&#225;s a Marta una sola palabra de lo que vas a o&#237;r, Lo prometo, Ni una sola palabra, Ya lo he prometido. Cipriano Algor abri&#243; la puerta del horno. La claridad del d&#237;a hizo aparecer bruscamente las estatuillas agrupadas y alineadas, ciegas por la oscuridad, antes, ciegas por la luz, ahora. Cipriano Algor dijo, Es posible, es incluso muy probable, que estos trescientos mu&#241;ecos no lleguen a salir de aqu&#237;, Y eso, por qu&#233;, pregunt&#243; Marcial, El departamento de compras decidi&#243; hacer un sondeo de mercado para evaluar el grado de inter&#233;s de los clientes, los mu&#241;ecos que les he llevado hoy servir&#225;n para eso, Un sondeo por unas figurillas de barro, pregunt&#243; Marcial, As&#237; me lo explic&#243; uno de los subjefes, Aquel que le ten&#237;a tirria, No, otro, uno con aire simp&#225;tico, sonriente, uno que habla con nosotros como si se nos quisiera meter en el coraz&#243;n. Marcial pens&#243; un poco y dijo, En el fondo, es indiferente, nos da lo mismo, de cualquier modo ya estaremos viviendo en el Centro de aqu&#237; a diez d&#237;as, Crees, de verdad, que es indiferente, que nos da lo mismo, pregunt&#243; el suegro, Mire, si el resultado del sondeo sale positivo habr&#225; tiempo para acabar estas figurillas y entregarlas, pero el resto del pedido, como es l&#243;gico, ser&#225; autom&#225;ticamente cancelado por el hecho irrefutable de que la alfarer&#237;a dejar&#225; de fabricar, Y si el resultado es negativo, Pues entonces dan ganas de decir que mejor todav&#237;a, se evitan, usted y Marta, el trabajo de tener que cocer los mu&#241;ecos y pintarlos. Cipriano Algor cerr&#243; despacio la puerta del horno y dijo, Olvidas algunos aspectos de la cuesti&#243;n, es verdad que insignificantes, Cu&#225;les, Olvidas la bofetada que supone que te rechacen el fruto de tu trabajo, olvidas que si no fuera por la casualidad de que estos nefastos sucesos coinciden con la mudanza al Centro estar&#237;amos en la misma situaci&#243;n en que nos encontramos cuando dejaron de comprarnos las lozas, y ahora sin la esperanza absurda de que unos rid&#237;culos mu&#241;ecos de barro todav&#237;a nos puedan salvar la vida, Es con lo que es con lo que tenemos que vivir, no con lo que ser&#237;a o podr&#237;a haber sido, Admirable y pac&#237;fica filosof&#237;a esa tuya, Perdone si no soy capaz de llegar a m&#225;s, Yo tampoco llego muy lejos, pero nac&#237; con una cabeza que sufre la incurable enfermedad de justamente preocuparse con lo que ser&#237;a o podr&#237;a haber sido, Y qu&#233; ha ganado con esa preocupaci&#243;n, pregunt&#243; Marcial, Tienes raz&#243;n, nada, como t&#250; muy bien me has recordado es con lo que es con lo que tenemos que vivir, no con las fantas&#237;as de lo que podr&#237;a haber sido, si fuese. Aliviado ya de la urgencia fisiol&#243;gica y con las piernas desentorpecidas por las carreras desatinadas que dio por las cercan&#237;as, Encontrado se aproxim&#243; moviendo el rabo, muestra habitual de alegr&#237;a y cordialidad, pero que, esta vez, teniendo en cuenta la aproximaci&#243;n de la hora del almuerzo, significaba otra imperiosa necesidad del cuerpo. Cipriano Algor lo acarici&#243;, torci&#233;ndole levemente una oreja, Tenemos que esperar a que Marta nos llame, muchacho, no estar&#237;a bien que el perro de la casa coma antes que sus due&#241;os, hay que respetar la jerarqu&#237;a, dijo. Despu&#233;s, a Marcial, como si la idea se le hubiese ocurrido en ese instante, Encender&#233; hoy el horno, Dijo que s&#243;lo lo encender&#237;a ma&#241;ana, cuando regresase del Centro, Lo he pensado mejor, ser&#225; una manera de estar ocupado mientras descans&#225;is, o, si prefer&#237;s, aprovech&#225;is la furgoneta y dais un paseo, probablemente, despu&#233;s de la mudanza, no os apetecer&#225; salir de la casa nueva tan pronto, y menos a&#250;n por estos lugares, Si vendremos aqu&#237;, o no, y cu&#225;ndo, es un asunto que ya se ver&#225;, lo que quiero que me diga es si realmente cree que soy hombre para salir de paseo con Marta y dejarlo solo echando le&#241;a en el fog&#243;n, Puedo hacerlo sin ayuda, Claro que s&#237;, pero, ya puestos, si no le importa, a m&#237; tambi&#233;n me gustar&#237;a ser parte activa en esta &#250;ltima vez que se enciende el horno, si es que va a ser la &#250;ltima vez, Comenzaremos despu&#233;s del almuerzo, si es eso lo que quieres, De acuerdo, Recuerda, por favor, ni una palabra sobre el asunto del sondeo, Qu&#233;dese tranquilo. Con el perro detr&#225;s se encaminaron a la casa, y estaban a pocos metros cuando Marta apareci&#243; ante la puerta de la cocina, Ven&#237;a a llamarlos, dijo, el almuerzo est&#225; listo, Primero voy a darle de comer al perro, el viaje le ha abierto el apetito, dijo el padre, Su comida est&#225; all&#237;, apunt&#243; Marta. Cipriano Algor tom&#243; el cazo \i y \i0  dijo, Ven conmigo, Encontrado, menos mal que no eres una persona, si lo fueses ya habr&#237;as empezado a desconfiar de los cuidados y atenciones con que &#250;ltimamente te estamos tratando. El cuenco de Encontrado estaba, como siempre, al lado de la caseta, y hacia ella se dirigi&#243; Cipriano Algor. Verti&#243; el contenido del cazo dentro y se qued&#243; un momento viendo comer al perro. En la cocina, Marcial dec&#237;a, Vamos a encender el horno despu&#233;s del almuerzo, Hoy, se extra&#241;&#243; Marta, Tu padre no quiere dejar trabajo para ma&#241;ana, No hab&#237;a prisa, ten&#237;amos tres d&#237;as de descanso, El sabr&#225; sus razones, Y, como de costumbre, sus razones s&#243;lo &#233;l las conoce. Marcial consider&#243; preferible no responder, la boca es un &#243;rgano que ser&#225; de m&#225;s confianza cuanto m&#225;s silencioso se mantenga. Poco despu&#233;s Cipriano Algor entr&#243; en la cocina. La comida ya estaba en la mesa, Marta serv&#237;a. Poco despu&#233;s el padre dir&#225;, Encenderemos el horno hoy, y Marta responder&#225;, Ya lo s&#233;, Marcial me lo ha dicho.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Con estas u otras palabras se ha recordado aqu&#237; que todos los d&#237;as pasados fueron v&#237;speras y todos los d&#237;as futuros lo han de ser. Volver a ser v&#237;spera, al menos por una hora, es el deseo imposible de cada ayer pasado y de cada hoy que est&#225; pasando. Ning&#250;n d&#237;a consigue ser v&#237;spera durante todo el tiempo que so&#241;aba. Todav&#237;a ayer estaban Cipriano Algor y Marcial Gacho metiendo le&#241;a en el fog&#243;n, alguien que anduviera por aquellos sitios y no estuviese al tanto de la realidad de los hechos podr&#237;a muy bien pensar, creyendo que acertaba, Ya est&#225;n ah&#237; nuevamente, se van a pasar toda la vida en eso, y ahora helos en la furgoneta que a&#250;n lleva la palabra Alfarer&#237;a escrita en las chapas laterales de la carrocer&#237;a, camino de la ciudad y del Centro, y con ellos Marta, sentada al lado del conductor, que esta vez es su marido. Cipriano Algor va solo en el asiento de atr&#225;s, Encontrado no vino, se qued&#243; guardando la casa. Es por la ma&#241;ana, muy temprano, el sol todav&#237;a no ha nacido, el Cintur&#243;n Verde no tardar&#225; en aparecer, luego ser&#225; el Cintur&#243;n Industrial, luego los barrios de chabolas, luego la tierra de nadie, luego los edificios en construcci&#243;n de la periferia, despu&#233;s la ciudad, la gran avenida, el Centro finalmente. Cualquier camino que se tome va a dar al Centro. Ninguno de los pasajeros de la furgoneta abrir&#225; la boca durante todo el viaje. Personas por lo general tan locuaces como &#233;stas parece que ahora no tienen nada que decirse unas a otras. De hecho, se comprende que no valga la pena hablar, perder tiempo y gastar saliva articulando discursos, frases, palabras y s&#237;labas cuando aquello que uno est&#225; pensando tambi&#233;n est&#225; siendo pensado por los otros. Si Marcial, por ejemplo, dijera, Vamos al Centro para ver la casa donde viviremos, Marta dir&#225;, Curiosa coincidencia, yo iba pensando lo mismo, y aunque Cipriano Algor lo negase, Pues yo no, lo que yo iba pensando es que no voy a entrar, que me voy a quedar fuera esperando, pese a eso, por muy perentorio que el tono nos sonase a los o&#237;dos, no le deber&#237;amos hacer mayor caso, Cipriano Algor tiene sesenta y cuatro a&#241;os, ya ha pasado la edad de las rabietas de ni&#241;o y todav&#237;a le falta bastante para llegar al tiempo de las rabietas de viejo. De verdad lo que Cipriano Algor piensa es que no tendr&#225; otro remedio que acompa&#241;ar a la hija y al yerno, mostrar la mejor cara posible ante los comentarios de ambos, dar opiniones si se las piden, en fin, como se dec&#237;a en las antiguas novelas, agotar el c&#225;liz de la amargura hasta las heces. Gracias a la hora matutina, Marcial encontr&#243; sitio para estacionar la furgoneta apenas a unos doscientos metros del Centro, ser&#225; otro cantar cuando ya est&#233;n instalados, los guardas residentes tienen derecho al usufructo de seis metros cuadrados en el aparcamiento de dentro. Llegamos, dijo sin necesidad Marcial cuando ech&#243; el freno de mano de la furgoneta. El Centro no se ve&#237;a desde all&#237;, pero les apareci&#243; de frente al volver la esquina de la calle donde hab&#237;an dejado el coche. Quiso la casualidad que &#233;ste fuese el lado, la parte, la cara, el extremo, la punta en que habitan los residentes. La visi&#243;n no constitu&#237;a novedad para ninguno de los tres, pero hay una gran diferencia entre mirar por mirar, y mirar al mismo tiempo que alguien nos est&#225; diciendo, Dos ventanas de &#233;sas son nuestras, S&#243;lo dos, pregunt&#243; Marta, No nos podemos quejar, hay apartamentos que s&#243;lo tienen una, dijo Marcial, eso sin hablar de los que las tienen hacia el interior, Al interior de qu&#233;, Al interior del Centro, claro, Quieres decir que hay apartamentos cuyas ventanas dan al interior del propio Centro, Que sepas que hay muchas personas que los prefieren, creen que esa vista es infinitamente m&#225;s agradable, variada y divertida, mientras que de este lado son siempre los mismos tejados y el mismo cielo, De todos modos, quien viva en esos apartamentos s&#243;lo ver&#225; el piso del Centro que coincida con la altura en que vive, se&#241;al&#243; Cipriano Algor, sin mucho inter&#233;s real pero no queriendo parecer que se hab&#237;a retirado ostensiblemente de la conversaci&#243;n, La medida de las plantas comerciales es alta, los espacios son desahogados y amplios, lo que oigo decir es que las personas no se cansan del espect&#225;culo, sobre todo las de m&#225;s edad, Nunca me he dado cuenta de la existencia de esas ventanas, se precipit&#243; Marta para evitar el previsible comentario del padre sobre las distracciones que m&#225;s convienen a los viejos, Est&#225;n disimuladas por la pintura, dijo Marcial. Caminaban a lo largo de la fachada donde se encontraba la entrada reservada al personal de Seguridad, Cipriano Algor andaba dos reluctantes pasos por detr&#225;s, como si estuviese siendo conducido por un hilo invisible. Estoy nerviosa, dijo Marta bajito para que el padre no se enterara, Despu&#233;s de estar aqu&#237; todo ser&#225; f&#225;cil, ya ver&#225;s, es cuesti&#243;n de habituarse, respondi&#243; Marcial tambi&#233;n en voz baja. Un poco m&#225;s adelante, ya natural, Marta pregunt&#243;, En qu&#233; piso est&#225; el apartamento, En el treinta y cuatro, Tan alto, Todav&#237;a hay catorce pisos encima del nuestro, Un p&#225;jaro en una jaula colgada en la ventana podr&#237;a imaginar que est&#225; en libertad, Estas ventanas no se pueden abrir, Por qu&#233;, Por el aire acondicionado, Evidentemente. Hab&#237;an llegado a la puerta. Marcial entr&#243; delante, dio los buenos d&#237;as a los vigilantes de servicio, dijo de paso, Mi mujer, mi suegro, y abri&#243; la antepuerta que daba acceso al interior. Entraron en un ascensor, Vamos a recoger la llave, dijo Marcial. Salieron en el segundo piso, recorrieron un pasillo largo y estrecho, de paredes grises, con puertas espaciadas a un lado y a otro. Marcial abri&#243; una de ellas. Esta es mi secci&#243;n, dijo. Dio los buenos d&#237;as a los colegas de trabajo, present&#243; nuevamente, Mi mujer, mi suegro, despu&#233;s a&#241;adi&#243;, Vamos a ver el apartamento. Se dirigi&#243; a un armario donde estaba escrito su nombre, lo abri&#243;, tom&#243; un manojo de llaves y dijo a Marta, Son &#233;stas. Entraron en otro ascensor. Tiene dos velocidades, explic&#243; Marcial, comenzaremos por la lenta. Puls&#243; el bot&#243;n respectivo, despu&#233;s el que ten&#237;a el n&#250;mero veinte, Vamos primero hasta el vig&#233;simo piso para que nos d&#233; tiempo de ver. La parte del ascensor que miraba al interior era acristalada, el ascensor iba atravesando vagarosamente los pisos, mostrando sucesivamente las plantas, las galer&#237;as, las tiendas, las escalinatas monumentales, las escaleras mec&#225;nicas, los puntos de encuentro, los caf&#233;s, los restaurantes, las terrazas con mesas y sillas, los cines y los teatros, las discotecas, unas pantallas enormes de televisi&#243;n, infinitas decoraciones, los juegos electr&#243;nicos, los globos, los surtidores y otros efectos de agua, las plataformas, los jardines colgantes, los carteles, las banderolas, los paneles electr&#243;nicos, los maniqu&#237;es, los probadores, una fachada de iglesia, la entrada a la playa, un bingo, un casino, un campo de tenis, un gimnasio, una monta&#241;a rusa, un zool&#243;gico, una pista de coches el&#233;ctricos, un ciclorama, una cascada, todo a la espera, todo en silencio, y m&#225;s tiendas, y m&#225;s galer&#237;as, y m&#225;s maniqu&#237;es, y m&#225;s jardines colgantes, y cosas de las que probablemente nadie conoce los nombres, como una ascensi&#243;n al para&#237;so. Y esta velocidad para qu&#233; sirve, para gozar de la vista, pregunt&#243; Cipriano Algor, A esta velocidad los ascensores son usados s&#243;lo como medio complementario de vigilancia, dijo Marcial, No bastan para eso los guardas, los detectores, las c&#225;maras de v&#237;deo, y el resto de la parafernalia del fisgoneo, volvi&#243; a preguntar Cipriano Algor, Pasan por aqu&#237; todos los d&#237;as muchas decenas de millares de personas, es necesario mantener la seguridad, respondi&#243; Marcial con el rostro tenso y un reproche de contrariedad en la voz, Padre, dijo Marta, deje de pinchar, por favor, No te preocupes, dijo Marcial, nosotros siempre nos entendemos, incluso cuando parezca que no. El ascensor continuaba subiendo lentamente. La iluminaci&#243;n de los pisos todav&#237;a est&#225; reducida al m&#237;nimo, se ven pocas personas, alg&#250;n empleado que ha madrugado por necesidad o por gusto, falta por lo menos una hora para que las puertas se abran al p&#250;blico. Los habitantes que trabajan en el Centro no necesitan apresurarse, los que tienen que salir no atraviesan los espacios comerciales y de ocio, bajan directamente de sus apartamentos a los garajes subterr&#225;neos. Marcial apret&#243; el bot&#243;n r&#225;pido cuando el ascensor par&#243;, pocos segundos despu&#233;s estaban en el trig&#233;simo cuarto piso. Mientras recorr&#237;an el pasillo que llevaba a la parte residencial, Marcial explic&#243; que hab&#237;a ascensores para uso exclusivo de los inquilinos, y que si hoy utilizaron &#233;ste era por haber pasado a recoger la llave. A partir de este momento, las llaves se quedan con nosotros, son nuestras, dijo. Al contrario de lo que Marta y el padre pensaran encontrar, no hab&#237;a s&#243;lo un pasillo separando los bloques de apartamentos con vistas a la calle de los que daban al interior. Hab&#237;a, s&#237;, dos pasillos, y, entre ambos, otro bloque de apartamentos, pero &#233;ste con el doble de anchura de los restantes, lo que, narrando prolijamente, quiere decir que la parte habitada del Centro est&#225; constituida por cuatro secuencias verticales paralelas de apartamentos, dispuestas como placas de bater&#237;as o de colmenas, las interiores unidas espalda con espalda, las exteriores unidas a la parte central por las estructuras de los pasillos. Marta dijo, Estas personas no ven la luz del d&#237;a cuando est&#225;n en casa, Las que viven en los apartamentos que dan al interior del Centro tampoco, respondi&#243; Marcial, Pero &#233;sas, como t&#250; dijiste, se pueden distraer con las vistas y el movimiento, mientras que &#233;stas de aqu&#237; est&#225;n pr&#225;cticamente enclaustradas, no debe de ser nada f&#225;cil vivir en estos apartamentos, sin la luz del sol, respirando aire enlatado todo el d&#237;a, Pues no falta quien los prefiera, los encuentran m&#225;s c&#243;modos, m&#225;s pertrechados de comodidades, por ejemplo, todos tienen aparatos de rayos ultravioletas, regeneradores atmosf&#233;ricos, y reguladores de temperatura y de humedad tan rigurosos que es posible tener en casa, de noche y de d&#237;a, en cualquier estaci&#243;n del a&#241;o, una humedad y una temperatura constantes, Menos mal que no nos toc&#243; un apartamento de &#233;stos, no s&#233; si conseguir&#237;a vivir mucho tiempo dentro, dijo Marta, Los guardas residentes tienen que darse por satisfechos con un apartamento com&#250;n, de los que tienen ventanas, Jam&#225;s pude imaginar que ser suegro de un guarda residente del Centro ser&#237;a la mejor de las fortunas y el mayor de los privilegios que la vida me hab&#237;a reservado, dijo Cipriano Algor. Los apartamentos estaban identificados como si fuesen habitaciones de hotel, la diferencia es que introduc&#237;an un gui&#243;n entre el n&#250;mero del piso y el n&#250;mero de la puerta. Marcial meti&#243; la llave, abri&#243; y se apart&#243; a un lado, Pueden entrar, por favor, llegamos a casa, dijo en voz alta fingiendo un entusiasmo que no sent&#237;a. No estaban contentos ni excitados por la novedad. Marta se detuvo en el umbral, despu&#233;s dio tres pasos inseguros, mir&#243; alrededor. Marcial y el padre se mantuvieron detr&#225;s. Tras unos momentos de vacilaci&#243;n, como si tuviese dudas sobre lo que ser&#237;a m&#225;s conveniente hacer, se dirigi&#243; sola a la puerta m&#225;s pr&#243;xima, mir&#243; dentro y sigui&#243; adelante. Su primer conocimiento de la casa fue as&#237;, pasando r&#225;pidamente del dormitorio a la cocina, de la cocina al cuarto de ba&#241;o, de la sala de estar que ser&#225; tambi&#233;n comedor al peque&#241;o compartimento destinado al padre, No hay sitio para la criatura, pens&#243;, y a continuaci&#243;n, Mientras sea peque&#241;o estar&#225; con nosotros, despu&#233;s ya veremos, probablemente nos dar&#225;n otra casa. Volvi&#243; a la entrada, donde Marcial y Cipriano Algor estaban a su espera. Ya la has visto, pregunt&#243; el marido, Ya, Qu&#233; te ha parecido, A m&#237;, bien, Te has dado cuenta de que los muebles son nuevos, es todo nuevo, como te dije, Y a usted, padre, qu&#233; le parece, No puedo dar opini&#243;n de lo que no conozco, Entonces venga, yo le sirvo de gu&#237;a. Se notaba que estaba tensa, nerviosa, tan fuera de su estado de esp&#237;ritu habitual que fue anunciando los nombres de las habitaciones como si proclamase sus loores, Aqu&#237; el dormitorio de matrimonio, aqu&#237; la cocina, aqu&#237; el cuarto de ba&#241;o, aqu&#237; la sala de estar que tambi&#233;n servir&#225; de comedor, aqu&#237; el confortable y espacioso aposento en que mi querido padre dormir&#225; y gozar&#225; de un merecido descanso, no se ve sitio para colocar a la ni&#241;a cuando est&#233; crecidita, pero mientras crece y no crece se encontrar&#225; una soluci&#243;n. No te gusta la casa, pregunt&#243; Marcial, Es la casa que vamos a tener, no adelantamos nada discutiendo si nos gusta mucho, o poco, o nada, como quien deshoja una margarita. Marcial se volvi&#243; hacia el suegro para pedirle ayuda, no dijo nada, s&#243;lo puso en &#233;l los ojos, Hay que reconocer que la casa no est&#225; mal, dijo Cipriano Algor, est&#225; como nueva, el mobiliario es de buena madera, obviamente los muebles tendr&#237;an que ser diferentes de los nuestros, ahora se estilan as&#237;, en tonos claros, no son como los que tenemos, que parecen haber pasado por el horno, en cuanto al resto uno siempre se habit&#250;a, uno se habit&#250;a siempre. Marta frunci&#243; el entrecejo durante la arenga del padre, dio a los labios un moh&#237;n de sonrisa y comenz&#243; otra vuelta por la casa, esta vez abriendo y cerrando cajones y armarios, valorando los contenidos. Marcial hizo un gesto de agradecimiento al suegro, despu&#233;s mir&#243; el reloj y avis&#243;, Est&#225; acerc&#225;ndose la hora de acudir al trabajo. Marta dijo desde dentro, No tardo, voy ya, son &#233;stas las ventajas de los apartamentos peque&#241;os, se suelta con todas las cautelas un suspiro que se tra&#237;a dentro y acto seguido alguien en el otro extremo de la casa denuncia, Has suspirado, no lo niegues. Y a&#250;n hay quien se queje de los guardas, de las c&#225;maras de v&#237;deo, de los detectores y restante aparato. La visita a la casa estaba hecha, y, por la diferencia entre el aire con que entraron y el aire con que sal&#237;an, sin que pretendamos desvelar el secreto de los corazones, parece haber valido la pena. Descendieron directamente del piso treinta y cuatro al bajo porque, no estando todav&#237;a Marta y el padre provistos de los documentos que los habilitar&#237;an como residentes, Marcial ten&#237;a que acompa&#241;arlos hasta la salida. Apenas hab&#237;an dado los primeros pasos despu&#233;s de que las puertas del ascensor se cerraran, Cipriano Algor dijo, Qu&#233; sensaci&#243;n tan extra&#241;a, me parece que siento el suelo vibrar debajo de los pies. Par&#243;, afin&#243; el o&#237;do y a&#241;adi&#243;, Y tengo la impresi&#243;n de que oigo algo as&#237; como un ruido de m&#225;quinas excavadoras, Son excavadoras, dijo Marcial apresurando el paso, trabajan en turnos seguidos de seis horas, sin parar, est&#225;n a unos buenos metros de la superficie, Alguna obra, dijo Cipriano Algor, S&#237;, se comenta que van a ser instalados nuevos almacenes frigor&#237;ficos y algo m&#225;s posiblemente, quiz&#225; m&#225;s aparcamientos, aqu&#237; nunca se acaban las obras, el Centro crece todos los d&#237;as, incluso cuando no se nota, si no es hacia los lados, es hacia arriba, si no es hacia arriba, es hacia abajo, Supongo que dentro de poco, cuando comience todo a funcionar, no se sentir&#225; el ruido de las excavadoras, dijo Marta, Con la m&#250;sica, los anuncios de los art&#237;culos por los altavoces, el barullo de las conversaciones de la gente, las escaleras mec&#225;nicas subiendo y bajando sin parar, ser&#225; como si no existiese. Hab&#237;an llegado a la puerta. Marcial dijo que telefonear&#237;a en cuanto hubiese novedades, que entre tanto convendr&#237;a ir adelantando lo necesario para la mudanza, eligiendo s&#243;lo lo que fuera estrictamente indispensable, Ahora que ya conocen el espacio de que disponemos, deben de haberse dado cuenta de que el lugar no sobra. Estaban en la acera, iban a despedirse, pero Marta todav&#237;a dijo, En realidad, es como si no hubiese mudanza, la casa de la alfarer&#237;a sigue siendo nuestra, lo que podemos traer de all&#237; es lo mismo que nada, lo que est&#225; sucediendo es algo as&#237; como desnudarnos de una ropa para vestir otra, una especie de carnaval de m&#225;scaras, S&#237;, observ&#243; el padre, aparentemente es as&#237;, aunque, al contrario de lo que se suele creer y sin pensar se afirma, el h&#225;bito hace al monje, la persona tambi&#233;n est&#225; hecha por la ropa que lleva, podr&#225; no notarse inmediatamente, pero es s&#243;lo cuesti&#243;n de dar tiempo al tiempo. Adi&#243;s, adi&#243;s, dijo Marcial, a la vez que se desped&#237;a de la mujer con un beso, tienen todo el camino para filosofar, aprovechen. Marta y el padre se dirigieron hacia donde hab&#237;an dejado la furgoneta. En la fachada del Centro, sobre sus cabezas, un nuevo y gigantesco cartel proclamaba, VENDER&#205;AMOS TODO CUANTO USTED NECESITARA SI NO PREFIRI&#201;SEMOS QUE USTED NECESITASE LO QUE TENEMOS PARA VENDERLE.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Durante el regreso a casa, o, como Marta dijo para diferenciarla de la otra, a la casa de la alfarer&#237;a, padre e hija, pese a la instigaci&#243;n medio zumbona medio cari&#241;osa de Marcial, hablaron poco, poqu&#237;simo, aunque el m&#225;s simple examen de las m&#250;ltiples probabilidades consecuentes de la situaci&#243;n sugiera que hayan pensado mucho. Adelantarnos, con temerarias suposiciones o con venturosas deducciones, o, peor todav&#237;a, con inconsideradas adivinaciones, a lo que ellos pensaron no ser&#237;a, en principio, si tenemos en cuenta la presteza y el descaro con que en relatos de esta naturaleza se menosprecia el secreto de los corazones, no ser&#237;a, dec&#237;amos, tarea imposible, pero, puesto que esos pensamientos, m&#225;s pronto o m&#225;s tarde, tendr&#225;n que expresarse en actos, o en palabras que a actos conduzcan, nos ha parecido preferible pasar adelante y aguardar tranquilamente a que sean los actos y las palabras los que manifiesten los pensamientos. Para el primero no tuvimos que esperar mucho, padre e hija almorzaron en silencio, lo que significa que nuevos pensamientos se estuvieron juntando a los del camino, y de pronto ella decidi&#243; quebrar el silencio, Esa idea suya de descansar tres d&#237;as era excelente y, adem&#225;s de que es de agradecer, ten&#237;a toda la justificaci&#243;n en su momento, pero el ascenso de Marcial ha alterado completamente la situaci&#243;n, piense que no tenemos m&#225;s que una semana para organizar la mudanza y pintar las trescientas estatuillas ya cocidas que aguardan en el horno, al menos &#233;sas tenemos obligaci&#243;n de entregarlas, A m&#237; tambi&#233;n me preocupa el mu&#241;equer&#237;o, pero he llegado a una conclusi&#243;n diferente a la tuya, No comprendo, El Centro ya tiene una avanzada de trescientos mu&#241;ecos, por el momento ser&#225;n suficientes, las estatuillas de barro no son juegos de ordenador ni pulseras magn&#233;ticas, las personas no se empujan gritando quiero mi esquimal, quiero mi asirlo de barbas, quiero mi enfermera, Muy bien, supongo que los clientes del Centro no ir&#225;n a pelearse por culpa del mandar&#237;n, o del buf&#243;n, o del payaso, pero eso no quiere decir que no debamos acabar el trabajo, Claro que no, pero no me parece que merezca la pena precipitarnos, Vuelvo a recordarle que s&#243;lo tenemos una semana para todo, No se me ha olvidado, Entonces, Entonces, tal como t&#250; misma dijiste a la salida del Centro, en el fondo es como si no hubiera ninguna mudanza, la casa de la alfarer&#237;a, as&#237; la llamaste, est&#225; aqu&#237;, y, estando la casa, est&#225; evidentemente la alfarer&#237;a con ella, Yo s&#233; que usted es un gran amante de enigmas, No soy amante de enigmas, me gustan las cosas claras, Es igual, no le gustan los enigmas, pero es enigm&#225;tico, de modo que le quedar&#237;a muy reconocida si me explicase adonde quiere llegar, Quiero llegar precisamente a donde estamos en este momento, donde estaremos durante una semana m&#225;s y espero que muchas otras despu&#233;s, No me haga perder la paciencia, por favor, Por favor digo yo, es tan simple como que dos y dos son cuatro, En su cabeza, dos y dos siempre son cinco, o tres, o cualquier n&#250;mero menos cuatro, Te vas a arrepentir, Lo dudo, Imag&#237;nate que no pintamos las estatuillas, que nos mudamos al Centro y las dejamos en el horno tal como est&#225;n, Ya est&#225; imaginado, Vivir en el Centro, como Marcial explic&#243; con mucha claridad, no es un destierro, las personas no est&#225;n encarceladas all&#237;, son libres para salir cuando quieran, pasar todo el d&#237;a en la ciudad o en el campo y volver por la noche. Cipriano Algor hizo una pausa y mir&#243; curioso a la hija sabiendo que iba a asistir al despertar de su comprensi&#243;n. As&#237; sucedi&#243;, Marta dijo sonriendo, Me someto al castigo, en su cabeza dos y dos tambi&#233;n pueden ser cuatro, Ya te dije que era simple, Vendremos a acabar el trabajo cuando sea necesario y de esta manera no tendremos que cancelar el pedido de las seiscientas figurillas que todav&#237;a faltan, es s&#243;lo cuesti&#243;n de acordar con el Centro unos plazos de entrega que convengan a ambas partes, Exactamente. La hija aplaudi&#243; al padre, el padre agradeci&#243; el aplauso. Incluso, dijo Marta, de repente entusiasmada por el oc&#233;ano de posibilidades positivas que se abr&#237;a ante ella, suponiendo que el Centro siga interesado por los mu&#241;ecos, podremos mantener la elaboraci&#243;n, no tendremos que cerrar la alfarer&#237;a, Exactamente, Y quien dice mu&#241;ecos, tambi&#233;n dice alguna otra idea que se nos ocurra y les convenza, o a&#241;adir otras seis figuras a las seis que tenemos, As&#237; es. Mientras padre e hija saborean las dulces perspectivas que una vez m&#225;s acaban de demostrarnos que el diablo no est&#225; siempre tras la puerta, aprovechemos la pausa para examinar la real val&#237;a y el real significado de los pensamientos de uno y de otro, de esos dos pensamientos que, despu&#233;s de tan prolongado silencio, por fin se expresan. No obstante, advertimos desde ya que no ser&#225; posible llegar a una conclusi&#243;n, aunque provisional, como lo son todas, si no comenzamos admitiendo una premisa inicial ciertamente chocante para las almas rectas y bien formadas, pero no por eso menos verdadera, la premisa de que, en muchos casos, el pensamiento manifestado es, dig&#225;moslo as&#237;, empujado a primera l&#237;nea por otro pensamiento que no ha considerado oportuno manifestarse. En lo que ata&#241;e a Cipriano Algor, no es dif&#237;cil comprender que algunos de sus ins&#243;litos procedimientos est&#225;n motivados por las preocupaciones que lo atormentan sobre el resultado del sondeo, y que, por tanto, al recordarle a la hija que, incluso viviendo en el Centro, podr&#237;an venir a trabajar a la alfarer&#237;a, simplemente porque quiso fue disuadirla de pintar los mu&#241;ecos, no vaya a darse el caso de que llegue ma&#241;ana o pasado una orden del subjefe sonriente o de su superior m&#225;ximo anulando la entrega, y ella sufra el disgusto de dejar el trabajo a la mitad, o, si acabado, inservible. M&#225;s sorprendente ser&#237;a el comportamiento de Marta, la impulsiva y en cierto modo inquietante alegr&#237;a ante la dudosa suposici&#243;n de que la alfarer&#237;a se mantenga en actividad, si no se pudiera establecer una relaci&#243;n entre ese comportamiento y el pensamiento que le dio origen, un pensamiento que la persigue tenazmente desde que entr&#243; en el apartamento del Centro y que se ha jurado a s&#237; misma no confesar a nadie, ni al padre, pese a tenerlo aqu&#237; tan pr&#243;ximo, ni, faltar&#237;a m&#225;s, a su propio marido, pese a quererlo tanto. Lo que cruz&#243; la cabeza de Marta y ech&#243; ra&#237;ces al cruzar el umbral de la puerta de su nuevo hogar, en aquel alt&#237;simo trig&#233;simo cuarto piso de muebles claros y dos vertiginosas ventanas a las que no tuvo valor de acercarse, fue que no soportar&#237;a vivir all&#237; dentro el resto de su vida, sin m&#225;s certezas que ser la mujer del guarda residente Marcial Gacho, sin m&#225;s ma&#241;ana que la hija que cree traer dentro de s&#237;. O el hijo. Pens&#243; en esto durante todo el camino hasta llegar a la casa de la alfarer&#237;a, continu&#243; pensando mientras preparaba el almuerzo, todav&#237;a pensaba cuando, por falta de apetito, empujaba con el tenedor de un lado a otro la comida en el plato, segu&#237;a pensando cuando le dijo al padre que, antes de mudarse al Centro, ten&#237;an la obligaci&#243;n estricta de terminar las estatuillas que estaban esperando en el horno. Terminar las estatuillas era pintarlas, y pintarlas era justamente el trabajo que le compet&#237;a hacer a ella, al menos que le otorgaran tres o cuatro d&#237;as para estar sentada debajo del moral, con Encontrado tumbado a su lado, ri&#233;ndose con la boca abierta y la lengua fuera. Como si se tratase de una &#250;ltima y desesperada voluntad dictada por un condenado, no ped&#237;a nada m&#225;s que esto, y de pronto, con una simple palabra, el padre le abri&#243; la puerta de la libertad, podr&#237;a venir desde el Centro siempre que quisiese, abrir la puerta de su casa con la llave de su casa, reencontrar en los mismos lugares todo cuanto aqu&#237; hubiese dejado, entrar en la alfarer&#237;a para comprobar que el barro tiene la humedad conveniente, despu&#233;s sentarse al torno, confiar las manos a la arcilla fresca, s&#243;lo ahora comprend&#237;a que amaba estos lugares como un &#225;rbol, si pudiese, amar&#237;a las ra&#237;ces que lo alimentan y levantan en el aire. Cipriano Algor miraba a la hija, le&#237;a en su rostro como en las p&#225;ginas de un libro abierto, y el coraz&#243;n le dol&#237;a del enga&#241;o con que la habr&#237;a estando embelecando si los resultados del sondeo fuesen hasta tal punto negativos que indujesen al departamento de compras del Centro a desistir de los mu&#241;ecos de una vez para siempre. Marta se levant&#243; de la silla, ven&#237;a a darle un beso, un abrazo, Qu&#233; pasar&#225; dentro de unos d&#237;as, pens&#243; Cipriano Algor correspondi&#233;ndole a los cari&#241;os, aunque las palabras que pronunci&#243; fueron otras, fueron &#233;sas de siempre, Como nuestros abuelos m&#225;s o menos cre&#237;an, habiendo vida, hay esperanza. El tono resignado con que las dej&#243; salir quiz&#225; hubiera hecho sospechar a Marta si no estuviese tan entregada a sus propias y felices expectativas. Disfrutemos entonces en paz nuestros tres d&#237;as de descanso, dijo Cipriano Algor, verdaderamente los tenemos merecidos, no estamos rob&#225;ndoselos a nadie, despu&#233;s comenzaremos a organizar la mudanza, D&#233; ejemplo y vaya a dormir una siesta, dijo Marta, ayer anduvo todo el sant&#237;simo d&#237;a trabajando en el horno, hoy se ha levantado temprano, incluso para un padre como el m&#237;o la resistencia tiene l&#237;mites, y en lo que respecta a la mudanza, tranquilo, eso es asunto del ama de casa. Cipriano Algor se retir&#243; al dormitorio, se desnud&#243; con los lentos movimientos de una fatiga que no era s&#243;lo del cuerpo y se tumb&#243; en la cama liberando un hondo suspiro. No se mantuvo as&#237; mucho tiempo. Se incorpor&#243; en la almohada y mir&#243; a su alrededor como si fuera la primera vez que entraba en esta habitaci&#243;n y necesitara fijarla en la memoria por alguna oscura raz&#243;n, como si fuera tambi&#233;n la &#250;ltima vez que ven&#237;a y pretendiera que la memoria le sirviese de algo m&#225;s en el futuro que para recordarle aquella mancha en la pared, aquella raya de luz en el entarimado, aquel retrato de mujer sobre la c&#243;moda. Fuera Encontrado ladr&#243; como si hubiese o&#237;do a un desconocido subiendo la cuesta, pero luego se call&#243;, lo m&#225;s probable es que respondiera, sin especial inter&#233;s, al ladrido de cualquier perro distante, o simplemente quiso recordar su existencia, debe de presentir que anda en el aire algo que no es capaz de entender. Cipriano Algor cerr&#243; los ojos para convocar al sue&#241;o, pero la voluntad de los ojos fue otra. No hay nada m&#225;s triste, m&#225;s miserablemente triste, que un viejo llorando.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La noticia lleg&#243; el cuarto d&#237;a. El tiempo hab&#237;a cambiado, de vez en cuando ca&#237;a una lluvia fuerte que encharcaba en un minuto la explanada y repiqueteaba en las hojas crespas del moral como diez mil baquetas de tambor. Marta estuvo haciendo la lista de cosas que en principio deber&#237;an llevarse al apartamento, pero con la conciencia viv&#237;sima, en cada momento, de la contradicci&#243;n entre dos impulsos que jugaban en su interior, uno que le dec&#237;a la m&#225;s perfecta de las verdades, es decir, que una mudanza no es mudanza si no hay algo para mudar, otro que simplemente le aconsejaba dejar todo tal cual, Teniendo en cuenta, acu&#233;rdate, que volver&#225;s aqu&#237; muchas veces para trabajar y respirar el aire del campo. En cuanto a Cipriano Algor, con el prop&#243;sito de limpiar su cabeza de las telara&#241;as de inquietudes que lo obligan a mirar el reloj decenas de veces al d&#237;a, se ocupa de barrer y fregar la alfarer&#237;a de una punta a otra, rechazando de nuevo la ayuda que Marta quiso ofrecerle, Luego ser&#237;a yo quien tendr&#237;a que o&#237;r a Marcial, dijo. Hace un rato que Encontrado fue mandado a la caseta por ensuciar lamentablemente el suelo de la cocina con el barro que tra&#237;a en las patas tras la primera incursi&#243;n que decidi&#243; hacer aprovechando una escampada. El agua nunca ser&#225; tanta que le entre en casa, pero, por si las moscas, el due&#241;o le meti&#243; debajo cuatro ladrillos, transformando en palafito prehist&#243;rico un actual y corriente refugio canino. Estaba en eso cuando son&#243; el tel&#233;fono. Marta atendi&#243;, en el primer instante, al o&#237;r la voz que dec&#237;a, Aqu&#237; el Centro, pens&#243; que era Marcial, pens&#243; que le iban a pasar la llamada, pero no fueron &#233;sas las palabras que siguieron, El jefe del departamento de compras quiere hablar con el se&#241;or Cipriano Algor. Por lo general, una secretaria conoce el asunto que su patr&#243;n va a tratar cuando le pide que haga una llamada telef&#243;nica, pero una telefonista propiamente dicha no sabe nada de nada, por eso tienen la voz neutra, indiferente, de quien ha dejado de pertenecer a este mundo, en cualquier caso hag&#225;mosle la justicia de pensar que algunas veces habr&#237;a derramado l&#225;grimas de pena si adivinara lo sucedido despu&#233;s de decir mec&#225;nicamente, Pueden hablar. Marta comenz&#243; imaginando que el jefe del departamento de compras quer&#237;a expresar su contrariedad por el retraso en la entrega de las trescientas estatuillas que faltaban, qui&#233;n sabe si tambi&#233;n de las seiscientas que ni siquiera estaban comenzadas, y cuando, tras decir a la telefonista, Un momento, corri&#243; a llamar al padre a la alfarer&#237;a, llevaba la idea de soltarle de paso una r&#225;pida palabra cr&#237;tica sobre el error cometido al no proseguir el trabajo as&#237; que la primera serie de mu&#241;ecos estuvo lista. La palabra recriminatoria, sin embargo, se le qued&#243; presa en la lengua cuando vio c&#243;mo el rostro del padre se transformaba al o&#237;rle anunciar, Es el jefe de compras, quiere hablar con usted. Cipriano Algor no crey&#243; oportuno correr, ya deber&#237;a reconoc&#233;rsele m&#233;rito suficiente en la firmeza de los pasos que lo conduc&#237;an hasta el banquillo del tribunal donde iba a ser le&#237;da su sentencia. Tom&#243; el tel&#233;fono que la hija hab&#237;a dejado sobre la mesa, Soy yo, Cipriano Algor, la telefonista dijo, Muy bien, voy a pasar la comunicaci&#243;n, hubo un silencio, un zumbido tenue, un clic, y la voz del jefe del departamento de compras, vibrante, llena, son&#243; al otro lado, Buenas tardes, se&#241;or Algor, Buenas tardes, se&#241;or, Supongo que imagina por qu&#233; motivo le estoy telefoneando hoy, Supone bien, se&#241;or, d&#237;game, Tengo ante m&#237; los resultados y las conclusiones del sondeo acerca de sus art&#237;culos, que un subjefe del departamento, con mi aprobaci&#243;n, decidi&#243; promover, Y esos resultados cu&#225;les son, se&#241;or, pregunt&#243; Cipriano Algor, Lamento informarle de que no fueron tan buenos cuanto desear&#237;amos, Si es as&#237; nadie lo lamentar&#225; m&#225;s que yo, Temo que su participaci&#243;n en la vida de nuestro Centro ha llegado al final, Todos los d&#237;as se comienzan cosas, pero, tarde o temprano, todas acaban, No quiere que le lea los resultados, Me interesan m&#225;s las conclusiones, y &#233;sas ya las s&#233;, el Centro no comprar&#225; m&#225;s nuestras figurillas. Marta, que hab&#237;a escuchado con ansiedad cada vez mayor las palabras del padre, se llev&#243; las manos a la boca como para sujetar una exclamaci&#243;n. Cipriano Algor le hizo gestos pidi&#233;ndole calma, al mismo tiempo que respond&#237;a a una pregunta del jefe del departamento de compras, Comprendo su deseo de que no quede ninguna duda en mi esp&#237;ritu, estoy de acuerdo con lo que acaba de decir, que presentar conclusiones sin la exposici&#243;n previa de los motivos que las originaron podr&#237;a ser entendido como una manera poco habilidosa de enmascarar una decisi&#243;n arbitraria, lo que no ser&#237;a nunca, evidentemente, el caso del Centro, Menos mal que est&#225; de acuerdo conmigo, Es dif&#237;cil no estar de acuerdo, se&#241;or, Vaya tomando entonces nota de los resultados, D&#237;gamelos, El universo de los clientes sobre el que incidir&#237;a el sondeo qued&#243; definido desde el principio por la exclusi&#243;n de las personas que por edad, posici&#243;n social, educaci&#243;n y cultura, y tambi&#233;n por sus h&#225;bitos conocidos de consumo, fuesen previsible y radicalmente contrarias a la adquisici&#243;n de art&#237;culos de este tipo, es bueno que sepa que si tomamos esta decisi&#243;n, se&#241;or Algor, fue para no perjudicarlo de entrada, Muchas gracias, se&#241;or, Le doy un ejemplo, si hubi&#233;ramos seleccionado cincuenta j&#243;venes modernos, cincuenta chicos y chicas de nuestro tiempo, puede tener la certeza, se&#241;or Algor, de que ninguno querr&#237;a llevarse a casa uno de sus mu&#241;ecos, o si se lo llevase ser&#237;a para usarlo en algo as&#237; como tiro al blanco, Comprendo, Escogimos veinticinco personas de cada sexo, de profesiones e ingresos medios, personas con antecedentes familiares modestos, todav&#237;a apegadas a gustos tradicionales, y en cuyas casas la rusticidad del producto no desentonar&#237;a demasiado, E incluso as&#237;, Es verdad, se&#241;or Algor, incluso as&#237; los resultados fueron malos, Qu&#233; le vamos a hacer, se&#241;or, Veinte hombres y diez mujeres respondieron que no les gustaban los mu&#241;ecos de barro, cuatro mujeres dijeron que quiz&#225; los compraran si fueran m&#225;s grandes, tres podr&#237;an comprarlos si fuesen m&#225;s peque&#241;os, de los cinco hombres que quedaban, cuatro dijeron que ya no estaban en edad de jugar y otro protest&#243; por el hecho de que tres de las figurillas representasen extranjeros, para colmo ex&#243;ticos, y en cuanto a las ocho mujeres que todav&#237;a faltan por mencionar, dos se declararon al&#233;rgicas al barro, cuatro ten&#237;an malos recuerdos de esta clase de objetos, y s&#243;lo las dos &#250;ltimas respondieron agradeciendo mucho la posibilidad que les hab&#237;a sido proporcionada de decorar gratuitamente su casa con unos mu&#241;equitos tan simp&#225;ticos, hay que a&#241;adir que se trata de personas de edad que viven solas, Me gustar&#237;a conocer los nombres y las direcciones de esas se&#241;oras para darles las gracias, dijo Cipriano Algor, Lo lamento, pero no estoy autorizado a revelar datos personales de los encuestados, es una condici&#243;n estricta de cualquier sondeo de este tipo, respetar el anonimato de las respuestas, Tal vez pueda decirme, en todo caso, si esas personas viven en el Centro, A qui&#233;nes se refiere, a todas las personas, pregunt&#243; el jefe del departamento de compras, No se&#241;or, s&#243;lo a las dos que tuvieron la bondad de encontrar simp&#225;ticos nuestros mu&#241;ecos, dijo Cipriano Algor, Trat&#225;ndose de un dato no particularmente sustancial supongo que no estar&#233; traicionando la deontolog&#237;a que rige los sondeos si le digo que esas dos mujeres viven fuera del Centro, en la ciudad, Muchas gracias por la informaci&#243;n, se&#241;or, Le ha servido de algo, Desgraciadamente no, se&#241;or, Entonces para qu&#233; quer&#237;a saberlo, Podr&#237;a ocurrir que tuviera la oportunidad de encontr&#225;rmelas y agradec&#233;rselo personalmente, viviendo en la ciudad ser&#225; casi imposible, Y si viviesen aqu&#237;, Cuando, al principio de esta conversaci&#243;n, me dijo que mi participaci&#243;n en la vida del Centro hab&#237;a llegado a su fin, estuve a punto de interrumpirlo, Por qu&#233;, Porque, al contrario de lo que piensa, y a pesar de que no quieran ver m&#225;s ni la loza ni los mu&#241;ecos de este alfarero, mi vida seguir&#225; ligada al Centro, No comprendo, expl&#237;quese mejor, por favor, Dentro de cinco o seis d&#237;as estar&#233; viviendo ah&#237;, mi yerno ha sido ascendido a guarda residente y yo me ir&#233; a vivir con mi hija y con &#233;l, Me alegra esa noticia y le felicito, finalmente usted es un hombre de mucha suerte, no se podr&#225; quejar, acaba gan&#225;ndolo todo cuando cre&#237;a que lo hab&#237;a perdido todo, No me quejo, se&#241;or, Esta es la ocasi&#243;n de proclamar que el Centro escribe derecho con renglones torcidos, si alguna vez tiene que quitar con una mano, con presteza acude a compensar con la otra, Si recuerdo bien, eso de los renglones torcidos y escribir derecho se dec&#237;a de Dios, observ&#243; Cipriano Algor, En estos tiempos viene a ser pr&#225;cticamente lo mismo, no exagero nada afirmando que el Centro, como perfecto distribuidor de bienes materiales y espirituales que es, acaba generando por s&#237; mismo y en s&#237; mismo, por pura necesidad, algo que, aunque esto pueda chocar a ciertas ortodoxias m&#225;s sensibles, participa de la naturaleza de lo divino, Tambi&#233;n se distribuyen all&#237; bienes espirituales, se&#241;or, S&#237;, y no se puede imaginar hasta qu&#233; punto los detractores del Centro, por cierto cada vez menos numerosos y cada vez menos combativos, est&#225;n absolutamente ciegos para con el lado espiritual de nuestra actividad, cuando la verdad es que gracias a ella la vida adquiere un nuevo sentido para millones y millones de personas que andaban por ah&#237; infelices, frustradas, desamparadas, es decir, se quiera o no se quiera, cr&#233;ame, esto no es obra de materia vil, sino de esp&#237;ritu sublime, S&#237; se&#241;or, Mucho me complace decirle, se&#241;or Algor, que encontr&#233; en su persona a alguien con quien, incluso en situaciones dif&#237;ciles como la de ahora, siempre resulta satisfactorio hablar de estas y otras cuestiones serias que me tomo muy a pecho por la dimensi&#243;n trascendente que, de alg&#250;n modo, a&#241;aden a mi trabajo, espero que a partir de su pr&#243;xima mudanza al Centro nos podamos ver otras veces y sigamos intercambiando ideas, Yo tambi&#233;n, se&#241;or, Buenas tardes, Buenas tardes. Cipriano Algor colg&#243; el tel&#233;fono y mir&#243; a su hija. Marta estaba sentada, con las manos en el regazo, como si de s&#250;bito hubiera necesitado proteger la primera y todav&#237;a apenas perceptible redondez del vientre. Dejan de comprar, pregunt&#243;, S&#237;, hicieron un sondeo entre los clientes y el resultado sali&#243; negativo, Y no comprar&#225;n siquiera los trescientos mu&#241;ecos que est&#225;n en el horno, No. Marta se levant&#243;, fue hasta la puerta de la cocina, mir&#243; la lluvia que no paraba de caer, y desde all&#237;, volviendo un poco la cabeza, pregunt&#243;, No tiene nada que decirme, S&#237;, respondi&#243; el padre, Entonces hable, soy toda o&#237;dos. Cipriano Algor se apoy&#243; en el quicio de la puerta, respir&#243; hondo, despu&#233;s arranc&#243;, No estaba desprevenido, sab&#237;a que esto podr&#237;a suceder, fue uno de los propios subjefes del departamento quien me dijo que iban a hacer un sondeo para valorar la disposici&#243;n de los clientes hacia las figurillas, lo m&#225;s probable es que la idea haya nacido del propio jefe, Luego estuve enga&#241;ada estos tres d&#237;as, enga&#241;ada por usted, mi padre, so&#241;ando con una alfarer&#237;a en funcionamiento, imagin&#225;ndonos saliendo del Centro por la ma&#241;ana temprano, llegar aqu&#237; y arremangarnos, respirar el olor del barro, trabajar a su lado, tener a Marcial conmigo en los d&#237;as de descanso, No quise que sufrieras, Estoy sufriendo dos veces, su buena intenci&#243;n no me ahorr&#243; nada, Te pido perd&#243;n, Y, por favor, no pierda el tiempo pidi&#233;ndome que le perdone, sabe bien que siempre le perdonar&#233;, haga lo que haga, Si la decisi&#243;n fuese al contrario, si el Centro hubiera decidido comprar los mu&#241;ecos, nunca llegar&#237;as a conocer el riesgo que corrimos, Ahora ya no es un riesgo, es una realidad, Tenemos la casa, podremos venir cuando queramos, S&#237;, tenemos la casa, una casa con vistas al cementerio, Qu&#233; cementerio, La alfarer&#237;a, el horno, las tablas de secado, las pilas de le&#241;a, lo que era y ha dejado de ser, qu&#233; mayor cementerio que &#233;se, pregunt&#243; Marta, al borde del llanto. El padre le puso la mano sobre el hombro, No llores, reconozco que fue un error no haberte contado lo que pasaba. Marta no respondi&#243;, se recordaba a s&#237; misma que no ten&#237;a derecho de censurar al padre, que ella tambi&#233;n le ocultaba al marido un secreto que nunca le contar&#237;a, C&#243;mo vas a conseguir ahora, perdida la esperanza, vivir en ese apartamento, se preguntaba. Encontrado hab&#237;a salido de la caseta, le ca&#237;an encima gruesas gotas de agua que resbalaban del moral, pero no se decid&#237;a. Ten&#237;a las patas sucias, el pelo pingando y la certeza de no ser bien recibido. Y, sin embargo, era de &#233;l de quien se hablaba en la puerta de la cocina. Cuando lo vio aparecer y pararse mirando, Marta pregunt&#243;, Qu&#233; vamos a hacer con este perro. Tranquilamente, como si se tratase de un asunto mil veces discutido y sobre el que no merec&#237;a la pena volver, el padre respondi&#243;, Le preguntar&#233; a la vecina Isaura Madruga si se quiere quedar con &#233;l, No s&#233; si estoy oyendo bien, repita, por favor, dice usted que va a preguntarle a la vecina Isaura Madruga si quiere quedarse con Encontrado, Lo has o&#237;do perfectamente, eso es lo que he dicho, Con Isaura Madruga, Si sigues insistiendo en eso, yo te responder&#233; con Isaura Madruga, entonces t&#250; volver&#225;s a preguntarme con Isaura Madruga, y pasaremos as&#237; el resto de la tarde, Es una sorpresa enorme, La sorpresa no puede ser tan grande, es la misma persona a quien t&#250; pensabas dejarlo, La sorpresa no es la persona, para m&#237; la sorpresa es que haya sido usted quien tenga esa idea, No hay nadie m&#225;s en la aldea, \i y \i0  probablemente en el mundo, con quien dejase a Encontrado, preferir&#237;a matarlo. Expectante, moviendo el rabo con lentitud, el animal segu&#237;a mirando desde lejos. Cipriano Algor se agach&#243; \i y \i0  lo llam&#243;, Encontrado, ven aqu&#237;. Escurriendo agua por todas partes, el perro comenz&#243; sacudi&#233;ndose entero, como si s&#243;lo decente y presentable estuviese autorizado para acercarse al due&#241;o, despu&#233;s dio una r&#225;pida carrera para encontrarse, al instante siguiente, con la cabezorra apoyada en el pecho de Cipriano Algor, con tanta fuerza que parec&#237;a quer&#233;rsele meter adentro. Entonces Marta pregunt&#243; al padre, Para que todo sea perfecto, que no sea s&#243;lo tener a Encontrado entre los brazos, d&#237;game si habl&#243; con Marcial de la cuesti&#243;n del sondeo, S&#237;, El no me cont&#243; nada, Por la misma raz&#243;n que yo no te lo cont&#233;. Llegado el di&#225;logo a ese punto, tal vez se est&#233; a la espera de que Marta responda, Realmente, padre, parece imposible, hab&#233;rselo dicho a &#233;l, y a m&#237; dejarme en la ignorancia, las personas en general reaccionan as&#237;, a nadie le gusta quedarse al margen, menoscabado en su derecho a la informaci&#243;n y al conocimiento, aunque, de tarde en tarde, todav&#237;a uno se va topando con alguna rara excepci&#243;n en este fastidioso mundo de repeticiones, como lo podr&#237;an haber llamado los sabios &#243;rficos, pitag&#243;ricos, estoicos y neoplat&#243;nicos, si no hubiesen preferido, con po&#233;tica inspiraci&#243;n, darle el m&#225;s bonito y sonoro nombre de eterno retorno. Marta no protest&#243;, no mont&#243; una escena, se limit&#243; a decir, Me habr&#237;a enfadado mucho si no se lo hubiera contado a Marcial. Cipriano Algor se despeg&#243; del perro, lo mand&#243; regresar a la caseta, y dijo, De vez en cuando, acierto. Se quedaron mirando la lluvia que no paraba de caer, oyendo el mon&#243;logo del moral, y entonces Marta pregunt&#243;, Qu&#233; podr&#237;amos hacer por esos mu&#241;ecos que est&#225;n en el horno, y el padre respondi&#243;, Nada. Seca, cortante, la palabra no dej&#243; dudas, Cipriano Algor no profiri&#243;, en su lugar, una de esas frases comunes que, por querer manifestarse como definitivamente negativas, no consideran importante llevar dentro de s&#237; dos negaciones, lo que, seg&#250;n la acreditada opini&#243;n de los gram&#225;ticos, la convertir&#237;an en rotunda afirmaci&#243;n, como si una de esas frases, &#233;sta por ejemplo, No podemos hacer nada, se estuviera tomando la molestia de negarse a s&#237; misma para significar que, en resumidas cuentas, todav&#237;a ser&#237;a posible hacer algo.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marcial telefone&#243; despu&#233;s de cenar, Te estoy llamando desde casa, dijo, hoy he dejado el dormitorio com&#250;n del personal de Seguridad y esta noche ya dormir&#233; en nuestra cama, Mejor as&#237;, estar&#225;s satisfecho, claro, S&#237;, y tengo noticias que darte, Nosotros tambi&#233;n, dijo Marta, Por d&#243;nde empezamos, por las m&#237;as o por las vuestras, pregunt&#243; &#233;l, Lo mejor ser&#225; comenzar por las malas, y dejar las buenas, si las hay, para el final, Las m&#237;as no son buenas ni malas, son noticias, simplemente, Entonces empezar&#233; por las de aqu&#237;, esta tarde nos comunicaron del Centro que no compran las figurillas, hicieron un sondeo y el resultado fue negativo. Hubo un silencio al otro lado. Marta esper&#243;. Despu&#233;s Marcial dijo, Sab&#237;a de ese sondeo, Ya s&#233; que lo sab&#237;as, me lo ha contado padre, Yo tem&#237;a que &#233;se fuera el resultado, Tu temor se ha confirmado, Est&#225;s enfadada conmigo por no haberte dicho lo que pasaba, Ni contigo ni con &#233;l, las cosas son as&#237;, hay que hacer un esfuerzo para comprenderlas y aceptarlas, lo que m&#225;s me ha costado es haber perdido la ilusi&#243;n de que, aunque vivi&#233;ramos en el Centro, podr&#237;amos seguir trabajando en la alfarer&#237;a, Nunca pens&#233; en esa posibilidad, No fue una idea que naciese en mi cabeza, sali&#243; de una conversaci&#243;n con padre, Pero &#233;l no pod&#237;a estar seguro de que los mu&#241;ecos fuesen aceptados, Quiso que no me preocupara, como t&#250;, el resultado del enga&#241;o es que yo he vivido feliz como un pajarillo estos tres d&#237;as, dan ganas de decir que algo es algo, en fin, no lloremos sobre la leche derramada que tantas l&#225;grimas ha hecho correr en el mundo, cu&#233;ntame ahora tus noticias, Me han concedido tres d&#237;as para la mudanza, incluyendo el de descanso, que esta vez cae en lunes, as&#237; que saldr&#233; de aqu&#237; el viernes a la ca&#237;da de la tarde, en taxi, no merece la pena que tu padre venga a buscarme, lo preparamos todo el s&#225;bado, y el domingo por la ma&#241;ana izamos velas, Lo que es necesario llevar ya est&#225; apartado, dijo Marta con voz distra&#237;da. Hubo un nuevo silencio. No est&#225;s contenta, pregunt&#243; Marcial, Estoy, estoy contenta, respondi&#243; Marta. Despu&#233;s repiti&#243;, Estoy, estoy contenta. Afuera, el perro Encontrado ladr&#243;, alguna sombra de la noche se habr&#237;a movido.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La furgoneta estaba cargada, las ventanas y las puertas de la alfarer&#237;a y de la casa est&#225;n cerradas, s&#243;lo faltaba, como dijo Marcial d&#237;as antes, izar velas. Contrariado, con la expresi&#243;n tensa, pareciendo s&#250;bitamente m&#225;s viejo, Cipriano Algor llam&#243; al perro. Pese al tono de angustia que un o&#237;do atento podr&#237;a distinguir en ella, la voz del due&#241;o alter&#243; para mejor el &#225;nimo de Encontrado. Andaba por all&#237; perplejo, inquieto, corriendo de un lado a otro, oliendo las maletas y los paquetes que sacaban de la casa, ladraba con fuerza para llamar la atenci&#243;n, y he aqu&#237; que sus presentimientos acertaron, algo singular, fuera de lo com&#250;n, se estuvo preparando en los &#250;ltimos tiempos, y ahora llegaba la hora en que la suerte, o el destino, o la casualidad, o la inestabilidad de las voluntades y sujeciones humanas, iban a decidir su existencia. Estaba tumbado junto a la caseta, con la cabeza estirada sobre las patas, a la espera. Cuando el due&#241;o dijo, Encontrado, ven, crey&#243; que lo estaban llamando para subirse a la furgoneta como otras veces hab&#237;a sucedido, se&#241;al de que nada habr&#237;a mudado en su vida, de que el d&#237;a de hoy iba a ser igual al de ayer, como es sue&#241;o constante de los perros. Le extra&#241;&#243; que le pusieran la correa, no era habitual cuando viajaban, pero la extra&#241;eza aument&#243;, se hizo confusi&#243;n, cuando la due&#241;a y el due&#241;o m&#225;s joven le pasaron la mano por la cabeza, al mismo tiempo que murmuraban palabras incomprensibles y en las que su propio nombre de Encontrado sonaba de manera inquietante, aunque lo que le estaban diciendo no fuera tan malo, Vendremos a verte un d&#237;a de &#233;stos. Un tir&#243;n le hizo entender que ten&#237;a que seguir al due&#241;o, la situaci&#243;n volv&#237;a a aclararse, la furgoneta era para los otros due&#241;os, con &#233;ste el paseo ser&#237;a a pie. Incluso as&#237;, la correa continuaba sorprendi&#233;ndole, pero se trataba de un pormenor sin importancia, al llegar al campo el due&#241;o lo soltar&#237;a para que corriera detr&#225;s de cualquier bicho viviente que apareciese por delante, aunque no fuese m&#225;s que la bagatela de una lagartija. La ma&#241;ana est&#225; fresca, el cielo nublado, pero sin amenaza de lluvia. Ya en la carretera, en lugar de volver a la izquierda, hacia campo abierto, como esperaba, el due&#241;o torci&#243; a la derecha, ir&#237;an por tanto al pueblo. Tres veces, en el camino, Encontrado tuvo que frenar el paso con brusquedad. Cipriano Algor iba como habitualmente vamos todos en circunstancias parecidas a &#233;stas, cuando nos ponemos a discutir, ociosos, con nuestro ser &#237;ntimo si queremos o no queremos lo que ya est&#225; claro que queremos, se comienza una frase y no se termina, se detiene uno de repente, se corre como si se fuese a salvar al padre de la horca, se detiene uno otra vez, el m&#225;s paciente y dedicado de los perros acabar&#225; pregunt&#225;ndose si no le convendr&#237;a un due&#241;o m&#225;s resoluto. Mal sabe, sin embargo, hasta qu&#233; punto es determinante la resoluci&#243;n que &#233;ste lleva. Cipriano Algor ya est&#225; ante la puerta de Isaura Madruga, extiende la mano para llamar, duda, avanza otra vez, en ese instante la puerta se abre como si hubiese estado a su espera, y no era cierto, Isaura Madruga oy&#243; el timbre y vino a ver qui&#233;n era. Buenos d&#237;as, se&#241;ora Isaura, dijo el alfarero, Buenos d&#237;as, se&#241;or Algor, Disculpe que venga a molestarla en su casa, pero tengo un asunto que quer&#237;a hablar con usted, pedirle un gran favor, Entre, Podemos hablar aqu&#237; mismo, no es necesario entrar, Por favor, pase, sin ceremonias, El perro tambi&#233;n puede entrar, pregunt&#243; Cipriano Algor, tiene las patas sucias, Encontrado es como si fuera de la familia, somos viejos conocidos. La puerta se cerr&#243;, la penumbra de la peque&#241;a sala se cerr&#243; sobre ellos, Isaura hizo un gesto indicando un sill&#243;n, se sent&#243; ella tambi&#233;n. Tengo la impresi&#243;n de que ya sabe a qu&#233; vengo, dijo el alfarero mientras hac&#237;a que el perro se tumbara a sus pies, Es posible, Quiz&#225; mi hija haya tenido alguna conversaci&#243;n con usted, Sobre qu&#233;, Sobre Encontrado, No, nunca hablamos de Encontrado en ese sentido que dice, Qu&#233; sentido, Ese que dice, de tener una conversaci&#243;n, por supuesto que hemos hablado de Encontrado m&#225;s de una vez, pero no hemos tenido propiamente una conversaci&#243;n sobre &#233;l. Cipriano Algor baj&#243; los ojos, Lo que vengo a pedirle es que se quede con Encontrado en mi ausencia, Se va fuera, pregunt&#243; Isaura, Ahora mismo, como supondr&#225; no podemos llevarnos al perro, en el Centro no admiten animales, Yo me quedo con &#233;l, S&#233; que lo cuidar&#225; como si fuese suyo, Lo cuidar&#233; mejor que si fuese m&#237;o, porque es suyo. Sin pensar en lo que hac&#237;a, tal vez para aliviar los nervios, Cipriano Algor le quit&#243; la correa al perro. Creo que le deber&#237;a pedir disculpas, dijo, Por qu&#233;, Porque no siempre he sido bien educado con usted, Mi memoria recuerda otras cosas, la tarde que lo encontr&#233; en el cementerio, lo que hablamos sobre el asa suelta del c&#225;ntaro, su visita a mi casa para traerme un c&#225;ntaro nuevo, S&#237;, pero despu&#233;s estuve incorrecto, grosero, y no fue ni una vez ni dos, No tiene importancia, S&#237; la tiene, La prueba de que no la tiene es que estamos ahora aqu&#237;, Pero a punto de dejar de estar, S&#237;, a punto de dejar de estar. Nubes oscuras deb&#237;an de haber tapado el cielo, la penumbra dentro de la casa se torn&#243; m&#225;s densa, lo natural ser&#237;a que Isaura se levantara ahora del sill&#243;n para encender la luz. Pero no lo hizo, no por indiferencia o cualquier raz&#243;n oculta, simplemente porque no se hab&#237;a dado cuenta de que apenas consegu&#237;a distinguir las facciones de Cipriano Algor, sentado all&#237; mismo ante ella, a la corta distancia de su brazo si se inclinase un poco hacia delante, El c&#225;ntaro sigue probando bien, haciendo el agua fresca, pregunt&#243; Cipriano Algor, Como el primer d&#237;a, y en ese momento se dio cuenta de lo oscura que estaba la sala, Deber&#237;a encender la luz, se dijo a s&#237; misma, pero no se levant&#243;. Nunca le hab&#237;an dicho que a muchas personas en el mundo les ha cambiado radicalmente el destino por ese gesto tan simple que es encender o apagar la luz, ya fuese una l&#225;mpara antigua, o una vela, o un candil de petr&#243;leo, o una l&#225;mpara de las modernas, es verdad que pens&#243; que tendr&#237;a que levantarse, que eso es lo que imponen las conveniencias, pero el cuerpo se negaba, no se mov&#237;a, rechazaba cumplir la orden de la cabeza. Esta era la penumbra que le faltaba a Cipriano Algor para que finalmente se atreviese a declarar, La quiero, Isaura, y ella respondi&#243; con una voz que parec&#237;a dolorida, Y en el d&#237;a en que se va es cuando me lo dice, Ser&#237;a in&#250;til haberlo hecho antes, tanto, a fin de cuentas, como hacerlo ahora, Y sin embargo me lo acaba de decir, Era la &#250;ltima ocasi&#243;n, t&#243;melo como una despedida, Por qu&#233;, No tengo nada que ofrecerle, soy una especie en v&#237;as de extinci&#243;n, no tengo futuro, ni siquiera tengo presente, Presente tiene, esta hora, esta sala, su hija y su yerno que se lo van a llevar, ese perro ah&#237; tumbado a sus pies, Pero no esa mujer, No me ha preguntado, Ni quiero preguntar, Por qu&#233;, Repito, porque no tengo nada para ofrecerle, Si lo que ha dicho hace un momento fue sentido y pensado, tiene amor, El amor no es casa, ni ropa, ni comida, Pero comida, ropa y casa, por s&#237; solas, no son amor, No juguemos con las palabras, un hombre no pide a una mujer que se case con &#233;l si no tiene medios para ganarse la vida, Es su caso, pregunt&#243; Isaura, Sabe bien que s&#237;, la alfarer&#237;a cerr&#243;, \i y yo \i0  no s&#233; hacer otra cosa, Pero va a vivir a costa de su yerno, No tengo m&#225;s remedio, Tambi&#233;n podr&#237;a vivir de lo que su mujer ganara, Cu&#225;nto tiempo durar&#237;a el amor en ese caso, pregunt&#243; Cipriano Algor, No trabaj&#233; mientras estuve casada, viv&#237; de lo que mi marido ganaba, Nadie lo encontraba mal, era &#233;sa la costumbre, pero ponga a un hombre en esa situaci&#243;n y cu&#233;nteme lo que pasar&#225; despu&#233;s, Entonces tendr&#237;a el amor que morir forzosamente por esa causa, pregunt&#243; Isaura, por una raz&#243;n tan simple como &#233;sa el amor se acaba, No estoy en situaci&#243;n de responderle, me falta experiencia. Con discreci&#243;n, Encontrado se levant&#243;, en su opini&#243;n la visita de cortes&#237;a ya se estaba prolongando demasiado, ahora quer&#237;a volver a la caseta, al moral, al banco de las meditaciones. Cipriano Algor dijo, Tengo que irme, est&#225;n esper&#225;ndome, As&#237; nos despedimos, pregunt&#243; Isaura, Vendremos de vez en cuando para saber c&#243;mo est&#225; Encontrado, para ver si la casa todav&#237;a est&#225; en pie, no es un adi&#243;s hasta siempre jam&#225;s. Volvi&#243; a enganchar la correa y la pas&#243; a las manos de Isaura, Aqu&#237; lo dejo, es s&#243;lo un perro, aunque. Nunca sabremos qu&#233; ontol&#243;gicas consideraciones se dispon&#237;a Cipriano Algor a desarrollar despu&#233;s de la conjunci&#243;n que dej&#243; suspensa en el aire, porque su mano derecha, esa que sosten&#237;a la punta de la correa, se perdi&#243; o se dej&#243; encontrar entre las manos de Isaura Madruga, la mujer que no hab&#237;a querido incluir en su presente y que, sin embargo, le dec&#237;a ahora, Lo quiero, Cipriano, sabe que lo quiero. La correa se resbal&#243; al suelo, sinti&#233;ndose libre Encontrado se apart&#243; para oler un rodapi&#233;, cuando poco despu&#233;s volvi&#243; la cabeza comprendi&#243; que la visita se hab&#237;a desviado del camino, que ya no era simple cortes&#237;a aquel abrazo, ni aquellos besos, ni aquella respiraci&#243;n entrecortada, ni aquellas palabras que, ahora por muy diferente raz&#243;n, tambi&#233;n comenzaban pero no consegu&#237;an acabar. Cipriano Algor e Isaura se hab&#237;an levantado, ella lloraba de alegr&#237;a y dolor, &#233;l balbuceaba, Volver&#233;, volver&#233;, es una pena que la puerta de la calle no se abra de par en par para que los vecinos puedan presenciar y correr la palabra de c&#243;mo la viuda del Estudioso y el viejo de la alfarer&#237;a se aman de un verdadero y finalmente confesado amor. Con voz que recuperara algo de su tono natural, Cipriano Algor repiti&#243;, Volver&#233;, volver&#233;, tiene que haber una soluci&#243;n para nosotros, La &#250;nica soluci&#243;n es que te quedes, dijo Isaura, Sabes bien que no puedo, Estaremos aqu&#237; esper&#225;ndote, Encontrado y yo. El perro no comprend&#237;a por qu&#233; motivo sosten&#237;a la mujer la correa que lo prend&#237;a, yendo los tres andando hacia la puerta, se&#241;al evidente de que el due&#241;o y &#233;l ir&#237;an por fin a salir, no comprend&#237;a por qu&#233; raz&#243;n la correa todav&#237;a no hab&#237;a pasado a la mano de quien, por derecho, la hab&#237;a colocado. El p&#225;nico le sub&#237;a desde las tripas a la garganta, pero, al mismo tiempo, los miembros le temblaban a causa de la excitaci&#243;n resultante del plan que el instinto le acababa de delinear, librarse de un tir&#243;n violento cuando se abriera la puerta y, luego, triunfante, esperar fuera a que el due&#241;o fuese a su encuentro. La puerta s&#243;lo se abri&#243; despu&#233;s de otros abrazos y de otros besos, de otras palabras murmuradas, pero la mujer lo aseguraba con firmeza, mientras dec&#237;a, T&#250; te quedas, t&#250; te quedas, as&#237; son las cosas del hablar, el mismo verbo que hab&#237;a sido incapaz de retener a Cipriano Algor era el que no dejaba ahora que Encontrado se escapase. La puerta se cerr&#243;, separ&#243; al animal de su amo, pero, as&#237; son las cosas del sentir, la angustia del desamparo de uno no pod&#237;a, al menos en ese momento, esperar simpat&#237;a ni correspondencia en la lacerada felicidad del otro. No est&#225; lejos el d&#237;a en que sabremos c&#243;mo transcurri&#243; la vida de Encontrado en su nueva casa, si le fue c&#243;modo o costoso adaptarse a su nueva due&#241;a, si el buen trato y el afecto sin l&#237;mites que ella le ofreci&#243; fueron suficientes para que olvidara la tristeza de haber sido abandonado injustamente. Ahora a quien tenemos que seguir es a Cipriano Algor, nada m&#225;s que seguirlo, ir tras &#233;l, acompa&#241;ar su paso son&#225;mbulo. En cuanto a imaginar c&#243;mo es posible que se junten en una persona sentimientos tan contrapuestos como, en el caso que estamos apreciando, la m&#225;s profunda de las alegr&#237;as y el m&#225;s pungente de los disgustos, para luego descubrir o crear aquel &#250;nico nombre con que pasar&#237;a a ser designado el sentimiento particular consecuente de esa uni&#243;n, es una tarea que muchas veces se ha emprendido en el pasado y cada vez se resigna, como si fuera un horizonte que se va dislocando incesantemente, a no alcanzar siquiera el umbral de la puerta de las inefabilidades que esperan dejar de serlo. La expresi&#243;n locutiva humana no sabe todav&#237;a, y es probable que no lo sepa nunca, conocer, reconocer y comunicar todo cuanto es humanamente experimentable y sensible. Hay quien afirma que la causa principal de esta ser&#237;sima dificultad reside en el hecho de que los seres humanos est&#225;n hechos en lo fundamental de arcilla, la cual, como las enciclopedias con minuciosidad nos explican, es una roca sedimentaria detr&#237;tica formada por fragmentos minerales min&#250;sculos del tama&#241;o de uno/doscientos cincuenta y seisavos por mil&#237;metro. Hasta hoy, por m&#225;s vueltas que se hayan dado a las lenguas, no se ha conseguido encontrar un nombre para esto.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Entre tanto, Cipriano Algor lleg&#243; al final de la calle, torci&#243; en la carretera que divid&#237;a la poblaci&#243;n por medio y, ni andando ni arrastr&#225;ndose, ni corriendo ni volando, como si estuviese so&#241;ando que quer&#237;a liberarse de s&#237; mismo y chocase continuamente con su propio cuerpo, lleg&#243; a lo alto de la cuesta donde la furgoneta lo esperaba con el yerno y la hija. El cielo, antes, parec&#237;a no estar para aguaceros, sin embargo, ahora, comenzaba a caer una lluvia indecisa, indolente, que tal vez no viniese para durar, pero exacerbaba la melancol&#237;a de estas personas apenas a una vuelta de rueda de separarse de los lugares queridos, el propio Marcial sent&#237;a que se le contra&#237;a de inquietud el est&#243;mago. Cipriano Algor entr&#243; en la furgoneta, se sent&#243; al lado del conductor, en el lugar que le hab&#237;a sido dejado, y dijo, Vamos. No pronunciar&#237;a otra palabra hasta llegar al Centro, hasta entrar en el montacargas que lo llev&#243; con maletas y paquetes al piso treinta y cuatro, hasta que abrieron la puerta del apartamento, hasta que Marcial exclam&#243;, Aqu&#237; estamos, s&#243;lo en ese momento abri&#243; la boca para emitir unos pocos sonidos organizados, aunque no le sali&#243; nada que fuese de su cosecha, se limit&#243; a repetir, con un peque&#241;o aditamento ret&#243;rico, la frase del yerno, Es verdad, aqu&#237; estamos. A su vez, Marta y Marcial poco se hab&#237;an dicho durante el trayecto. Las &#250;nicas palabras merecedoras de registro en esta historia, y aun as&#237; muy por encima, de modo puramente accidental, por hacer referencia a personas de quien apenas hemos o&#237;do hablar, fueron las que intercambiaron cuando la furgoneta pasaba ante la casa de los padres de Marcial, Les avisaste de que nos &#237;bamos hoy, pregunt&#243; Marta, S&#237;, anteayer, cuando vine del Centro, estuve poco tiempo, ten&#237;a el taxi esperando, No quieres parar, volvi&#243; a preguntar ella, Estoy cansado de discusiones, harto hasta la coronilla, Incluso as&#237;, Te acuerdas de c&#243;mo se comportaron cuando vinimos los dos, seguro que no quieres que la escena se repita, dijo Marcial, Es una pena, sea como fuere son tus padres, Es una expresi&#243;n muy curiosa, &#233;sa, Cu&#225;l, Sea como fuere, Se dice as&#237;, Es verdad, son palabras que a primera vista parece que no pasan de un adorno de frase en todos los sentidos dispensable, pero acaban d&#225;ndonos miedo cuando nos ponemos a pensar en ellas y comprendemos adonde quieren llegar, Sea como fuere, dijo Marta, es otra manera disimulada de decir qu&#233; remedio, qu&#233; le vamos a hacer, ya que tiene que ser as&#237;, o simplemente resignaci&#243;n, que es la palabra fuerte, En fin, siempre tendremos que vivir con los padres que tenemos, dijo Marcial, Sin olvidarnos de que alguien vivir&#225; con los padres que seremos, concluy&#243; Marta. Entonces Marcial mir&#243; a su derecha y dijo, sonriendo, Claro que esta conversaci&#243;n de padres e hijos malavenidos no tiene nada que ver con usted, pero Cipriano Algor no respondi&#243;, se limit&#243; a asentir con la cabeza vagamente. Sentada detr&#225;s del marido, Marta ve&#237;a al padre casi de perfil. Qu&#233; habr&#225; pasado con Isaura, pens&#243;, claro que no ser&#237;a s&#243;lo llegar, dejar a Encontrado y volver, por la tardanza algo m&#225;s se habr&#225;n dicho el uno al otro, dar&#237;a no s&#233; qu&#233; por saber qu&#233; va cavilando, la cara parece serena, pero al mismo tiempo es la de alguien que no est&#225; completamente en s&#237;, la de alguien que ha escapado de un peligro y se sorprende de estar todav&#237;a vivo. Mucho m&#225;s quedar&#237;a sabiendo si pudiese mirar al padre de frente, entonces tal vez dijese, Conozco esas l&#225;grimas que no caen y se consumen en los ojos, conozco ese dolor feliz, esa especie de felicidad dolorosa, ese ser y no ser, ese tener y no tener, ese querer y no poder. Pero todav&#237;a ser&#237;a pronto para que Cipriano Algor le respondiese. Hab&#237;an salido del pueblo, atr&#225;s quedaban las tres casas en ruinas, ahora cruzaban el puente sobre el riachuelo de aguas oscuras y malolientes. Adelante, en medio del campo, donde se avistaban aquellos &#225;rboles juntos, oculto por los zarzales, est&#225; el tesoro arqueol&#243;gico de la alfarer&#237;a de Cipriano Algor. Cualquiera dir&#237;a que han pasado mil a&#241;os desde que se descargaron all&#237; las &#250;ltimas sobras de una antigua civilizaci&#243;n.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando a la ma&#241;ana siguiente de su d&#237;a de descanso Marcial baj&#243; del piso treinta y cuatro para presentarse en el servicio ya como guarda para todos los efectos residente, el apartamento estaba arreglado, limpio, en orden, con los objetos tra&#237;dos de la otra casa en los lugares apropiados y a la espera de que los habitantes comiencen, sin resistencia, a ocupar tambi&#233;n los lugares que en el conjunto les competen. No ser&#225; f&#225;cil, una persona no es como una cosa que se deja en un sitio y all&#237; se queda, una persona se mueve, piensa, pregunta, duda, investiga, quiere saber, y si es verdad que, forzada por el h&#225;bito de la conformidad, acaba, m&#225;s tarde o m&#225;s pronto, pareciendo sometida a los objetos, no se crea que tal sometimiento es, en todos los casos, definitivo. La primera cuesti&#243;n que los nuevos habitantes tendr&#225;n que resolver, con excepci&#243;n de Marcial Gacho que seguir&#225; en su conocido y rutinario trabajo de velar por la seguridad de las personas y de los bienes institucional u ocasionalmente relacionados con el Centro, la primera cuesti&#243;n, dec&#237;amos, ser&#225; encontrar una respuesta satisfactoria a la pregunta, Y ahora qu&#233; voy a hacer. Marta lleva a sus espaldas el gobierno de la casa, cuando le llegue la hora tendr&#225; un hijo que criar, y eso ser&#225; m&#225;s que suficiente para mantenerla ocupada durante muchas horas del d&#237;a y algunas de la noche. No obstante, siendo las personas, como arriba qued&#243; se&#241;alado, aparte de sujetos de un hacer, tambi&#233;n sujetos de un pensar, no deberemos sorprendernos si ella llega a preguntarse, en medio de un trabajo que ya le hubiese ocupado una hora y todav&#237;a le tenga que ocupar otras dos, Y ahora qu&#233; voy a hacer yo. En todo caso, es Cipriano Algor quien se encuentra confrontado con la peor de las situaciones, la de mirarse las manos y saber que ya no sirven para nada, la de mirar el reloj y saber que la hora que viene ser&#225; igual a esta que est&#225;, la de pensar en el d&#237;a de ma&#241;ana y saber que ser&#225; tan vac&#237;o como el de hoy. Cipriano Algor no es un adolescente, no puede pasarse el d&#237;a tumbado en una cama que apenas cabe en su peque&#241;&#237;simo cuarto, pensando en Isaura Madruga, repitiendo las palabras que se dijeron el uno al otro, reviviendo, si se puede dar tan ambicioso nombre a las inmateriales operaciones de la memoria, los besos y los abrazos que se hab&#237;an dado. Gente habr&#225; que piense que la mejor medicina para los males de Cipriano Algor ser&#237;a que bajara ahora al garaje, se metiese en la furgoneta y fuera a visitar a Isaura Madruga, que, a buen seguro, estar&#225; pasando, all&#237; lejos, por iguales ansiedades del cuerpo y del esp&#237;ritu, y que para un hombre en la situaci&#243;n en que &#233;l se encuentra y a quien la vida ya no reserva triunfos industriales y art&#237;sticos de primera o segunda importancia, tener todav&#237;a una mujer a quien querer y que ya ha confesado corresponderle el amor, es la m&#225;s excelsa de las bendiciones y de las suertes. Ser&#225; no conocer a Cipriano Algor. As&#237; como ya nos hab&#237;a dicho que un hombre no le pide a una mujer que se case con &#233;l si ni siquiera tiene medios para garantizar su propia subsistencia, tambi&#233;n ahora nos dir&#237;a que no ha nacido para aprovecharse de circunstancias beneficiosas y comportarse como si un supuesto derecho a las satisfacciones resultantes de ese aprovechamiento, aparte de justificado por las cualidades y virtudes que lo exornan, le fuese igualmente debido por el hecho de ser hombre y haber puesto su atenci&#243;n de hombre y sus deseos en una mujer. Dicho con otras palabras, m&#225;s francas y directas, Cipriano Algor no est&#225; dispuesto, aunque le cueste todas las penas y amarguras de la soledad, a representar ante s&#237; mismo el papel del sujeto que peri&#243;dicamente visita a la amasia y regresa sin m&#225;s sentimentales recuerdos que los de una tarde o una noche pasadas agitando el cuerpo y sacudiendo los sentidos, dejando a la salida un beso distra&#237;do en una cara que ha perdido el maquillaje, y, en el caso particular que nos viene ocupando, una caricia en la cabeza de un canino, Hasta la pr&#243;xima, Encontrado. Con todo, a&#250;n tiene Cipriano Algor dos recursos para escapar de la prisi&#243;n en que de s&#250;bito vio convertirse el apartamento, por no hablar del simple y poco duradero paliativo que ser&#237;a acercarse de vez en cuando a la ventana y mirar el cielo tras los cristales. El primer recurso es la ciudad, esto es, Cipriano Algor, que siempre vivi&#243; en el insignificante pueblo que apenas conocimos y que de la ciudad no conoce nada m&#225;s que aquello que quedaba en su trayecto, podr&#225; ahora gastar su tiempo paseando, vagueando, dando aire a la pluma, expresi&#243;n figurada y caricaturesca que debe de venir de un tiempo pasado, cuando los hidalgos y los se&#241;ores de la corte usaban plumas en los sombreros y sal&#237;an a tomar el aire con ellos y con ellas. Tambi&#233;n tiene a su disposici&#243;n los parques y jardines p&#250;blicos de la ciudad donde se suelen reunir hombres de edad por las tardes, hombres que tienen la cara y los gestos t&#237;picos de los jubilados y de los desempleados, que son dos modos distintos de decir lo mismo. Podr&#237;a juntarse y compadrear con ellos, y entusi&#225;sticamente jugar a las cartas hasta la ca&#237;da de la tarde, hasta que ya no le sea posible a sus ojos miopes distinguir si las pintas todav&#237;a son rojas o ya se han vuelto negras. Pedir&#225; la revancha, si pierde, la conceder&#225;, si gana, las reglas en el jard&#237;n son simples y se aprenden deprisa. El segundo recurso, excusado ser&#237;a decirlo, es el propio Centro en que vive. Lo conoce, evidentemente, desde antes, en todo caso menos de lo que conoce la ciudad, porque nunca ha conseguido guardar en la memoria los trayectos de las contadas veces que ha entrado, siempre con la hija, para hacer algunas compras. Ahora, por decirlo as&#237;, el Centro es todo suyo, se lo han puesto en una bandeja de sonido y de luz, puede vaguear por &#233;l tanto cuanto le apetezca, regalarse de m&#250;sica f&#225;cil y de voces invitadoras. Si, cuando vinieron para conocer el apartamento, hubieran utilizado un ascensor del lado opuesto, habr&#237;a podido apreciar, durante la vagarosa subida, aparte de nuevas galer&#237;as, tiendas, escaleras mec&#225;nicas, puntos de encuentro, caf&#233;s y restaurantes, muchas otras instalaciones que en inter&#233;s y variedad nada les deben a las primeras, como son un carrusel con caballos, un carrusel con cohetes espaciales, un centro para ni&#241;os, un centro para tercera edad, un t&#250;nel del amor, un puente colgante, un tren fantasma, un consultorio de astr&#243;logo, un despacho de apuestas, un local de tiro, un campo de golf, un hospital de lujo, otro menos lujoso, una bolera, una sala de billares, una bater&#237;a de futbolines, un mapa gigante, una puerta secreta, otra con un letrero que dice experimente sensaciones naturales, lluvia, viento y nieve a discreci&#243;n, una muralla china, un taj-mahal, una pir&#225;mide de egipto, un templo de karnak, un acueducto de aguas libres que funciona las veinticuatro horas del d&#237;a, un convento de mafra, una torre de los cl&#233;rigos, un fiordo, un cielo de verano con nubes blancas flotando, un lago, una palmera aut&#233;ntica, un tiranosaurio en esqueleto, otro que parece vivo, un himalaya con su everest, un r&#237;o amazonas con indios, una balsa de piedra, un cristo del concorvado, un caballo de troya, una silla el&#233;ctrica, un pelot&#243;n de ejecuci&#243;n, un &#225;ngel tocando la trompeta, un sat&#233;lite de comunicaciones, una cometa, una galaxia, un enano grande, un gigante peque&#241;o, en fin, una lista hasta tal punto extensa de prodigios que ni ochenta a&#241;os de vida ociosa ser&#237;an suficientes para disfrutarlos con provecho, incluso habiendo nacido la persona en el Centro y no habiendo salido nunca al mundo exterior.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Excluida por manifiesta insuficiencia la contemplaci&#243;n de la ciudad y sus tejados tras las ventanas del apartamento, eliminados los parques y los jardines por no haber llegado Cipriano Algor a un estado de &#225;nimo que se pueda clasificar como de desesperaci&#243;n definitiva o de n&#225;usea absoluta, dejadas a un lado por las poderosas razones ya expendidas las tentadoras pero problem&#225;ticas visitas de desahogo sentimental y f&#237;sico a Isaura Madruga, lo que le quedaba al padre de Marta, si no quer&#237;a pasar el resto de su vida bostezando y dando, figuradamente, con la cabeza en las paredes de su c&#225;rcel interior, era lanzarse a la descubierta y a la investigaci&#243;n met&#243;dica de la isla maravillosa adonde lo hab&#237;an tra&#237;do tras el naufragio. Todas las ma&#241;anas, despu&#233;s del desayuno, Cipriano Algor lanza a la hija un Hasta luego apresurado, y, como quien va a su trabajo, unas veces subiendo al &#250;ltimo techo, otras veces bajando al nivel del suelo, utilizando los ascensores de acuerdo con sus necesidades de observaci&#243;n, ora en la velocidad m&#225;xima, ora en la velocidad m&#237;nima, avanzando por pasillos y pasadizos, atravesando salas, rodeando enormes y complejos conjuntos de vitrinas, mostradores, expositores y escaparates con todo lo que existe para comer y para beber, para vestir y para calzar, para el cabello y para la piel, para las u&#241;as y para el vello, tanto para el de arriba como para el de abajo, para colgar del cuello, para pender de las orejas, para ensartar en los dedos, para tintinear en las mu&#241;ecas, para hacer y para deshacer, para cocer y para coser, para pintar y para despintar, para aumentar y para disminuir, para engordar y para adelgazar, para extender y para encoger, para llenar y para vaciar, y decir esto es igual que no haber dicho nada, puesto que tampoco ser&#237;an suficientes ochenta a&#241;os de vida ociosa para leer y analizar los cincuenta y cinco vol&#250;menes de mil quinientas p&#225;ginas de formato A-4 cada uno que constituyen el cat&#225;logo comercial del Centro. Evidentemente, no son los art&#237;culos expuestos lo que m&#225;s le interesa a Cipriano Algor, adem&#225;s comprar no es asunto de su responsabilidad y competencia, para eso est&#225; quien el dinero gana, es decir, el yerno, y quien despu&#233;s lo gestiona, administra y aplica, es decir, la hija. &#201;l es el que va con las manos en los bolsillos, parando aqu&#237; y all&#237;, preguntando el camino a un guarda, aunque, incluso tropezando con &#233;l, nunca a Marcial, para que no se trasluzcan los lazos de familia, y, sobre todo, aprovech&#225;ndose de la m&#225;s preciosa y envidiada de las ventajas de vivir en el Centro, que es la de poder gozar gratis, o a precios reducidos, de las m&#250;ltiples atracciones que se encuentran a disposici&#243;n de los clientes. Hicimos ya de esas atracciones dos sobrios y condensados relatos, el primero sobre lo que se ve desde el ascensor de este lado, el segundo sobre lo que se podr&#237;a haber visto desde el ascensor de aquel lado, sin embargo, por un escr&#250;pulo de objetividad y de rigor informativo, recordaremos que, tanto en un caso como en otro, nunca fuimos m&#225;s all&#225; del piso treinta y cuatro. Encima de &#233;ste, como se recordar&#225;, todav&#237;a se asienta un universo de otros catorce. Trat&#225;ndose de una persona con un esp&#237;ritu razonablemente curioso, casi no ser&#237;a necesario decir que los primeros pasos de la investigaci&#243;n de Cipriano Algor se encaminaron hacia la misteriosa puerta secreta, que misteriosa seguir&#225; siendo, puesto que, pese a los insistentes toques de timbre y a algunos golpes con los nudillos, no apareci&#243; nadie desde dentro preguntando qu&#233; se pretend&#237;a. A quien tuvo que dar prontas y completas explicaciones fue a un guarda que, atra&#237;do por el ruido o, m&#225;s probablemente, guiado por las im&#225;genes del circuito interno de v&#237;deo, le vino a preguntar qui&#233;n era y qu&#233; hac&#237;a en aquel lugar. Cipriano Algor explic&#243; que viv&#237;a en el piso treinta y cuatro y que, paseando por all&#237;, sinti&#243; su atenci&#243;n estimulada por el letrero de la puerta, Simple curiosidad, se&#241;or, simple curiosidad de quien no tiene nada m&#225;s que hacer. El guarda le pidi&#243; el carn&#233; de identidad, el carn&#233; que le acreditaba como residente, compar&#243; la cara con el retrato incorporado en cada uno, examin&#243; con lupa las impresiones digitales en los documentos, y, para terminar, recogi&#243; una impresi&#243;n del mismo dedo, que Cipriano Algor, tras haber sido debidamente industriado, oprimi&#243; contra lo que ser&#237;a un lector del ordenador port&#225;til que el guarda extrajo de una bolsa que colgaba del hombro, al mismo tiempo que dec&#237;a, No se preocupe, son formalidades, en todo caso ac&#233;pteme un consejo, no vuelva a aparecer por aqu&#237;, podr&#237;a complicarse la vida, ser curioso una vez basta, adem&#225;s no vale la pena, no hay nada secreto tras esa puerta, en tiempos, s&#237; hubo, ahora ya no, Si es como dice, por qu&#233; no retiran la chapa, pregunt&#243; Cipriano Algor, Sirve de reclamo para que sepamos qui&#233;nes son las personas curiosas que viven en el Centro. El guarda esper&#243; a que Cipriano Algor se apartara una decena de metros, despu&#233;s lo sigui&#243; hasta que encontr&#243; un colega, a quien, para evitar ser reconocido, pas&#243; la misi&#243;n, Qu&#233; ha hecho, pregunt&#243; el guarda Marcial Gacho disimulando su preocupaci&#243;n, Estaba llamando a la puerta secreta, No es grave, eso sucede varias veces todos los d&#237;as, dijo Marcial, con alivio, S&#237;, pero la gente tiene que aprender a no ser curiosa, a pasar de largo, a no meter la nariz donde no ha sido llamada, es una cuesti&#243;n de tiempo y de habilidad, O de fuerza, dijo Marcial, La fuerza, salvo en casos muy extremos, ha dejado de ser necesaria, claro que yo pod&#237;a haberlo detenido para interrogarlo, pero lo que hice fue darle buenos consejos, usando la psicolog&#237;a, Tengo que ir tras &#233;l, dijo Marcial, no sea que se me escape, Si notas algo sospechoso, inf&#243;rmame para anexionarlo al expediente, lo firmaremos los dos. Se fue el otro guarda, y Marcial, despu&#233;s de haber acompa&#241;ado de lejos el deambular del suegro hasta dos pisos m&#225;s arriba, lo dej&#243; ir. Se preguntaba a s&#237; mismo qu&#233; ser&#237;a m&#225;s adecuado, si hablar con &#233;l y recomendarle todo el cuidado en su divagar por el Centro, o simular que no hab&#237;a tenido conocimiento del peque&#241;o incidente y hacer votos para que no sucedieran otros m&#225;s graves. La decisi&#243;n que tom&#243; fue &#233;sta, pero como Cipriano Algor, al cenar, le cont&#243;, riendo, lo que hab&#237;a pasado, no tuvo m&#225;s remedio que asumir el papel de mentor y pedirle que se comportase de manera que no atrajese las atenciones de quienquiera que fuese, guardas o no guardas, Es la &#250;nica manera correcta de proceder para quien vive aqu&#237;. Entonces Cipriano Algor sac&#243; del bolsillo un papel, Copi&#233; estas frases de algunos carteles expuestos, dijo, espero no haber llamado la atenci&#243;n de ning&#250;n esp&#237;a u observador, Tambi&#233;n lo espero yo, dijo Marcial de mal humor, Es sospechoso copiar frases que est&#225;n expuestas para que los clientes las lean, pregunt&#243; Cipriano Algor, Leerlas es normal, copiarlas, no, y todo lo que no sea normal es, por lo menos, sospechoso de anormalidad. Marta, que hasta ah&#237; no hab&#237;a participado en la conversaci&#243;n, le pidi&#243; al padre, Lea las frases. Cipriano Algor alis&#243; el papel sobre la mesa y comenz&#243; a leer, Sea osado, sue&#241;e. Mir&#243; a la hija y al yerno, y como ellos no parec&#237;an dispuestos a comentar, continu&#243;, Vive la osad&#237;a de so&#241;ar, &#233;sta es una variante de la primera, y ahora vienen las otras, una, gane operacionalidad, dos, sin salir de casa los mares del sur a su alcance, tres, &#233;sta no es su &#250;ltima oportunidad pero es la mejor, cuatro, pensamos todo el tiempo en usted es hora de que piense en nosotros, cinco, traiga a sus amigos si compran, seis, con nosotros usted nunca querr&#225; ser otra cosa, siete, usted es nuestro mejor cliente, pero no se lo diga a su vecino, Esa estaba fuera, en la fachada, dijo Marcial, Ahora est&#225; dentro, a los clientes les ha debido de gustar, respondi&#243; el suegro, Qu&#233; m&#225;s ha encontrado en esa su aventura de exploraci&#243;n, pregunt&#243; Marta, Te acabar&#225;s durmiendo si me pongo a contar, Pues du&#233;rmame, Lo que m&#225;s me ha divertido son las sensaciones naturales, Qu&#233; es eso, Tienes que usar la imaginaci&#243;n, No hay problema, Entras en una sala de espera, compras tu billete, a m&#237; me cobraron s&#243;lo el diez por ciento, me hicieron un descuento del cuarenta y cinco por ciento por ser residente y otro descuento igual por ser mayor de sesenta a&#241;os, Parece que es estupendo tener m&#225;s de sesenta a&#241;os, dijo Marta, Exactamente, cuanto m&#225;s viejo seas, m&#225;s ganas, cuando mueras ser&#225;s rico, Y qu&#233; pas&#243; despu&#233;s, pregunt&#243; Marcial impaciente, Nunca has entrado all&#237;, se extra&#241;&#243; el suegro, Sab&#237;a que exist&#237;a, pero nunca he entrado, no he tenido tiempo, Entonces no tienes la menor idea de lo que te has perdido, Si no lo cuenta me voy a la cama a dormir, amenaz&#243; Marta, Bueno, despu&#233;s de haber pagado y de que te den un impermeable, un gorro, unas botas de goma y un paraguas, todo de colores, tambi&#233;n puedes ir de negro, pero hay que pagar un extra, pasas a un vestuario donde una voz de megafon&#237;a te manda ponerte las botas, el impermeable y el gorro, luego entras en una especie de corredor donde las personas se alinean en filas de cuatro, pero con bastante espacio entre ellas para moverse con comodidad, &#233;ramos unos treinta, hab&#237;a algunos que se estrenaban, como yo, otros que, seg&#250;n me pareci&#243; saber, iban all&#237; de vez en cuando, y por lo menos cinco eran veteranos, le o&#237; decir a uno Esto es como una droga, se prueba y se queda uno enganchado. Y luego, pregunt&#243; Marta, Luego comenz&#243; a llover, primero unas gotitas, despu&#233;s un poco m&#225;s fuerte, todos abrimos el paraguas, y entonces el altavoz dio orden de que avanz&#225;semos, no se puede describir, es necesario haberlo vivido, la lluvia comenz&#243; a caer torrencialmente, de pronto se levant&#243; una ventisca, viene una r&#225;faga, otra, hay paraguas que se vuelven, gorros que se escapan de la cabeza, las mujeres gritando para no re&#237;r, los hombres riendo para no gritar, y el viento aumenta, es un cicl&#243;n, las personas se escurren, se caen, se levantan, vuelven a caerse, la lluvia se hace diluvio, empleamos unos buenos diez minutos en recorrer calculo que unos veinticinco o treinta metros, Y luego, pregunt&#243; Marta bostezando, Luego volvimos hacia atr&#225;s y en seguida comenz&#243; a nevar, al principio unos copos dispersos que parec&#237;an hebras de algod&#243;n, despu&#233;s cada vez m&#225;s gruesos, ca&#237;an ante nosotros como una cortina que apenas dejaba ver a los colegas, algunos segu&#237;an con los paraguas abiertos, lo que s&#243;lo serv&#237;a para entorpecer los movimientos, finalmente llegamos al vestuario y all&#237; hac&#237;a un sol que era un esplendor, Un sol en el vestuario, dud&#243; Marcial, Entonces ya no era un vestuario sino una especie de campi&#241;a, Y &#233;sas fueron las sensaciones naturales, pregunt&#243; Marta, S&#237;, No es nada que no pase fuera todos los d&#237;as, Ese fue precisamente mi comentario cuando est&#225;bamos devolviendo el material, y m&#225;s me hubiera valido quedarme callado, Por qu&#233;, Uno de los veteranos me mir&#243; con desd&#233;n y dijo Qu&#233; pena me da, nunca podr&#225; comprender. Ayudada por el marido, Marta comenz&#243; a quitar la mesa. Ma&#241;ana o pasado voy a la playa, anunci&#243; Cipriano Algor, Ah&#237; s&#237; fui una vez, dijo Marcial, Y c&#243;mo es, G&#233;nero tropical, hace mucho calor y el agua es tibia, Y la arena, No hay arena, es una imitaci&#243;n de pl&#225;stico, pero de lejos parece aut&#233;ntica, Olas no hay, claro, Se equivoca, tienen un mecanismo que produce una ondulaci&#243;n igualita a la del mar, No me digas, Como le digo, Las cosas que los hombres son capaces de inventar, S&#237;, dijo Marcial, es un poco triste. Cipriano Algor se levant&#243;, dio dos vueltas, le pidi&#243; un libro a la hija y cuando iba a entrar en su dormitorio dijo, Estuve por ah&#237; abajo, el suelo ya no vibra, y no se oye ruido de excavadoras, y Marcial respondi&#243;, Deben de haber terminado el trabajo.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Marta le hab&#237;a propuesto al marido que el primer d&#237;a libre que tuviera desde que viv&#237;an en el Centro lo emplearan yendo a la casa de la alfarer&#237;a a recoger algunas cosas que, seg&#250;n ella, estaba echando de menos, En una mudanza se suele transportar todo lo que se tiene, pero &#233;se no es nuestro caso, es m&#225;s, estoy convencida de que tendremos que ir m&#225;s veces, en el fondo hasta tiene cierta gracia, podemos pasar la noche en nuestra cama y venirnos a la ma&#241;ana siguiente, como t&#250; hac&#237;as antes. Marcial respondi&#243; que no le parec&#237;a bien crear una situaci&#243;n en la que acabar&#237;an por no saber d&#243;nde viv&#237;an realmente, Tu padre pretende darnos la impresi&#243;n de que est&#225; muy divertido descubriendo los secretos del Centro, pero yo lo conozco, por detr&#225;s de esa cara la cabeza sigue trabajando, No me ha dicho ni una sola palabra de lo que pas&#243; en casa de Isaura, se ha cerrado totalmente, y no es su h&#225;bito, de una u otra manera, incluso irritado, incluso con malos modos, siempre acaba abri&#233;ndose conmigo, pienso que si fu&#233;semos a casa tal vez le sirviese de ayuda, es l&#243;gico que quiera ver c&#243;mo est&#225; Encontrado, conversar&#237;a otra vez con ella, Muy bien, si &#233;sa es tu idea, iremos, pero acu&#233;rdate de lo que te digo, o vivimos aqu&#237;, o vivimos en la alfarer&#237;a, pretender vivir como si los dos lugares fueran uno solo ser&#237;a como vivir en ning&#250;n sitio, Quiz&#225; para nosotros tenga que ser as&#237;, As&#237;, c&#243;mo, Vivir en ning&#250;n sitio, Todas las personas necesitan una casa, y nosotros no somos una excepci&#243;n, Nos quitaron la casa que ten&#237;amos, Sigue siendo nuestra, Pero no como lo era antes, Ahora nuestra casa es &#233;sta. Marta mir&#243; alrededor y dijo, No creo que llegue a serlo nunca. Marcial se encogi&#243; de hombros, pens&#243; que estos Algores son personas dif&#237;ciles de comprender, pero que, aun as&#237;, por nada de este mundo los cambiar&#237;a. Se lo decimos a tu padre, pregunt&#243;, S&#243;lo a &#250;ltima hora, para que no se est&#233; reconcomiendo y se envenene la sangre.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor no lleg&#243; a saber que la hija y el yerno ten&#237;an proyectos para &#233;l. El d&#237;a libre de Marcial Gacho fue cancelado, y lo mismo le sucedi&#243; a sus colegas de turno. Bajo sigilo absoluto, a los guardas residentes, y s&#243;lo a ellos, por ser considerados dignos de m&#225;s confianza, se les comunic&#243; que las obras para la construcci&#243;n de los nuevos dep&#243;sitos frigor&#237;ficos hab&#237;an sacado a la luz en el piso cero-cinco algo que exigir&#237;a una cuidadosa y demorada investigaci&#243;n, Por ahora el acceso al lugar est&#225; restringido, dijo el comandante a los guardas, dentro de algunos d&#237;as un equipo mixto de especialistas estar&#225; trabajando all&#237;, habr&#225; ge&#243;logos, arque&#243;logos, soci&#243;logos, antrop&#243;logos, m&#233;dicos, legistas, t&#233;cnicos de publicidad, incluso me han dicho que forman parte del grupo dos fil&#243;sofos, no me pregunten por qu&#233;. Hizo una pausa, pas&#243; los ojos por los veinte hombres alineados ante &#233;l, y continu&#243;, Queda prohibido hablar con quienquiera que sea de lo que les acabo de comunicar o de lo que lleguen a saber en el futuro, y cuando digo sea con quienquiera que sea es con quienquiera que sea, mujer, hijos, padres, secreto total y absoluto es lo que estoy exigiendo, entendido, S&#237; se&#241;or, respondieron a coro los hombres, Muy bien, la entrada de la gruta, me hab&#237;a olvidado de decir que se trata de una gruta, el acceso est&#225; en el piso cero-cinco, permanecer&#225; guardada d&#237;a y noche, sin interrupci&#243;n, en turnos de cuatro horas, en esta pizarra pueden ver el orden en que se har&#225; la vigilancia, son las cinco de la tarde, a las seis comenzamos. Uno de los hombres levant&#243; la mano, quer&#237;a saber, si era posible, cu&#225;ndo se hab&#237;a descubierto la gruta y qui&#233;n estuvo de guardia desde entonces, S&#243;lo seremos responsables de la seguridad, dijo, a partir de las seis, por tanto no se nos podr&#225; responsabilizar de algo incorrecto que haya sucedido antes, La entrada de la gruta fue descubierta esta ma&#241;ana cuando se estaba removiendo manualmente la tierra, el trabajo fue interrumpido acto seguido y la administraci&#243;n informada, a partir de ese momento tres ingenieros de la direcci&#243;n de obras se han mantenido en el lugar todo el tiempo, Hay alguna cosa dentro de la gruta, quiso saber otro guarda, S&#237;, respondi&#243; el comandante, tendr&#233;is ocasi&#243;n de ver de qu&#233; se trata con vuestros propios ojos, Es peligroso, conviene que vayamos armados, pregunt&#243; el mismo guarda, Por lo que se sabe, no existe ning&#250;n peligro, sin embargo, por precauci&#243;n, no deb&#233;is tocar ni acercaros demasiado, ignoramos las consecuencias que podr&#237;an derivarse de un contacto, Para nosotros o para lo que hay all&#237;, se decidi&#243; Marcial a preguntar, Para unos y para otros, Hay m&#225;s de uno en la gruta, S&#237;, dijo el comandante, y su rostro mud&#243; de expresi&#243;n. Despu&#233;s, como si hubiera hecho un esfuerzo para sobreponerse, continu&#243;, Y ahora, si no tienen otras cuestiones que exponer, tomen nota de lo siguiente, en primer lugar, en cuanto a la duda de ir armado o no, considero suficiente que lleven la porra, no porque piense que tengan necesidad de usarla, sino para que se sientan m&#225;s reconfortados, la porra es como una prenda de vestir fundamental, sin ella el guarda uniformado se siente desnudo, en segundo lugar, quien no est&#233; de guardia deber&#225; vestirse de paisano y circular por todos los pisos con el fin de escuchar conversaciones que tengan o parezcan tener alguna relaci&#243;n con la gruta, en el caso de que eso suceda, aunque las probabilidades sean pr&#225;cticamente inexistentes, el servicio central deber&#225; ser informado de inmediato para tomar las providencias necesarias. El comandante hizo una pausa y concluy&#243;, Es todo cuanto necesitaban saber, y, una vez m&#225;s, atenci&#243;n a la consigna, sigilo absoluto, es vuestra carrera la que est&#225; en juego. Los guardas se aproximaron a la pizarra donde se encontraban establecidos los turnos de vigilancia, Marcial vio que el suyo era el noveno, por tanto estar&#237;a de centinela entre las dos de la madrugada y las seis de la ma&#241;ana del segundo d&#237;a despu&#233;s de &#233;ste. All&#237; abajo, a treinta o cuarenta metros de profundidad, no se notar&#237;a la diferencia entre el d&#237;a y la noche, ciertamente no habr&#237;a m&#225;s que tinieblas cortadas por la luz cruda de los proyectores y las de posici&#243;n. Mientras el ascensor lo llevaba al trig&#233;simo cuarto piso, iba pensando en lo que podr&#237;a decirle a Marta sin faltar demasiado al compromiso asumido, la prohibici&#243;n le parec&#237;a absurda, una persona tiene, m&#225;s que el derecho, la obligaci&#243;n de confiar en su propia familia, sin embargo, esto son teor&#237;as, por m&#225;s vueltas que le d&#233; al asunto no tendr&#225; otro remedio que acatar el mandato, &#243;rdenes son &#243;rdenes. El suegro no estaba en casa, andar&#237;a en sus exploraciones de ni&#241;o curioso, a la b&#250;squeda de los sentidos de las cosas y con astucia suficiente para encontrarlos por m&#225;s escondidos que estuviesen. Le dijo a Marta que hab&#237;a cambiado temporalmente de servicio, ahora ir&#237;a de paisano, no ser&#237;a siempre, s&#243;lo unos d&#237;as. Marta pregunt&#243; por qu&#233; y &#233;l respondi&#243; que no estaba autorizado a decirlo, que era confidencial, Di mi palabra de honor, justific&#243;, y no era verdad, el comandante no le hab&#237;a exigido que se comprometiese por el honor, son f&#243;rmulas de otro tiempo y de otra costumbre que de cuando en cuando nos salen sin pensar, como sucede con la memoria, que siempre tiene m&#225;s para darnos que lo poqu&#237;simo que le reclamamos. Marta no respondi&#243;, abri&#243; el armario y retir&#243; de la percha uno de los dos trajes del marido, Supongo que te servir&#225; &#233;ste, dijo, Me sirve perfectamente, dijo Marcial, satisfecho por estar de acuerdo en tan importante punto. Pens&#243; que lo mejor ser&#237;a avisarla ya del resto, resolver la cuesti&#243;n de una vez, si estuviese en el lugar del colega que dentro de poco entrar&#225; de guardia estar&#237;a comunic&#225;ndole a Marta en este preciso momento, Tengo un servicio desde las seis a las diez, no me preguntes nada, es secreto, esta misma frase sirve, s&#243;lo es preciso cambiarle las horas y los d&#237;as, Tengo un servicio pasado ma&#241;ana, desde las dos de la madrugada hasta las seis de la ma&#241;ana, no me preguntes nada, es secreto. Marta lo mir&#243; intrigada, A esa hora el Centro est&#225; cerrado, Bueno, no ser&#225; propiamente en el Centro, Entonces ser&#225; fuera, Es dentro, pero no es en el Centro, No lo comprendo, Preferir&#237;a que no me hicieras preguntas, S&#243;lo estoy diciendo que no entiendo c&#243;mo puede ocurrir una cosa, al mismo tiempo, dentro y fuera de un lugar, Es en las excavaciones destinadas a los almacenes frigor&#237;ficos, pero no te dir&#233; nada m&#225;s, Encontraron petr&#243;leo, una mina de diamantes o la piedra que se&#241;ala el sitio del ombligo del mundo, pregunt&#243; Marta, No s&#233; lo que han encontrado, Y cu&#225;ndo lo sabr&#225;s, Cuando sea mi turno de guardia, O cuando le preguntes a tus colegas que han estado antes, Nos han prohibido hablar entre nosotros del asunto, dijo Marcial, desviando los ojos porque &#233;stas no eran palabras que mereciesen el nombre de verdaderas, mas s&#237; una versi&#243;n interesada de las &#243;rdenes y recomendaciones del comandante, libremente adaptada a sus dificultades ret&#243;ricas de la ocasi&#243;n, Gran misterio, por lo visto, dijo Marta, Parece que s&#237;, condescendi&#243; Marcial, mientras intentaba concertar con preocupaci&#243;n exagerada los pu&#241;os de la camisa para que apareciesen en la medida justa por debajo de las mangas de la chaqueta. Vestido de paisano aparentaba m&#225;s edad de la que realmente ten&#237;a. Vienes a cenar, pregunt&#243; Marta, No tengo ninguna orden en contra, pero, si no puedo venir, telefoneo. Sali&#243; antes de que a la mujer se le ocurriera hacerle otras preguntas, aliviado por haber conseguido escapar a su insistente curiosidad, pero tambi&#233;n disgustado porque la conversaci&#243;n no hab&#237;a sido, por su parte, un recomendable modelo de lealtad, Fui leal, s&#237; se&#241;or, se justific&#243; ante s&#237; mismo, de entrada la avis&#233; de que se trataba de un secreto. Pese a la vehemencia y la raz&#243;n que asist&#237;an a su justificaci&#243;n, Marcial no consigui&#243; convencerse. Cuando, una hora despu&#233;s, Cipriano Algor, apenas recuperado de los sustos del tren fantasma, regres&#243; a casa, Marta le pregunt&#243;, Vio a su yerno, No, no lo he visto, Probablemente, aunque lo hubiese visto no ser&#237;a capaz de reconocerlo, Por qu&#233;, Vino a cambiarse de ropa, ahora hace la vigilancia vestido de paisano, Y eso, Son las &#243;rdenes que ha recibido, Vigilancia de paisano no es vigilancia, es espionaje, sentenci&#243; el padre. Marta le cont&#243; lo que sab&#237;a, que era casi nada, pero era lo bastante para que Cipriano Algor sintiese esfum&#225;rsele el inter&#233;s por el r&#237;o amazonas con indios adonde hab&#237;a hecho intenci&#243;n de viajar al d&#237;a siguiente. Es extra&#241;o, desde el principio tuve como un presentimiento de que algo se estaba preparando aqu&#237;, Qu&#233; quiere decir con eso, desde el principio, pregunt&#243; Marta, Ese suelo que sent&#237; temblar, vibrar, el barullo de las m&#225;quinas excavadoras, te acuerdas, cuando vinimos a ver el apartamento, Estar&#237;amos apa&#241;ados si tuvi&#233;semos presentimientos cada vez que o&#237;mos una m&#225;quina excavadora trabajando, como aquel ruido de m&#225;quina de coser que cre&#237;amos o&#237;r en la pared de la cocina y que madre dec&#237;a que era se&#241;al de la condena de una modista, pobrecilla, por el pecado de haber trabajado en domingo, Pero esta vez parece que acert&#233; de lleno, Parece que s&#237;, dijo Marta, repitiendo palabras del marido, Veremos lo que nos cuenta cuando llegue, dijo Cipriano Algor. No supieron m&#225;s. Marcial se encerr&#243; en las respuestas que ya hab&#237;a dado, las repiti&#243; una y otra vez, y por fin decidi&#243; poner punto final al asunto, Ser&#233; el primero, si insisten, en admitir que la orden es disparatada, pero es la que he recibido, y sobre esto no hay m&#225;s que hablar, Al menos dinos por qu&#233; de pronto haces la patrulla vestido de paisano, pidi&#243; el suegro, Nosotros no hacemos patrullas, velamos por la seguridad del Centro, nada m&#225;s, Muy bien, sea, No tengo nada que a&#241;adir, no insista, por favor, cort&#243; Marcial, irritado. Mir&#243; a la mujer como pregunt&#225;ndole por qu&#233; motivo estaba callada, por qu&#233; no lo defend&#237;a, y ella dijo, Marcial tiene raz&#243;n, padre, no insista, y, dirigi&#233;ndose a &#233;l, al mismo tiempo que le besaba en la frente, Perdona, nosotros, los Algores, somos un poco brutos. Despu&#233;s de cenar vieron un programa de televisi&#243;n transmitido por el canal interno del Centro, exclusivo para residentes, despu&#233;s se recogieron en sus dormitorios. Ya con las luces apagadas, Marta volvi&#243; a pedir disculpas, Marcial le dio un beso, y si no sigui&#243; adelante con segundos y terceros fue porque comprendi&#243; a tiempo que, por ese camino, acabar&#237;a cont&#225;ndole todo. Sentado en su cama, con la luz encendida, Cipriano Algor pensaba y volv&#237;a a pensar, para concluir que ten&#237;a 'que descubrir lo que pasaba en las profundidades del Centro, que, si hab&#237;a otra puerta secreta, al menos esta vez no podr&#237;an decirle que al otro lado no hab&#237;a nada. Volver a la carga con Marcial no val&#237;a la pena, aparte de que estaban cometiendo una injusticia con el pobre mozo, si ten&#237;a &#243;rdenes de no hablar y las cumpl&#237;a, deber&#237;a ser felicitado por eso, no someterlo a las variadas e imp&#250;dicas modalidades de chantaje sentimental en que las familias son eximias, yo soy tu suegro, t&#250; eres mi yerno, cu&#233;ntamelo todo, Marta ten&#237;a raz&#243;n, pens&#243;, nosotros, los Algores, somos bastante brutos. Ma&#241;ana dejar&#237;a tranquilo el r&#237;o amazonas con indios y se dedicar&#237;a a recorrer el Centro de una punta a otra oyendo las conversaciones de la gente. En lo esencial, un secreto es m&#225;s o menos como la combinaci&#243;n de una caja fuerte, aunque no la conozcamos sabemos que se compone de seis d&#237;gitos, que es posible que incluso se repita alguno o algunos de ellos, y que por muy numerosas que sean las variables posibles, no son infinitas. Como en todas las cosas de la vida es una cuesti&#243;n de tiempo y de paciencia, una palabra aqu&#237;, otra palabra all&#225;, un sobrentendido, un intercambio de miradas, un s&#250;bito silencio, peque&#241;as grietas dispersas que se van abriendo en el muro, el arte del investigador est&#225; en saber aproximarlas, en eliminar las aristas que las separan, llegar&#225; siempre un momento en que nos preguntemos si el sue&#241;o, la ambici&#243;n, la esperanza secreta de los secretos no ser&#225;, finalmente, la posibilidad, aunque vaga, aunque remota, de dejar de serlo. Cipriano Algor se desnud&#243;, apag&#243; la luz, pens&#243; que iba a pasar una noche de insomnio, pero al cabo de cinco minutos ya dorm&#237;a en un sue&#241;o tan espeso, tan opaco, que ni siquiera Isaura Madruga habr&#237;a podido escudri&#241;ar tras la &#250;ltima puerta que en &#233;l se cerraba.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cuando Cipriano Algor sali&#243; del dormitorio, m&#225;s tarde de lo que sol&#237;a, el yerno ya se hab&#237;a marchado al trabajo. Todav&#237;a medio so&#241;oliento dio los buenos d&#237;as a la hija, se sent&#243; a desayunar, y en ese instante son&#243; el tel&#233;fono. Marta fue a atender y volvi&#243; sin tardar, Es para usted. El coraz&#243;n de Cipriano Algor dio un salto, Para m&#237;, qui&#233;n puede querer hablar conmigo, pregunt&#243;, ya segur&#237;simo de que la hija le iba a responder, Es Isaura, pero lo que ella dijo fue, Es del departamento de compras, un subjefe. Indeciso entre la decepci&#243;n de que la llamada no procediera de quien le gustar&#237;a y el alivio de no tener que explicar a la hija la raz&#243;n de estas intimidades con la vecina, aunque no debamos olvidar que podr&#237;a simplemente tratarse de alg&#250;n asunto referente a Encontrado, la tristeza de la ausencia, por ejemplo, Cipriano Algor se dirigi&#243; al tel&#233;fono, dijo qui&#233;n era y poco despu&#233;s ten&#237;a al otro lado de la l&#237;nea al subjefe simp&#225;tico, Ha sido una sorpresa para m&#237; saber que se hab&#237;a venido a vivir al Centro, como ve, el diablo no est&#225; siempre detr&#225;s de la puerta, es un dicho antiguo, pero mucho m&#225;s verdadero de lo que se imagina, De hecho es as&#237;, dijo Cipriano Algor, El motivo de esta llamada es pedirle que se pase por aqu&#237; esta tarde para cobrar las figurillas, Qu&#233; figurillas, Las trescientas que nos entreg&#243; para el muestreo, Pero esos mu&#241;ecos no fueron vendidos, por tanto no hay nada que cobrar, Querido se&#241;or, dijo el subjefe con inesperada severidad en la voz, permita que seamos nosotros los jueces de esa cuesti&#243;n, de todos modos quede sabiendo desde ya que, aunque un pago represente un perjuicio de m&#225;s del cien por cien, como ha sucedido en este caso, el Centro liquida siempre sus cuentas, es una cuesti&#243;n de &#233;tica, ahora que vive con nosotros podr&#225; empezar a comprender mejor, De acuerdo, pero no entiendo por qu&#233; el perjuicio se eleva a m&#225;s del cien por cien, Por no pensar en estas cosas las econom&#237;as familiares van a la ruina, Qu&#233; pena no haberlo sabido antes, Tome nota, en primer lugar vamos a pagar por las figurillas el valor exacto que nos fue facturado, ni un c&#233;ntimo menos, Hasta ah&#237; llega mi entendimiento, En segundo lugar, obviamente, tambi&#233;n tendremos que pagar el sondeo, es decir, los materiales usados, a las personas que analizaron los datos, el tiempo que se emple&#243; en todo esto, aunque piense que esos materiales, esas personas y ese tiempo podr&#237;an ser aplicados en tareas rentables, no necesitar&#225; estar dotado de gran inteligencia para llegar a la conclusi&#243;n de que se trat&#243; de hecho de una p&#233;rdida superior al cien por cien, considerando lo que no se vendi&#243; y lo que se gast&#243; para concluir que no lo deber&#237;amos vender, Lamento haber ocasionado tantos perjuicios al Centro, Son gajes del oficio, unas veces se pierde, otras veces se gana, en cualquier caso no fue grave, se trata de un negocio min&#250;sculo, Yo podr&#237;a, dijo Cipriano Algor, invocar tambi&#233;n mis propios escr&#250;pulos &#233;ticos para negarme a cobrar por un trabajo que las personas rehusaron comprar, pero el dinero me viene bien, Es una buena raz&#243;n, la mejor de todas, Pasar&#233; por ah&#237; a la tarde, No necesita preguntar por m&#237;, vaya directamente a la caja, &#233;sta es la &#250;ltima operaci&#243;n comercial que hacemos con su extinta empresa, queremos que guarde los mejores recuerdos, Muchas gracias, Y ahora disfrute del resto de la vida, est&#225; en el lugar ideal para eso, Eso me ha parecido, se&#241;or, Aproveche la racha de suerte, Es lo que estoy haciendo. Cipriano Algor colg&#243; el tel&#233;fono, Nos pagan las figurillas, dijo, no lo hemos perdido todo. Marta hizo un gesto con la cabeza que podr&#237;a significar cualquier cosa, conformidad, desacuerdo, indiferencia, y se retir&#243; a la cocina. No te sientes bien, le pregunt&#243; el padre, asom&#225;ndose a la puerta, S&#243;lo un poco cansada, ser&#225; el embarazo, Te encuentro ap&#225;tica, ajena, deber&#237;as distraerte, dar unas vueltas por ah&#237;, Como usted, S&#237;, como yo, Le interesa mucho todo lo que hay fuera, pregunt&#243; Marta, piense dos veces antes de responderme, Es suficiente con que lo piense una, no me interesa nada, s&#243;lo finjo, Ante usted mismo, claro, Ya eres bastante mayor para saber que no hay otra manera, aunque lo parezca, no fingimos ante los otros, fingimos ante nosotros mismos, Me alegra o&#237;rlo de su boca, Por qu&#233;, Porque confirma lo que pensaba de usted en el asunto de Isaura Madruga, La situaci&#243;n se ha modificado, Todav&#237;a me alegra m&#225;s, Si la ocasi&#243;n llega hablar&#233;, ahora soy como Marcial, una boca cerrada.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 La expedici&#243;n auricular de Cipriano Algor no obtuvo resultado alguno, despu&#233;s, durante el almuerzo, por una especie de acuerdo t&#225;cito, ninguno de los tres os&#243; tocar el delicado asunto de las excavaciones y de lo que all&#237; habr&#237;a sido encontrado. Suegro y yerno salieron al mismo tiempo, Marcial para retomar su trabajo de escucha y espionaje, tan infruct&#237;fero, probablemente, como hab&#237;a sido, para uno y otro, el de la ma&#241;ana, y Cipriano Algor para preguntar, por primera vez, c&#243;mo se llegaba al departamento de compras desde el interior del Centro. Constat&#243; que su distintivo de residente, tambi&#233;n con retrato e impresi&#243;n digital, le proporcionaba ciertas facilidades de circulaci&#243;n, cuando el guarda a quien hizo la pregunta le indic&#243; el camino como si se tratara de la cosa m&#225;s natural del mundo, Vaya por este pasillo, siempre recto, al\i 
\i0  llegar al final s&#243;lo tendr&#225; que seguir las indicaciones, no tiene p&#233;rdida, dijo. Estaba en el piso bajo, en alg&#250;n lugar del recorrido tendr&#237;a que descender al nivel del subterr&#225;neo donde, en tiempos m&#225;s felices, juicio que seguramente el subjefe simp&#225;tico no compartir&#237;a, se presentaba para descargar sus platos y sus tazas. Una flecha y una escalera mec&#225;nica le dijeron por d&#243;nde ir. Estoy bajando, pens&#243;. Estoy bajando, estoy bajando, repet&#237;a, y luego, Qu&#233; estupidez, es evidente que estoy bajando, para eso sirven las escaleras cuando no sirven para subir, en una escalera, aquellos que no bajan, suben, y aquellos que no suben, bajan. Parec&#237;a haber alcanzado una conclusi&#243;n incontestable, de esas para las que no existe ninguna posibilidad de respuesta l&#243;gica, pero de s&#250;bito, con el fulgor y la instantaneidad del rel&#225;mpago, otro pensamiento le cruz&#243; la cabeza, Descender, descender hasta all&#237;. S&#237;, descender hasta all&#237;. La decisi&#243;n que Cipriano Algor acaba de tomar es que esta noche intentar&#225; bajar hasta donde Marcial est&#225; haciendo su guardia, entre las dos de la madrugada y las seis de la ma&#241;ana, no lo olvidemos. El sentido com&#250;n y la prudencia, que en estas situaciones siempre tienen una palabra que decir, ya le est&#225;n preguntando c&#243;mo imagina que va a llegar, sin conocer los caminos, a un lugar tan rec&#243;ndito, y &#233;l respondi&#243; que las combinaciones y composiciones de las casualidades, siendo efectivamente much&#237;simas, no son infinitas, y que m&#225;s vale que nos arriesguemos a subir a la higuera para intentar alcanzar el higo que tumbarnos bajo su sombra y esperar a que nos caiga en la boca. El Cipriano Algor que se present&#243; en la caja del departamento de compras despu&#233;s de haberse perdido dos veces, pese a las ayudas de las flechas y de los letreros, no era aquel que nos hab&#237;amos acostumbrado a conocer. Si las manos le temblaron tanto no se deb&#237;a a la excitaci&#243;n mezquina de estar cobrando por su trabajo un dinero con el que no contaba, sino porque las &#243;rdenes y las orientaciones del cerebro, ocupado ahora en asuntos de m&#225;s trascendente importancia, llegaban inconexas, confusas, contradictorias a las respectivas terminales. Cuando regres&#243; al &#225;rea comercial del Centro parec&#237;a un poco m&#225;s tranquilo, la agitaci&#243;n le hab&#237;a pasado al lado de dentro. Dispensado de preocuparse con las manos, el cerebro maquinaba sucesivamente astucias, ma&#241;as, ardides, estratagemas, tramas, sutilezas, llegaba hasta el punto de admitir la posibilidad de recurrir a la telequinesia para, en un santiam&#233;n, transportar del trig&#233;simo cuarto piso a la misteriosa excavaci&#243;n este cuerpo impaciente que tanto le cuesta gobernar. Aunque todav&#237;a tuviese ante &#233;l largas horas de espera, Cipriano Algor decidi&#243; volver a casa. Quiso darle a la hija el dinero recibido, pero ella dijo, Gu&#225;rdelo para usted, no me hace falta, y despu&#233;s pregunt&#243;, Quiere un caf&#233;, Pues s&#237;, es una buena idea. El caf&#233; fue hecho, servido en una taza, bebido, todo indica que por ahora no habr&#225; m&#225;s palabras entre ellos, parece, como Cipriano Algor ha pensado algunas veces, aunque de estos sus pensamientos no hayamos dejado registro en el momento justo, que la casa, &#233;sta donde ahora viven, tiene el don maligno de hacer callar a las personas. Sin embargo, al cerebro de Cipriano Algor, que ya tuvo que dejar a un lado, por falta de adiestramiento suficiente, el recurso de la telequinesia, le es indispensable una cierta y determinada informaci&#243;n sin la cual su plan para la incursi&#243;n nocturna se ir&#225;, pura y simplemente, agua abajo. Por eso lanza la pregunta, mientras, como si estuviese distra&#237;do, mueve con la cuchara el resto del caf&#233; que qued&#243; en el fondo de la taza, Sabes a qu&#233; profundidad se encuentra la excavaci&#243;n, Por qu&#233; quiere saberlo, Simple curiosidad, nada m&#225;s, Marcial no ha hablado de eso. Cipriano Algor disimul&#243; lo mejor que pudo la contrariedad y dijo que iba a dormir una siesta. Pas&#243; la tarde toda en su habitaci&#243;n, y s&#243;lo sali&#243; cuando la hija lo llam&#243; para cenar, ya Marcial estaba sentado a la mesa. Hasta el final de la cena, tal como sucedi&#243; en el almuerzo, no se habl&#243; de la excavaci&#243;n, fue s&#243;lo cuando Marta sugiri&#243; al marido, Deber&#237;as dormir hasta la hora de bajar, vas a pasar la noche en claro, y &#233;l respondi&#243;, Es demasiado temprano, no tengo sue&#241;o, cuando Cipriano Algor, aprovechando la inesperada relajaci&#243;n, repiti&#243; su pregunta, A qu&#233; profundidad est&#225; esa excavaci&#243;n, Por qu&#233; quiere saberlo, Para tener una idea, por mera curiosidad. Marcial dud&#243; antes de responder, pero le pareci&#243; que la informaci&#243;n no deber&#237;a formar parte del grupo de las estrictamente confidenciales, El acceso es por el piso cero-cinco, dijo por fin, Pens&#233; que las excavadoras estaban trabajando mucho m&#225;s profundo, En todo caso son quince o veinte metros bajo tierra, dijo Marcial, Tienes raz&#243;n, es una buena profundidad. No se volvi&#243; a hablar del asunto. Marcial no dio la impresi&#243;n de quedarse contrariado por la breve conversaci&#243;n, al contrario, se dir&#237;a que hasta algo le alivi&#243; el haber podido, sin entrar en materias peligrosas y reservadas, hablar un poco de una cuesti&#243;n que lo viene preocupando como f&#225;cilmente se nota. Marcial no es m&#225;s medroso que el com&#250;n de las personas, pero no le agrada nada la perspectiva de pasar cuatro horas metido en un agujero, en absoluto silencio, sabiendo lo que tiene detr&#225;s. No hemos sido entrenados para una situaci&#243;n de &#233;stas, le dijo uno de sus colegas, ojal&#225; los especialistas de quienes habl&#243; el comandante se presenten r&#225;pidamente para que seamos retirados de este servicio, Tuviste miedo, pregunt&#243; Marcial, Miedo, lo que se llama miedo, tal vez no, pero te aviso que vas a sentir, en cada momento, como si alguien detr&#225;s de ti fuera a ponerte una mano en el hombro, No ser&#237;a lo peor que podr&#237;a suceder, Depende de la mano, si quieres que te hable con toda franqueza, son cuatro horas luchando contra un deseo loco de huir, de escapar, de desaparecer de all&#237;, Hombre prevenido vale por dos, as&#237; ya s&#233; lo que me espera, No lo sabes, s&#243;lo lo imaginas, y mal, corrigi&#243; el colega. Ahora es la una y media de la madrugada, Marcial est&#225; despidi&#233;ndose de Marta con un beso, ella le pide, No te entretengas cuando acabes el turno, Vendr&#233; corriendo, ma&#241;ana te lo cuento todo, lo prometo. Marta lo acompa&#241;&#243; a la puerta, se besaron una vez m&#225;s, despu&#233;s volvi&#243; adentro, orden&#243; primero algunas cosas, y luego se acost&#243;. No ten&#237;a sue&#241;o. Se dec&#237;a a s&#237; misma que no hab&#237;a motivo de preocupaci&#243;n, que ya otros guardas estuvieron de centinelas y no aconteci&#243; nada, cu&#225;ntas veces sucede que se arman por un qu&#237;tame all&#225; esas pajas misterios terribles, como si fuesen aut&#233;nticas serpientes de siete cabezas, y cuando se miran de cerca no son m&#225;s que humo, viento, ilusi&#243;n, voluntad de creer en lo incre&#237;ble. Los minutos pasaban, el sue&#241;o andaba lejos, Marta se acababa de decir a s&#237; misma que har&#237;a mejor encendiendo la luz y poni&#233;ndose a leer un libro, cuando le pareci&#243; o&#237;r que se abr&#237;a la puerta del dormitorio del padre. Como &#233;l no ten&#237;a h&#225;bito de levantarse durante la noche, aguz&#243; el o&#237;do, probablemente ir&#237;a al cuarto de ba&#241;o, sin embargo, los pasos, poco a poco, comenzaron a sonar cautelosos pero perceptibles, en la peque&#241;a sala de la entrada. Quiz&#225; vaya a la cocina a beber agua, pens&#243;. El ruido inconfundible de una cerradura hizo que se levantara r&#225;pidamente. Se puso la bata a toda prisa y sali&#243;. El padre ten&#237;a la mano en el tirador de la puerta. Adonde va a estas horas, pregunt&#243; Marta, Por ah&#237;, dijo Cipriano Algor, Tiene derecho a ir a donde quiera, es mayor y est&#225; vacunado, pero no puede irse sin decir ni una palabra, como si no hubiese nadie m&#225;s en casa, No me hagas perder tiempo, Por qu&#233;, tiene miedo de llegar despu&#233;s de las seis, pregunt&#243; Marta, Si ya sabes adonde quiero ir, no necesitas m&#225;s explicaciones, Al menos piense que le puede crear problemas a su yerno, Como t&#250; misma has dicho, soy mayor y estoy vacunado, Marcial no puede ser responsabilizado por mis actos, Quiz&#225; sus patrones sean de otra opini&#243;n, Nadie me ver&#225;, y en caso de que aparezca alguien ech&#225;ndome atr&#225;s, le digo que padezco sonambulismo, Sus gracias est&#225;n fuera de lugar en este momento, Entonces hablar&#233; en serio, Espero que sea as&#237;, Est&#225; pasando algo ah&#237; abajo que necesito saber, Haya lo que haya no podr&#225; permanecer en secreto toda la vida, Marcial me ha dicho que nos lo contar&#237;a todo cuando volviera del turno, Muy bien, pero a m&#237; una descripci&#243;n no me basta, quiero ver con mis propios ojos, Siendo as&#237;, vaya, vaya, y no me atormente m&#225;s, dijo Marta, ya llorando. El padre se aproxim&#243; a ella, le pas&#243; un brazo por los hombros, la abraz&#243;, Por favor, no llores, dijo, lo malo de todo esto, sabes, es que ya no somos los mismos desde que nos mudamos aqu&#237;. Le dio un beso, despu&#233;s sali&#243; cerrando la puerta con cuidado. Marta fue a buscar una manta y un libro, se sent&#243; en uno de los sillones de la sala, se cubri&#243; las rodillas. No sab&#237;a cu&#225;nto tiempo iba a durar la espera.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 El plan de Cipriano Algor no pod&#237;a ser m&#225;s simple. Se trataba de bajar en un montacargas hasta el piso cero-cinco y a partir de ah&#237; entregarse a la suerte y a la casualidad. Con muchas menos armas se han ganado batallas, pens&#243;. Y con muchas m&#225;s se han perdido, a&#241;adi&#243; por escr&#250;pulo de imparcialidad. Hab&#237;a observado que los montacargas, probablemente por el hecho de que se destinaban casi exclusivamente para el transporte de materiales, no estaban provistos de c&#225;mara de v&#237;deo, por lo menos que se vieran, y si alguna hubiese, de &#233;sas min&#250;sculas y camufladas, lo m&#225;s seguro ser&#237;a que la atenci&#243;n de los vigilantes de la central se encontrara fijada en los accesos exteriores y en los pisos comerciales y de atracciones. De estar equivocado no tardar&#237;a en saberlo. En primer lugar, suponiendo que los pisos de viviendas sobre el nivel del suelo formaran un bloque con los diez pisos subterr&#225;neos, le conven&#237;a usar el montacargas m&#225;s cercano a la fachada interior para no tener que perder tiempo buscando un camino entre los mil contenedores de todo tipo y tama&#241;o que imaginaba guardados en los s&#243;tanos, en particular en el tal piso cero-cinco que le interesaba. No se qued&#243; demasiado sorprendido cuando se encontr&#243; con un espacio amplio, abierto, despejado de mercanc&#237;as, que obviamente se destinaba a facilitar el acceso al lugar de la excavaci&#243;n. Un pa&#241;o de pared maestra, entre dos pilares, hab&#237;a sido demolido, por all&#237; se entraba. Cipriano Algor mir&#243; el reloj, eran las dos y cuarenta y cinco minutos, pese a ser reducida, la iluminaci&#243;n permanente del piso subterr&#225;neo no dejaba distinguir si alguna luz en el interior de la excavaci&#243;n amortiguaba la negritud de la bocacha que lo iba a engullir. Deber&#237;a haber tra&#237;do una linterna, pens&#243;. Entonces record&#243; que un d&#237;a hab&#237;a le&#237;do que la mejor manera de acceder a un lugar a oscuras, si se quiere ver inmediatamente lo de dentro, es cerrar los ojos antes de entrar y abrirlos despu&#233;s. S&#237;, pens&#243;, es eso lo que tengo que hacer, cierro los ojos y me caigo por ah&#237; abajo, hasta el centro de la tierra. No se cay&#243;. Casi a ras de suelo, a su izquierda, hab&#237;a una luminosidad tenue que no tard&#243; en concretarse, pasos andados, en una hilera de bombillas dispuestas a todo lo largo. Iluminaban una rampa de tierra que formaba al fondo un rellano desde donde nac&#237;a otro declive. Tan espeso, tan denso era el silencio que Cipriano Algor pod&#237;a o&#237;r el batir de su propio coraz&#243;n. Vamos all&#225;, pens&#243;, Marcial se va a llevar el mayor susto de su vida. Comenz&#243; a bajar la rampa, lleg&#243; al rellano, baj&#243; la rampa siguiente, un rellano m&#225;s, ah&#237; par&#243;. Ante &#233;l, dos focos colocados a un extremo y a otro, de manera que la luz no diera de lleno en el interior, mostraban la forma oblonga de la entrada de una gruta. En un terrapl&#233;n a la derecha hab&#237;a dos peque&#241;as excavadoras. Marcial estaba sentado en un escabel, a su lado una mesa y sobre ella una linterna. Todav&#237;a no hab&#237;a visto al suegro. Cipriano Algor sali&#243; de la media penumbra del &#250;ltimo rellano y dijo en voz alta, No te asustes, soy yo. Marcial se levant&#243; precipitadamente, quiso hablar pero la garganta no dio paso a las palabras, no era para menos, que tire la primera piedra quien crea que dir&#237;a con toda la calma del mundo, Hola, usted por aqu&#237;. S&#243;lo cuando el suegro se encontraba ante &#233;l, Marcial, aunque cost&#225;ndole, consigui&#243; articular, Qu&#233; hace aqu&#237;, c&#243;mo se le ha ocurrido la est&#250;pida idea de venir, sin embargo, al contrario de lo que mandar&#237;a la l&#243;gica, no hab&#237;a enfado en la voz, lo que se notaba, aparte del alivio natural de quien finalmente no est&#225; siendo amenazado por una aparici&#243;n nefasta, era una especie de satisfacci&#243;n vergonzosa, algo as&#237; como un emocionado sentimiento de gratitud que tal vez alg&#250;n d&#237;a acabe confes&#225;ndose. Qu&#233; hace aqu&#237;, repiti&#243;, Vine a ver, dijo Cipriano Algor, Y no se le ha ocurrido pensar en los problemas que me caer&#225;n encima si se llega a saber, no piensa que esto puede costarme el empleo, Dir&#225;s que tu suegro es un redomado idiota, un irresponsable que deber&#237;a estar internado en un manicomio, enfundado en una camisa de fuerza, Ganar&#237;a mucho con esas explicaciones, no hay duda. Cipriano Algor volvi&#243; los ojos hacia la cavidad y pregunt&#243;, Viste lo que hay ah&#237; dentro, Lo he visto, respondi&#243; Marcial, Qu&#233; es, Compru&#233;belo usted mismo, aqu&#237; tiene una linterna, si quiere, Vienes conmigo, No, yo tambi&#233;n he ido solo, Hay alg&#250;n camino trazado, alg&#250;n paso, No, tiene que ir siempre por la izquierda y no perder el contacto con la pared, al fondo encontrar&#225; lo que busca. Cipriano Algor encendi&#243; la linterna y entr&#243;.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Me olvid&#233; de cerrar los ojos, pens&#243;. La luz indirecta de los focos todav&#237;a permit&#237;a ver unos tres o cuatro metros de suelo, el resto era negro como el interior de un cuerpo. Hab&#237;a un declive no muy pronunciado, pero irregular. Cautelosamente, rozando la pared con la mano izquierda, Cipriano Algor comenz&#243; a bajar. A cierta altura le pareci&#243; que a su derecha hab&#237;a algo que podr&#237;a ser una plataforma y un muro. Se dijo a s&#237; mismo que cuando volviera averiguar&#237;a de qu&#233; se trataba, Probablemente es una obra para retener las tierras, y sigui&#243; bajando. Ten&#237;a la impresi&#243;n de que hab&#237;a andado mucho, tal vez unos treinta o cuarenta metros. Mir&#243; atr&#225;s, hacia la boca de la gruta. Recortada contra la luz de los focos, parec&#237;a realmente distante, No anduve tanto, pens&#243;, lo que pasa es que estoy desorient&#225;ndome. Percib&#237;a que el p&#225;nico comenzaba, insidiosamente, a rasparle los nervios, tan valiente que se imaginara, tan superior a Marcial, y ahora estaba casi a punto de volverse de espaldas y correr a trompicones pendiente arriba. Se apoy&#243; en la roca, respir&#243; hondo, Aunque tenga que morir aqu&#237;, dijo, y recomenz&#243; a andar. De repente, como si hubiese girado sobre s&#237; misma en &#225;ngulo recto, la pared se present&#243; ante &#233;l. Hab&#237;a alcanzado el final de la gruta. Baj&#243; el foco de la linterna para cerciorarse de la firmeza del suelo, dio dos pasos e iba a la mitad del tercero cuando la rodilla derecha choc&#243; con algo duro que le hizo soltar un gemido. Con el choque la luz oscil&#243;, ante sus ojos surgi&#243;, durante un instante, lo que parec&#237;a un banco de piedra, y luego, en el instante siguiente, alineados, unos bultos mal definidos aparecieron y desaparecieron. Un violento temblor sacudi&#243; los miembros de Cipriano Algor, su coraje flaque&#243; como una cuerda a la que se le estuvieran rompiendo los &#250;ltimos hilos, pero en su interior oy&#243; un grito que lo obligaba, Recuerda, aunque tengas que morir. La luz tr&#233;mula de la linterna barri&#243; despacio la piedra blanca, toc&#243; levemente unos pa&#241;os oscuros, subi&#243;, y era un cuerpo humano sentado lo que all&#237; estaba. A su lado, cubiertos con los mismos pa&#241;os oscuros, otros cinco cuerpos igualmente sentados, erectos todos como si un espig&#243;n de hierro les hubiese entrado por el cr&#225;neo y los mantuviese atornillados a la piedra. La pared lisa del fondo de la gruta estaba a diez palmos de las &#243;rbitas hundidas, donde los globos oculares habr&#237;an sido reducidos a un grano de polvo. Qu&#233; es esto, murmur&#243; Cipriano Algor, qu&#233; pesadilla es &#233;sta, qui&#233;nes eran estas personas. Se aproxim&#243; m&#225;s, pas&#243; lentamente el foco de la linterna sobre las cabezas oscuras y resecas, &#233;ste es hombre, &#233;sta es mujer, otro hombre, otra mujer, y otro m&#225;s, y otra mujer, tres hombres y tres mujeres, vio restos de ataduras que parec&#237;an haber servido para inmovilizarles los cuellos, despu&#233;s baj&#243; el foco de la linterna, ataduras iguales les prend&#237;an las piernas. Entonces, despacio, muy despacio, como una luz que no tuviera prisa en aparecer, aunque llegaba para mostrar la verdad de las cosas hasta en sus m&#225;s oscuros y rec&#243;nditos escondrijos, Cipriano Algor se vio entrando otra vez en el horno de la alfarer&#237;a, vio el banco de piedra que los alba&#241;iles dejaron abandonado y se sent&#243; en &#233;l, y otra vez escuch&#243; la voz de Marcial, ahora con palabras diferentes, llaman y vuelven a llamar, inquietas, desde lejos, Padre, me oye, resp&#243;ndame, la voz retumba en el interior de la gruta, los ecos van de pared a pared, se multiplican, si Marcial no se calla un minuto no ser&#225; posible que oigamos la voz de Cipriano Algor diciendo, distante, como si ella misma fuese tambi&#233;n un eco, Estoy bien, no te preocupes, no tardo. El miedo hab&#237;a desaparecido. La luz de la linterna acarici&#243; una vez m&#225;s los m&#237;seros rostros, las manos s&#243;lo piel y hueso cruzadas sobre las piernas, y, m&#225;s a&#250;n, gui&#243; la propia mano de Cipriano Algor cuando toc&#243;, con respeto que ser&#237;a religioso si no fuese humano simplemente, la frente seca de la primera mujer. Ya nada le reten&#237;a all&#237;, Cipriano Algor hab&#237;a comprendido. Como el camino circular de un calvario, que siempre encuentra un calvario delante, la subida fue lenta y dolorosa. Marcial baj&#243; a su encuentro, alarg&#243; la mano para ayudarlo, al salir de la oscuridad hacia la luz ven&#237;an abrazados y no sab&#237;an desde cu&#225;ndo. Exhausto de fuerzas, Cipriano Algor se dej&#243; caer en el escabel, inclin&#243; la cabeza sobre la mesa y, sin ruido, apenas se notaba el estremecimiento de los hombros, comenz&#243; a llorar. No se contenga, padre, yo tambi&#233;n he llorado, dijo Marcial. Poco despu&#233;s, m&#225;s o menos recompuesto de la emoci&#243;n, Cipriano Algor mir&#243; al yerno en silenci&#243;, como si en aquel momento no tuviera una manera mejor de decirle que lo estimaba, despu&#233;s pregunt&#243;, Sabes qu&#233; es aquello, S&#237;, le&#237; algo hace tiempo, respondi&#243; Marcial, Y tambi&#233;n sabes que lo que est&#225; ah&#237;, siendo lo que es, no tiene realidad, no puede ser real, Lo s&#233;, Y con todo yo he tocado con esta mano la frente de una de esas mujeres, no ha sido una ilusi&#243;n, no ha sido un sue&#241;o, si volviese ahora encontrar&#237;a los mismos tres hombres y las mismas tres mujeres, las mismas cuerdas at&#225;ndolos, el mismo banco de piedra, la misma pared ante ellos, Si no son los otros, puesto que no existieron, qui&#233;nes son &#233;stos, pregunt&#243; Marcial, No s&#233;, pero despu&#233;s de verlos pienso que tal vez lo que realmente no exista sea eso a lo que damos el nombre de no existencia. Cipriano Algor se levant&#243; lentamente, las piernas todav&#237;a le temblaban, pero, en general, las fuerzas del cuerpo hab&#237;an regresado. Dijo, Cuando bajaba tuve la sensaci&#243;n de ver algo que podr&#237;a ser un muro y una plataforma, si pudieras mudar la orientaci&#243;n de uno de esos focos, no necesit&#243; terminar la frase, Marcial ya estaba girando una rueda, accionando una manilla, y luego la luz se extendi&#243; suelo adentro hasta chocar con la base de un muro que atravesaba la gruta de lado a lado, pero sin llegar a las paredes. No hab&#237;a ninguna plataforma, s&#243;lo un paso a lo largo del muro. Falta una cosa, murmur&#243; Cipriano Algor. Avanz&#243; algunos pasos y de repente se detuvo, Aqu&#237; est&#225;, dijo. En el suelo se ve&#237;a una gran mancha negra, la tierra estaba requemada en ese lugar, como si durante mucho tiempo all&#237; hubiera ardido una hoguera. No merece la pena seguir preguntando si existieron o no, dijo Cipriano Algor, las pruebas est&#225;n aqu&#237;, cada cual sacar&#225; las conclusiones que crea justas, yo ya tengo las m&#237;as. El foco volvi&#243; a su sitio, la oscuridad tambi&#233;n, despu&#233;s Cipriano Algor pregunt&#243;, Quieres que me quede haci&#233;ndote compa&#241;&#237;a, No, gracias, dijo Marcial, vuelva a casa, Marta debe de estar angustiada, pensando lo peor, Entonces, hasta luego, Hasta luego, padre, hizo una pausa, y luego, con una sonrisa medio constre&#241;ida, como de un adolescente que se retrae en el mismo instante en que se entrega, a&#241;adi&#243;, Gracias por haber venido.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Cipriano Algor mir&#243; el reloj cuando lleg&#243; al piso cero-cinco. Eran las cuatro y media. El montacargas lo llev&#243; al trig&#233;simo cuarto piso. Nadie lo hab&#237;a visto. Marta le abri&#243; la puerta silenciosamente, con los mismos cuidados volvi&#243; a cerrarla, C&#243;mo est&#225; Marcial, pregunt&#243;, Est&#225; bien, no te preocupes, tienes un gran hombre, te lo digo yo, Qu&#233; hay abajo, Deja que me siente primero, estoy como si me hubiesen dado una paliza, estos esfuerzos ya no son para mi edad, Qu&#233; hay abajo, volvi&#243; a preguntar Marta despu&#233;s de haberse sentado, Abajo hay seis personas muertas, tres hombres y tres mujeres, No me sorprende, era exactamente lo que pensaba, que se tratar&#237;a de restos humanos, sucede con frecuencia en las excavaciones, lo que no comprendo es por qu&#233; todos estos misterios, tanto secreto, tanta vigilancia, los huesos no huyen, y no creo que robarlos mereciese el trabajo que dar&#237;a, Si hubieses bajado conmigo comprender&#237;as, todav&#237;a est&#225;s a tiempo de ir all&#237;, Deje esas ideas, No es f&#225;cil dejar esas ideas despu&#233;s de haber visto lo que he visto, Qu&#233; ha visto, qui&#233;nes son esas personas, Esas personas somos nosotros, dijo Cipriano Algor, Qu&#233; quiere decir, Que somos nosotros, yo, t&#250;, Marcial, el Centro todo, probablemente el mundo, Por favor, expl&#237;quese, Pon atenci&#243;n, escucha. La historia tard&#243; media hora en ser contada. Marta la oy&#243; sin interrumpir una sola vez. Al final, dijo, S&#237;, creo que tiene raz&#243;n, somos nosotros. No hablaron m&#225;s hasta que lleg&#243; Marcial. Cuando entr&#243;, Marta se le abraz&#243; con fuerza, Qu&#233; vamos a hacer, pregunt&#243;, pero Marcial no tuvo tiempo de responder. Con voz firme, Cipriano Algor dec&#237;a, Vosotros decidir&#233;is vuestras vidas, yo me voy.\par
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\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Sus cosas est&#225;n aqu&#237;, dijo Marta, no era mucho, caben de sobra en la maleta m&#225;s peque&#241;a, parece que intuy&#243; que iba a estar s&#243;lo tres semanas, Llega un momento en la vida en que deber&#237;a bastarnos con llevar a la espalda el propio cuerpo, dijo Cipriano Algor, La frase es bonita, s&#237; se&#241;or, pero lo que me gustar&#237;a es que me dijera de qu&#233; va a vivir, Mira los lirios del campo, que no hilan ni tejen, Tambi&#233;n es bonita esa frase, por eso ellos nunca consiguieron dejar de ser lirios, Eres una esc&#233;ptica rabiosa, una c&#237;nica repugnante, Padre, por favor, estoy hablando en serio, Perdona, Comprendo que haya sido un choque para usted, como tambi&#233;n, incluso sin haber estado all&#237;, lo fue para m&#237;, comprendo que aquellos hombres y aquellas mujeres son mucho m&#225;s que simples personas muertas, No sigas, porque ellos son mucho m&#225;s que simples personas muertas yo no quiero seguir viviendo aqu&#237;, Y nosotros, y yo, pregunt&#243; Marta, Decidir&#233;is vuestra vida, yo ya he decidido la m&#237;a, no voy a quedarme el resto de mis d&#237;as atado a un banco de piedra y mirando una pared, Y c&#243;mo vivir&#225;, Tengo el dinero que pagaron por las figurillas, dar&#225; para uno o dos meses, luego ya veremos, No me refer&#237;a al dinero, de una u otra manera no le faltar&#225; lo necesario para alimentarse y vestirse, lo que quiero decir es que tendr&#225; que vivir solo, Tengo a Encontrado, vosotros ir&#233;is a visitarme de vez en cuando, Padre, Qu&#233;, Isaura, Qu&#233; tiene que ver Isaura con esto, Me dijo que la situaci&#243;n entre ambos hab&#237;a cambiado, no explic&#243; c&#243;mo ni por qu&#233;, pero me lo dijo, Y es verdad, Siendo as&#237;, Siendo as&#237;, qu&#233;, Podr&#237;an vivir juntos, quiero decir. Cipriano Algor no respondi&#243;. Tom&#243; la maleta, Me voy, dijo. La hija se abraz&#243; a &#233;l, Iremos en el primer descanso de Marcial, mientras tanto vaya dando noticias, cuando llegue telefon&#233;eme para decir c&#243;mo estaba la casa, y Encontrado, no se olvide de Encontrado. Con un pie fuera de la puerta, Cipriano Algor dijo a&#250;n, Dale un abrazo a Marcial, Ya se lo ha dado, ya se ha despedido de &#233;l, S&#237;, pero dale otro. Cuando lleg&#243; al final del pasillo, volvi&#243; la cabeza. La hija estaba al fondo, entre las puertas, le hac&#237;a un gesto de adi&#243;s con una mano mientras se tapaba la boca con la otra para no estallar en sollozos. Hasta pronto, dijo, pero ella no lo oy&#243;. El montacargas lo llev&#243; al garaje, ahora era necesario saber d&#243;nde hab&#237;a dejado estacionada la furgoneta y si arrancar&#237;a despu&#233;s de tres semanas sin ser movida, a veces las bater&#237;as juegan malas pasadas, Era lo que faltaba, pens&#243;, inquieto. No sucedi&#243; lo que tem&#237;a, la furgoneta cumpli&#243; con su obligaci&#243;n. Es cierto que no hizo contacto a la primera ni a la segunda, pero a la tercera arranc&#243; con un ruido digno de otro motor. Minutos despu&#233;s Cipriano Algor estaba en la avenida, no diremos que ten&#237;a el camino abierto ante &#233;l, pero podr&#237;a haber sido mucho peor, pese a la lentitud era la propia corriente del tr&#225;fico la que lo llevaba. No es de extra&#241;ar que el tr&#225;nsito sea intenso, los autom&#243;viles adoran los domingos y para el due&#241;o de un coche es casi imposible resistir la llamada presi&#243;n psicol&#243;gica, al autom&#243;vil le basta estar all&#237;, no necesita hablar. En fin, la ciudad qued&#243; atr&#225;s, los barrios de la periferia van pasando, dentro de poco aparecer&#225;n las chabolas, en tres semanas habr&#225;n llegado a la carretera, no, todav&#237;a les faltan unos treinta metros, y luego est&#225; el Cintur&#243;n Industrial, casi todo parado, s&#243;lo unas cuantas f&#225;bricas que parecen hacer de la elaboraci&#243;n continua su religi&#243;n, y ahora el triste Cintur&#243;n Verde, los invernaderos pardos, grises, l&#237;vidos, por eso las fresas habr&#225;n perdido el color, no falta mucho para que sean blancas por fuera como ya lo van siendo por dentro y tengan el sabor de cualquier cosa que no sepa a nada. Giremos ahora a la izquierda, all&#237; a lo lejos, donde se ven aquellos &#225;rboles, s&#237;, aquellos que est&#225;n juntos como si fueran un ramillete, hay un importante yacimiento arqueol&#243;gico todav&#237;a por explorar, lo s&#233; de buena fuente, no todos los d&#237;as se tiene la suerte de recibir una informaci&#243;n de &#233;stas directamente de la boca del propio fabricante. Cipriano Algor se ha preguntado c&#243;mo es posible que se haya dejado encerrar durante tres semanas sin ver el sol y las estrellas, a no ser, forzando el cuello, desde un trig&#233;simo cuarto piso con ventanas que no se pod&#237;an abrir, cuando ten&#237;a aqu&#237; este r&#237;o, es cierto que maloliente y menguado, este puente, es cierto que viejo y mal cuidado, y estas ruinas que fueron casas de personas, y el pueblo donde hab&#237;a nacido, crecido y trabajado, con su carretera cruz&#225;ndolo y la plaza a un lado, esos que van por all&#237;, aquel hombre y aquella mujer, son los padres de Marcial, todav&#237;a no los hab&#237;amos visto pese al tiempo que ya dura esta historia, a esta distancia nadie dir&#237;a que tienen el mal car&#225;cter que se les atribuye y del que dieron pruebas suficientes, es el peligro de las apariencias, cuando nos enga&#241;an siempre ser&#225; para peor. Cipriano Algor saca el brazo por la ventanilla de la furgoneta y les saluda como si fuesen viejos amigos, mejor hubiera sido que no lo hiciese, lo m&#225;s probable es que ahora vayan pensando que se burl&#243; de ellos, y no es verdad, la intenci&#243;n no era &#233;sa, lo que sucede es que Cipriano Algor est&#225; contento, dentro de tres minutos ver&#225; a Isaura y tendr&#225; a Encontrado en los brazos, si no es precisamente al contrario el acontecimiento, es decir, Isaura en los brazos y Encontrado dando saltos, esperando que le presten atenci&#243;n. La plaza se qued&#243; atr&#225;s, de repente, sin avisar, se le encogi&#243; el coraz&#243;n a Cipriano Algor, &#233;l sabe de la vida, ambos lo saben, que ninguna dulzura de hoy ser&#225; capaz de aminorar el amargor de ma&#241;ana, que el agua de esta fuente no podr&#225; matarte la sed en aquel desierto, No tengo trabajo, no tengo trabajo, murmur&#243;, y &#233;sa era la respuesta que deber&#237;a haber dado, sin m&#225;s adornos ni subterfugios, cuando Marta le pregunt&#243; de qu&#233; iba a vivir, No tengo trabajo. En esta misma entrada, en este mismo lugar, como en el d&#237;a que ven&#237;a del Centro con la noticia de que no le compraban m&#225;s loza, Cipriano Algor disminuy&#243; la velocidad de la furgoneta. No quer&#237;a llegar, quer&#237;a haber llegado, y entre una cosa y otra ah&#237; est&#225; la esquina de la calle donde vive Isaura Madruga, la casa es aqu&#233;lla, de s&#250;bito la furgoneta tuvo mucha prisa, de s&#250;bito fren&#243;, de s&#250;bito salt&#243; de ella Cipriano Algor, de s&#250;bito subi&#243; los escalones, de s&#250;bito toc&#243; el timbre. Llam&#243; una vez, dos, tres veces. Nadie apareci&#243; para abrir la puerta, nadie dio se&#241;al desde dentro, no vino Isaura, no ladr&#243; Encontrado, el desierto que era para ma&#241;ana se hab&#237;a adelantado a hoy. Y deber&#237;an estar aqu&#237; los dos, hoy es domingo, no se trabaja, pens&#243;. Desconcertado regres&#243; a la furgoneta, cruz&#243; los brazos sobre el volante, lo normal ser&#237;a preguntarle a los vecinos, pero nunca le hab&#237;a gustado dar a saber de su vida, verdaderamente, cuando estamos preguntando por alguien estamos diciendo sobre nosotros mucho m&#225;s de lo que se podr&#237;a imaginar, lo que nos salva es que las personas preguntadas, en su mayor&#237;a, no tienen el o&#237;do preparado para comprender lo que se oculta tras palabras tan aparentemente inocentes como &#233;stas, Por casualidad ha visto a Isaura Madruga. Dos minutos despu&#233;s reconoc&#237;a que, pens&#225;ndolo bien, tan sospechoso deber&#237;a ser estar parado esperando frente a la casa como ir, con adem&#225;n de falsa naturalidad, a preguntarle al primer vecino si, por casualidad, se hab&#237;a fijado en la salida de Isaura. Voy a buscar por ah&#237;, pens&#243;, puede ser que los encuentre. La vuelta por la aldea result&#243; in&#250;til, Isaura y Encontrado parec&#237;an borrados de la faz de la tierra. Cipriano Algor decidi&#243; irse a casa, volver&#237;a a intentarlo al final de la tarde, Salieron a alg&#250;n sitio, pens&#243;. El motor de la furgoneta cant&#243; la canci&#243;n del regreso al hogar, el conductor ya ve&#237;a las ramas m&#225;s altas del moral, y de repente, como un rel&#225;mpago negro, Encontrado vino desde arriba, ladrando, corriendo ladera abajo como si hubiese enloquecido, el coraz&#243;n de Cipriano Algor estuvo a una pulsaci&#243;n del desfallecimiento, y no por causa del animal, este amor, por muy grande que sea, no llega a tanto, es que piensa que Encontrado no est&#225; solo y que, si no est&#225; solo, s&#243;lo hay una persona en el mundo que pueda estar con &#233;l. Abri&#243; la puerta de la furgoneta, de un brinco el perro se le subi&#243; a los brazos, al fin el perro fue el primero, y le lam&#237;a la cara y no lo dejaba ver el camino, ese en el que aparece at&#243;nita Isaura Madruga, susp&#233;ndase ahora todo, por favor, que nadie hable, que nadie se mueva, que nadie se entrometa, &#233;sta es la escena conmovedora por excelencia, el coche que viene subiendo la ladera, la mujer que en lo alto da dos pasos y de pronto no puede andar m&#225;s, vean sus manos apretadas contra el pecho, a Cipriano Algor que sale de la furgoneta como si entrara en un sue&#241;o, Encontrado que va detr&#225;s y se le enreda en las piernas, sin embargo no suceder&#225; nada malo, era lo que faltaba, caerse antiest&#233;ticamente uno de los personajes principales en el momento culminante de la acci&#243;n, este abrazo y este beso, estos besos y estos abrazos, cu&#225;ntas veces ser&#225; necesario que os recuerde que el mismo amor que devora est&#225; suplicando que lo devoren, siempre ha sido as&#237;, siempre, pero hay ocasiones en que nos damos m&#225;s cuenta. En un intervalo entre dos besos Cipriano Algor pregunt&#243;, Y c&#243;mo es que est&#225;s aqu&#237;, pero Isaura no respondi&#243; en seguida, hab&#237;a otros besos que dar y recibir, tan urgentes como el primero de todos, por fin tuvo aliento suficiente para decir, Encontrado huy&#243; al d&#237;a siguiente de que te fueras, abri&#243; un agujero en la cerca del huerto y se vino aqu&#237;, no hubo manera de obligarlo a volver, estaba decidido a esperarte hasta no s&#233; cu&#225;ndo, el &#250;nico remedio era dejarlo, traerle la comida y el agua, hacerle un poco de compa&#241;&#237;a, aunque yo crea que no la necesitaba. Cipriano Algor buscaba en los bolsillos la llave de casa, mientras iba pensando e imaginando, Vamos a entrar los dos, vamos a entrar juntos, y la ten&#237;a finalmente en la mano cuando vio que la puerta estaba abierta, que es como deben estar las puertas para quien, viniendo de lejos, llega, no necesit&#243; preguntar por qu&#233;, Isaura le dec&#237;a tranquilamente, Marta me dej&#243; una llave para que viniera de vez en cuando a airear la casa, a limpiarle el polvo, as&#237;, con esto de Encontrado, he estado viniendo todos los d&#237;as, por la ma&#241;ana antes de ir a la tienda, y al final de la tarde, despu&#233;s de acabar el trabajo. Dio la sensaci&#243;n de que ten&#237;a algo m&#225;s que a&#241;adir, pero los labios se le cerraron con firmeza como para impedir el paso a las palabras, no saldr&#233;is de ah&#237;, ordenaban, pero ellas se juntaron, unieron fuerzas, y lo m&#225;ximo que el pudor consigui&#243; fue que Isaura bajara la cabeza y redujera la voz a un murmullo, Una noche me qued&#233; a dormir en tu cama, dijo. Entend&#225;monos, este hombre es alfarero, trabajador manual por tanto, sin finuras de formaci&#243;n intelectual y art&#237;stica salvo las necesarias para el ejercicio de su profesi&#243;n, con una edad ya m&#225;s que madura, se cri&#243; en un tiempo en que lo corriente era que las personas tuvieran que refrenar, cada una en s&#237; misma y todas en toda la gente, las expresiones del sentimiento y las ansiedades del cuerpo, y si es cierto que no ser&#237;an muchos los que en su medio social y cultural podr&#237;an echarle un pulso en cuestiones de sensibilidad y de inteligencia, o&#237;r decir as&#237; de sopet&#243;n de boca de una mujer con quien nunca yaciera en intimidad, que durmi&#243;, ella, en la cama de &#233;l, por muy en&#233;rgicamente que estuviera andando hacia la casa donde el equ&#237;voco caso se produjo, forzosamente tendr&#237;a que suspender el paso, mirar con pasmo a la osada criatura, los hombres, confes&#233;moslo de una vez, nunca acabar&#225;n de entender a las mujeres, felizmente &#233;ste consigui&#243;, sin saber c&#243;mo, descubrir en medio de su confusi&#243;n las palabras exactas que la ocasi&#243;n ped&#237;a, Nunca m&#225;s dormir&#225;s en otra. Realmente, esta frase ten&#237;a que ser as&#237;, se perder&#237;a todo el efecto si hubiese dicho, por ejemplo, como quien pone su firma en un pacto de conveniencia, Bueno, puesto que t&#250; dormiste en mi cama, ir&#233; yo a dormir a la tuya. Se hab&#237;an abrazado nuevamente Isaura y Cipriano Algor despu&#233;s de que &#233;l dijera, no cuesta nada imaginar con qu&#233; entusiasmo lo hac&#237;a, pero tuvo un s&#250;bito sobresalto del que los sentimientos de la pasi&#243;n, al parecer, no participaban, Olvid&#233; sacar la maleta del coche, fue esto lo que dijo. Sin prever todav&#237;a las consecuencias del prosaico acto, con Encontrado dando saltos tras &#233;l, abri&#243; la puerta de la furgoneta y sac&#243; la maleta. Tuvo la primera intuici&#243;n de lo que suceder&#237;a cuando entr&#243; en la cocina, la segunda cuando entr&#243; en el dormitorio, aunque la certeza cierta s&#243;lo la tuvo cuando Isaura, con una voz que se esforzaba en no temblar, le pregunt&#243;, Has venido para quedarte. La maleta estaba en el suelo, a la espera de que alguien la abriese, esa operaci&#243;n, si bien que necesaria, pod&#237;a aguardar para m&#225;s tarde. Cipriano Algor cerr&#243; la puerta. Hay momentos as&#237; en la vida, para que el cielo se abra es necesario que una puerta se cierre. Media hora despu&#233;s, ya en paz, como una playa de donde se va retirando la marea, Cipriano Algor cont&#243; lo que hab&#237;a pasado en el Centro, el descubrimiento de la gruta, la imposici&#243;n del secreto, la vigilancia, el descenso a la excavaci&#243;n, la tiniebla de dentro, el miedo, los muertos atados al banco de piedra, las cenizas de la hoguera. Al principio, cuando vio que la furgoneta sub&#237;a la ladera, Isaura pens&#243; que Cipriano Algor volv&#237;a a casa por no haber podido aguantar m&#225;s la separaci&#243;n y la ausencia, y esa idea, como es de suponer, halag&#243; su ansioso coraz&#243;n de amante, pero ahora, con la cabeza descansando en lo c&#243;ncavo del hombro de &#233;l, sintiendo su mano en la cintura, las dos razones le parecen igualmente justas, y, adem&#225;s, si nos tom&#225;ramos el trabajo de observar que hay por lo menos una cara, la de la insoportabilidad, en que una y otra se tocan y se hacen comunes, autom&#225;ticamente deja de existir cualquier motivo serio para afirmar que las dos razones son contradictorias entre s&#237;. Isaura Madruga no es particularmente versada en historias antiguas e invenciones mitol&#243;gicas, pero s&#243;lo necesit&#243; de dos palabras simples para comprender lo esencial de la cuesti&#243;n. Aunque las conozcamos ya, no se pierde nada en dejarlas escritas otra vez, &#201;ramos nosotros.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Por la tarde, como estaba acordado, Cipriano Algor telefone&#243; a Marta para decirle que hab&#237;a llegado bien, que la casa estaba como si la hubiesen dejado ayer, que a Encontrado poco le falt&#243; para enloquecer de felicidad y que Isaura le mandaba un abrazo. Desde d&#243;nde est&#225; hablando, pregunt&#243; Marta, Desde casa, por supuesto, E Isaura, Isaura est&#225; aqu&#237; a mi lado, quieres hablar con ella, S&#237;, pero d&#237;game primero qu&#233; pasa, A qu&#233; te refieres, A eso mismo, a que est&#233; Isaura ah&#237;, Te molesta, No diga disparates y deje de darle vueltas a la noria, resp&#243;ndame, Isaura se queda conmigo, Y usted con qui&#233;n se queda, Nos quedamos el uno con el otro, si es lo que quer&#237;as o&#237;r. Al otro lado hubo un silencio. Despu&#233;s Marta dijo, Me ha dado una gran alegr&#237;a, Por el tono nadie lo dir&#237;a, El tono no tiene que ver con estas palabras, sino con las otras, Cu&#225;les, El d&#237;a de ma&#241;ana, el futuro, Tendremos tiempo para pensar en el futuro, No finja, no cierre los ojos a la realidad, sabe perfectamente que el presente se ha acabado para nosotros, Vosotros est&#225;is bien, nosotros ya nos arreglaremos, Ni yo estoy bien, ni est&#225; bien Marcial, Por qu&#233;, Si ah&#237; no hay futuro, tampoco lo habr&#225; aqu&#237;, Expl&#237;cate mejor, por favor, Tengo un hijo creci&#233;ndome en la barriga, si &#233;l alguna vez quiere, cuando sea se&#241;or de sus actos, vivir en un sitio como &#233;ste, habr&#225; hecho lo que era su voluntad, pero parirlo yo aqu&#237;, no, Deber&#237;as haber pensado en eso antes, Nunca es demasiado tarde para enmendar un error, incluso cuando las consecuencias ya no tienen remedio, y &#233;stas todav&#237;a lo pueden tener, C&#243;mo, Primero tenemos que conversar mucho, Marcial y yo, despu&#233;s ya veremos, Piensa bien, no te precipites, El error, padre, tambi&#233;n puede ser la consecuencia de haber pensado bien, aparte de eso, que yo sepa, no est&#225; escrito en ninguna parte que precipitarse tenga que acarrear forzosamente malos resultados, Espero que nunca te equivoques, No soy tan ambiciosa, s&#243;lo querr&#237;a no equivocarme esta vez, y ahora, si no le importa, punto final en el di&#225;logo padre e hija, ll&#225;meme a Isaura, que tengo mucho que hablar con ella. Cipriano Algor le pas&#243; el tel&#233;fono y sali&#243; a la explanada. Ah&#237; est&#225; la alfarer&#237;a donde un resto de barro solitario se va resecando, ah&#237; est&#225; el horno donde trescientos mu&#241;ecos se preguntan unos a otros por qu&#233; diablo los hicieron, ah&#237; est&#225; la le&#241;a que in&#250;tilmente espera que la echen en el fog&#243;n. Y Marta que dice, Si ah&#237; no tenemos futuro, aqu&#237; tampoco lo hay. Cipriano Algor ha conocido hoy la felicidad, el cielo abierto del amor que declarado se consum&#243;, y ahora ah&#237; est&#225;n nuevamente las nubes de tormenta, las sombras malignas de la duda y del temor, basta ver que lo que el Centro le ha pagado por las estatuillas, aunque se aprieten el cintur&#243;n hasta el &#250;ltimo agujero, no llegar&#225; para m&#225;s de dos meses, y que la diferencia entre lo que la dependienta Isaura Madruga gana en la tienda y el cero debe de ser pr&#225;cticamente otro cero. Y despu&#233;s, pregunt&#243;, mirando al moral, y el moral respondi&#243;, Despu&#233;s, viejo amigo, como siempre, el futuro.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Pasados cuatro d&#237;as Marta volvi&#243; a telefonear, Apareceremos all&#237; ma&#241;ana por la tarde. Cipriano Algor hizo unas cuentas r&#225;pidas, Pero el descanso de Marcial no era ahora, Pues no, Entonces, Guarde las preguntas para cuando lleguemos, Quieres que vaya a buscaros, No merece la pena, tomaremos un taxi. Cipriano Algor le dijo a Isaura que le parec&#237;a extra&#241;a la visita, Salvo si, a&#241;adi&#243;, la distribuci&#243;n de las libranzas tuvo que ser alterada a causa de alguna confusi&#243;n burocr&#225;tica que el descubrimiento de la gruta haya provocado, pero en ese caso lo natural ser&#237;a que ella lo hubiera dicho sin mandar que me guardara las preguntas para cuando est&#233;n aqu&#237;, Un d&#237;a pasa deprisa, dijo Isaura, ma&#241;ana lo sabremos. Al final, el d&#237;a no pas&#243; con tanta rapidez como Isaura auguraba. Veinticuatro horas pensando son muchas, veinticuatro horas se dice porque el sue&#241;o no es todo, de noche, probablemente, hay otros pensamientos en nuestra cabeza que corren una cortina y siguen pensando sin que nadie lo sepa. Cipriano Algor no se hab&#237;a olvidado de las categ&#243;ricas palabras de Marta referidas al hijo que va a nacer, Parirlo aqu&#237;, no, una frase absolutamente expl&#237;cita, sin rodeos, no uno de aquellos conjuntos de sonidos vocales m&#225;s o menos organizados que incluso cuando afirman parecen dudar de s&#237; mismos. La conclusi&#243;n, por tanto, en buena l&#243;gica, s&#243;lo podr&#237;a ser una, Marta y Marcial iban a abandonar el Centro. Si lo hicieren ser&#225; un disparate, dec&#237;a Cipriano Algor, de qu&#233; van a vivir despu&#233;s, Esa misma pregunta se nos podr&#237;a hacer a nosotros, dijo Isaura, y no por eso me ves preocupada, Crees en la divina providencia que vela por los desvalidos, No, creo que hay ocasiones en la vida en que debemos dejarnos llevar por la corriente de lo que sucede, como si las fuerzas para resistir nos faltasen, pero de pronto comprendemos que el r&#237;o se ha puesto a nuestro favor, nadie m&#225;s se ha dado cuenta de eso, s&#243;lo nosotros, quien mire creer&#225; que estamos a punto de naufragar, y nunca nuestra navegaci&#243;n fue tan firme, Ojal&#225; que la ocasi&#243;n en que nos encontramos sea una de &#233;sas. No tardar&#237;a mucho en saberse. Marta y Marcial salieron del taxi, descargaron del maletero algunos bultos, menos de los que antes se llevaron al Centro, y Encontrado desahog&#243; la emoci&#243;n con dos arrebatadas vueltas alrededor del moral, y cuando el coche baj&#243; la ladera para regresar a la ciudad Marcial dijo, Ya no soy empleado del Centro, ped&#237; la baja como guarda. Cipriano Algor e Isaura no consideraron conveniente manifestar sorpresa, que encima sonar&#237;a a falsa, pero por lo menos una pregunta estaban obligados a hacer, una de esas preguntas in&#250;tiles sin las que parece que no podemos vivir, Est&#225;s seguro de que es lo mejor para vosotros, y Marcial respondi&#243;, No s&#233; si es lo mejor o lo peor, hice lo que deb&#237;a ser hecho, y no fui el &#250;nico, tambi&#233;n se despidieron otros dos colegas, uno externo y un residente, Y el Centro, c&#243;mo reaccionaron ellos, Quien no se ajusta no sirve, y yo ya hab&#237;a dejado de ajustarme, las dos &#250;ltimas frases fueron pronunciadas despu&#233;s de la cena, Y cu&#225;ndo sentiste que hab&#237;as dejado de estar ajustado, pregunt&#243; Cipriano Algor, La gruta fue la &#250;ltima gota, como tambi&#233;n lo fue para usted, Y para esos colegas tuyos, S&#237;, tambi&#233;n para ellos. Isaura estaba de pie y comenzaba a quitar la mesa, pero Marta dijo, D&#233;jalo, luego lo arreglamos entre las dos, tenemos que decidir qu&#233; vamos a hacer, dijo Cipriano Algor, Isaura opina que nos deber&#237;amos dejar llevar por la corriente de lo que acontece, que siempre llega un momento en que sentimos que el r&#237;o est&#225; a nuestro favor, Yo no he dicho siempre, corrigi&#243; Isaura, dije que hay ocasiones, de todos modos no me hag&#225;is caso, es s&#243;lo una fantas&#237;a que me ha pasado por la cabeza, Para m&#237; sirve, aprob&#243; Marta, por lo menos se parece mucho a lo que nos ha venido sucediendo, Qu&#233; vamos a hacer entonces, pregunt&#243; el padre, Marcial y yo vamos a buscar nuestra vida lejos de aqu&#237;, est&#225; decidido, el Centro se acab&#243;, la alfarer&#237;a ya se hab&#237;a acabado, de una hora para otra hemos pasado a ser extra&#241;os en este mundo, Y nosotros, pregunt&#243; Cipriano Algor, No esperar&#225;n que sea yo quien les aconseje lo que tienen que hacer, Entiendo bien si entiendo que est&#225;s proponiendo que nos separemos, Entiende mal, lo que yo digo es que las razones de uno pueden no ser las razones de todos, Puedo dar una opini&#243;n, sugerir una idea, pregunt&#243; Isaura, en realidad no s&#233; si tengo ese derecho, estoy en la familia no hace ni media docena de d&#237;as, incluso me siento como si estuviera a prueba, como si hubiese entrado por la puerta trasera, Ya estabas por aqu&#237; desde hace meses, desde aquel famoso c&#225;ntaro, dijo Marta, en cuanto a las otras palabras que has dicho, que te responda mi padre, Salvo que tiene una opini&#243;n que dar, una idea que sugerir, nada m&#225;s he o&#237;do, as&#237; que cualquier apreciaci&#243;n m&#237;a en este momento estar&#237;a fuera del debate, dijo Cipriano Algor, Cu&#225;l es tu idea, pregunt&#243; Marta, Tiene que ver con aquella fantas&#237;a de la corriente que nos lleva, dijo Isaura, Expl&#237;cate, Es la cosa m&#225;s simple del mundo, Ya s&#233; cu&#225;l es la idea, interrumpi&#243; Cipriano Algor, Cu&#225;l, pregunt&#243; Isaura, Nos vamos tambi&#233;n, Exacto. Marta respir&#243; hondo, Para tener ideas provechosas, no hay nada como ser mujer, Conviene que no nos precipitemos, dijo Cipriano Algor, Qu&#233; quieres decir, pregunt&#243; Isaura, Tienes tu casa, tu empleo, Y, Dejarlo todo as&#237;, volverle la espalda, Ya lo hab&#237;a dejado todo antes, ya le hab&#237;a vuelto la espalda antes cuando apret&#233; aquel c&#225;ntaro contra el pecho, realmente era necesario que fueras hombre para no comprender que te estaba apretando a ti, las &#250;ltimas palabras casi se perdieron en una s&#250;bita irrupci&#243;n de sollozos y de l&#225;grimas. Cipriano Algor extendi&#243; t&#237;midamente la mano, le toc&#243; un brazo, y ella no pudo evitar que el llanto redoblase, o tal vez necesitara que as&#237; ocurriese, a veces no son suficientes las l&#225;grimas que ya lloramos, tenemos que pedirles por favor que contin&#250;en.\par
\s0 \qj\snext0\f1\fs24\b0\i0\fi567\li0\ri0 Los preparativos del viaje ocuparon todo el d&#237;a siguiente. Primero de una casa, luego de otra, Marta e Isaura escogieron lo que consideraron necesario para un viaje que no ten&#237;a destino conocido y que no se sabe c&#243;mo ni d&#243;nde terminar&#225;. La furgoneta fue cargada por los hombres, auxiliados por los ladridos de est&#237;mulo de Encontrado, nada inquieto hoy con lo que era, con claridad total, una nueva mudanza, porque en su cabeza de perro ni siquiera podr&#237;a entrar la idea de que pretendieran abandonarlo por segunda vez. La ma&#241;ana de la partida apareci&#243; con el cielo gris&#225;ceo, hab&#237;a llovido por la noche, en la explanada se ve&#237;an, aqu&#237; y all&#237;, peque&#241;as pozas de agua, y el moral, para siempre agarrado a la tierra, todav&#237;a goteaba. Vamos, pregunt&#243; Marcial, Vamos, dijo Marta. Subieron a la furgoneta, los dos hombres delante, las dos mujeres atr&#225;s, con Encontrado en medio, y cuando Marcial iba a poner el coche en movimiento, Cipriano Algor dijo bruscamente, Espera. Sali&#243; de la furgoneta y dirigi&#243; los pasos al horno, Adonde va, pregunt&#243; Marta, Qu&#233; ir&#225; a hacer, murmur&#243; Isaura. La puerta del horno fue abierta, Cipriano Algor entr&#243;. Poco despu&#233;s sali&#243;, ven&#237;a en mangas de camisa y se serv&#237;a de la chaqueta para transportar algo pesado, unos cuantos mu&#241;ecos, no podr&#237;a ser otra cosa, Quiere llev&#225;rselos de recuerdo, dijo Marcial, pero se equivocaba, Cipriano Algor se aproxim&#243; a la puerta de la casa y comenz&#243; a disponer las estatuillas en el suelo, de pie, firmes en la tierra mojada, y cuando las coloc&#243; a todas, volvi&#243; al horno, en ese momento ya los otros viajeros hab&#237;an bajado de la furgoneta, ninguno hizo preguntas, uno a uno entraron tambi&#233;n en el horno y fueron sacando los mu&#241;ecos al aire libre, Isaura corri&#243; a la furgoneta para buscar un cesto, un saco, cualquier cosa, y las figurillas iban poco a poco ocupando el espacio frente a la casa, y entonces Cipriano Algor entr&#243; en la alfarer&#237;a y retir&#243; con cuidado de la estanter&#237;a las figurillas defectuosas que hab&#237;a juntado, y las uni&#243; a sus hermanas correctas y sanas, con la lluvia se convertir&#225;n en barro, y despu&#233;s en polvo cuando el sol las seque, pero &#233;se es el destino de todos nosotros, ahora ya no es delante de la casa donde las figurillas est&#225;n de guardia, tambi&#233;n defienden la entrada de la alfarer&#237;a, al final ser&#225;n m&#225;s de trescientos mu&#241;ecos mirando de frente, payasos, bufones, esquimales, mandarines, enfermeras, asirios de barbas, hasta ahora Encontrado no ha derribado ninguno, Encontrado es un perro consciente, sensible, casi humano, no necesita que le expliquen lo que est&#225; pasando aqu&#237;. Cipriano Algor cerr&#243; la puerta del horno, dijo, Ahora podemos irnos. La furgoneta hizo la maniobra y baj&#243; la cuesta. Llegando a la carretera gir&#243; a la izquierda. Marta lloraba con los ojos secos, Isaura la abrazaba, mientras Encontrado se enroscaba en una esquina del asiento por no saber a qui&#233;n acudir. Algunos kil&#243;metros andados, Marcial dijo, Escribir&#233; a mis padres cuando paremos para almorzar. Y luego, dirigi&#233;ndose a Isaura y al suegro, Hab&#237;a un cartel, de esos grandes, en la fachada del Centro, a que no son capaces de adivinar lo que dec&#237;a, pregunt&#243;, No tenemos ni idea, respondieron ambos, y entonces Marcial dijo, como si recitase, EN BREVE, APERTURA AL P&#218;BLICO DE LA CAVERNA DE PLAT&#211;N, ATRACCI&#211;N EXCLUSIVA, &#218;NICA EN EL MUNDO, COMPRE YA SU ENTRADA.\par
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